BREVIARIO BESTIAL
Reseña de Metazoa a cargo de Ricardo Baixeras Borrell
Suplemento literario Abril de El Periódico, 20.06.2026
BREVIARIO BESTIAL
Reseña de Metazoa a cargo de Ricardo Baixeras Borrell
Suplemento literario Abril de El Periódico, 20.06.2026
Ignacio Echevarría
"Paisajes"
Suplemento El Cultural del diario El Español
Madrid, viernes 19 de junio de 2026
Cuando ya todo es región, con la pastosa habla dominante como telón de fondo, es lógico que lo más repelente del kitsch, la rosa, haga acto de presencia. Y así, se acepta que, en estos tiempos de provincianismo y pandemia, dicho fenómeno adverso se propague entre la gente de bien, clase social equiparada ahora, de improviso, con la gente corriente. O sea que consignas atroces corren como la pólvora, consignas pretendiendo revalorizar una mercancía hace tiempo caducada, ese producto, hecho de pasta de chopo canadiense de repoblación, al que algunos aún reconocen por su vetusto nombre, libro; producto que seres que nunca leyeron, que nunca leen, que nunca leerán, sienten la obligación de adquirir una vez al año, oficiando un opaco ritual, un ritual customizado si se adereza con el emborronado de una guarda mediante la desganada firma del autor, culminando de este modo el proceso de validación del fetiche. Y, como práctica paralela, recordar ahora otro ritual, quizá más exquisito, oficiado por mi tío político Anselmo Bisalto Castromantecas, marido de la mayor de las cuatro hermanas de mi padre, coleccionista de libros intonso en su condición de absoluta virginidad, es decir que sus hojas no han sido guillotinadas en la imprenta y, tampoco, después, han sido abiertos con abrecartas u otros dispositivos cortadores. Anselmo Bisalto presumía de no conocer el contenido de los volúmenes, de mantener sellada la puerta de escape de sus esencias. “¿Quién sabe que disparates y blasfemias contendrán? Así cerrados, los mantengo fuera del alcance de la raza humana, mientras yo viva nunca irán ligeros mancillando.”
Mi amigo y editor Ramon Girbau Pedragosa me hace llegar la Guía espiritual del sacerdote español Miguel de Molinos (1628-1696) en la versión que su sello, Días contados, publicó en 2020, la misma versión que el poeta José Ángel Valente concluyó en 1974 y que incluía fragmentos de Defensa de la contemplación y un luminoso ensayo, a su cargo, sobre Molinos; ahora se añade, además, un epílogo del profesor Amador Vega. La recepción y lectura de este volumen genera una gran concentración de nombres de personas y cosas que, de un modo u otro, me atañen directamente y cuya breve selección, de modo alfabético, viene a continuación:
Barral. Esta edición de la Guía espiritual, según consta en la brevísima nota de la página 367, sigue la publicada en 1974 por Barral Editores, en Barcelona, reeditada luego por Alianza Editorial, en Madrid, en 1989. A comienzos de la década de los setenta participo en alguno de los pintorescos consejos de redacción convocados por Carlos Barral Agesta (Barcelona, 1928-1989) cuando abandona Seix Barral y crea Barral Editores y, también, en ese tiempo, traduzco, para él, Ossi di seppia de Eugenio Montale, L'homme aproximatif de Tristan Tzara y Le hasard et la nécessité de Jacques Monod.
Fénelon. François de Salignac de la Mothe, conocido como Fénelon (1651-1715), teólogo y arzobispo francés, fue un defensor irreductible de la teoría propugnada por Molinos, el Quietismo, lo que le llevó a enfrentarse violentamente con el filósofo y teólogo, también francés, Jacques-Bénigne Lignel Bossuet (1627-1704). Fénelon fue el autor de las Las aventuras de Telémaco (1699), novelita que gozó del fervor popular, convirtiéndose, sus repetidas ediciones, en uno de los títulos que coleccioné en las décadas de los sesenta a los noventa, mis años de furor bibliófilo.
