Mahón, Menorca, 24.04.2026
Fotografía: Lucía Pons
Hablo de 2001 o como mucho de 1999. Yo tenía una barca cochambrosa, medio tirada en la playa de Vilasar, que servía de refugio a perros errabundos en días de tormenta y a mí mismo en las africanas noches de verano. Me tumbaba sobre un jergón pestilente y contemplaba las estrellas acunado en el centro de unos maderos retorcidos con alguna que otra escama de pescado incrustada. Soy Palabras, tipo muy leído, algo viscoso y lascivo, petulante alto burgués, antiguo alumno del profesor Blecua Teijeiro y actual recolector y estudioso del rico, como siempre se dice, léxico popular. Entre los últimos hallazgos quiero anotar un mote, familiar, los Chocho, en realidad dos familias emparentadas, los Chocholelo y los Chochoplano, gente arriesgada, variopinta, de la industria y comercio del jamón de Jabugo, de las tortas del Casar y de las mermeladas La Vieja Fábrica gran formato, todo elaborado en un almacén en ruinas de la cercana Badalona, en una nave desierta que, se sospecha, en la guerra, guardó munición eslovaca. Y lo cuento porque anoche, ya con temperatura estival y unas copas de ratafía al coleto, me disponía a dormir en la barca pero, para mi sorpresa, la encontré ocupada; el pequeño de los Chochoplano, Virutas, andaba osculándose con la pequeña de los Chocholelo, La Turmas, y ante un acto de tan singular incestuosidad la emprendí a golpes con la quijada de burro, fosilizada por el sol, que hallé por estos arenales y que siempre llevo colgada al cinto. Cuando el sodomita Timbales, de merodeo, al día siguiente, encontró los cadáveres, pronunció una frase que pienso grabar a babor de la embarcación: “¿senán muerto pues?, ¡menudos gaviotos!”.
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Nota
Un texto que quiere ser un antihomenaje, un infausto recuerdo, por vía idiomática, de aquel paisano catalán que, a comienzos de los sesenta, cuando iniciábamos el proyecto de recuperación de la gran avifauna en el prepirineo de Lérida y Huesca, se nos acercó, mientras buscábamos alguna señal de vida oteando con un catalejo la antigua buitrera de Camarasa, para pontificar, con la socarronería, estulticia y falta de sensibilidad características de la gente del campo, un lapidario “los bueitres y las áligas senán muerto, con la esterlina despachamos las alimañas”.
El concepto de Arte Casual no constituye un evento fortuito, sino que emerge de un sustrato intelectual profundo, de un interés desmedido por las corrientes subterráneas de las artes plásticas. Bajo esta premisa, el próximo 12 de abril nos reuniremos en el emblemático Casino de Huesca a las 12:00 h. para asistir a una conversación entre dos voces autorizadas: Francisco Ferrer Lerín y Antonio Viñuales.
El motivo central de este encuentro es la puesta en común de las ideas recogidas en APUD, un volumen que Libros del Innombrable incorpora a su catálogo para dar fe de la vigencia del pensamiento leriniano. La obra no es solo un compendio de textos críticos coordinados por Joaquín Fabrellas; es el testimonio gráfico y literario de cómo la creación puede abrir puertas a través del hallazgo cotidiano.
A través de las contribuciones de autores como Carmen Aguayo o Juan Buil Oliván, el libro desentraña la influencia del AC en la lírica de un autor considerado el padre de los «novísimos». Invitamos a los lectores y entusiastas del arte contemporáneo a participar en este «Vermú Literario» que, puntualmente a las 12:00 horas, explorará las aguas revueltas de la creación más avanzada.
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Conversación entre Ferrer Lerín y Antonio Viñuales sobre Arte Casual
Salón Azul del Casino de Huesca
Domingo 12 de abril de 2026 a las 12:00 h