Leonor
He visto ese huevo
una especie de huevo,
olvidado por los griegos,
pero de gran fama en las
Galias.
(En verano
innumerables
serpientes,
por la baba y la espuma de
sus cuerpos,
se enlazan y pegan
unas a otras.)
Se llama huevo de serpientes
y viene del Reino de las
Madres.
El tamaño:
el de una manzana redonda;
y la cáscara:
cartilaginosa con numerosas
cúpulas
como los brazos del pulpo.
Los druidas dicen
que el silbido de esos
reptiles
proyecta el huevo al aire
y lo recogen,
antes de que toque tierra,
dentro de un saco.
También se sabe
que esta clase de huevo
flota
contra corriente
y que el artista lo ama
como si fuera un cráneo.
Fue,
quizá,
el huevo del que naciera el
hombre luciferino
y que ahora
incuba
la guardiana radicular,
esa obra maestra, apoteosis
del germen.
--
Hiela sangre, 2013.















































