viernes, 29 de marzo de 2019

Esquina en Torredonjimeno


























Torredonjimeno
Puerta de Jaén
Mediados de los 60

sábado, 23 de marzo de 2019

Tránsito

























Tránsito


La alta clase labradora
por su entusiasmo ornítico
permanece aquí.
Agitaciones, inquietudes, gritos
no la fuerzan a la mudanza.
Sé, en cambio,
que las aves migradoras
morirán
todas
las que tanto me admiraron
y las que exhiben el hueso llamado pecho.

Los hombres en alto grado impresionantes
los esclavos caballeros
la mujer fogosa, inane,
la apellidada Mudable
aguardarán
irreflexivos.

La más recia de las piedras
el más digno de los hierros
estallarán
con el tiempo
en el rostro de las bestias avezadas, pero yo
en esos días, muy cansado,
reposaré dormido, quizá
en la provincia más angosta, cobijado
en la ruina palmeada
y no querré volver.

Dilatada la mirada
la mirada que doblega al extranjero
de complexión enjuta
y bestialidad temprana
cavaré
en la loma conocida por “la oscura"
un dormitorio de tierra
una cocina de espanto
un gran embudo de sangre.


viernes, 15 de marzo de 2019

Extraño encuentro


Acabo de encontrame con Bernardo Chufas. Mejor dicho, Bernardo Chufas ha venido a mi encuentro cambiando de acera en la calle Mayor. La cosa no tendría demasiada importancia si no fuera porque Bernardo Chufas está muerto, o al menos esto es lo que se dijo. Su atuendo y su mala cara dificultaban el reconocimiento, pero la anchura del cuello, superior a la muy abultada cabeza, su andar de autómata y la voz ronca sí correspondían a Chufas. El encuentro ha sido muy parecido a los que acostumbro a transcribir, recién despertado, como reflejo de un sueño. Pero esta vez no me consta que estuviera despertándome, por lo que el encuentro ha de haberse producido realmente, a no ser que la realidad en ese momento y en su continuación, la que vivo ahora escribiendo en el ordenador, no sea también un sueño, eso sí de duración extendida y estupendo realismo. 


lunes, 11 de marzo de 2019

Carlos Tóper


Mi amistad con Carlos Tóper Valdivieso viene de 1964, de cuando yo acababa de publicar De las condiciones humanas y él acababa de conseguir el premio Acanto por sus investigaciones en el campo de la ortopedia neonatal. Nuestro primer encuentro fue en una cena con amigos comunes; nos caímos bien y pronto se sinceró conmigo: tenía una molestia intermitente en la escápula derecha que le impedía conducir el Pegaso Z-103 y jugar al fléndit. Cuando volvimos a vernos, en la sauna Miraflores, me enseñó la gran mancha de su escápula derecha y, unas semanas después, en la boda de Marta Loverdos de Altimira, desnudó su torso para mostrar, a todos los invitados, la depresión profunda en que se estaba convirtiendo la lesión escapular, una depresión que, de suyo, era más bien una oquedad, por no decir un monumental agujero. Quizá el gesto en la boda no fue bien interpretado y alguien, poco piadoso, acuñó el término "El orificio Tóper", que a poco se convirtió en "Tóper, El Orificio". Ahora, en la caja mortuoria, he tenido curiosidad por saber, con exactitud, en qué se había convertido el amigo Carlos Tóper y, efectivamente, como apuntó el capellán en el prolijo responso, sólo quedaba un aro, una franja de carne en forma de anillo; el orificio se había enseñoreado de su persona, que era algo así como el neumático de una rueda de bicicleta.  

domingo, 10 de marzo de 2019

Plastic World, apud Sagrada Biblia



Plastic World, apud Sagrada Biblia


Vivíamos de la carne
De la carne del mar y de la tierra
¡Ay del mar y de la tierra!
Las hojas del árbol eran saludables para las naciones
Pero los tábanos ahuyentaron a la hechicera
Ahuyentaron al reo
Ahuyentaron al extranjero
Al que poseía la piedra de jaspe
Lo perturbasteis y se puso en fuga
Como los falsos doctores
Bajo la influencia de la molicie reinante
Quedaban veinticuatro ancianos
Y veinticuatro vivientes
Veinticuatro vivientes misteriosos
Que cayeron de hinojos
Fulminados.

Se halló la sangre de todos los degollados
La sangre que ocupaba el mar
Que ocupaba los vientres de los peces
Y los vientres de la aves
Pero las tinieblas pasan
A bordo del navío de los hombres oscuros
Negros como pelo de cabra
Hasta que el caballo bermejo
Conducido por el manco que devora la espada
Pisotea al extranjero marcado
Marcado con señales tiznadas en la puerta
En la puerta de su casa de barro
Y alguien obtiene el poder de abrir los sellos de hierro
Y el poder de no ocultarse
Ante el rostro de quien se sienta en el trono.


Ferrer Lerín, marzo 2019