lunes, 30 de noviembre de 2009

La Tulipe, y demás.

Julio/Agosto de 1980. Calima sobre Madrid: 39 grados. Un reloj de arena en la garganta. Flaneur de los libros reconvertido en antólogo. ¿Qué fue de mi vida? Primeras entrevistas, charlas. Discusiones con Fanfán. A punto estuve de romper el pacto. Por fin, cede la doncella. Una antología de poemas, no de autores. El orden deberá ser el del año de su publicación, de la publicación de cada uno de los poemas seleccionadados. Al fondo, Tinianov, Gadamer, Jauss, Eliot... Algunos más. Cada lector reescribe la historia literaria. La hace suya. Se la inventa. Todos los poetas saben que también son sus lecturas. La experiencia vivida y la simbólica llenan todos poemas y libros de la Biblioteca Nacional. Pero, ¿por qué nacional? Fanfán y Omar llegan a un acuerdo. Cede la doncella de nuevo y la pareja, asfixiada, sube por Claudio Coello como una sola serpiente de papel. En esa calle histórica tiene su sede la Editorial Alhambra. El flaneur no recuerda un edificio menos parecido al Lazarillo. El ascensor funciona. Se firma el contrato definitivo. La decisión: Fanfán se ocupará de las relaciones públicas y Omar será el machaca. Vale. A las nueve en punto, cada mañana, Omar llega en góndola a la puerta de la Biblioteca. Un par de monjas civiles custodian la entrada. Tras el registro pertinente, la gran sala: algo así como un campo de fútbol repleto de archivadores. Cada noche, a las nueve en punto, sale Omar y cruza medio Paseo de Recoletos. Sólo medio. Un banco nunca está lejos. Omar se tiende un buen rato en el primero que encuentra cada noche, hasta volver a casa de Fanfán. Fanfán, ¿qué hacíamos tú y yo antes de conocernos? Lerín tiene que estar en esta antología, dice Omar. Nadie me sabe dar su dirección actual. Nadie parece tampoco tener el primer libro de Francisco Ferrer Lerín, De las condiciones humanas, publicado en 1964, aunque escrito en el sesenta y dos. En la misma colección en la que Gimferrer había publicado Mensaje del Tetrarca. Sospechas. Infundaciones. Pero Omar se enterará veinticinco años más tarde. Al final de todas estas pesquisas, alguien, tal vez Talentos, me proporciona el teléfono de Lerín. Al parecer a Talentos se lo dio Félix Lengua de Cal. Pero no recuerda, no recuerdo. Este número es el de Jaca. Allí está ahora Paco, le dice, le dicen. ¿Por qué en Jaca?. Curas y ejército. Fronteras. La leyenda "Lerín" ya se había extendido. Omar vuelve a Lixia y desde allí logra hablar, no más de cinco minutos, con Francisco Ferrer Lerín: el permiso para que sus poemas puedan ser publicados unos meses después, en 1981. Poesía española contemporánea (1939 1980). Selección, estudio y notas de Fanny Rubio y José Luis Falcó. Se publicó con una extensión que fue aproximadamente la mitad de lo que era. La parte del "Prólogo" atribuido a Omar fue manipulada. ¿Por quién? No asistí a la presentación. Omar había leído a Lerín en 1971: La hora oval, en la colección de poesía Ocnos. No había olvidado aquella lectura, ni el título. Lo que encontró en La Oval: unos poemas que esperaba hacía tiempo. Cuatro años quizás. Durante su adolescencia había probado un poco de todo. Es un decir. De Thomas Man a Pío Baroja, de Salgari a Valéry, de Campoamor a Tristan Tzara porque la fiebre canta en los alambres mentales. De Joyce a Cernuda. Y Unamuno. Se había enamorado perdidamente de algunos poetas surrealistas que había encontrado en la Antología de la poesía francesa contemporánea, del poeta Manuel Álvarez Ortega, cuya poesía fue entonces de su gusto. Y de los manifiestos surrealistas de Breton. Y de Artaud. Pero también de Apollinaire y Larrea: Por las carreteras cinemáticas/en aquel automóvil,/ íbamos filmando. Y del gesto pugilístico y suicida de Cravan. Golfo de México. Tal vez encontró en La hora oval, decía, lo que estaba esperando y que los novísimos, pese a la memoria mancomunada, pastiches y collage, no le habían ofrecido. Al menos, no del todo. Se encontraba delante de una poesía que le pareció radical como el deseo y no una especie de amalgama reciclada (eso sí, muy bien reciclada, aunque confusamente presentada): una amalgama que, en general, carecía de aquel espíritu vanguardista que por entonces le atrajo. Aunque la vanguardia, piensa Omar que se dijo Omar, puede que sólo sea una un estado de ánimo. Un carácter. Un ojo. No, con ello no pensaba ya en las vanguardias históricas, sino en la posibilidad de escribir, en el marco de las décadas del sesenta y setenta, desde una mirada vanguardista, desde un punto de vista (es decir, desde una moral) vanguardista, desde un territorio de libertad y humor, (el humor, ese motor del mundo, dice Lerín), suficientemente alejados de paradigmas congelados y cánones artificios. Amén. Seguramente fue eso lo que Omar encontró entonces en aquella primera lectura de La Oval y por eso quiso que Lerín estuviese en aquella magna antología. ¿Sólo por eso? Olvidaron mi acento./Borrada la andadura/Quemaron mi nombre. Suficiente, desde luego, pero no