domingo, 27 de octubre de 2013

Iconografía 12

































Aniversario


Fuiste Derrida y yo Paul de Man.
Y el abismo se abrió en el vértice de la palabra.
Hoy cumples una edad adolescente.
Yo, anteayer, un certificado de tránsito.


Éramos caballeros que montan el mismo caballo,
cristos podridos, diría el pianista canadiense,
formas y sonidos / geometría y música (Tommy Lasorda).
Por las rutas reales hervíamos en aceite
los cuatro pedazos del ajusticiado para que duraran más tiempo                                                                                                      
y depilábamos cadáveres (tú lo reclamaste),
ese oficio poco remunerado.
Zapadores de largas piernas,
más que podridos
crispados, eso sí con heridas purulentas; ¡oh, Grünewald!
¡oh, Braque, patrón!

Al llegar,
qué regreso,
bebimos té negro sujetando terrones de azúcar entre los dientes
como las tías abuelas italo-rumanas,
permanecimos al lado del asno
frente al perro rojizo que dormía; ese refugio, el universo,
ante el viento de superficie. El mar,
según el excelente señor Auger,
fue licor de vida para los cuerpos de la ciudad (los billetes
del Waqf
estaban en francés). El mar
predecía
el final del desatino.
Y sí, me olvidaba,
me olvido casi siempre,
en Turquía se camina
con zapatos de cuero. La cualidad,
que perdura en el arte,
es la visión propia del mundo:
laystall.
  

Edward Hopper, Escritos, Elba, Barcelona, 2012.
Stefano Faravelli, Istanbul, Confluencias, Almería, 2011.
Francisco Arago, Historia de mi juventud, Austral, Buenos Aires, 1946.
Jean Paulhan, Braque le patron, Gallimard, París, 1952.
Claude Roy, Arts fantastiques, Delpire, París, 1960.


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Hiela sangre (2013)

sábado, 19 de octubre de 2013

Similitudes


                                                      Dos imágenes que guardan cierto parentesco gestual y argumental. Aire de reverencia, de inclinación, en el que la apertura de una puerta tiene gran importancia. A señalar también otra similitud, esta vez literaria, rítmica, entre "O el pozo era muy profundo o ella cayó muy despacio" y "Ni la fisura es tan grande ni el hombre de la camisa azul me odia tan profundamente"; la primera frase en el primer capítulo de Alicia en el país de las maravillas en la versión de Juan Gabriel López Guix y la segunda frase en el relato "2-3-65" incluido en La hora oval.

viernes, 11 de octubre de 2013

Iconografía 11





















De los cementerios.

De la higiene.
De la bendición.
De los judíos, de los paganos, de los catecúmenos.
De los apóstatas de la fe, de los herejes, de los cismáticos públicos.
De los nominalmente entredichos.
De los que se hallan en lugar entredicho.
De los excomulgados vitandos.
De los que hayan puesto manos violentas sobre clérigos.
De los suicidas.
De los duelistas.
De los torneadores.
De los que voluntariamente dejaron de cumplir el precepto de la confesión y de    la comunión pascual.
De los usureros públicos.
De los religiosos que mueren con peculio.
De los ladrones y salteadores de caminos cogidos y muertos en el acto de cometer el crimen.
De los raptores de iglesias que no hayan restituido.
De los pecadores públicos que mueren impenitentes.
De los concubinarios.
De los clérigos concubinarios.
De las mujeres públicamente prostituidas.
De la inhumación, exhumación, traslación y quema de cadáveres.
De la cuarta funeral.
De las exequias de cuerpo presente.
De los carros fúnebres.
De las llaves.

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Hiela sangre (2013)

domingo, 6 de octubre de 2013

Un bulto


Sábado en la noche, entre las ocho e las nueve, a 19 de noviembre de 1468. Se abrió el cielo y apareció un bulto tamaño como de hombre y encima de dicho bulto una estrella muy grande. Y durante el dicho bulto, abierto el cielo, corrió la estrella y se hizo tres pedazos, y cada pedazo corrió por su cabo. Y duró el cielo abierto cantidad de media hora.

Anales de Garci Sánchez, jurado de Sevilla, publicados en “Anales de la Universidad Hispalense”, año XIV, nº 1, 1953.

lunes, 23 de septiembre de 2013

De viaje


Debió de impresionarle lo bien que montaba y desmontaba la grapadora porque en seguida enlazó sus piernas con las mías. Íbamos en el 180, en el asiento trasero, echados, y tapados con una manta color café. El coche circulaba marcha atrás por un túnel ferroviario. No sé quién era el tipo que conducía y de las tres bulliciosas mujeres sentadas en el asiento del copiloto luego se dijo que eran portuguesas. De cintura para arriba, mi compañera recordaba a Le Coq Sportif.

Zaragoza. Aljafería. Miércoles, 25.09.13. 20 h.


http://www.cortesaragon.es/Conversaciones-en-la-Aljaferia.911.0.html?&no_cache=1&tx_aljaferia_pi1%5Buidcon%5D=13

sábado, 7 de septiembre de 2013

Domicilios, 21



En esta casa, que entonces formaba parte de la Ciudad Universitaria, escondí los tres cuerpos. Celia Platto conocía mi pertenencia a BARDO, Soberbio Alce mis discutibles lances amorosos, Freno Cómico los chanchullos en lo de la lotería. Ahí quedaron, a salvo de curiosos, hasta que algo o alguien arrebató la imagen de lo más profundo de mis sueños. Cortell Olcina se encargó de fotografiarla.  

jueves, 5 de septiembre de 2013

Cigomar



A Cigomar Ravioli no le iban bien las cosas, sobrevivía vendiendo baratijas y extraños objetos. Vino a mi encuentro en la terraza de Casa Fau donde, en verano, acostumbro a tomar, como aperitivo, un Campari con patatas Lays. Me ofreció un producto que definió como prodigioso, una botellita verde que llevaba pegada una elegante etiqueta en la que se leía Licor Sueñanegro (o Sueñanegros, la alambicada rúbrica inducía a error). A la lógica pregunta “¿qué es esto?” respondió con un resolutivo “cómpralo y verás”. “Tres gotas al acostarte”, prosiguió, “... y a soñar”. Soy un atrevido, un inconsciente, y decidí probar. Desperté a las cuatro, sobrecogido, empapado en sudor, horrorizado. No había soñado en blanco y negro (esa vieja polémica), no había soñado con negros, había soñado con Encarnita Ballvé, la modelo de Pedro Rodríguez con la que me frotaba en la casa de la Granvía cuando ya no vivíamos en ella, y había soñado con mi madre, pero ambas eran negras. No eran negras con rasgos negros sino que, perfectamente reconocibles, con su porte habitual, su ropa de calle, tenían sin embargo la piel negra. Encarnita parecía incómoda, se alejaba, como si mi madre nos hubiera sorprendido, y esta, sentada en un taburete, hacía gestos con las manos, gestos cada vez más imperiosos que comprometían ya a todo su cuerpo. ¿Buscaba mi atención? Me acerqué, y de una boca enorme, que ella no tenía habitualmente, salió su voz, algo distorsionada: “¡Bonga!, ¡Tonga!, ¡Lembo! ¡Bonga!, ¡Tonga!, ¡Lembo!”   


