sábado, 21 de marzo de 2026

Entrevista en El Cultural

 

ESTO ES LO ÚLTIMO. FRANCISCO FERRER LERÍN


-¿Qué libro está leyendo?

El libro de poemas Nunca, mil y gigante, de Francisco Layna Ranz.

-¿Cuál es el libro que más le ha ‘autoayudado’ [que le dio resortes y criterios para enfrentarse a la complejidad de la existencia]?

No soy lector de autoayuda, pero como soporte para aguantar unos años más, El derrumbamiento, de Armonía Somers.

-Si no hubiera podido ser escritor y ornitólogo, ¿qué hubiera querido ser?

Fui programada para ser médico, luego me tentó la biología, me licencié en Filología Hispánica, pero mi vocación fue dirigir filmes negros, por ejemplo llevar al cine la obra completa de Mickey Spillane.

-Un acontecimiento histórico que le habría gustado vivir in situ. ¿Por qué?

La recepción en Roswell de los alienígenas, aunque tumefactos, manejables. La confirmación oficial de que hay vida extraterrestre resulta cada día más necesaria, para acabar con las religiones y arrumbar las miserias cotidianas.

-En uno de los textos de Metazoa se define como un tipo sobrevenido, casual: ¿en qué sentido, y con qué consecuencias?

He comprobado que se agradece el autodescrédito del autor. Declarar mi condición poco meditada, irrumpida, improvisada, ensancha la valoración íntima del lector. Rebajarse es productivo.

-Aboga en el libro por concentrarse en un solo punto. ¿También como escritor?

La dispersión sólo es buena para flâneurs y frívolos profesionales. El hombre serio se concentra en la construcción u observación de una sola obra literaria, en la labor de las hormigas en el hormiguero o en el crecimiento primaveral de un sauce.

-Cuanto más conoce a los hombres , ¿más prefiere a los animales (aves carroñeras incluidas)?

Mi contemplación de la realidad circundante está más cerca del filatélico que del misionero en la Cafrería. Persigo la especie animal poco conocida, o el comportamiento desconocido de la especie conocida, con más fruición que quien va por ahí salvando la humanidad del desastre, labor inútil y previsible. Siempre recordaré el día en que vi bañarse, en una concavidad natural de un roquedo, a una pareja de quebrantahuesos adultos, nadie, que yo supiera, había alcanzado ver tamaño espectáculo.

-¿Qué le presta el ornitólogo al poeta y al narrador, y viceversa?

El ornitólogo, el zoólogo, el científico, dispone del léxico apropiado para describir determinadas situaciones y determinadas especies animales y vegetales. El escritor agradece el dominio de disciplinas alejadas de su oficio, disciplinas que le permiten escribir “una hembra joven de milano negro (Milvus migrans), en vuelo planeado, se posa en una rama seca de un pino laricio (Pinus nigra) para devorar la presa que lleva en las garras, un topillo campesino (Microtus arvalis) recogido muerto por atropello en la carretera cercana”.

-Hace poco, Ignacio Echevarría se preguntaba por qué no era usted miembro de la Real Acadenia: ¿le divierte la idea?

Moriré con algunas asignaturas pendientes, una el conocimiento de la lengua alemana, y otra ser académico numerario de la RAE.

-¿Qué cree que podría aportar?

El Diccionario requiere, de modo urgente, una revisión profunda de las voces relacionadas con la fauna silvestre, dejar de definir las especies en función de su interés cinegético, por ejemplo.

-Un disco/canción que se ponga en bucle estos días.

No sé, mis preferencias musicales van del brazo de Zelenka, Ligeti, Charles Ives, Antonio Soler, Bach.

-¿Cuál es la serie que ha devorado más rápido? ¿Diría, por cierto, que es la mejor que ha visto? ¿O es otra?

Seinfeld y Fraser, sin dudarlo.

-¿En qué película se quedaría a vivir y en cuál no aguantaría ni un minuto?

El buscavidas y los tres primeros “Bourne” son las cintas en las que intervengo, y no sólo en sueños. Nunca se me vería en ese cine español que se empeña en repetir los desastres de la guerra civil.

-¿Ha experimentado alguna vez síndrome de Stendhal? ¿Ante qué?

Cuando en 1984, en mis prospecciones ornitológicas por los ejidos, defino el Arte Casual, las manifestaciones de arte fruto de la mano del hombre pero desprovistas de intencionalidad, alcanzo, a veces, cierto clímax estético, cierta saturación sensorial.

-No se muerda la lengua, díganos algo que ya no soporte del mundillo cultural.

No frecuento los cónclaves taciturnos en los que predominan tipos con camisa de leñador.

-Una obra (disco, libro, obra, banda musical…) sobrevalorada.

No señalo, me faltan dedos.

-Un placer cultural culpable.

El robo de incunables.

-¿Cuál es la última exposición a la que ha ido? Impresiones…

En Bilbao, Richard Serra; necesito experimentar la sensación de peso, de gravedad,

-¿La inteligencia artificial matará la creación artística?

IA es, en su mismo ser, una forma más de creación artística, lo que hace falta es alejarse de tópicos, temores y arcaísmos.

-España es un país…

España era un país maravilloso antes del despropósito del Estado de las Autonomías, esa competición futbolera interregional hecha para beneficio precisamente de los que no se consideran españoles. Hubo un momento, años ochenta, noventa, en que algunos creímos que era posible que el estado recuperara las competencias en educación y sanidad, pero fue una ensoñación.

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El Cultural de El Español, sección "Esto es lo último", 13.03.2026




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