sábado, 31 de diciembre de 2011

Semihundido


La disputa surge al llegar la palabra “Perro”.
A, niega su existencia, B, confiesa que no la oyó, y la vasta masa opaca no logra fijar la voz.
En un escenario de amplias características la postulación de un problema estimula la elocuencia, pero ahora nos hallamos en un foro reducido.
Quizá sí hubo una forma que acudía a ese reclamo, aunque falten elementos para entrar en discusión.
No obstante C, funcionario, materializa una idea: la forma pudo existir y el tiempo la devoró; de hecho algunos sentimos resonancias parecidas, como ecos, como ecos que llevaban a la gente a ponerse a cuatro patas, a emitir raro fragor.
Mas esto pasó al principio, cuando tal vez persistían los restos de otra palabra, hoy para todos perdida; algo así como “Castaña”, o quizá como “Albornoz”.

(Papur, pág. 51.)

domingo, 25 de diciembre de 2011

Diogo de Arruda


























Ventana manuelina del Convento de Cristo en Tomar. 
¿Uno de los monstruos del jardín de Bomarzo?

viernes, 23 de diciembre de 2011

Bibliofilia 20



Pierre Berès, nacido en 1913 en Estocolmo con el apellido Berestov y fallecido en 2008 en Saint-Tropez, inicia su vida profesional recopilando autógrafos aunque pronto se pasa al mundo del libro en las vertientes de coleccionista, librero y editor. Gracias, según sus competidores, a la falta de escrúpulos, a su pasión por la bibliofilia y a su capacidad de seducción, logra adquirir a precios razonables grandes tesoros bibliográficos. En los dos últimos años de vida subasta buena parte de su biblioteca siendo el monto de la operación superior a los 35 millones de euros. En un catálogo de la venta de esos fondos, en la página 15, se anuncia la obra de Galeno De morbis et Symptomatis editada por Josse Bade en París en 1528. En la misma página del catálogo y bajo dos ilustraciones de las guardas del libro, se facilita la siguiente información: LA SYPHILIS. EXEMPLAIRE TRES ABONDAMMENT ANNOTE PAR UNE MAIN CONTEMPORAINE. Yo llegué a ver ese ejemplar. De niño, en una única y fugaz visita a la casa de mis abuelos paternos, situada en la localidad de Hix en la Cerdaña francesa, lo encontré, abierto, sobre la enorme mesa de un despacho, mostrando las muy abundantes anotaciones. En la hagiografía Jornada laboral de un poeta barcelonés  [Tropelías. Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Universidad de Zaragoza (2004-2006), nº 15-17, págs. 553-560] se menciona ese lugar: “mi abuelo Ivo, médico de profesión, formó su inmensa biblioteca comprando, en sus viajes por medio mundo, a precios a veces desorbitados, los volúmenes más valiosos; y todo gracias a las partidas (de póquer) que organizaba mensualmente en su caserón de Hix, en la Cerdaña francesa, donde desplumaba regularmente al notario y al farmacéutico de Puigcerdá, al juez de paz y al comadrón de Font-Romeu y así a todo el subsector profesional de la comarca.”




miércoles, 21 de diciembre de 2011

Iconografía 8












“Sólo probé el rancho una vez, mejor dicho, sólo entré en el comedor una vez, y el espectáculo era realmente dantesco. Para no aburrir con detalles escatológicos me limitaré a contar el caso del “turuta”, individuo de gran corpulencia y pasmosas dotes de ahorro -se enriqueció con la paga de esos meses-, que necesitado sin duda de una buena dieta proteínica, agarraba, eso sí con el tenedor, uno de los huevos fritos que coronaban la bandeja, y arrastraba a todos los que estuvieran pegados. Se formaba un rosario de huevos fritos entre la bandeja y su plato y, ante el regocijo de los presentes, era capaz de dar cuenta de veinte de ellos. En otras ocasiones, y en una sorprendente muestra de diversidad culinaria, en vez de fritos, los huevos se servían duros, pero sumergidos en salsa de tomate y... con la cáscara; así que los comensales los cogían con las manos, se los acercaban a la boca, los lamían y luego los cascaban a puñetazos sobre la mesa.” (Familias como la mía. Pág. 45)

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CIR de San Clemente de Sasebas (Gerona). Navidad de 1965.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Ciento ochenta


Qué lugar. Sin duda el fin del mundo. Un erial pedregoso con matas ralas de sabina al que llegué solo en mi viejo Chrysler 180. Me detuve porque ahí se acababa el asfalto. Y la carretera. Bajé. Paseando, a los pocos metros, descubrí que me hallaba en el borde de una terraza fluvial y, al asomarme, en el fondo de aquel abismo oscuro, creí oír el rumor del agua corriendo entre los paredones calizos, o quizá un manantial junto al grupo de chopos que poblaban un saliente del cortado. Decidí volver al coche y, al girarme, vi que este se movía, aproximándose, me sobrepasaba y desaparecía tragado por el límite de la meseta. No me inquietó ya que en su interior iban varias personas, muchas personas diría, en animada conversación y con los rostros sonrientes. Sin embargo, por curiosidad, regresé al filo. Había un camino, una especie de cañada, prolongación quizá de la carretera, que descendía trazando curvas inverosímiles, cerradas y contraperaltadas. El Chrysler se había despeñado, nadie podía conducir con éxito por aquella trocha, quedando volcado, cabeza abajo, en la pequeña explanada contigua a la chopera. Esperé unos instantes antes de tomar una decisión y, de repente, empezaron a salir, de manera rápida pero ordenada, a través de las ventanillas, en dirección a la fuente, los risueños ocupantes. Pese a la distancia y a la poca luz me di cuenta de quiénes eran esas personas; se trataba de los componentes del Club de Lectura en el que yo había participado esa misma tarde. Faltaban algunos. Los que estarían atrapados en el amasijo de hierros retorcidos en que ahora, de improviso, se había convertido el automóvil. Entre los ausentes, mi amigo Esteban, carpintero regional, y Yolanda Pilmo, a la que adoraba. Por cierto, también faltaba yo, a mí tampoco se me veía.       