domingo, 1 de septiembre de 2013

Necrología 11


Murió “Toberas”. A los sesenta y ocho años. Periodista de raza, luchador irredento, se ganó fama de cáustico y hábil en sus entrevistas radiofónicas. En 2006 tuve el honor de que me incluyera en una serie sobre escritores raros. Telefoneó de noche (yo estaba advertido) y en un vivaz directo se presentó como Luis José Cordero. A medio programa, duraba una hora, así de pronto, quizá para provocarme o para mantener despiertos a los oyentes, repitió los créditos, pero su nombre, en esta ocasión, fue Enrique Borrego. El final, que quiso ser sonoro y entrañable, lo firmó con un “buenas noches señoras y señores, buenas noches don Francisco, se despide su amigo Pedro Luis Oveja”. El basónimo, arrojado en primicia por el parte forense, se concreta en un sospechoso Miguel de Cervantes. 

domingo, 18 de agosto de 2013

Manoseo de un vientre

Tras algunos meses de duda intensiva le he tocado el vientre. Ella se pegaba, yo estaba sentado, y de pie ofrecía, bajo el popelín, su abultado vientre; me rozaba el cuerpo. Hoy me he decido. Ella lo esperaba. No ha movido un músculo. En el vestuario, he explorado a fondo. Y han caído al suelo multitud de hormigas. Una rara hinchazón conectada al útero. Hormiga vaginal, Dorylus pudenda; cunden en las partes. Común en El Bierzo.

sábado, 3 de agosto de 2013

Con naturalidad


Un preocupante ‘Oye, Paco, me parece que me estoy volviendo natural’ inicia el correo que recibo ayer por la tarde. La cosa, sin embargo, no me afecta; el remitente sólo da noticia de que ha dejado de tomar tranquilizantes y que a partir de ahora tiene expedito el camino del suicidio, acción que le ronda desde hace algún tiempo. Por la noche me llama al móvil para decir que ya ha comprado la soga, ‘de plástico verde’, y que la ha metido en el maletero del todo terreno. Pide información sobre lugares cercanos, le pregunto si tiene mi libro de poemas Fámulo, Premio Nacional de la Crítica 2009, y responde que sí. En las páginas 89 y 90, le digo, hay un texto, “Primera relación de enclaves propicios”, donde podrás elegir el que más te convenga. La elección es certera, la referencia “Torremormojón (Palencia). Garfios solanos de la caseta del cementerio. (Practicable)” resulta útil.



lunes, 29 de julio de 2013

Logopedia y foniatría















































Qué dolor bárbaro. La mano me atenazaba. Era el torero y era en Pulpí. Verano del setenta y dos. Se me veía morena. Por última vez. La sangre, la linfa, el sudor, abandonaron mi cuerpo. Alguien dijo que era blanca. Y yo me avergoncé. Al tiempo que me entregaba. Así nacería Lynchdós. El locuaz feto de vaca.

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Fotógrafo: Carlos Castaño Senra
Modelo: Amara Montoya Doblas

domingo, 28 de julio de 2013

Francolín




























"Bodegón con cardo, francolín, uvas y lirios" (1628)

Felipe Ramírez. Museo del Prado

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En el XVII el francolín debía de ser bocado habitual en las grandes mesas palaciegas. Especie extinguida en España en el XIX por la caza y la destrucción de su hábitat se ha discutido sobre su carácter autóctono apostando por una introducción en el XIII a partir de otras poblaciones mediterráneas, algunas aún existentes. 

domingo, 21 de julio de 2013

Valorización de un oficio



En el cartel de la primera versión (1934) el nombre del director apenas puede leerse. En el cartel de la segunda (1956), Alfred Hitchcock se incorpora, aunque como genitivo sajón, al título de la cinta.

martes, 9 de julio de 2013

Domicilios, 20






















En ese inmueble de aire palestino perdí parte de mi vida. Llegué, cansado, un atardecer, quedé dormido, y dos días después desperté de mañana; una mañana cálida por las manchas de sangre que decoraban buena parte de las sábanas, sangre que goteaba del techo, de modo continuado. Pero me gustaba el lugar, lo frecuentaba, accedía por una puerta que ya no existe, llegaba a esa sexta o séptima planta, un angosto espacio, final de la escalera, rellano de cemento, entrada abierta a una vivienda de habitaciones variables, no por los muebles, que apenas había, sino por las habitaciones en sí mismas, por su tamaño y por su número, siempre aumentando y disminuyendo. Una vivienda, que en los seísmos, frecuentes, se balanceaba como una rama fina, y yo, al volver la calma, miraba, sin apenas vértigo, por las ventanas, y veía una plantación de caucho, y, a veces, un gran embarcadero, algo alejado. 

Textos anónimos alterados 10


Yancey Cravet acaba de casarse con una mujer inmigrante, Sabra. Juntos, Yancey y Sabra, compran unas tierras en Oklahoma, y Yancey decide montar un periódico. El hermano de Yancey, Hope, es un universitario que viaja al salvaje Oeste para hacerse cargo de la herencia de su suegro, un célebre pistolero. En su camino se topará con extraños personajes como un agente federal discontinuo y una chica de salón que tiene una doble personalidad, como bandida y maestra. 

sábado, 6 de julio de 2013

Estrago






Fotografía: Fran Ferrer

lunes, 1 de julio de 2013

Carcagente


Notable es la relación de Personas Ilustres que aparecen en el artículo Carcagente de Wikipedia. Junto a un futbolista, un arabista y un ciclista, se cita a  Vjekoslav Maks Luburic, conocido por Maks el carnicero, director del campo de exterminio de Jasenovac. En una ceremonia celebrada en octubre de 1942 Luburic se congratuló por la gran eficacia de la instalación y, a continuación, en el banquete, indicó con orgullo: “Hemos asesinado aquí en Jasenovac a más gente que el Imperio otomano durante su larga estancia en Europa”. Tras la Segunda Guerra Mundial se instaló en Carcagente donde el franquismo le dio una nueva identidad, Vicente Pérez García, y contrajo matrimonio con una española con la que tuvo varios hijos.

lunes, 17 de junio de 2013

Soy cecina



Un hijo, Castaño, criado a mis pechos, errabundo durante décadas, reaparece ahora para asesinarme y fotografiar mis restos caramelizados. Un pérfido vástago, cuya partida de nacimiento se recoge al final del relato “Igualitos” del misceláneo Papur: 

“Embarazada Conchita Pemartín, nos vemos obligados a huir, a dejar la ciudad e instalarnos en el campo, y con las lluvias y los vientos de la primavera se produce el parto, y sería por la fuerza que nuestra extrema juventud transmite a la criatura, o por lo saludable del entorno, lo cierto es que necesitamos más leche que la de Conchita, y yo por simpatía o por solidaridad, aunque entonces no existían estas dos palabras, conformo dos abultamientos y un calor localizado hasta romper esa especie de tapón, como de vial medicamentoso, y empiezo a echar calostro a chorros quizá salvando así la vida de nuestro voraz hijo Castaño.”
   