sólo. Más tarde, Fanfán, El tiempo y una mujer nos separaron. En posteriores lecturas de La hora oval, fue encontrando más cosas. La calle de la risa, pero también El consejo de los rostros. Y entonces le gustó especialmente la confusión genérica que la poesía leriniana había levantado. Revulsión. De hecho, Omar explicaba genología. Cuánta aspereza, ya entonces. El tiempo y una mujer nos separaron. La fantasía conquistada. Críticos y Abogados de pleitos divinos ¿Cómo debe leerse lo que ha publicado Lerín bajo el rótulo poesía? ¿Como poesía? ¿Como relato? ¿Como texto dramático? ¿Como guión cinematográfico? ¿Como qué? ¿Y cómo leer Níquel, la novela de Lerín? Definitivamente, ¿porqué "se debe¨? En aquel tiempo sedujo a Omar una ilusión: leer los textos como textos, como propuestas abiertas no sólo al Dios del Sentido, sino también a su ubicación o no en el marco imposible de los géneros literarios. Chata genología. Noches lúgubres. Cadalso. La Celestina. Noticias de yerros cometidos en olor de santidad, leyó en Lerín. Dicen que la luna es el sol de los pobres. Pues bien, tuvieron que pasar años para que aquel desterrado o espía publicara un nuevo libro en el que seguía persiguiendo y anotando crímenes y metamorfosis. Dieciséis años más tarde, aparece Cónsul. En 1987. Omar no sabe todavía si se trata o no del libro más maduro de Ferrer Lerín, como se ha dicho. Tal vez sí, pero en ¿qué sentido? Tampoco ve muy clara esa "nueva" unión entre bios y grafos, pues piensa que estuvo en la poesía leriniana, ya se ha dicho, desde el principio. Bueno, quizás ahora más explícita. Bios y Grafos. Hay algo así como dos tipos de poetas: los que escriben para saber algo de sí mismos y del mundo, y descubrirlo a través del proceso, y los que, antes de ponerse a escribir y al ponerse a escribir, ya lo saben todo. Lo que no se explica Omar es el porquéparaqué de estos segundos. ¿Para terminar conta.constatándose? Poema es esto y esto y esto. Y esto que nace en mí en calidad de entrega, que existe porque existo. Y porque ambos podemos dejar correctamente de existir. La experiencia de la escritura y no sólo la poesía de la experiencia. Oí gritar Frenk Frenk y comprendí de qué se trataba. La imaginación de Lerín es verdaderamente poética. Creadora. Basta con echar un vistazo a cualquiera de sus libros y padecer la angustia de lo original, más que la de las influencias. Lerín desterrado de Siete novísimos poetas españoles. ¿O es quizás por eso? Sí y no. Sí, por la época, el lugar. Y no, porque Lerín escribe desde su cuerpo, desde la patrística iconoclasta que él mismo ha levantando. El cuerpo es el territorio de la memoria. En él están tatuadas las huellas de todos nuestros pasos. De ahí a los versos de "Homenaje a Perse", que está en el pórtico de Las condiciones humanas : Pero si prefieres balancearte con los remolinos del nuevo día / asciende a las cimas donde sólo reina el olvido y tus pasos serán descontados. Olvidar para escribir. Escribir los pasos descontados. La escritura como metamorfosis. La metamorfosis como crimen. Siempre hace falta un muerto. Su cadáver. Aquí está apoyada la vieja máquina Kodak. Instantánea. Pero ya me he referido, líneas más arriba, a todo esto. Claro que Omar sólo pudo leer completo el primer libro de Ferrer Lerín, De las condiciones humanas, cuando apareció la recopilación de su poesía en 2006: Ciudad propia. Poesía autorizada. El primero como el último, Papur. 2008. El imperativo biológico de la poesía. Parecidas sensaciones que la primera vez, cuando me entregué a La hora oval, piensa Omar. Es decisiva esta caricia. Lírico y burlón, lo dijo Corredor. Qué años cuando corría por la era. Lerín y los neologismos. Palabras inventadas, derivadas. Medias palabras. Túa. La fantasía de otra tradición. ¡Qué cielo más alto¡ Y por fin conozco a Lerín. En Jaca. Me habían invitado a participar allí en un curso urgente de verano: Poesía contemporánea: convergencias y divergencias. 10, 11 y 12 de julio. Fui y fue. Pero lo que Omar quería era conocer a Lerín. Tuvo suerte. Una mañana, en medio de una de las clases. Sigiloso. No sé por qué ya no nos separamos durante los días que estuve allí. Me llevó al Casino, seguramente para alimentar su leyenda de tahúr. Me enseñó los agujeros que habían dejado las balas de un guardia civil friolero (¿o fue un militar?) en las paredes de uno de los salones. Supe que su madre se apellidaba Lerín Falcó (como Omar) y tuvo la amabilidad de enviarme, en adjunto, el "Recuerdo de la Primera Comunión" de María Luisa Lerín Falcó, celebrada el 4 de mayo de 1924 (como ayer, cuando nos vimos de nuevo). Y más cosas. "Guárdeme usted el secreto, pero en realidad soy espía", le había dicho a alguien en Jaca hacía tiempo. Casualidades. Azar objetivo. Me gustaría creer. Termino. Omar les deja ahora con uno de sus poetas preferidos y con un estupendo amigo. Azúa dijo una vez que todos deberíamos tener en casa un poeta como Lerín, aunque sólo fuese para alegrarnos la vida. Así que aprovechen la oportunidad.