San Francisco de Sales. El clérigo saboyano Francisco de Sales (1567-1622) fue proclamado santo en 1665 por el papa Alejandro VII. Patrón de periodistas y escritores en general, publicó en vida varios libros de carácter religioso siendo el más conocido Introducción a la vida devota. Se acepta que el pensamiento de Francisco de Sales, su elevada valoración del goce que se logra a través del amor puro, influyó en la redacción de la Guía espiritual de Miguel de Molinos. Mi padre, en su partida de nacimiento, consta como Francisco de Sales Ferrer Auger y, aunque no aparezca registrado, ese es también mi nombre de pila completo.
Huxley. Unas supuestas cartas de Miguel de Molinos son utilizadas por el escritor inglés Aldous Huxley (1894-1963) en su novela After many a summer (1939), novela que R. Crespo y Crespo traduce al español en 1943, con el título Viejo muere el cisne, para la bonaerense Editorial Losada. En 1960 adquiero la más famosa de las obras de Huxley, Un mundo feliz, traducida por Luys Santamarina para el editor José Janés; se trata de la tercera edición (1947). El volumen lo consigo en una librería de viejo, la del mercader de libros Martín Escayola Castro, en la calle Aribau de Barcelona; pago por él 14 pesetas y, como valor añadido, destaco que en una de sus guardas, lleva, impreso con tampón de tinta, el nombre Jaime Moharra. La lectura de esta distopía me convierte en fanático admirador de su autor llevándome a adquirir el total de su producción traducida al español o al francés, que aún conservo.
Jesuitas. Miguel de Molinos estudió, en Valencia, en el Colegio San Pablo, de los jesuitas; yo lo hice, en Barcelona, en el Colegio San Ignacio, de dicha orden.
Muniesa. Municipio de la provincia de Teruel en el que nació Miguel de Molinos y primer apellido de cierto individuo que intentó hacerme la vida imposible, por un absurdo lío de faldas, durante el tiempo en que trabajé como redactor jefe en una conocida editorial española ahora en manos del grupo francés Hachette.
Ratia. El escritor y crítico de arte Alejandro J. Ratia (Zaragoza, 1960), fundador de la revista cultural Almunia junto a Antonio Fernández-Molina, comisarió recientemente en el Museo de Teruel la exposición El baluarte de la nada. Homenaje a Miguel de Molinos reivindicando el espíritu quietista en el arte español actual, la creación conseguida a través de la contemplación y la fertilidad de la nada y el silencio. Con Alejandro J. Ratia planifico, en estos momentos, un potente proyecto expositivo, también en Aragón.
Wurth. Visité por primera vez el Museo Wurth de La Rioja en marzo de 2008 pocos meses después de su inauguración. Una segunda, y por ahora última visita la realicé en junio de 2024 con motivo del fallecimiento, en la localidad de Agoncillo, en cuyo término se ubica el museo, de Marta Loverdos de Altimira, que allí residía, en el caserón familiar, metida dentro de una gran burbuja plástica, desde que un tic fatal, el mordisqueo de la comisura izquierda de la boca, la llevó a devorarse viva, una progresiva ingestión, a partir de dicho punto, del total de la cara quedando la osamenta facial sólo recubierta de carne y piel en los lugares más alejados de la boca; es decir que la labor de arrastre no pudo, en principio, con la zona alta de la frente ni, tampoco, con las regiones masetéricas; luego, al final, parece que llegó a ingerir regiones ajenas al rostro hasta fallecer por septicemia pese al teórico aislamiento absoluto. Entre las páginas 222 y 223 del ejemplar de la Guía Espiritual de Miguel de Molinos, que me regala su editor Ramon Girbau, encuentro un marcapáginas, un punto de lectura prefiero llamarlo, propaganda del Museo Wurth, diría que igual, diría que el mismo que venía con el libro sobre Emil Nolde que adquirí en la tienda del museo en mi primera visita.