Fotografía: Castaño Senra

sábado, 15 de junio de 2013

Brillo

Reconozco que se me fue la mano con el abrillantador de zapatos pero los mocasines nuevos color burdeos se lo merecían. Me esperaban en el vestíbulo del hotel y el delegado del gobierno se adelantó para abrazarme al tiempo que profería un estentóreo “¡qué zapatos tan brillantes!”. Me fue presentando y, cada pocos minutos, como para recordarlo o para que yo lo recordara, seguía con la cantinela “¡qué zapatos tan brillantes!”, circunstancia que llevó a los concejales, e incluso al alcalde, cuando íbamos hacia el salón de conferencias, a no dejar de mirar mis zapatos que, la verdad, brillaban con insospechado fulgor. Para mi desgracia, a los miembros del foro nos sentaron, en el estrado, sin la protección de una mesa, por lo que el intenso lustre quedó expuesto de modo inmisericorde a la voracidad de los ojos de la cruel audiencia. Luego, al entrar en el comedor, y después en la sala de los espejos, el delegado no dejó de pronunciar la frasecita. Salíamos a la calle, a esperar que los coches nos recogieran para ir a la ópera, cuando vi al delegado del gobierno avanzar hacia mí, sonriente, casi carcajeante, y, antes de que abriera la boca, le clavé en la carótida el bolígrafo regalo. Al abrir la zanja para echar el cadáver me ensucié los mocasines con el polvo de la rastrojera; el brillo mutó a mate. 

lunes, 10 de junio de 2013

Dos encuentros


Venían pegados a la fachada norte del convento de las Benitas. Caminaban ligeros, agarrados del brazo y con el semblante algo agarrotado por el frío. Los reconocí en seguida. Él, Joaquín Marcona del Rosario, recientemente fallecido, ella, su fiel mujer, de la que desconocía el nombre. No me sorprendió ver a Marcona por ese lugar, sabía que ese tramo de la calle Mayor era su territorio habitual de campeo, y tampoco la forma de caminar, pegado a las fachadas y del brazo de su fiel mujer. Pasaron sin saludarme, pero lo achaqué al agarrotamiento de sus semblantes; es más, cuando me monté en el todoterreno, al encararme con el retrovisor, vi también el mío agarrotado. Iba a la finca Larbesa, llovía, y, al parar en la curva de los chopos muertos, descubrí cómo avanzaba, en un vuelo planeado dificultoso, un ejemplar de milano real que, pese a estar empapado, lograba alcanzar una rama del mayor de los árboles, rama tan delgada que se dobló al posarse. Supuse que era una de las momias de aquel espantoso ensueño.    


martes, 4 de junio de 2013

Lobos

Ángel Cabrera Torres (1879-1960) fue un zoólogo madrileño que en una de sus más famosas obras, Fauna ibérica; mamíferos (1914), describe, a partir de dos ejemplares vivos de la colección zoológica del Parque de Madrid, una nueva subespecie para la ciencia, Canis lupus deitanus. Este mamífero, según Cabrera, sería el lobo propio de las sierras paralelas a la costa mediterránea, siendo en concreto Moratalla, en el distrito orospedano, el lugar de procedencia de los ejemplares del Parque de Madrid. Cabrera dice que Canis lupus deitanus es mucho más pequeño, ligero y esbelto que Canis lupus signatus, el lobo del resto de la península ibérica, que su coloración tampoco es la misma y que, fundamentalmente, lo que llama la atención es su aspecto chacaloide. Ahora, naturalistas marroquíes, han grabado por primera vez en el macizo del Rif a tres ejemplares salvajes de lobo africano, Canis lupus lupaster; lobo que se creía extinguido en ese enclave. El lobo de Cabrera, cuya existencia ha sido tradicionalmente negada por la comunidad científica, y el adiva (o adive) nombrado por Cervantes en el Quijote ¿podrían ser C. l. lupaster, esa fantasmal criatura recién hallada en el norte de Marruecos?     

sábado, 1 de junio de 2013

Dos jóvenes protestantes hablan en el metro sobre El mundo no se acaba



-- Simic, a primer vista, parece un buen poeta, pero
si insistes notas que no es tan bueno; algo falla, quizá
que viene de un país del Este y que fue pobre.
-- Sí, la poesía, es una profesión de ricos. 


miércoles, 29 de mayo de 2013

Viaje en pos de la belleza (femenina)





Cuenta Catalinete que no podía llevar falda porque se la levantaban, y no localiza; quizá fuera en Burdeos. En la discusión sobre el título de mi nuevo libro empieza con mucho brío pero va perdiendo fuelle; propone Besos humanos pero Lo sompni gana adeptos. Se trata de una persona inestable que no cae bien a nadie.  

lunes, 27 de mayo de 2013

La duda


¿Quién es ella?
¿La violinista pelele?
¿El calamar colosal?
¿Aguaherrada, aquella en la que se ha apagado hierro candente?
¿Joyce Mansour?
¿Calavera?
¿La que siempre decía que estaba escribiendo?
¿La que hablaba de lo negro?
¿Malena Cortijo?
¿Quien se convirtiera en plancton?
¿La transvirada?
¿Roger Federer?
¿Publicidad de crema Xhekpon?
¿Alguien de apellido ‘Plato’?

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Dibujo de finales de los sesenta. Autor desconocido.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Marfil

“Una boca pequeña como una hendidura de bordes afilados”, escribo en  http://ferrerlerin.blogspot.com.es/2012/10/lo-de-arriba_14.html, y ahora, fruto del azar, encuentro explicación a ese género de bocas. Mi amigo Cepelín Roberto, recién llegado de Egipto, me telefonea muy excitado para que nos veamos sin dilación. Viene a casa y me entrega, con gestos de impaciencia, un paquete de regular tamaño, envuelto en papel de estraza, que desenvuelvo sobre la mesa alcanforada de mi despacho: es un cuchillo de marfil, de colmillo de hipopótamo, utilizado por las madres de la etnia Ashwiili para abrir la boca de las criaturas que nacen con la boca cerrada, exactamente con la boca sin abrir o, aún más exactamente, sin boca. Las madres saben que el agujero está ahí debajo, y no yerran, unos centímetros de desviación convertirían en inservible al recién nacido, derivándolo de inmediato al placer de las hienas.      