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Unas piernas

De mi último sueño sólo recuerdo unas piernas desnudas de mujer que asoman entre cartones de embalaje. Lo que no entiendo es que al despertarme supiera a quién pertenecían; a una muchacha de rostro románico que lleva ya un tiempo revoloteando. Quizá el sentido del sueño fuera hacerme notar que no todo su físico era desdeñable. Claro, claro, luego está su intelecto, que todos valoran y aplauden acaloradamente.

jueves, 8 de diciembre de 2011

La lápida templaria























“El Ayuntamiento de Arjona era una casa de estilo andaluz (...) 
Al fondo estaba la escalera de mármol que conducía al interior. 
Iba por el tercer peldaño cuando la descubrió. La lápida templaria. 
Allí estaba, empotrada en el muro de la derecha, bajo el plano 
inclinado del segundo tramo de la escalera, (...) ocupando toda 
su superficie (...) una serie de círculos concéntricos (...) partían de 
un ajedrezado central. Cortando los círculos, (...) una estrella de 
doce puntas. El conjunto formaba un entramado geométrico de líneas 
rectas y curvas que contrastaba con la vacía lisura de los márgenes 
en los cuales se distinguían tres solitarias letras hebreas, una arriba 
y dos a los lados, las tres letras madres de la cábala.” 


La lápida templaria, Nicholas Wilcox [Juan Eslava Galán (Arjona, 
Jaén, 1948 - )], Barcelona, Editorial Planeta, 1996.


La aldea fantástica


















“La aldea fantástica” (1880-1884) de Adolphe 
Monticelli (Marsella, 1824-1886), el primer tachista 
sensual según Salvador Dalí.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Zelig




















Iniciando aproximación a los rasgos de Jacobo Cortines.

viernes, 2 de diciembre de 2011

L.H.



















Oyó a su marido contar los detalles del nuevo programa al perplejo obrero que arreglaba el baño. Ella vio el peligro. La fatal demencia. Su rápido avance. No dudó un instante. Marcó ese número. La persona por quien preguntaba se hallaba de viaje. Darían recado. A las pocas horas llamó de La Habana. Reunión con amigos. Tú tranquila dijo. Me encargo de todo. Antes que regrese estará resuelto. Ellos nunca fallan.

martes, 29 de noviembre de 2011

José Luis Sampedro





Septiembre 2011. Pirineo aragonés. Con Olga Lucas y su marido, hoy Premio Nacional de las Letras. A mi derecha Juan Carlos Domínguez y, sentada a la izquierda de Sampedro, Pilar Cebrián. Fotógrafo: Conchi Jiménez.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Tres sueños de gran contenido sexual

1.- Vivienda de mis abuelos maternos. Una atractiva enfermera se dispone a dormir pero no en una cama sino en una especie de tumbona. Me echo a su lado. Me acepta. Su aspecto físico corresponde a Única, una artista multidisciplinar conocida a través de internet. La enfermera permite tocamientos íntimos que no me resultan satisfactorios y a los pocos instantes me veo caminando con ella, de noche, por las calles de una ciudad irreconocible; llevamos puesto un pijama a medias: no sé ahora si la parte de arriba la llevo yo o viceversa aunque el resto queda cubierto por otro tipo de prenda. En un torreón, alto, imponente, troncocónico, otean, o nos vigilan, dos personas conocidas: la bibliotecaria Réichel y la diseñadora gráfica Teresa Escayola; dos figuras minúsculas, como soldaditos de plomo. Pierdo ahora parte del sueño, parte que sí recordaba al despertarme, y lo recupero en un punto en el que entro en una gran sala de fiestas llena de gente elegante, me dirijo a la barra y descubro con alegría a Amor Broto, muy morena y sonriente.

2.- Vivienda de mis abuelos maternos. Salón comedor. Abrazo durante bastante rato a mi prima hermana Monse aunque sin frotarme, sólo apretando y sin que ofrezca resistencia pero tampoco colaboración. Mientras la abrazo hablo con mi abuela que se está arreglando en una habitación a la que se le da el nombre de “peinador”. De golpe mi prima hermana cambia de forma y me encuentro abrazando a Bubi, el gigantesco pastor alemán que murió atropellado en el paseo de Cordellas por un coche matrícula de Gerona.

3.- Vivienda de mis abuelos maternos. Acabamos de enterrar a mi abuela, ya viuda y, para acompañar a mi tía soltera Emmy que era quien vivía con ella, me instalo en la casa. La última noche, al ir a desvestirme, descubro que la sirvienta, una chica muy morena y no demasiado pulida, me mira desde su cuarto, alejado del mío pero perfectamente visible al estar abiertas todas las puertas de los cuartos intermedios, y, tras desnudarme, me toco con derrame sin ir a comprobar después, por timidez, en qué se empleaba la mirona al término de mi manejo.      

jueves, 24 de noviembre de 2011

El gran fantasma


                                   



El éxito de las formas instaura el diente profético.