Resulta ameno rebuscar en armarios, cajones o habitaciones poco frecuentadas. Hoy, en un arrebato de aburrimiento, he investigado qué había en una caja de cartón duro guardada en una maleta de tela de cuando volví de África. Junto a las sentimentales fotografías de siempre me ha sorprendido un pequeño estuche de plástico transparente que contenía gran número de tarjetas de visita. Las he mirado. Eran de cuando me operaron, en Malabo, de hiperplasia prostática benigna, esa molesta afección en la que el agrandamiento de la próstata dificulta el tránsito de la orina. Recuerdo, y hace quizá treinta años, que el urólogo, un riojano jocundo de escasa higiene, me dijo al salir del quirófano que la intervención, llamada Resección Transuretral (RTU), había ido bien y que de los efectos secundarios habituales -impotencia, incontinencia y eyaculación retrograda-, él creía que sólo iba a afectarme este último. Lo de retrógada me asustó un poco, pedí que fuera más explícito y me aclaró que eyaculación retrógrada, o inversa, era la que llevaba el semen por camino equivocado, o buen camino para algunos; en vez de expulsarlo por la uretra al instante, lo depositaba en la vejiga urinaria, saliendo después al exterior en el acto de la micción. El urólogo me aseguró que en este estado de cosas era casi imposible que pudiera procrear por lo que fui corriendo a la imprenta de un familiar del naturalista, formado en Jaca, Pedro Batanga Lumobongo, y encargué 100 tarjetas de visita en las que, bajo mi nombre y dos apellidos, se leía con letra clara: NO EYACULO AL EXTERIOR. RIESGO NULO DE EMBARAZO. Un error en la impresión -Lerín fue cambiado por Lenin- desaconsejó su reparto.
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Nota
Esta operación prostática ya fue tratada en “RTU” https://ferrerlerin.blogspot.com/2010/03/rtu.html
Hablo de 2001 o como mucho de 1999. Yo tenía una barca cochambrosa, medio tirada en la playa de Vilasar, que servía de refugio a perros errabundos en días de tormenta y a mí mismo en las africanas noches de verano. Me tumbaba sobre un jergón pestilente y contemplaba las estrellas acunado en el centro de unos maderos retorcidos con alguna que otra escama de pescado incrustada. Soy Palabras, tipo muy leído, algo viscoso y lascivo, petulante alto burgués, antiguo alumno del profesor Blecua Teijeiro y actual recolector y estudioso del rico, como siempre se dice, léxico popular. Entre los últimos hallazgos quiero anotar un mote, familiar, los Chocho, en realidad dos familias emparentadas, los Chocholelo y los Chochoplano, gente arriesgada, variopinta, de la industria y comercio del jamón de Jabugo, de las tortas del Casar y de las mermeladas La Vieja Fábrica gran formato, todo elaborado en un almacén en ruinas de la cercana Badalona, en una nave desierta que, se sospecha, en la guerra, guardó munición eslovaca. Y lo cuento porque anoche, ya con temperatura estival y unas copas de ratafía al coleto, me disponía a dormir en la barca pero, para mi sorpresa, la encontré ocupada; el pequeño de los Chochoplano, Virutas, andaba osculándose con la pequeña de los Chocholelo, La Turmas, y ante un acto de tan singular incestuosidad la emprendí a golpes con la quijada de burro, fosilizada por el sol, que hallé por estos arenales y que siempre llevo colgada al cinto. Cuando el sodomita Timbales, de merodeo, al día siguiente, encontró los cadáveres, pronunció una frase que pienso grabar a babor de la embarcación: “¿senán muerto pues?, ¡menudos gaviotos!”.
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Nota
Un texto que quiere ser un antihomenaje, un infausto recuerdo, por vía idiomática, de aquel paisano catalán que, a comienzos de los sesenta, cuando iniciábamos el proyecto de recuperación de la gran avifauna en el prepirineo de Lérida y Huesca, se nos acercó, mientras buscábamos alguna señal de vida oteando con un catalejo la antigua buitrera de Camarasa, para pontificar, con la socarronería, estulticia y falta de sensibilidad características de la gente del campo, un lapidario “los bueitres y las áligas senán muerto, con la esterlina despachamos las alimañas”.