martes, 14 de mayo de 2013

The Nightmare















































“El nombre español no es demasiado venturoso: el diminutivo parece quitarle fuerza. En otras lenguas los nombres son más fuertes. En griego la palabra es efialtes: Efialtes es el demonio que inspira la pesadilla. En latín tenemos el incubus. El íncubo es el demonio que oprime al durmiente y le inspira la pesadilla. En alemán tenemos una palabra muy curiosa: Alp, que vendría a significar el elfo y la opresión del elfo, la misma idea de un demonio que inspira la pesadilla. Y hay un cuadro, un cuadro que De Quincey, uno de los grandes soñadores de pesadillas de la literatura, vio. Un cuadro de Fussele o Füssli (era su verdadero nombre, pintor suizo del siglo XVIII) que se llama The Nightmare, la pesadilla. Una muchacha está acostada. Se despierta y se aterra porque ve que sobre su vientre se ha acostado un monstruo que es pequeño, negro y maligno. Ese monstruo es la pesadilla. Cuando Füssli pintó ese cuadro estaba pensando en la palabra Alp, en la opresión del elfo. Llegamos ahora a la palabra más sabia y ambigua, el nombre inglés de la pesadilla: the nightmare, que significa para nosotros ‘la yegua de la noche’. Shakespeare la entendió así. Hay un verso suyo que dice, I met the night mare, ‘me encontré con la yegua de la noche’. Se ve que la concibe como una yegua. Hay otro poema que ya dice deliberadamente the nightmare and her nine foals, ‘la pesadilla y sus nueve potrillos’, donde la ve como una yegua también.”       

En Siete noches Jorge Luis Borges recoge siete conferencias que pronunció en 1977 en el teatro Coliseo de Buenos Aires y que fueron revisadas por el propio autor de forma previa a su publicación impresa. De una de las conferencias, que tituló “La pesadilla”, se extrae este texto. Un texto que no deja de sorprender en un narrador impecable si sospechamos que el cuadro que De Quincey vio, Borges no lo vio (o nadie lo vio por él), ya que resulta extraño que sólo mencione al pequeño monstruo y no a la gigantesca yegua, elemento capital en la especulación etimológica.    


lunes, 13 de mayo de 2013

Iconografía 10
















































"Subo a la giralda y por la escalera pienso en A Bao A Qu y en el silencio que preví."
('Mansa chatarra'. Ciudad propia. Poesía autorizada. Pág. 160)

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    G. Peyró Roggen. A las siete. 2000.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Nube de palabras




          Nube de palabras creada por Antonio Viñuales Sánchez a partir de El Bestiario de Ferrer Lerín.
          Las nubes de palabras de todos los libros aparecerán en http://caminosdepakistan.es/
       

domingo, 5 de mayo de 2013

El muro


Coroné el muro. Sin dificultad. Y desde arriba vi lo que no quería ver, una inmensidad gris en la que el cielo, o las nieblas y nubes del cielo, se confundían con el horizonte, no muy lejano. Decidí seguir, progresar hacia el Norte, pese a lo tenebroso e incierto de lo que imaginaba. Tanteé la posibilidad del salto, mas la tierra que se me ofrecía debía de ser pantanosa y temí quedar atrapado. Descendiendo esa cara oscura del muro, como una salamanquesa, adherido, lento, recordé aquel viaje a Alemania a observar pigargos, aquel atardecer o amanecer en que paré el coche y me acerqué, caminando, al muro que cerraba el septentrión. Y esto era lo mismo: frío, humedad, silencio. Avancé. Usaba zancos. Y, a unos metros, difuminada, surgió una forma. El Crucificado, pensé. Pero era mujer, Kelly LeBrock. Transformada. O en transformación. Y al acercarme, ¿o se acercaba ella?, cobraba luz, y mucho color. Esa mujer, cómo apareció, ni siquiera sé si se encontraba allí. Formada, sin duda, por retazos de otras, lucía falda de muselina, refulgente, que ondeaba sin que soplara el viento. Quise abrazarla. Así de pie. Contra la nada. A mi manera. Tan grande la pasión, que desperté. Y no era yo. 

lunes, 22 de abril de 2013

Malena Cortijo



Me hablaron de una mujer muy alta, y fui a verla. Con las mujeres altas se baila bien, se viaja bien, quedan bien, te hacen quedar bien. A veces, sin embargo, se trata de seres deslucidos, de naturaleza olvidada, que sólo son buenos si se ven por detrás, vestidos. Pero aquí el material era de calidad; una hembra cómplice, divertida, proclive a la perplejidad espontánea y un aspecto general barcelonés que hubiera complacido a mis queridos padres. Pero se malogró pronto. Sería su relación con Blatta, sería la ingesta desaforada de taxina o serían las secuelas de aquel atropello por una Berlingo, pero la cuestión es que la perdí. Me olvidaba, contrajimos matrimonio, una boda relámpago, muy oportuna, que me ha permitido disfrutar de los pingües beneficios del negocio familiar: un moderno taller dedicado a la fabricación de bupis, esas braguitas de espuma coloreadas, velcradas, de carácter superficial.  


miércoles, 17 de abril de 2013

Cara de pito



Durante muchos años no supe qué hacer con los brazos. En un relato de 1962 titulado “Cojo”, incluido en ese libro Edad del insecto que no acaba de ver la luz, se habla de esa anomalía anatómica. Pero ahora el problema lo tengo en la boca, exactamente en los labios. El otro día viendo en la tele a un individuo que tiene como profesión silbar, “sólo sé silbar y quiero ganarme la vida silbando”, intenté emitir un silbido, “yo era bueno en eso” pensé, y no salió nada, a lo sumo un chorrito de aire ensalivado levemente ruidoso. Y ahora, como cruel testimonio, recibo las fotos de la presentación de Hiela sangre en Valencia y, en una de ellas, en la que se me ve firmando un ejemplar a la rapsoda Amparo Andrés, aparezco con el morro en forma de trompetilla, idéntico al del casi extinto desmán de los Pirineos –Galemys pyrenaicus-.



lunes, 15 de abril de 2013

Una luz


Cuenta el canónigo de la iglesia de San Nicolás, en la ciudad de Valencia, que existe un punto, situado a siete metros de la veleta del campanario, en sentido Norte, que no ha sido alterado. Pido más información y me explica que ese punto es, en realidad, una esfera de veinte centímetros de radio compuesta por aire luminoso ya que nunca ha sido hollado por los cuerpos emplumados e impuros de las aves voladoras. Al anochecer contemplamos la torre desde la plaza, y la esfera, suspendida en la nada, resplandece.