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Fotografía: Juan Carlos Domínguez 

martes, 22 de noviembre de 2011

El martirio de Santa Cecilia de Stefano Maderno













El cardenal Paolo Emilio Sfondrato de la Basílica de Santa Cecilia en Trastevere inició la búsqueda de la tumba de Santa Cecilia en el interior de la iglesia y el 20 de octubre de 1599 se descubrió el cuerpo entero e incorrupto. A partir de este momento, Maderno que contaba 23 años, fue comisionado para que reconstruyera el altar de la iglesia y para que realizara una escultura de Santa Cecilia en mármol.
Existen muchas teorías de cómo Maderno realizó esta obra y algunos escritores como Giovanni Baglione han manifestado que la estatua fue esculpida después de un análisis exhaustivo del cuerpo inerte de la santa. No obstante, existen otras teorías en las que se asegura que Maderno se basó en la descripción de Antonio Bosio sobre el cadáver en el momento del descubrimiento.
Maderno ha sido reconocido mayoritariamente por esta escultura, la cual exhibe naturalidad y ninguna postura teatral o establecida; de hecho es una reconvención a las complicaciones Manieristas, a las cuales Maderno confrontaba mediante el uso de un perfil dramático y una pose rígida y sin vida. De acuerdo a los convenios artísticos de la época, esta no era una representación inmaculada de un santo, sino una expresión gráfica de un cuerpo incorrupto, que revela su postura original. Maderno culminó la obra en torno a 1600.
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Wikipedia



sábado, 19 de noviembre de 2011

lunes, 14 de noviembre de 2011

Y siguió la fiesta

"Desde buen principio, Pierre Drieu La Rochelle y André Malraux fueron adversarios políticos, pero nunca dejaron de ser amigos; en 1943, Drieu La Rochelle se convirtió en padrino de uno de los hijos de Malraux. Asimismo, el résistant Jean Paulhan nunca rompió sus lazos de amistad con el escritor colaboracionista Marcel Jouhandeau, ni siquiera cuando la esposa de éste denunció a Paulhan a la Feldgendarmerie, la policía militar de la Wehrmach. También se estableció un acuerdo tácito entre el escritor colaboracionista Ramon Fernandez y Marguerite Duras. Fernandez vivía un piso más arriba que Duras en la rue Saint-Benoît, en Saint-Germain-des-Prés, y nunca informó de las reuniones de la Resistencia que se celebraban en el apartamento de la escritora. Al mismo tiempo, Duras intentó ignorar las ruidosas reuniones de fascistas que tenían lugar en casa de Fernandez los domingos por la tarde. De hecho, incluso compartían la mujer de la limpieza.”

Alan Riding, Y siguió la fiesta. La vida cultural en el París ocupado por los nazis, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2011.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Dos en uno

Volvió a suceder. El tipo que creía único, devino doble. Otras veces quedaba la duda: individuos fugazmente avistados cuyo aspecto anodino cuestionaba su singularidad. Pero ayer en la televisión, en uno de esos reportajes de carácter electoral aparecieron, uno al lado del otro, los que hasta ese momento consideraba una sola persona. Estaban ahí de pie, igual estatura, igual corpulencia, igual edad, ambos con la cabeza rasurada. Pero no era un fenómeno óptico; pregunté a mi compañero de barra, un mallorquín ducho en esto de la política, y me dijo que se trataba del Presidente del Senado y del Consejero de Interior del Gobierno Vasco. Qué cosas, tendré que prestar mucha más atención, a partir de ahora, a este trabajito de inventariar a la gente.    

domingo, 6 de noviembre de 2011

Formas

“En la preparación de las formas, que comúnmente llamamos hostias, es de notar una particularidad, que en un Concilio Toledano que se celebró en Peñafiel, año de 1302, se manda que las formas con las quales se ha de dezir missa y consagrarse, se hagan por mano de los mismos sacerdotes, o a lo menos se hagan en su presencia. Lo ordinario es hazerlas los sacristanes, y según esto parecería indecencia si las hiziessen los suplicacioneros o las mugeres, aviendo otros que las sepan hazer.”

Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la Lengua Castellana o Española, Madrid, 1611.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Es el picudo

No puedo parar de reír cuando recuerdo a mi amiga Paqui presentándome a su hija y precisando: “la operamos hará un par de meses y aún tiene la nariz enrojecida y algo hinchada en la base”. ¿Cómo sería antes de la intervención? Nunca había visto nada igual. Miento. En un capítulo memorable de la serie Frasier una familia de narigudos pone en un aprieto a los hermanos Crane que no pueden contener la risa ante el desopilante plantel. Sin embargo, en esa secuencia, hay alguien, ¿la empleada de hogar?, a la que tamaño espéctaculo le deja indiferente. A eso voy. ¿Cuántas personas se habrán cruzado en mi vida que ante un tipo con una nariz de taladro y aires de normalidad han sido incapaces de soltar una carcajada? Es gente sombría y de muy limitada inteligencia la que no se ríe del prójimo cuando este exhibe sus deformidades como atributos propios del común de los mortales.     

martes, 1 de noviembre de 2011

Granizado de sangre

La ornitología de campo es una ciencia que permite adentrarse en el conocimiento de la conducta de las aves. Parecería que el comportamiento de una especie en un territorio no iba a deparar, tras años de estudio, nuevos argumentos. Pero no es así. De hecho no fue así el 6 de febrero de 2009 cuando un bando de hambrientos buitres leonados bajaron de los cielos para abalanzarse sobre las vísceras de un ciervo, en la umbría de la Peña Oroel, en el prepirineo oscense. Había nevado, mucho, y las vísceras tiñeron de rojo la nieve en la que quedaron envueltas. Acabado el festín, remontando ya el vuelo el grueso del grupo, seguían posados algunos ejemplares que rebuscaban, concienzudos, alguna piltrafa. Mas su actividad era más amplia. Se comían la nieve. Tragaban con fruición la nieve que había permanecido en contacto con los riñones, pulmones e intestinos. (Fotografía: Archivo Fran Ferrer)     

jueves, 27 de octubre de 2011

Obituario

Me pidieron que escribiera unas líneas acerca del que fuera director del Centro Pirenaico de Biología Experimental (C.S.I.C.) recientemente fallecido. Se trataba de editar un opúsculo que recogiera los recuerdos de los que lo habían tratado; dije que mi paso por el Centro fue fugaz, pero insistieron; al final, el texto no les debió de gustar, y no se incluyó. Este es: 


Don Enrique Balcells Rocamora, “El Doctor”.