El concepto de Arte Casual no constituye un evento fortuito, sino que emerge de un sustrato intelectual profundo, de un interés desmedido por las corrientes subterráneas de las artes plásticas. Bajo esta premisa, el próximo 12 de abril nos reuniremos en el emblemático Casino de Huesca a las 12:00 h. para asistir a una conversación entre dos voces autorizadas: Francisco Ferrer Lerín y Antonio Viñuales.
El motivo central de este encuentro es la puesta en común de las ideas recogidas en APUD, un volumen que Libros del Innombrable incorpora a su catálogo para dar fe de la vigencia del pensamiento leriniano. La obra no es solo un compendio de textos críticos coordinados por Joaquín Fabrellas; es el testimonio gráfico y literario de cómo la creación puede abrir puertas a través del hallazgo cotidiano.
A través de las contribuciones de autores como Carmen Aguayo o Juan Buil Oliván, el libro desentraña la influencia del AC en la lírica de un autor considerado el padre de los «novísimos». Invitamos a los lectores y entusiastas del arte contemporáneo a participar en este «Vermú Literario» que, puntualmente a las 12:00 horas, explorará las aguas revueltas de la creación más avanzada.
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Conversación entre Ferrer Lerín y Antonio Viñuales sobre Arte Casual
Salón Azul del Casino de Huesca
Domingo 12 de abril de 2026 a las 12:00 h
Entrevista completa para la revista La Lectura, del diario El Mundo, a cargo de Andrés Seoane Fernández, publicada en papel, resumida, el viernes 27 de marzo de 2026.
- ¿Cuál es su animal favorito?
La lagartija ibérica (Podarcis hispanicus). Con un macho de la especie, rescatado de un solar en el que iban a entrar las máquinas excavadoras, mantuve, durante un largo invierno, en mi domicilio, una estrecha relación sentimental.
- ¿A qué animal nos parecemos más las personas y a cuáles deberíamos imitar?
Nos parecemos a los primates, por proximidad taxonómica, pero no creo que sea buena idea tratar de imitarlos, ni a ellos ni a ningún animal; probemos de imitar a científicos y filósofos.
- Usted pasó muchos años entre buitres, un animal con no muy buena fama, ¿en qué nos superan a los humanos estos carroñeros?
El buitre leonado (Gyps fulvus), paradigma de ave necrófaga, tiene una acuidad visual 400 veces la nuestra.
- ¿Qué libro tiraría a una piscina?
-Soy muy respetuoso con los libros, hasta en el peor de ellos seguro que se encuentra un sintagma o al menos una palabra aprovechable.
- ¿Por qué escribe, qué le impulsa a ello?
Me produce satisfacción ver lo geniales que pueden llegar a ser mis textos poéticos y narrativos.
- ¿Sin la escritura y los animales, qué hubiese querido ser?
Mi catálogo de oficios no se circunscribe a escritor y ornitólogo de campo, la nómina es inabarcable por lo que es prácticamente imposible reclamar otros; le recuerdo que he sido, y en algunos casos aún soy, filólogo, bibliófilo, jugador de chiribito, traductor, agente prospector, teórico y creador del Arte Casual y de sus apéndices Acciones y Táctiles, conferenciante solicitado, seductor de jóvenes y maduras, exterminador de hablas regionales, etc.
- ¿Y qué le presta el ornitólogo y zoofílico (en su primera acepción de la RAE) al escritor?
Los oficios paralelos, en especial los más alejados de la escritura, aportan un caudal inmenso de conocimientos en la tarea del escribiente (segunda acepción de la RAE). Aporte que se sustancia no sólo en términos de léxico, también en la descripción atinada de situaciones y escenarios.