sábado, 6 de abril de 2013

Los viejos


Volvieron. Un grupito de seis, tres activos, los demás complacientes, colocaban a una persona contra un muro; una persona de negro, con un chambergo rojizo, en posición de crucificado. No excesivamente crueles, uno ebrio, celebraban con regocijo la ocurrencia. ¿Colaboraba el monigote? Hubo un intento por su parte de despegarse pero pudo ser un juego, formar parte del mismo. En la pantalla quedaban bien, a la gente les gustaban. Yo, entre espectadores de edad provecta, como correspondía a la media, disfrutaba con la cinta pero quizá aún más con los comentarios. Noté que mi espalda no se apoyaba directamente en la butaca y quizá tampoco mis posaderas; una chica atractiva, sin duda propietaria de muslos rollizos y endiablados, estaba debajo de mí, exactamente yo estaba sentado encima de ella. La rara postura no impidió que se sincerara; que los viejos la tocaban, que ahora aguardaba pero que en cuanto pudiera iría con ellos, y no quedó claro si era a cambio de dinero y si se trataba de los viejos que ocupaban la platea o de los viejos que salían en la película. Me llaman Celia, eso dijo.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Hombre polilla

 
Policiaca

Aparece en zona serrana el llamado hombre polilla

El Mexicano

2 de abril de 2009


Jesús Manuel Ruiz Sánchez / El Heraldo de Chihuahua

Chihuahua , Chihuahua.-"Es enorme, sus dos alas abiertas están casi de lo ancho de los dos carriles de la carretera, tiene pelo en la cara, ojos grandes y tiene una especie de bulto a la altura de la frente, parece humano, pero como que no tiene cuello, no se parece en nada a un murciélago", relató en exclusiva para El Heraldo de Chihuahua Humberto Erivez Cera.
El joven, de 23 años de edad, tuvo el encuentro con el humanoide volador el 6 de marzo en el seccional de La Junta, Guerrero, a la altura de "El Puente sin Nombre", justo a un costado de las huertas manzaneras de "La Norteñita", donde el animal volador lo persiguió por más de 12 kilómetros sin atacarlo, "sólo me volteaba a ver y me intentaba adelantar", explicó.
Continuó narrando que él se dirigía rumbo a su casa, y que fue a la altura del kilometro 131 de la carretera Cuauhtémoc-La Junta cuando se percató de que algo estaba en el pavimento; explicó que parecía un hombre muy grande, con algo en la espalda, como si fuera una mochila, pero que luego dio dos pasos y lo iba siguiendo.
"Primero escuché como aleteos, pero muy fuertes, los escuché detrás de la camioneta, por lo que comencé a ver por el espejo retrovisor, fue cuando vi que esta cosa me iba siguiendo y al ver que había notado su presencia voló como rumbo a las huertas y luego regresó rápidamente y se me emparejó, justo a un lado de mí, iba volando si mucho a dos metros de la camioneta", indicó.
El joven comenzó a temblar frente a los reporteros, pero continuó relatando que su reacción inmediata fue comenzar a gritarle palabras altisonantes para que se alejara y acelerar a fondo a la camioneta.
"Fue cuando le llamé a mi mamá y le dije que pensaba que ya me iba a morir porque la muerte me iba siguiendo, y me comencé a desesperar porque por mucho que le aceleraba el animal se me emparejaba, era muy rápido".
Indicó que incluso tuvo problemas para ver, porque por el miedo y la desesperación sus ojos se le llenaron de lágrimas, porque pensaba que sería atacado.
"Afortunadamente sólo me volteaba a ver, me fijé mucho en sus ojos porque no los quitaba de mí, y como que se me quería meter delante de la camioneta, como que le atraía la luz", indicó.
Luego de esto señaló que de pronto se alejó, por lo que aceleró a fondo a la camioneta para llegar a su casa, donde ya lo esperaban despiertos sus padres a quienes les narró su odisea.
Concluyó solicitando a las autoridades que tomen en cuenta lo que está pasando en la zona, ya que, dijo, por las dimensiones que tiene el humanoide fácilmente se podría llevar a un niño pequeño o agredir a alguna persona.

 
Características del Humanoide Volador:

-Altura más de 2 metros y medio
-Color, café opaco 
-Tiene pelo en todo el cuerpo, incluso en el rostro 
-Tiene dos pares de alas, dos pequeñas y 
dos grandes, que son las que utiliza para volar
-Las alas están cubiertas o de plumas o de pelambre también café
-Tiene una protuberancia muy grande a la altura de la frente.
-Tiene dos brazos y dos piernas como los de un hombre
-Sus ojos son muy grandes, de forma redonda en la parte interna y afilados en la externa.

lunes, 18 de marzo de 2013

Iconografía 9
































"La bella Judalón, nativa predilecta.
Y el caballero François de Capestang,
leal a la Corona."

(Hiela sangre. Pág. 83)


sábado, 16 de marzo de 2013

E.G. Marshall


Hablaba con E.G. Marshall. En un lugar recogido. En un recodo de una plaza grande de capital de provincia. Estábamos solos y nuestro trato, y los gestos, no arrojaban luz sobre el grado de amistad, quizá reciente. Luego, mientras avanzábamos por un amplio camino, comprobé que E.G. Marshall pertenecía a esa aristocracia rural que se asoma a la ciudad pero que siempre regresa al campo. Un médico, sin duda, hombre de baja estatura, frente inclinada, prognato, trajeado en gris, camisa blanca abotonada hasta arriba y corbata guardada en un bolsillo interno. El camino cruzaba un páramo inmenso en el que un río había excavado la tierra rojiza. Quise detenerme, en varias ocasiones, para contemplar el sobrecogedor paisaje pero Marshall lo impedía, me daba conversación, no quería que me diera cuenta de qué lugar era este, de su devastación y su silencio. Llegamos a un punto en que un talud coronado por encinas anunciaba un cambio. Un cambio no sólo en el terreno sino en la actitud de Marshall al decir “entramos en la finca” y en la súbita aparición de un par de individuos que habrían bajado por el talud y se les veía dipuestos a proteger nuestras espaldas ante eventuales desafueros. La sala estaba en penumbra, el techo altísimo, quizá hubiera muebles pero resultaban indistinguibles de los pintados en los muros. Una mujer, que podría ser el propio E.G. Marshall, musitaba algo referido a un ángulo de la estancia, en concreto a un trapo blanco, un pedazo de sábana, que arrugado y tirado en el suelo, era la boca de un túnel por el que entraban y salían gran cantidad de hormigas argentinas, no en una o dos hileras sino formando una columna de un palmo de ancho. En la mesa camilla se sentó a mi derecha la mujer de E.G. Marshall y, a mi izquierda, su hija. Me esperaban. También, se acercaron los dos individuos, uno de gran parecido a Marshall, a su mujer y a su hija, que me saludó con un “orina infectada” sin especificar si ese era su nombre o la enfermedad que le acosaba, y otro, de aspecto totalmente distinto, barbero fumador y cazador, que me habló en esa horrible lengua que debía de ser la habitual del vulgo en esas tierras y que aún, en aquellos años, se mantenía en un plano secundario aunque algunos, como este engendro, ya la situaran en el plano principal. Irrumpió E.G. Marshall con un plato de arroz con gallina, una especialidad local de la que se sentiría muy orgulloso y que había preparado durante este rato; no se veía servicio. La penumbra no progresó pero las figuras se diluyeron. Quizá la mujer de Marshall mantuvo su presencia durante más tiempo. Pero al final esas personas, los magros muebles, los murales y hasta el trapo arrugado dejaron de verse. Regresaba al pueblo cansado andando por el amplio camino y me detuve en un par de ocasiones buscando la silueta del inmenso edificio. Pero no supe encontrarla. Era noche cerrada cuando abrí la puerta de casa. Y allí nadie me esperaba.      

