Cierta medianoche aciaga, con la mente fatigada
revisaba unos libracos de saber inmemorial.
¡Ah, recuerdo claramente aquel lóbrego diciembre!
Cada chispa agonizante dejaba un rastro espectral.
El rumor de las cortinas, lánguidas y purpurinas,
azuzaba, suavemente, como llamando al portal.
Escruté la noche oscura, lleno de miedos y dudas,
y soñé sueños que nadie, nunca osó soñar jamás.
Es tan sólo un visitante que ha llegado a mi portal;
un tardío visitante, esperando en mi portal.
Viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;
¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?
Dijo el cuervo:”Nunca más”.
Dijo entonces:”Nunca más”.
Que un ave zaparrastrosa pudiera decir dos cosas
me asombró aunque su sentido no fuera nada cabal.
Luego el aire se hizo denso, como si ardiera un incienso
mecido por serafines de leve andar musical.
“¡Profeta –grité-, ser malvado; profeta eres, diablo alado!
¿El Tentador te ha enviado o acaso una tempestad?”
“¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!”
Dijo el cuervo:”Nunca más”.
Y el negro cuervo obstinado continúa encaramado
al blanco busto de Palas que hay encima del portal.
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Irreverente y no autorizado extracto,
perpetrado por Ferrer Lerín,
de 'El Cuervo revisitado' de Andrés Ehrenhaus,
poema publicado en el nº 31, verano 2005,
de la revista de ACE Traductores
“Vasos comunicantes”;
una versión revisada, en ese año,
de la traducción de E. Dobry y A. Ehrenhaus
incluida en
El cuervo y otros poemas de E. A. Poe,
Mitos de poesía, Mondadori, 1998.