- Si pudiera viajar en el tiempo, ¿a dónde iría?
Seguiría en la Tierra, pero dentro de quinientos años.
- ¿Qué hábito ajeno le resulta insoportable?
La mala educación en cualquiera de sus contenidos: grosería, falta de higiene corporal, violencia, zafiedad.
- ¿Es posible odiar a primera vista?
Odiar es palabra en exceso solemne, quizá desprecio sí merecen ciertos individuos infatuados, mezquinos.
- En caso de que existiera un premio a la peor persona del año, ¿quién sería el Nobel de los malvados?
Tengo por ahí una lista de actores de cine reconocidos como malas personas por sus compañeros de profesión; una lista, y hablo de memoria, en la que no faltan Alberto Sordi, Jack Lemmon, Brian Dennehy, Karl Malden y Ernest Borgnine.
- Un olor de infancia.
La colonia Álvarez Gómez
- ¿Qué canción no puede dejar de escuchar?
Il tempo se ne va, cantada por Celentano.
- ¿Qué canción le gustaría para su entierro?
Miserere I, de Zelenka.
- "El amor es…"
...extraordinariamente breve.
- ¿Quién fue su primer amor?
Elenita López, ella cuatro y yo siete años. Me invitaba a ver revistas, o sea a que mirara con atención lo que había debajo de su falda, que levantaba y bajaba sólo para mí aunque quizá de modo demasiado rápido.
- En este libro, Metazoa, late la defensa de lo salvaje, ¿estamos demasiado domesticados?
El paso del ecologismo al animalismo es un ejemplo claro de domesticación generalizada. Un proceso en el que intervienen muchos factores, aunque quizá el principal sea de carácter mercantil; el ecologismo no satisface al capital y el animalismo sí. Luego está la exigencia de confort y ternurismo; la compañía que procuran gatitos y perritos a los miembros de las distintas modalidades de la tribu pequeño burguesa es una opción radicalmente enfrentada al conservacionismo y, en general, a las duras tareas montaraces encaminadas a una casi científica protección de la fauna salvaje.
-¿Qué podemos aprender mirando la naturaleza?
La observación reposada, atenta, decidida, de nuestro entorno natural aporta un enorme valor añadido a las salidas al campo, circunscritas, para la mayoría de los humanos, a la práctica de ridículos ejercicios deportivos que, por otra parte machacan, inmisericordes, nuestro cuerpo.
- ¿Cuál ha sido su sueño más raro?
A menudo sueño que sueño.
- ¿Qué película podría ver todos los días?
Algo de Hitchcock y series como Friends y Fraser.
- ¿Qué obra de arte robaría de un museo?
Ya la robé; la escultura de acero de Richard Serra destinada al Reina Sofía.
- La última vez que fui al teatro…
No me gusta el teatro, es pura naftalina.
- ¿Qué personaje de la literatura habría querido ser?
Dios.
- ¿Y qué gran personaje histórico rescataría o cree que está olvidado?
Cerca de donde vivo se habla aún de un personaje, El Acróbata, que, con ochenta y cinco años, subía y bajaba en escasos segundos de los más alto del sauce de la fuente de Barrancofondo, y que un día partió andando de su pueblo camino de la capital provincial, Huesca, por unos parajes considerados solitarios pero en los que él consiguió localizar a diez y nueve adolescentes a las que hechizó contándoles refranes y chascarrillos.
- ¿Cuál es su mayor contradicción?
Milité en una formación política. Realmente fue disparatado pretender acatar algo tan absurdo como la disciplina de partido.
- ¿En qué fantasmas cree?
A medida que se aproxima el momento de mi muerte veo aparecer, cada vez con mayor realismo y no sólo en la oscuridad de la noche, a las personas a las que no atendí decorosamente desde mis esferas de poder y que ahora, por su talante, pienso que vienen a reclamar justicia.
- ¿Cuál es su rutina para despolitizarse?