martes, 5 de marzo de 2013

Reducción del espacio



El ornitólogo azul empezó su vida profesional recorriendo grandes territorios 
y acabó ensimismado en la contemplación de un roble al que a veces acudían 
torcaces y arrendajos.


miércoles, 27 de febrero de 2013

Observando desde el pasado

    
                                                                                                     
                                                       







domingo, 24 de febrero de 2013

Traición

 
Me escribe Genoveva Paja para no decir exactamente nada, para dejar en el aire la sospecha de que se guarda algo. Le contesto. Y a la pregunta “¿hay algo más que me quieras contar?” responde “he tenido una aventura amorosa que ha durado tres años y que ha terminado trágicamente”. He de aclarar que con Genoveva Paja tuve una tórrida aunque breve relación y que después, aunque dejamos de vernos, hemos mantenido cierto contacto epistolar. Pero aquí lo importante es saber con quién mantuvo ella esa aventura trágica, y resulta que con un sanador, pero un sanador amigo mío, que le presenté en una feria de ganado en Lugo. A veces la vida da unos raros quiebros; ese hombre, entusiasta de mi obra literaria, desapareció un buen día, pero, hará pocas semanas, llamó para hablar de sus caídas, de sus caídas reales, una al bajar del coche al enredarse en el dichoso cinturón de seguridad, otra al caminar por una calle en cuesta y resbalar por el hielo y, finalmente, en el jardín de su casa, al golpearse en la frente con una viga, deslumbrado por el sol. El sanador no quería confesar que me había traicionado, pero me compensaba al describir los síntomas de su muerte inminente; él suponía que esa era una buena noticia para un mísero cornudo.       



martes, 12 de febrero de 2013

Necrología 4









Lulula Gelabert


















La entrada GELABERT de la edición online del Diccionari català-valencià-balear
de A. M. Alcover y F. de B. Moll ofrece, entre otros, los siguiente datos:

GELABERT o GILABERT
1. ant. Nom propi d’home; cast. Gilberto.
Lo noble En Gilabert de Cruylles, Muntaner Cròn., c. 87. Gelabert rey de
França, Boades Feyts 63.
2. Llinatge molt estès en tot el nostre país.

La entrada GILBERTO del Diccionario etimológico comparado de nombres
propios de persona de Gutierre Tibón, México, Fondo de Cultura Económica,
1966, añade:

GILBERTO.
Germánico. Gislberht, de gisl, “lanza”, y berht, “brillo, resplandor”,
o sea, “el brillo de la lanza”.

Así fue Margarita Gelabert Cornadó. Nacida en Horta, Barcelona, la primavera
de 1925, resplandeció desde la cuna por el brillo de sus cabellos y supuso, ya
en la escuela, la punta de lanza de una generación de mujeres empeñadas en
cambiar modelos de conducta y seculares adscripciones. Su periplo vital es
difícil de seguir pero, a través de noticias aparecidas en la prensa escrita, es
posible reconstruirlo. En 1939, con su nombre de pila y sus dos apellidos, gana
el premio “Cumbres nevadas” que concede la Falange. En 1940, con su
nombre y su primer apellido, resulta finalista en un concurso de declamación
titulado “La castañera”. En 1942, también con nombre y primer apellido,
participa en la escalada de la muralla romana de Tarragona. En 1945, como
MARGE, aunque haciendo constar, obligatoriamente, nombre y apellidos, se
inscribe en una selección de figurantes en los Estudios Orphea de Barcelona.
En 1956 interviene, fuera de créditos, en dos producciones argentinas dirigidas
por Leopoldo Torre Nilsson: Graciela y El protegido. El 4 de mayo de 1958, con
33 años, contrae matrimonio con un rico hacendado paraguayo y se instala,
provisionalmente, en Asunción. A finales de ese año vive ya en París donde
actúa, como Lulú la Espagnole, en cafetines y teatros de bolsillo. En 1959 casa,
por segunda vez, ahora con un saxo tenor mulato. Los hitos, hasta su
fallecimiento en Arlés, Francia, el pasado 20 de febrero, son cada vez más
anodinos. Baste describir uno, quizá el que pueda justificar este recordatorio; la
aparición de Lulula Gelabert, como starlette, en la gran parada de Cannes en el
año 1961. Apoyada en el mástil de un yate, risueña, casquivana, muy
simpática, enarboló, tras posar largo rato y en heterogéneas posturas, la
bandera catalana, el forro del bañador, prenda que se quitó y a la que
le dio la vuelta. RAMIS

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Lulula Gelabert. Cannes. 1961. Fotografía:  F. Ferrer Lerín.



domingo, 10 de febrero de 2013

Marnie

 





Chi é Marnie?

Una ladra?
Una bugiarda?
Una truffatrice?
Una sensuale?
Una adescatrice?

Si,
e molto di più!

sábado, 2 de febrero de 2013

Una torre cilíndrica


Subo por la escalera de caracol que ocupa el interior de una torre cilíndrica muy elevada y al llegar arriba y levantar la trampilla accedo a una azotea circular de dos metros y medio de diámetro provista de un antepecho de treinta y cinco centímetros de alto. El viento es muy fuerte y decido bajar pero no puedo levantar la trampilla al haber quedado cerrada y abrirse por dentro. Tengo suerte, sube gente, abren, pero invaden la azotea sin dejarme salir, la trampilla vuelve a quedar cerrada, y allí quedamos, comprobando con preocupación que somos demasiados para un espacio tan reducido. Oímos pisadas en la escalera, sube otro grupo y, apretujados, nos preguntamos cuántos de los presentes deberemos tirarnos al vacío para que los recién llegados quepan en la azotea al tiempo que la abandonamos. Otra solución no es posible. Llegarán agotados y no aceptarán bajar para permitir que lo hagamos tras ellos, ya que luego les esperaría otro ascenso a la azotea. Lo que está claro es que los supervivientes, ya en la calle, impediremos la entrada de más gente a la torre cerrando con llave la gruesa puerta de madera y, al nuevo grupo, a los que nos han sustituido en la ocupación de la azotea y que han sido la causa del obligado sacrificio de varios de nosotros, no vamos a decirles que mantengan levantada la trampilla, deseamos que mueran de frío o aplastados al caer desde tanta altura por los embates del viento. 

