Las salas de espera de las clínicas dentales pueden resultar, a veces, campo abonado para el desarrollo de sucesos altamente pintorescos (https://ferrerlerin.blogspot.com/2008/09/salita-de-espera.html); hoy he tenido ocasión de refrendar de nuevo dicho aserto.
Entro en la sala de espera de la Clínica Odontológica de Francisca Vizcarra (FV), situada en la Calle Mayor de la localidad oscense de Jaca, para aguardar a que me empasten una caries. Son cuatro las personas que ocupan la estancia: una madre joven con su hijo de unos diez años, y un matrimonio formado por un sonriente octogenario y su esposa septuagenaria de aspecto afable y respetuoso. Doy los buenos días y me siento. La enfermera llama primero a la madre y a su hijo, y, después, al matrimonio que, al levantarse y pasar por mi lado, comenta que ayer coincidimos por primera vez en la sala de espera de urología del Hospital de Jaca; lo he recordado, de golpe, y he sonreído.
Unos hechos, y otros posteriores, por ejemplo las palabras, fuera de la clínica, de la esposa septuagenaria, Julia Pino, acerca de su asistencia a las presentaciones de mis libros motivada tanto por su interés por la literatura como por su interés por la ornitología, no son hechos relevantes, no motivarían la redacción de este relato. En cambio, pienso que sí lo son estos que ahora se detallan.
Ayer, durante la larga espera en el hospital, ya me sorprendió el enorme parecido entre el sonriente marido y mi amigo barcelonés de infancia y adolescencia, recientemente fallecido de un derrame cerebral, Miguel Ángel Niubó Bassas. Por lo que esta mañana, debido a la proximidad de los asientos, he estado a punto de entablar conversación indicando dicha semejanza y preguntando, en tono festivo, qué nombre tenía el risueño, no fuera acaso el mismo nombre de mi amigo. Pues bien, la enfermera, con voz estentórea aunque cariñosa, ha reclamado al paciente pronunciando las dos palabras mágicas: ¡Miguel... Ángel!; las dos palabras que, en el fondo, yo temía que se pronunciaran.
Luego, en la calle, en el nuevo encuentro del que he hecho mención, abierto el trato, conversando fluida y animadamente con Julia, sólo con Julia, he intentado nombrar la semejanza, las conjeturas, el enunciado de la enfermera, la sospecha de una reencarnación… pero he ido bajando el tono y el volumen de voz; me he dado cuenta de que no entendían, que no querían saber nada de todo eso. He callado. La situación, de golpe, se ha vuelto tensa. Con la cabeza levemente inclinada, sin más comentarios, me he alejado calle abajo. No he querido volverme. No he querido saber si habían reaccionado. O si aún permanecían inmóviles, serios, muy serios, desamparados, en mitad de la calzada mojada por las últimas lluvias.
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Notas:
The Long Wait = La larga espera
Mickey = Miqui / Miguel [Ángel]
Spillane (“Spill”, to spill = derramar [derrame cerebral])

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