Los años llevan consigo una abundante carga de descreimiento; no necesito participar en mesas redondas y cónclaves, mi rechazo de la democracia es ya ahora absoluto; comulgo, también en eso, con Jorge Luis Borges, cuando define ese sistema político como un abuso de la aritmética.
- ¿Qué no soporta del mundillo cultural?
Los corrillos endogámicos regionales, y todavía peor los provinciales, y no digamos los locales.
- ¿A quién pondría en el Ministerio de Cultura?
A un artefacto de IA de última generación.
Desde lo alto planea un buitre. Nunca se me había ocurrido que eran criaturas gigantes. Siempre las vi en las películas. Personajes observados al microscopio de una pantalla sometida a las exigencias de la ficción. Nada de una historia "basada en hechos reales" cuando el buitre desciende hacia la carroña y picotea monstruosamente los restos de carne putrefacta. Alguien la dejó ahí, esparció trozo a trozo los despojos aún sanguinolentos, la tierna textura de sus tejidos tendidos en la tierra infértil de un descampado solitario. Tierna, textura, tejidos, tendidos, tierra, infértil… me salió así la ‘t’ repetida hasta la expatriación de la gramática hacia territorios donde desaparece lo normal para dar paso a lo que aparentemente no lo es. A lo mejor fue normal, pero ahora ya no lo es. Como el vuelo apoteósico de un buitre que planea con las alas extendidas y dan, entre las dos, más de tres metros de anchura suspendida en el aire de la sierra. Las montañas de Jaca, como las que Lovecraft levantara en sus relatos llenos de chillidos que si no eran de ratas o de hienas gigantescas se les parecían mucho.
Conoce bien ese descenso faunístico Ferrer Lerín porque más que escritor fue y sigue siendo un merodeador, ese vigilante atento, incansablemente atento a lo que vuela o se arrastra por los paisajes considerados, con una miopía que asusta, territorio exclusivo de lo humano. Planea con el buitre la pregunta, si hablamos de Lerín y lo que escribe y lo que mira y lo que vive: ¿qué es lo humano en los relatos de un escritor seguramente único en el rutinario panorama literario español contemporáneo?
Escribió y dejó de escribir durante muchos años. Se dedicó a otros oficios que nada tenían que ver con la literatura. La verdad es que el oficio de la literatura nunca fue el suyo si entendemos la literatura como algo fijo en la nómina de lo puramente convencional: "Soy ornitólogo de campo, oteo el horizonte, descubro aves, y las observo". Lo que dice él mismo de la ornitología: "Una ciencia que permite adentrarse en el conocimiento de la conducta de las aves". Todo eso y mucho más en Metazoa, el último (hasta el momento en el que escribo) de sus libros publicados, esta vez en una espléndida edición (¡qué belleza!) de la casa Jekill & Jill. El subtítulo aclaratorio: Presencias faunísticas. Porque eso es este libro que viene de la suma de muchos otros textos anteriores. La literatura es escarbar en la tierra removida de criaturas que dimos por muertas cuando nada en ellas se parecía a la muerte sino todo lo contrario. La deformidad siempre fue patrimonio de la escritura exigente, de esa que deja huella profunda y no un simple intercambio de identidades con el nombre y la dirección de un mercado anclado en lo superfluo, cuando no directamente vinculado con la desvergüenza literaria. La escritura de Lerín no es buena y aún menos complaciente amiga de lo que se lleva. Es tan real que sólo se ajusta -si es que se ajusta a algo- a los cánones del sueño. Nada de rareza cuando leemos o hablamos de los textos lerinianos. Eso lo dicen quienes leen bajo las imposiciones funerarias de unos gustos que nada tienen que ver con la literatura, sino con un chalaneo ferial entre fervorosos tratantes de una mercancía averiada. "¿… Es el tiempo del sueño lo que de verdad se está acabando?", escribe en Cheruta, uno de los más