Siempre dio la impresión de que estaba fuera de lugar, de que llegaba tarde o de que llegó allí demasiado pronto. Doctor en Ciencias Naturales cuando lo que se llevaba era la biología; célibe casto en caminos recorridos por la promiscuidad; cazador de postas y mostacilla cuando ya había llegado el conservacionismo; catalán sin acento, obligado a la inmersión; persona de posibles en terreno de furibundo socialismo; crédulo en el siglo de la incredulidad; triste caballero barcelonés desarraigado y débil. Difícil será recordarlo fuera de sus reductos de piedad y de los paseos por la ménagerie de su centro de investigaciones. Muchos se beneficiaron de él, y él sabía que tampoco así lograba la fidelidad completa. Parece pues lógico esperar que algunos le lloren ante la tumba y que otros se desesperen al conocer los resultados del reparto.    

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[Doctor Grasa en Familias como la mía. Pág. 137 y siguientes] 

miércoles, 26 de octubre de 2011

Casualidades

La casualidad, sin duda la casualidad, hace que se encadenen de modo endiablado determinadas circunstancias. Veo que en el manual Los libros esenciales de la literatura en español (Lunwerg, 2011), de Ignacio Echevarría, se incluye El estrangulador (Mondadori, 1994) de Manuel Vázquez Montalbán. La referencia a esta novela, como en el total de las cien que conforman el censo, se sustancia en una sinopsis y en la reproducción de la cubierta. Destaco, en la sinopsis, el párrafo ‘el delirante monólogo que desde su celda de manicomio endereza Abel Cerrato, alias el Estrangulador de Boston...’ y, en la cubierta, el cuadro “Dánae” de Gustav Klimt. Cuando en 1970 regreso, temporalmente, a Barcelona, oigo comentar que Vázquez Montalbán, al que no conozco personalmente, celebra mi reincorporación a la ciudad prodigiosa con la escritura de un texto titulado ‘Volvió Lerín’, siendo ese año cuando redacto el poema ‘Profesora y alumna’ y su corolario ‘Rinola Cornejo y el estrangulador de Boston’ (Papeles de Son Armadans, 1972) que, de forma conjunta, aparecen por primera vez en Cónsul (Península, 1987). En 2008, cuelgo en mi blog el óleo ‘Dánae’ http://ferrerlerin.blogspot.com/2008/12/dnae.html como secuela de la visión de una obra anónima, con aspecto Klimt, descubierta en las calles de Palermo en un reciente viaje http://ferrerlerin.blogspot.com/2008/12/palermo-noviembre-2008.html . Y a propósito de Abel Cerrato, y de la homofonía poco precisa, decir que en 1971 publico La hora oval (Llibres de Sinera) donde se incluye el relato ‘Murió Ferrara’, escrito en 1968, en el que el nombre del protagonista, Nitto Ferrara, quizá constituyera un homenaje anticipado al cineasta Abel Ferrara (Nueva York, 1951) que precisamente en ese año de 1971 estrenaría “Nicky’s Film”, su primera cinta.

lunes, 24 de octubre de 2011

Mundo editorial

Estoy leyendo el ensayo Gide/Barthes. Cuaderno de niebla (2011) de mi buen amigo J. Benito Fernández; en él se plantea una aproximación entre ambos autores sustentada en detalles de sus biografías. Compruebo que algunos de esos detalles forman parte también de mi biografía por lo que sugiero al editor (Montesinos) que proponga, a los familiares de escritores fallecidos que hayan tenido experiencias o experimentado sentimientos como los de Gide y Barthes, la publicación de ediciones personalizadas; se trataría de añadir una breve semblanza y una relación comentada de los pasajes compartidos. En mi caso, por ejemplo, apunto ya algunos pasajes que se me podrían atribuir.

Pág. 31 (capítulo La Madre): “Barthes lleva una vida metódica, ordenada, de escritor: se levanta a las siete, abre la casa, le echa migas de pan a los pajarillos. Y así día tras día.” Ese soy soy

Pág. 35 (capítulo La Madre): “Roland escribe: ‘Se me llenó el corazón de tristeza, casi de desesperación, pensé en mamá, en el cementerio donde se encuentra, no lejos de aquí, en la Vida.’” En mi infancia llamaba a mi madre “Vida”

Pág. 74 (capítulo Enfermizos): “Un Gide friolero. En su casa, sentado al piano con bufanda y gorro de lana o arrebujado en una bata con fular y gorro; escribiendo tocado con una boina de vuelo, chaqueta y bata. Siempre abrigado, muy abrigado.” Desde que cumplí los cincuenta años siempre tengo frío; en casa, pese a la calefacción, voy abrigadísimo y al sentarme, además, me echo una manta encima