José Luis Falcó presenta a Ferrer Lerín
Universidad de Valencia 06/05/09

viernes, 27 de noviembre de 2009

Domicilios, 10





















Olvidaron tapiar un hueco del campanario. Y por ahí huyó.

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Gingival
Pág. 109

domingo, 22 de noviembre de 2009

Una pintura, 2


Ilustración y leyenda
del catálogo
de la muestra
VI CENTENARIO
DE LA FUNDACIÓN
DEL HOSPITAL DE
IGNOSCENTS,
FOLLS E ORATS
.
Museo de la Ciudad.
Valencia.
Febrero-Mayo 2009.
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Paciente alterado orinando
en un recipiente distinto
del orinal de su habitación
ante una enfermera.
Pintura al temple
en códice sobre medicamentos.
Siglo XIII.

Una pintura, 1



Ilustración y leyenda
del catálogo
de la muestra
VI CENTENARIO
DE LA FUNDACIÓN
DEL HOSPITAL DE
IGNOSCENTS,
FOLLS E ORATS.
Museo de la Ciudad.
Valencia.
Febrero-Mayo 2009.

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Padres deshaciéndose de niños
con deformaciones, según la
tradición grecorromana que
consideraba negativamente
al enfermo deforme.

Pintura de un códice francés.
Siglo XV.




miércoles, 18 de noviembre de 2009

Domicilios, 9























Cuando Cleiton Restif compró la casa no quiso saber que estaba en ruinas; le bastó ese leve y blanco detalle arquitectónico para decidirse. Ahora, a menudo recuerda, asomado al balcón, su larga reclusión en Dueñas; reclusión sólo alegrada por la visita de la pálida lechuza, vaticinadora irrefutable de la muerte de reos, y la llegada, de madrugada, al patio del penal, de un bando de ánsares grises que, como piezas de ajedrez, dibujan, sobre la nieve, movimientos letales.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Ternura y bidé