hermosos relatos de este libro perfecto. Y digo perfecto porque lo es en el aparentemente caótico armatoste sobre el que se construye su férrea estructura (y disculpen ustedes lo de férrea: me parece una palabra cursi), porque es en el lenguaje de la destrucción donde se asienta la vida que las presencias faunísticas de Ferrer Lerín nos ofrecen como una forma de descrédito de una realidad adulterada por un exasperante conformismo en la literatura y en todo."Quizá el más agradecido de mis oficios sea el de buscador de hápax", concluye hacia el final de este libro radicalmente inabarcable. Siempre Lerín a la búsqueda de la palabra única que aumente las dimensiones de una escritura que no se acaba nunca, que la mira y se mira a sí mismo con ironía de sabio inconformista y se dice y nos dice que no hay nada más serio en el mundo que el humor, sobre todo si ese humor no descuida lo que uno escribe y principalmente lo que uno escribe de sí mismo y del entorno más próximo que siempre lo acompaña. Y es que nunca sabremos con exactitud si lo que cuenta en sus narraciones, en sus ensayos, en sus poemas es real o se lo inventa sin que la verdad se resienta porque la verdad de lo que se dice está en la escritura y ahí, en ese siempre confuso territorio donde se mueve a sus anchas el cinismo, es Ferrer Lerín un auténtico maestro. No en el del cinismo, sino en el de la verdad, aunque seguro que él se ríe de esa palabra porque no le gustan las palabras que pesan de una excesiva gravedad.
Cierro este breve recorrido por la vida y la obra de Francisco Ferrer Lerín con las palabras de José Luis Falcó, uno de nuestros mejores amigos (lo digo en plural por la parte que me toca), en el prólogo de presentación a Mansa chatarra: "En el caso de Ferrer Lerín, el entrecruzamiento de lo real y lo ficticio, de lo autobiográfico y lo imaginario, de la bibliofilia y la anécdota, de los espacios reales y los fantásticos, de la ensoñación y los sueños han desempeñado un papel fundamental que, como el lector podrá comprobar, ha ido creciendo con los años". Eso mismo se lo pueden felizmente aplicar quienes se acerquen a Metazoa, no buscando cobijo entre las alas extendidas de un buitre que planea sobre la carroña en el descampado de la literatura, sino todo lo contrario. Ningún refugio en la gran, en la magnífica escritura de Ferrer Lerín. Sólo intemperie bajo las alas del buitre. Sólo intemperie. Sólo.
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Alfons Cervera. Diario Levante. 21.03.2026
ESTO ES LO ÚLTIMO. FRANCISCO FERRER LERÍN
-¿Qué libro está leyendo?
El libro de poemas Nunca, mil y gigante, de Francisco Layna Ranz.
-¿Cuál es el libro que más le ha ‘autoayudado’ [que le dio resortes y criterios para enfrentarse a la complejidad de la existencia]?
No soy lector de autoayuda, pero como soporte para aguantar unos años más, El derrumbamiento, de Armonía Somers.
-Si no hubiera podido ser escritor y ornitólogo, ¿qué hubiera querido ser?
Fui programada para ser médico, luego me tentó la biología, me licencié en Filología Hispánica, pero mi vocación fue dirigir filmes negros, por ejemplo llevar al cine la obra completa de Mickey Spillane.
-Un acontecimiento histórico que le habría gustado vivir in situ. ¿Por qué?
La recepción en Roswell de los alienígenas, aunque tumefactos, manejables. La confirmación oficial de que hay vida extraterrestre resulta cada día más necesaria, para acabar con las religiones y arrumbar las miserias cotidianas.
-En uno de los textos de Metazoa se define como un tipo sobrevenido, casual: ¿en qué sentido, y con qué consecuencias?
He comprobado que se agradece el autodescrédito del autor. Declarar mi condición poco meditada, irrumpida, improvisada, ensancha la valoración íntima del lector. Rebajarse es productivo.
-Aboga en el libro por concentrarse en un solo punto. ¿También como escritor?