martes, 18 de octubre de 2011

viernes, 14 de octubre de 2011

La lista Echevarría





Los libros esenciales de la literatura en español. El admirado y temido crítico Ignacio Echevarría elige las 100 novelas más importantes de los últimos 60 años. La lista empieza en Onetti y termina en Ferrer Lerín. Por en medio, aparecen los clásicos (Bioy, Cortázar, Benet, Delibes), los clasiquísimos (Borges, Sabato, Rulfo...), los que tienen Nobel (García Márquez, Cela, Vargas Llosa), los chicos de los 'prodigiosos 80' españoles (Gándara, Muñoz Molina, Álvaro del Amo), algún que otro indie de los 90 (Loriga, Fresán, Casavella) o del más acá (Fuguet, Cebrián)... Está Umbral, está Marías... Y sale Bolaño, claro. De hecho, es el único que sale dos veces (por 2066 y por Los detectives salvajes).
En la firma de la lista aparece el nombre del editor, crítico y colaborador de 'El Cultural', Ignacio Echevarría, que no es poca firma y en la cabecera del libro, su título, un poco insuficiente: Los libros esenciales de la literatura en español (Editorial Lunwerg).
Insuficiente, porque habría que explicar que la selección tiene un marco temporal (de 1950 a 2010) y que donde dice libros, debería decir novelas o casi novelas. Es decir: el momento y el campo en el que América Latina se convirtió en uno de los centros mundiales de la narrativa (a pesar de ello, en la lista hay más escritores españoles que de ningún otro país).
Al final, la selección de 100 títulos atrae por los que salen y, como siempre ocurre en estos caso, por los que no salen. El propio Echevarría, en la introducción de su selección, cae en ello.
"El lector no ha de escandalizarse demasiado si no encuentra en esta lista autores que, en un contexto sujeto a más exigencias (ya fuesen de orden académico o simplemente pedagógico), hubieran debido constar a la fuerza. Por lo demás, la selección asume abiertamente las limitaciones propias (y bien patentes) de la perspectiva con que ha sido elaborada, que son las de un lector de sexo varón, nacido en Barcelona, España, en el año 1969, con un interés más o menos continuado por la narrativa que se escribe en su propia lengua. Este interés, sin embargo, no es el de un especialista ni el de un investigador, ni se sustenta en un conocimiento de primera mano de las múltiples tradiciones nacionales aquí contempladas, ni muchos menos. Esto explica, aunque no excuse la escasa o nula representación que tienen aquí algunas de esas tradiciones. Y explica también que, en general, la proporción entre libros escritos por autores españoles y libros escritos por latinoamericanos no se corresponda ni remotamente a la que se desprendería de una selección hecha con una perspectiva más ecuánime. Hay otras desproporciones en esta lista que también pueden dar lugar a escándalo, pero no es cuestión aquí de salir al paso de los infinitos reproches que cabe hacer a un libro de este tipo, bien dispuesto a aceptarlos todos y, sin embargo, confiado en ser de alguna utilidad".

El Mundo.es Madrid 14/10/11

lunes, 10 de octubre de 2011

Suntuosidad.













Pablo de Rojas. Jesús Nazareno. Priego de Córdoba. (Aumentar el tamaño pinchando la foto)

miércoles, 5 de octubre de 2011

Dos barros de José Risueño
























Pinchar en el título de la entrada.































lunes, 3 de octubre de 2011

Doble representación temporal








Más allá de la improbable atribución a Goya de este retrato de un oso hormiguero (se abre el enlace al pinchar sobre el título de esta entrada) llama la atención la doble representación temporal del ejemplar: al fondo, duerme enrollado.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Espirituadas

























Espirituadas (endemoniadas) en la procesión de Santa Orosia. Jaca. Años veinte.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Pilar de Martingordo

























“El pilar de Martingordo recibe la visita de un hombre que abreva sus bestias. Junto a los caños se aprecia la presencia de varias figuras, probablemente mujeres. La explanada de la antigua feria ha perdido buena parte de su extensión porque se ha construido un colegio nacional. En este lugar se dice que se aparece en noches de lluvia, viento y tormenta el alma en pena de un hombre que fue víctima de asesinato. También murió aquí una joven que, al caer, se clavó los restos de un cántaro.“ (Página 83 del libro Torredonjimeno. Una mirada al pasado editado por José Madero Montero, en 2011, en esta localidad jiennense)

El Pilar de Martingordo es una fuente de origen medieval reformada en 1721. Fotografía de 1949.

martes, 20 de septiembre de 2011

El masón Corradini





"Dama con velo" de Antonio Corradini. Más que quién fue primero (el diseño del "Cristo velato" de Sanmartino es suyo) me preocupan esas manchas ¿de humedad?, ¿de sangre?

sábado, 17 de septiembre de 2011

La Fe




Dice el indispensable Antonio Erena Camacho:

“La Fe, de Luis Salvador Carmona (Academia de San Fernando), el equivalente español de Sanmartino y para mí nuestro mejor escultor del último barroco con Ruiz del Peral. La fama del Cristo Velato de Sanmartino y la Pudicizia de Corradini (también en la capilla Sansevero) debió de llegar inmediatamente a Madrid desde Nápoles, pues todos los trabajos son de 1752-53, y sería mucha coincidencia. Supongo que Carmona quiso demostrar que él también lo podía hacer.”

lunes, 12 de septiembre de 2011

Cristo velado




























Se cuenta que Giuseppe Sanmartino (Nápoles, 1720-1793) logró esta extraodinaria escultura, hecha de un solo bloque de mármol, con la ayuda del alquimista Raimondo di Sangro que calcificó en cristales de mármol la tela de un sudario.