Otra vez. Lo ha hecho otra vez. Ferrer Lerín. Estaban esos libros, como mojones o lindes, De las condiciones humanas (1964), La hora oval (1970), Cónsul (1987), signando las décadas, marcando a los poetas el camino por donde no podía ir la poesía. Es decir, por donde necesariamente tenía que ir. Y luego el silencio, no sabemos si, más que elegido, impuesto. Estaba un puñado de poemas después, hallados al final de su obra recogida dentro de los muros de Ciudad propia (2006), como fuera de la ciudad, en el muradal de los ejidos, como encontrados de urgencia y escritos sin haberse encontrado. Una puerta de bisagras para cerrar su propia ciudad, su poesía completa, eso pensábamos. Y estaba también ese otro puñado de poemas, ese siervo o Fámulo que recoge las migas, da de comer al canario, come él mismo de su famulato, de las migas de esas migas. Empieza a cantar. Otra vez. Ferrer Lerín lo ha hecho otra vez, otra vez sale como con fórceps la poesía de donde no tenía que haber estado, del único sitio en el que, cuatro décadas más tarde, aunque nadie la espere ahí, ahí tiene que estar. Y ya no valen las retóricas antiguas, ni las máscaras antiguas, los personajes haciendo de autor, el autor deshaciéndose en los personajes. Porque este nuevo libro de Ferrer Lerín es el primero y el único, como si no quisiera que le buscasen más que en éste, hechas migas las migas del tiempo, la vida y la generación, no la literaria, sino la espontánea, ese mundo compartimentado en nombres y no en versos que le da la vuelta a la cansada tradición del número par y demuestra, de nuevo, que la poesía, como el Dios de Santa Teresa, está donde menos se cree que está, en el uno y lo primo, en ese 7 no armónico. Parece lo mismo pero no es lo mismo. Quizá nunca antes fuera tan valiente Ferrer Lerín en su búsqueda de claves biográficas, pues, incluso / abriendo, con violencia, / los ojos, / no consigo / que se vayan; ni tan perezoso o laxo en el ocultamiento de la repetida vez de su existencia (F. F.). Puestos los hurones literarios a sacar el conejo de la chistera, o del vivar, el verdadero bicho sale a borbotones, asoma la cabeza y ya no deja de salir, peludo y largo (Wodwo), pero con dientes en lugar de orejas, mustélido que no roedor. Como un poeta cortesano que sólo escribe cuando se le solicita, pero no entonces mismo, sino luego, un poquito más tarde, y nunca aquí, donde le dicen: Firma, sino en otro sitio, allí. Allí donde le dicen, cuando le dicen, que se calle. Ha hecho bien Tusquets en sacar este libro de Ferrer Lerín. ¿Un nuevo texto sagrado? ¡Y un cuerno, dice Ferrer Lerín, y se lo fuma como un puro! Un viejo texto pagano más bien, tan viejo como el mundo. Con su mismo latido. Un paso a dos sincopado, que no cansa puesto que no es sólo retozo, sino pozo también. De la voz. Hicieron bien los que le solicitaron al Arnaut Daniel de Jaca un libro más, un canto más. Pues le ha salido este otro canto. ¿No querían poeta? ¿No deseaban, ellos también al héroe? ¿No lo buscaron bajo los pinos, bajo los buitres, entre las piedras? Helo, helo por do viene, y no montado a la jineta, sino a pelo, sobre la tierra vaca, marcando de nuevo el ritmo. Por aquí no. Y precisamente por eso, por aquí sí. Porque incluso donde más se puede esperar que esté la poesía, donde la buscaríamos los más convencionales, ahí también está la poesía. Como en ese poema, el más reconocible para nosotros, sus más romos lectores, Almas de metal, que recuerda The Red Wheelbarrow, de William Carlos Williams, sólo que menos convocada, la poesía, digo, más ausente. Y sale a borbotones allí donde Ferrer Lerín sabe entrar con el bicho de su oído, un laberinto dentro de otro laberinto, buscándole las vueltas a una raíz para arrancar todo un árbol etimológico (Taf); o con una lupa en el mapa, atento a la verticalidad: Primera relación de enclaves propicios, propicios para la poesía, se entiende, para la nidificación o la muerte en éxtasis, por crucifixión o ahorcamiento, colgado de esas vigas, troncos de árboles y diversa mampostería que el poeta ha hallado por la geografía española. Porque, en efecto, poco queda en España, salvo un alfabeto de nombres, una reproducción a escala del Universo tan válida como cualquier otra, de Ababuj, en la provincia de Teruel, a Zuza-Lónguida, en Navarra. ¿Cuántos sentidos poseen los hombres? Oído y vista. Ternura y bidé, ésa es la receta de Ferrer Lerín para hallar la poesía. Toda una erótica del ocultamiento. Como esa imagen brutal de Roberto Bolaño en 2666: en el Gólgota, los ladrones crucificados junto a Jesús no están ahí para realzarlo, sino para ocultarlo. Quizá porque la visión total del dios nos abrasaría la mirada: Cremoso eres ¡San Dios! Y para que la poesía no nos coma las cejas, Ferrer Lerín la oculta con la gracia sustantiva del nombre. Por eso los significantes no tienen necesariamente que revelar el sentido, pueden también ocultarlo para que no explote ante nuestros ojos. Así la anécdota biográfica ocultará la biografía del poeta, para que no nos salpique. Ternura y bidé. Lavarse bien las partes en el río después del sexo. Las partes, para ocultar el todo, cuya absoluta faz quiere siempre ver el lector de poesía. ¡Qué pesado, el lector de poesía, lo quiere todo, y a cambio de nada, duros a pesetas en la era del euro! Y aquí se lo dan, la bolsa y la vida, la vida y la obra, Biografías, Paleografías, el poeta que fue y los libros que leyó; el hombre que pudo ser y los textos que se ha inventado. Calzada de Valdunciel. Las encantadas. Libro de los sellos. Regálale un libro y te escribirá otro libro. Dale un étimo y te sacará un idioma. Ponle delante una niña de trenzas rubias y pensará en un crimen perfecto, como en sus primeros libros, pero en vena lorquiana ahora (Quebrantahuesos). Donde no está la poesía, queda la antropología; donde acampó el ornitólogo, tiene su base el poeta. Parece lo mismo, pero no es lo mismo. Preguntas sin respuesta, pájaros en cadena, mucha ternura, usar después siempre el bidé, y un colofón canino para aquel poeta reseñado en Destino. Era en 1965, ¿recuerdan? Tantos años después. Y le salen las cuentas: Lagartos: 500.000 / Serpientes: 500.000 / Arañas: 1.000.000 / Salamandras: se desconocen / Diablos: sí hay. Ferrer Lerín. Lo ha hecho otra vez.