La dispersión sólo es buena para flâneurs y frívolos profesionales. El hombre serio se concentra en la construcción u observación de una sola obra literaria, en la labor de las hormigas en el hormiguero o en el crecimiento primaveral de un sauce.
-Cuanto más conoce a los hombres , ¿más prefiere a los animales (aves carroñeras incluidas)?
Mi contemplación de la realidad circundante está más cerca del filatélico que del misionero en la Cafrería. Persigo la especie animal poco conocida, o el comportamiento desconocido de la especie conocida, con más fruición que quien va por ahí salvando la humanidad del desastre, labor inútil y previsible. Siempre recordaré el día en que vi bañarse, en una concavidad natural de un roquedo, a una pareja de quebrantahuesos adultos, nadie, que yo supiera, había alcanzado ver tamaño espectáculo.
-¿Qué le presta el ornitólogo al poeta y al narrador, y viceversa?
El ornitólogo, el zoólogo, el científico, dispone del léxico apropiado para describir determinadas situaciones y determinadas especies animales y vegetales. El escritor agradece el dominio de disciplinas alejadas de su oficio, disciplinas que le permiten escribir “una hembra joven de milano negro (Milvus migrans), en vuelo planeado, se posa en una rama seca de un pino laricio (Pinus nigra) para devorar la presa que lleva en las garras, un topillo campesino (Microtus arvalis) recogido muerto por atropello en la carretera cercana”.
-Hace poco, Ignacio Echevarría se preguntaba por qué no era usted miembro de la Real Acadenia: ¿le divierte la idea?
Moriré con algunas asignaturas pendientes, una el conocimiento de la lengua alemana, y otra ser académico numerario de la RAE.
-¿Qué cree que podría aportar?
El Diccionario requiere, de modo urgente, una revisión profunda de las voces relacionadas con la fauna silvestre, dejar de definir las especies en función de su interés cinegético, por ejemplo.
-Un disco/canción que se ponga en bucle estos días.
No sé, mis preferencias musicales van del brazo de Zelenka, Ligeti, Charles Ives, Antonio Soler, Bach.
-¿Cuál es la serie que ha devorado más rápido? ¿Diría, por cierto, que es la mejor que ha visto? ¿O es otra?
Seinfeld y Fraser, sin dudarlo.
-¿En qué película se quedaría a vivir y en cuál no aguantaría ni un minuto?
El buscavidas y los tres primeros “Bourne” son las cintas en las que intervengo, y no sólo en sueños. Nunca se me vería en ese cine español que se empeña en repetir los desastres de la guerra civil.
-¿Ha experimentado alguna vez síndrome de Stendhal? ¿Ante qué?
Cuando en 1984, en mis prospecciones ornitológicas por los ejidos, defino el Arte Casual, las manifestaciones de arte fruto de la mano del hombre pero desprovistas de intencionalidad, alcanzo, a veces, cierto clímax estético, cierta saturación sensorial.
-No se muerda la lengua, díganos algo que ya no soporte del mundillo cultural.
No frecuento los cónclaves taciturnos en los que predominan tipos con camisa de leñador.
-Una obra (disco, libro, obra, banda musical…) sobrevalorada.
No señalo, me faltan dedos.
-Un placer cultural culpable.
El robo de incunables.
-¿Cuál es la última exposición a la que ha ido? Impresiones…
En Bilbao, Richard Serra; necesito experimentar la sensación de peso, de gravedad,
-¿La inteligencia artificial matará la creación artística?
IA es, en su mismo ser, una forma más de creación artística, lo que hace falta es alejarse de tópicos, temores y arcaísmos.
-España es un país…
España era un país maravilloso antes del despropósito del Estado de las Autonomías, esa competición futbolera interregional hecha para beneficio precisamente de los que no se consideran españoles. Hubo un momento, años ochenta, noventa, en que algunos creímos que era posible que el estado recuperara las competencias en educación y sanidad, pero fue una ensoñación.
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El Cultural de El Español, sección "Esto es lo último", 13.03.2026