jueves, 8 de septiembre de 2011

lunes, 5 de septiembre de 2011

martes, 30 de agosto de 2011

Nombres vulgares de algunos peces cartilaginosos

Quimera o tiburón fantasma
Tiburón bello durmiente
Tiburón alfombra
Tiburón ciego
Tiburón réquiem
Tiburón comadreja
Tiburón vaca
Tiburón volante
Tiburón zarza
Tiburón vista
Tiburón cuerno
Wobbegong
Cañabota gata
Tollo pajarito
Peje perro de nariz de flecha
Tollo cigarro
Cerdo marino antillano
Tiburón soñoliento
Suño cerebrado
Tiburón limón
Tiburón grácil
Tiburón nervioso
Tiburón trozo
Alitán viperino
Pejegato campechano
Cañabota ojigrande
Quelvacho bobo
Galludito
Tollo granulado
Tollo diente de peineta
Tollo negro elegante
Tollo lucero peine
Pailona ñata
Sapata lija
Bruja terciopelo
Galludo raspa
Angelote ornamental
Falsa pintarroja de gargantilla
Pejegato pimienta
Pejagato playero
Tiburón vitamínico
Tiburón azotador de ojos grandes
Marrajo sardinero
Solrayo

sábado, 27 de agosto de 2011

sábado, 20 de agosto de 2011

Partida doble

He ido al encuentro de la muerte y ha llegado por partida doble. Por un lado la esquela, pegada a las rejas del atrio occidental catedralicio anunciando la muerte de Gordito Relleno, compañero de tapete durante decenios y compañero de ingesta de un jamón de Trevélez y tres botellas de Dom Pérignon en una noche memorable, mano a mano, sentados en el exterior arbolado de su fábrica de cemento. Y, por otro, un ser transparente muy alto y delgado, con venas verdosas y ojos hundidos, al que llaman Semen, esperando a los peatones para explicarles quién era de verdad el fallecido, qué había detrás de la fecha de defunción, del nombre y de los apellidos; un ser transparente más cercano a la muerte que el templo vetusto y la esquela mal pegada con papel engomado. Para mí ha sido una partida doble, un encuentro doble, lo que yo buscaba y lo que ha venido, la información mural y el cancerbero elocuente. (Empiezo a creer que la atracción que siento por las notas necrológicas excede a la curiosidad por la onomástica y se debe a la necesidad de irme acomodando al mundo de los difuntos.)

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Otra referencia a ese lugar en http://ferrerlerin.blogspot.com/2008/04/una-giornata-particolare.html

Canturreos

Ha ocurrido lo imprevisto, casi lo inimaginable, José Luis Sampedro, de viaje por el nordeste de España, ha necesitado ayuda odontológica y una señora sureña le ha concertado cita con Belita, una dentista local. Sampedro, a la salida, ha comentado que Belita canturreaba por lo bajini. Nunca pude pensar, al escribir Familias como la mía, que pudiera darse un encuentro entre estos cantantes, que son inconscientes de su ejercicio de canto. (Por si alguien no lo recuerda ambas personas son nombradas de esta guisa en ese libro: “...pegado a Nora, excitado como siempre que me hallo junto a ella, escucho complacido el canturreo de mi hembra, esa cancioncilla indefinida que susurra cuando es feliz, una costumbre que sólo grandes personalidades –José Luis Sampedro, Belita, Nardo Vuelco- son capaces de mantener durante toda una vida...”)

miércoles, 17 de agosto de 2011

Iconografía 7




















“Antes, no hace mucho, mutabas a mayor velocidad; querido niño, tarreña viva, ruisseau des singes, mi rojo obús.” (Familias como la mía. Pág. 332)

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Excursionistas. Ruisseau des singes, Argelia. Años treinta.

viernes, 12 de agosto de 2011

miércoles, 10 de agosto de 2011

domingo, 7 de agosto de 2011

Diálogos 2

Diálogo entre una Gitana vieja delgada vestida con ropa blanca de ballet y su Perro pastor alemán. Paseando.


G.- Pedante.
P.- ¿?
G.- Eres un pedante.
P.- ¿?
G.- Moreno, moreno.
P.- ¿?
G.- ¿Cuánto tiempo hace que te ves reducido a esta forma de vida?
P.- (Gruñido)

[Inaudible. Se alejan]

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Santander. Frente al Casino. A las 20 horas del 5 de julio de 2011.

sábado, 6 de agosto de 2011

Iconografía 6





























“Uno de los patios de juego del Colegio Nelis en la barcelonesa calle de Calvete linda con una casita cuyo jardín (o huerto) se cierra con un pequeño muro de mampostería. La hija de los propietarios de esta casita –un matrimonio bohemio dedicado al adiestramiento de cerdos para circo- acostumbra a asomarse al patio subiéndose a un banco o una silla que, dada la escasa altura del muro, le permite aflorar medio cuerpo por encima del borde.” (Familias como la mía. Pág. 322)

Un macho de cernícalo que nos salvó la vida

El extremo derecho del parachoques de la furgona tras seccionar el cuello de Nekane y machacar la cabeza de Eneko se ensañó con la caja torácica de mi esposa Dolore y, a mí mismo, me dejó parapléjico en un respiro. Pero el grito de un macho de cernícalo al levantarse de una rama seca de un chopo me distrajo durante la maniobra de encendido del motor y supuso que la incorporación a la N 330 desde la N 240 se retrasara lo suficiente para no ser arrollados.

jueves, 4 de agosto de 2011

Cónyuges

Me invitaron a una comida campestre. Odio las comidas campestres. El calor. El sol. Un perro gigantesco olisqueándolo todo. Pero la casa quedaba a pocos metros y, en cuanto podía, me escapaba y, desde la galería, sentado en un sillón de mimbre, contemplaba interesado al grupo de comensales. La luz, tamizada por la sombra de un arce, daba al conjunto un colorido que no le correspondía, mejoraba el aspecto general y, en un momento dado, tuve la impresión de que Linda Fiorentino, con 30 años (“The Moderns”), era mi verdadera mujer y, esta, situada a su lado, una tía o madre de alguno de los presentes. No fue una ilusión óptica, Linda Fiorentino, a sus 30 años, estaba allí (era hija de no sé qué escultora) y era tan normal que fuera mi esposa (nuestro aspecto, nuestro oficio) que resultó chocante que la impresión se desvaneciera.

martes, 2 de agosto de 2011

Bibliofilia 19

Localización de dos ejemplares de una edición “supuestamente inexistente, perdida o fantasma” del Tesoro de las Tres Lenguas (1614) de Girolamo Vittori, italiano afincado en Ginebra a comienzos del siglo XVII que realizó una adaptación ampliada del diccionario de César Oudin.