Carlos Jiménez Arribas, noviembre de 2009

domingo, 8 de noviembre de 2009

Amphisbaenian Mountain










Lotario Valley. New Brunswick Province. Canadá.
Archivo Fran Ferrer

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El único anfisbénido europeo es la Culebrilla ciega –Blanus cinereus-, endémico de la mitad meridional de la Península Ibérica. Sólo en una ocasión he visto este reptil: al desprenderse parte del revoque del muro del castillo de Torredonjimeno (Jaén) cayó al suelo un ser ápodo y vermiforme al que en un primer momento confundí con una lombriz por su tamaño, forma, coloración y por su aparente bicefalia al no distinguirse con claridad en qué extremo del cuerpo se halla la cabeza.

Rosari

Concubina d'hostal. Antigament i fins a temps recents, era costum en certs hostals de demanar a l'hoste, en oferir-li la cambra, si la volia amb rosaris o sense, és a dir, si volia o no rebre la visita d'una criada per a passar la nit (Mollerussa, ap. BDC, xxii, 200).

[BDC] Butlletí de Dialectologia Catalana publicat per les oficines del Diccionari General de la Llengua Catalana. Barcelona, Institut d'Estudis Catalans. Ha eixit de l'any 1913 fins l'any 1938.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Coté de Pablo




La agente del Mossad,
Ziva David (Coté de Pablo),
es consolada por el
Investigador en Jefe del NCIS,
Leroy Jethro Gibbs
(Mark Harmon).

Textos anónimos 12

La amistad entre el capataz Owen y Lee, el hijo del dueño del rancho más rico de la comarca de Río Grande, llega a tal extremo que ambos deciden hacerse hermanos de sangre. Esta amistad se pondrá a prueba cuando Owen no dude en aceptar la acusación de ser el padre ilegítimo del hijo que ha tenido una de las camareras del pueblo, llamada Lily. En realidad, sin embargo, el verdadero padre es su amigo.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Expectantes (2009), Antoni Marí.



Poliuretano, ICX-SKN,
composite y gomorresina.
Moda y complementos:
El Corte Inglés.

Fundación Suñol. Barcelona.
Octubre 2009.