domingo, 27 de enero de 2013

Necrología 3




Albino



Murió Albino. Gigante, indeciso, gafas oscuras perpetuas. Se le vio durante años pasear, detenerse agotado, apoyarse en las puertas como si fuera a entrar en las casas, por ese lugar difuso que es la plaza España y la Gran Vía ya saliendo al aeropuerto. Muchos debieron de hablar con él porque quedan testimonios de su pensamiento recogidos en la prensa y en varios libros de carácter ligero y misceláneo. ¿Vivía en...? Puede que en la calle Tarragona o, mejor, en esa tupida red viaria que la flanquea a la derecha en sentido descendente, en esas casuchas pegadas a los corrales del antiguo matadero, quizá no en una casa sino en un corral, en el corral incluso que albergó a la ternera Celia, la que produjo las mejores carnes de 1956, las que permitieron que el chef Bartrés ganara el premio al mejor fricandó. Pero ahora ¿aún existen esas cuadras? Puede, pero nadie lo sabe con certeza. A lo mejor, en la base del más elevado de los rascacielos, dejaron un espacio, una burbuja hormigonada, para mantener en pie un minúsculo habitáculo de ladrillo ¿y adobe?: el cubil de Albino. “¡Qué rancho, devoraba ratas!” sentenciaba un malévolo, también los guardias, acicalados, le acusaban de ladrón: restos no sólo cárnicos, también algún pescado y la extraña fruta con sabor a heces. Hubo dos viajes, sarnosos. Una turbamulta: pordioseros, enfermeros, clérigos, hermanas de la caridad. Primero a la Meca blanca, en Roma, en busca de la bendición. Segundo al África negra, a socorrer refugiados. Albino destacaba. Su porte. Su blancura. Su fuerte hedor. Peregrinos entre la guardia pretoriana vaticana. Sanitarios entre ventrudas criaturas y madres multíparas. El periodista juvenil y perplejo define a Albino como protoinventor. Cuenta en su columna del diario gratuito que “les regalaron bolígrafos bicolores y Albino supuso que con el rojo escribiría en español y con el azul en italiano (...) se trata de un genio en ciernes, esa maldición bíblica y real de las lenguas queda solventada con un ligero artilugio que nuestro hombre quiere desarrollar a partir de un souvenir de atrio de iglesia”. África no fue menor, no produjo un invento de menor importancia. Albino anticipó a Lovelock y Sartori y comprendió que la solución no estaba en curar negritos sino en evitar que nacieran tantos. Enseñó a la corresponsal del Post una cacerola oxidada de la que colgaban cables al tiempo que le advertía que el dolor en esos países era insoportable y que con esta máquina, con el Detector-Medidor de Sufrimiento, iba a convencer de una vez por todas a las autoridades mundiales para que iniciaran una campaña seria y definitiva de control de la natalidad. “El problema hay que cortarlo de raíz”, repetía, “nada de parches, Albino no quiere ver más mujeres y niños sufriendo”. El fotógrafo Pablo J. Pérez obtuvo, estas Navidades, su última instantánea y sus últimas palabras. Acurrucado en el portal de la Casa de la Papallona se disponía a afrontar su última noche de vida abrazado a una bolsa de plástico que relucía bajo la farola. “¿Qué llevas ahí?”, le preguntó J. Pérez, a lo que respondió Albino, “llevo un alijo de polvorones”. ANGÉLICA YETANO  

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Barcelona. Calle Llansá. Casa Fajol -La Papallona-.

jueves, 24 de enero de 2013

Necrología 2










Cosma Blata, la Bruja de Artal















La misma viga para tres maridos. Cosma Blata Ballarín, la Bruja de Artal, casó por primera vez en 1941. Que su hombre se ahorcara aquella noche ventosa de final de la década no constituyó noticia. De hecho, hasta tiempos recientes, los suicidios, en días de viento, eran comunes en esos rincones pirenaicos. Incluso se hablaba de una sólida tradición afincada en determinados enclaves. Como el caso de la viga de hierro atravesada sobre el hueco de la escalera, fácilmente practicable desde el rellano de la última planta de un inmueble ubicado en el casco antiguo de cierta ciudad de cierto lustre. Un inmueble abandonado y con la puerta de la calle siempre abierta, que concitó tanta fama que un grupo de sorianos fletó una camioneta para trasladarse y aprovechar las ventajas de una instalación tan pulcra, accesible y carente de riesgo para los practicantes. Después, con los ayuntamientos democráticos, primero se tapió la entrada y luego se demolió el edificio. Pero el caso de Cosma Blata (Artal, 1919 – Zaragoza, 1981) tiene un interés añadido: la expectación y la fascinación que provocó en su segundo marido, y no digamos en el tercero. La expectación, el diario estado expectativo ante el curso de los acontecimientos, ante la aparición de pistas, por pequeñas que sean, encaminadas a cerrar el círculo y, la fascinación, extrema, por el lugar del sacrificio: la cuadra vacía, primorosamente ventilada e iluminada, la viga de madera de quejigo pulida y exenta, los accesorios –soga y taburete- discreta pero acertadamente colocados en el rincón visible, al alcance de la mano.

El juez encargado del levantamiento del segundo y tercero de los tenaces esposos pidió traslado. Aunque se dijo que no era por eso, que lo que quería era cambiar de aires atmosféricos. Obtuvo plaza. Quedó instalado en Andalucía, en una importante población de la campiña jiennense. Y allí, pasados los años, Julio Muñoz Salgado, escribió un libro. Unas memorias de su larga y prolífica vida de juez que, ciclostiladas, circularon por diversos mentideros siendo, a menudo, tachadas de mera enumeración y descripción vigorosa de levantamientos y levantados. Publicadas ahora en condiciones –Muñoz falleció en 1993- se comprueba que hacen particular hincapié en tres singulares escenarios: la cuadra de la casa de la Bruja de Artal, el bloque de viviendas ciudadano con puertas abiertas a cualquier diletante y, un tercero, de gran espectacularidad y sentimentalismo. El juez Julio Muñoz Salgado (el libro se titula Memorias sosegadas de un funcionario servidor de la ley y la justicia  y ha sido editado por la venezolana Fundación Losilla) pormenoriza, sin recrearse, el proceso de suicidio de los ‘mocicos viejos’ en el olivar de la provincia de Jaén. El ‘mocico viejo’ es el equivalente del ‘tión’ altoaragonés, el miembro de la familia campesina acomodada que malvive, soltero, a la sombra del padre y que luego envejece rápido bajo la aceptación despechada del heredero casado. Una figura poco envidiable que arroja los mayores índices de muerte voluntaria y los mayores índices de fidelidad al procedimiento.
    