La historia de la lexicografía con el español ha avanzado considerablemente en los últimos años. Por un lado, las universidades están realizando tesis doctorales sobre autores y diccionarios del Siglo de Oro o de periodos posteriores (Franciosini, Sumarán, Minsheu; lexicografía hispano-francesa, nomenclaturas hispano-latinas); por otro, las instituciones han creado instrumentos que facilitan la consulta de los repertorios de los siglos pasados, como las digitalizaciones de los Diccionarios clásicos de la Fundación Tavera, el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española de la Real Academia Española o el reciente Nuevo Tesoro Lexicográfico del Español (s. XIV-1726) aparecido en Arco/Libros. La metalexicografía, así, adquiere poco a poco materiales y estudios más amplios que ayudan a mejorar el conocimiento de la historia y la formación de nuestro léxico. Sin embargo, son aún muchas las lagunas que quedan en el análisis de algunas obras, en la determinación de sus fuentes y ediciones o en la dependencia entre unas y otras, lo cual justifica que no tengamos todavía una historia de la lexicografía completa desde los orígenes hasta nuestros días. El propósito de este artículo consiste precisamente en hacer una pequeña aportación a esta historia de los diccionarios y más específicamente a la del Siglo de Oro, mediante la localización de dos ejemplares de una edición supuestamente fantasma del diccionario de Vittori, italiano afincado en Ginebra a comienzos del siglo XVII que realizó una adaptación ampliada del diccionario de César Oudin.

La historia del diccionario de Vittori es ya conocida entre los estudiosos de la lexicografía diacrónica, pero por la enmarañada que es y por las confusiones con que aparecen citadas sus ediciones en las bibliografías merece la pena que nos detengamos brevemente en ella. Girolamo Vittori había nacido hacia 1549 en Bolonia, pero, ante las persecuciones religiosas surgidas durante la Contrarreforma, se estableció en 1567 en Ginebra por su conversión a la causa protestante. Allí pasó el resto de su vida, sin que sepamos nada de sus actividades excepto la colaboración que realizó para la publicación de un diccionario trilingüe con el español y francés, al que él añadió la traducción italiana. La crítica ha determinado, y nosotros lo hemos también comprobado, que el diccionario francés-español / español-francés sobre el que se basaron los impresores ginebrinos era el de César Oudin, lo que hace que estas dos lenguas presenten, salvo algunos ligeros cambios, pocas diferencias respecto de su fuente. Sin embargo, el añadido de la tercera lengua hizo que se publicara en posteriores ocasiones creando una rama autónoma independiente, con ediciones en 1609 (la primera), 1616-1617 (la segunda), 1627, 1637, 1644 y 1671. Esto, al menos, en lo que respecta a los datos sobre los que no hay ningún género de dudas. Ocurre no obstante que, a lo largo de la historia, debido a la confusión con las ediciones del diccionario bilingüe de César Oudin (ediciones en 1607, 1616, 1621-1622, 1624-1625, 1645, 1660 y 1675), por una parte; a erratas quizá intencionadas en alguna edición trilingüe de Vittori (1606 donde debería decir 1616), por otra; y, finalmente, a una extraña mezcla con el título de otra obra trilingüe similar, del llamado anónimo de Trognesio, debido a todo esto, pues, ha resultado un conjunto de informaciones cruzadas en catálogos y bibliografías, donde la autoría de cada uno de estos diccionarios no resulta nada clara. Si a esto añadimos además otras complejidades, como los problemas de exportación de las obras ginebrinas por su defensa del calvinismo, que daban lugar a falsedades en los datos de imprenta y a otras tácticas encubiertas, y la existencia de emisiones con diferentes pies de imprenta según sea la portada de la primera o segunda parte del diccionario cuando dos o más libreros distintos compartían los gastos de impresión de la obra, podemos comprender todavía más justificadamente los deslices que encontramos en los catálogos. Esta maraña bibliográfica ha provocado que un estudioso como el profesor Bruña Cuevas (2007) haya realizado una reciente comunicación para determinar qué ediciones de las indicadas en BICRES deben considerarse de Vittori y cuáles de Oudin, ya que BICRES, como bibliografía de bibliografías, recoge las fichas de anteriores repertorios y vuelve a transmitir, conforme a sus fuentes, contradicciones y atribuciones indebidas.

El Tesoro de las tres lenguas francesa, italiana y española, aparece atribuido en BICRES
II unas veces a C. Oudin (ediciones de 1616, 1617, 1627 y 1677) y otras a quien creemos es
su verdadero autor, Girolamo Vittori, figurando incluso asignada alguna de sus ediciones a
ambos lexicógrafos. En nuestra opinión, esta doble atribución de autoría deriva de la
conjunción de dos factores: por un lado, la fidelidad de Niederehe a las fuentes bibliográficas
que le han servido de base; por otro, la confusión que reinó durante mucho tiempo en torno a
este diccionario, la cual no podía por menos que quedar reflejada en las fuentes que Niederehe
transcribe (Bruña Cuevas 2007: 118).

Junto a estos numerosos problemas bibliográficos indicados, aparece otro más que es en el que queremos nosotros centrarnos: la existencia o inexistencia de una supuesta edición del diccionario trilingüe de Vittori impresa en Amberes en 1614.

Nicole Bingen, que estudió con detalle los problemas citados de este diccionario y llegó a hacer una tabla con de sus ediciones (Bingen 1987: 236-237), y Annamaria Gallina (1959: 227-246), que también analizó el Vittori en su trabajo sobre la lexicografía bilingüe italo-española, conocieron la referencia por la que se citaba esta supuesta edición, pero la consideraban inexistente, inencontrable, noticia fantasma.