El olivo, tótem indiscutible del paisaje, sufre, signo de los tiempos, un cambio en su fisonomía; se arrancan los ejemplares de gran porte, los cargados de años pero de baja productividad, reemplazándolos por ejemplares jóvenes, las llamadas ‘estaquillas’, que no tardan en convertirse en maduros productores aunque no ofrezcan garantías a la hora de colgarse de sus ramas. El juez escribe: “A menudo, los infortunados, mueren no por ahorcamiento sino por destrucción craneal al tener que saltar numerosas veces y golpearse contra el suelo por la poca altura de la rama elegida y, dada la bisoñez de la misma, su gran flexibilidad. Bajo el maravilloso cielo azul de estos campos no me ha resultado extraño levantar, diría mejor, caritativamente, recoger, en un mismo día, más de un magro cuerpo con la cabeza ensangrentada y achichonada”. BOLETÍN AGRARIO         

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Cosma Blata y el que fuera su primer marido. Fotografía: Estudio Heras.



lunes, 21 de enero de 2013

Montecarlo

  

Hoy, viendo un dulce reportaje sobre la vida monegasca de Grace Kelly, me han venido a la mente dos hechos que habían quedado sepultados bajo el peso de otros sin duda más importantes. El primero, mi relación con una joven barcelonesa de apellido Grimaldos y, el segundo, el sueño, tenido en una etapa que situaría al final de la adolescencia, en el que La Begún era a la vez mi madre y mi amante.

Grimaldos frecuentaba el Club Patín de la plaza Calvo Sotelo donde su estructura ósea vallisoletana y su cabeza bien peinada destacaban en aquel espanto de bigfuts y culos desbordados. Tenía, en cambio, un binomio por nombre de pila que no la favorecía; algo así como Pili Carmen o José Ana. En ese tiempo haberle cogido la mano (en el cine Lido, el primero en proyectar en pantalla panorámica) abatiendo su antebrazo sobre sus muslos fue motivo de que utilizara mayúsculas para relatar el hecho en la libreta morada. Pero no logro acordarme con seguridad de nada más; quizá Grimaldos me acompañara aquel día en que yo paseaba por la Diagonal con mi condiscípulo Lago Jaráiz y este me presentó a Doña Carmen Polo, que iba de compras.

La Begún era el rumor de las gasas que la envolvían, la sonrisa encantadora, las joyas, y un cuerpo amplio y mullido. Probablemente soñé con ella sólo una vez, pero iba a quedar marcado de tal modo que en sueños posteriores, al no poder recuperarla, fui sustituyendo aquellas carnes por las de algunas componentes de mi familia de sangre con las que surgieron lances muy confortables, de gran serenidad y discreción absoluta.     


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Fotografías:

Club Patín en la plaza Calvo Sotelo. Barcelona, 1949.
La Begún con Jose María de Porcioles, alcalde de Barcelona, la Duquesa de Alba y el Conde de Mayalde, alcalde de Madrid. En la mesa de atrás, Carrero Blanco. 1963. 

sábado, 19 de enero de 2013

Necrología 1





Bruce "Snake" Tenser 




El novelista Bruce “Snake” Tenser falleció el pasado 27 de diciembre en el St. John’s Health Center de Santa Mónica, California, a los 83 años de edad víctima de una inflamación intestinal conocida como colitis isquémica. Tenser, noveno hijo de una familia de inmigrantes judíos lituanos, se abrió camino en el incierto mundo de los cantantes adolescentes de su localidad natal -Júpiter, Florida- gracias a la brutalidad de sus baladas. En 1940, recién cumplidos tres lustros, acepta escribir mensualmente, en un diario local, una columna de carácter escatológico. En 1944 crea el detective Farmer McDevlin que, ayudado por el conserje corrupto de un viejo hotel, resuelve de modo impecable los frecuentes crímenes de la ficticia ciudad de Atenetia. La década de los cincuenta supone el espaldarazo definitivo a su obra literaria: inicia la publicación, en pulps y fanzines, de historietas protagonizadas por un infrahombre, el pétreo coronel Lawrence, que movido por un intenso odio a la raza humana no deja, prácticamente, títere con cabeza. “Lawrence es un soldado”, sintetiza la propaganda, “que no responde a ningún precepto, su furia aniquiladora se ceba siempre en los más débiles ya que considera, acertadamente, que apenas tienen capacidad de respuesta”. Tenser, gana, en 1964, el premio que concede una asociación de lectores de novelas policiacas vinculada a los rosacruces y que según su agente literario, John Carlino, “aquilata a la perfección la estima que la obra de Bruce despierta en el pueblo americano”. Con The Gin Game (1972) consolida el primer puesto en la lista de autores de novela breve. “Una narración”, se apunta en la contraportada, “de ritmo trepidante, de estilo seco y descarnado, en la que una mujer negra y sorda, Tammy Klinger, de profesión cocinera, recorre Estados Unidos practicando certeras hemorroidectomías a novicias y monjas atrincheradas en monasterios y conventos”. La experta viaja en un Chevrolet blanco y azul del 54 a cuyos mandos, y para cualquier tipo de necesidades, se halla Bruce Tenser apodado “Snake” por la longitud y sinuosidad de su miembro. El éxito de la obra anima al autor, y a su agente, a utilizar de nuevo a los dos héroes en la siguiente entrega: Gunsmoke Miracle (1974). De hecho, en los treinta títulos que vendrán después, se mantiene la misma estructura narrativa al tiempo que, la cocinera Klinger y el agente Carlino, van equiparando sus personalidades hasta resultar, en bañador, indistinguibles. AGENCIAS. 

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En “Necrologías”, igual que en “Bibliofilias”, “Facsímiles” y “Paleografías” se ensaya un nuevo género literario. En este caso se ahonda en el rico acervo estilístico de las notas necrológicas dedicadas a notables, a individuos que han contribuido -o al menos no han supuesto un freno- al progreso de la humanidad. Textos de condición doliente, no aconsejan una extensión excesiva compensando la falta de caracteres con una fotografía, bien del fallecido, en vida, bien de los enseres o paisajes que le fueron gratos.   


Suplemento "Cultura/s" de La Vanguardia
Barcelona, 2009

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Tenser en 1990. Fotografía: Fran Ferrer.

sábado, 12 de enero de 2013

Instantánea
























Se ha conseguido captar el momento en que abandono la reunión de los facultativos. Soy el doctor Fugaz y formo parte de un sueño. Detalles que pueden parecer secundarios como el paraguas Conklin, la cazadora de piel comprada en Pamplona y los pantalones de pana modelo Firulete, no lo son en absoluto; pertenecen con toda seguridad a mi indumentaria de 2008 y 2009. El sitio es el pasillo de acceso a la biblioteca de ese edificio al que nunca doy nombre y que ahora, al ver la foto, pienso que podría ser la casa de mi bisabuelo de la Cerdaña. Esas reuniones son largas y a menudo desembocan en ásperas discusiones; no me extrañaría que en esta ocasión el motivo del desacuerdo tuviera que ver con los terrenos públicos donde ubicar el lugar de enterramiento, a burial place; ¿se habla en inglés en estas reuniones?, ¿en sueños poseo don de lenguas?