Que Peeters-Fontainas no la señalara no ha de verse sin embargo con extrañeza. Excelente bibliófilo y bibliógrafo, recopiló una de las mejores bibliotecas hispánicas en su residencia de Lovaina, hasta que fue dispersada tras la venta en Sotheby’s en 1978, y ciertamente describió con rigor todo aquello que vio; pero de aquello de lo que no tuvo ejemplar o no pudo ver en bibliotecas o a través de microfilm, no dio descripción. Es el caso que esta supuesta edición de Amberes, 1614, existe. Pero es tan sumamente rara, parecen existir tan pocos ejemplares, que, con nuestros esfuerzos y los medios informáticos actuales, tras realizar las búsquedas pertinentes en los catálogos colectivos de España (CCPBE, REBIUN, BPE y Catálogos Colectivos de las Comunidades Autónomas), del Reino Unido (COPAC), Suiza (RERO), Alemania (GBV), Francia (CCFr), Italia (ICCU), el metabuscador de la Universidad de Karlsruhe (KVK) y Worldcat, y en los ficheros manuales de la Biblioteca Nacional de España, de la Universidad de Ginebra y la Universidad Complutense, sólo hemos conseguido localizar dos ejemplares: uno en Tours, en la Université François Rabelais, Faculté de Lettres, Service de la documentation, que perteneció a Ferdinand Brunot, FB941, y otro en la Biblioteca Histórica “Marqués de Valdecilla” de la Universidad Complutense de Madrid, colección de Filología, FLL 10685. Con todo, es de suponer que más ejemplares existan en bibliotecas privadas o se localizarán en el futuro tras la recatalogación de fondos de las bibliotecas públicas, pero por el momento son sólo estos dos de los que podemos dar cuenta.

El análisis del ejemplar de Madrid nos ha deparado con todo alguna sorpresa. Encuadernadas las dos partes que lo forman en un solo volumen, el ejemplar fue “De la librería del Colegio Imperial de la Compañía de Jesús de Madrid” y se trataba de un “duplicado”. Buena parte del cuerpo está deformado, tiene algunos cuadernos con hojas muy arrugadas y en ocasiones plegadas, quizá por una mala posición en la estantería, pero no afecta a la legibilidad del texto. El texto, sin embargo, como vamos a ver, es bastante menos relevante en este libro que su importancia bibliográfica. Efectivamente, podría pensarse que esta edición de Amberes contiene diferencias sustanciales o innovaciones en el texto con respecto a las impresas en Ginebra, al ser un lugar de edición distinto (todas las ediciones, de 1609, 1616-1617, 1627... se imprimieron en Ginebra). Sin embargo, confrontando esta de 1614 con la anterior de 1609, de la que también hay un ejemplar en la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense, proveniente también del Colegio Imperial de los jesuitas, no hay duda de que ambas son la misma. Es más, se puede observar que se trata del mismo texto en las dos con exactitud, de una misma nomenclatura con idéntica macroestructura y microestructura, mismas disposición por página, mismas separaciones de palabras, etc., con diferencias únicamente en las portadas: las de la segundas partes de 1609 y 1614 son exactamente iguales, salvando la mención “A GENEVE, Par Philippe Albert & Alexandre Pernet” (1609) frente a “A ANVERS, Par Corneille Lectin” (1614); las de las primeras partes disponen las palabras por renglones de la misma manera, y sólo se distinguen, como arriba, por los pies de imprenta y por una marca de impresor distinta: en 1609 la personificación de la Fama tocando la trompeta dentro de un óvalo vertical y a sus pies el globo del orbe y la virtud, y una serpiente a cada lado, y, en la de 1614, un áncora y delfín y el lema: “Festina Tarde”. Hay que indicar, no obstante, que la disposición del título en la página es la misma en ambas y que el tamaño de la xilografía de la portada también, lo que pudo haber favorecido la sustitución de uno por otro al componerse la página.


Lo descrito nos da por tanto la explicación de lo ocurrido: se trata de dos emisiones de una misma edición, con cambio de portada. La impresión de un pie falso que indicara “A Anvers” se justificaría por el propósito de despistar la censura inquisitorial al exportar los ejemplares (en España las ediciones impresas en Ginebra eran especialmente perseguidas; en los Países Bajos meridionales la jurisdicción caía bajo la Universidad de Lovaina): Amberes era así un «nome fittizio, como Cologny, dato che moltissime opere del '600 stampate a Ginevra portano appunto come luogo "Anvers"; e il motivo è sempre da ricercarsi nelle limitazioni all'esportazione di libri dovute alle lotte religiose» (Gallina 1959: 238). El cuerpo del diccionario con fecha de 1614 es el mismo del de 1609, pero, para remozarlo y evitar confiscaciones, se añadió una portada con una marca nueva a la primera parte, la más visible, y se imprimió igual la portada de la segunda parte cambiando allí sólo el pie antiguo de Ginebra por este nuevo de “Amberes”. Teniendo por tanto en cuenta la falsedad del lugar de impresión, la búsqueda de un supuesto impresor o librero llamado “Corneille Lectin” no debe ser vista tampoco como existente, y de hecho ni en los catálogos colectivos citados arriba, ni en el repertorio de impresores de Mellot y Queval de la Bibliothèque nationale de France figura alguien llamado así. Que estos ejemplares se pusieran a la venta en 1609 o en 1614 es algo que escapa ya a nuestro conocimiento.

La supuesta edición de 1614 (emisión, por tanto) resulta, pues, similar en todo a los avatares que encontramos en las otras ediciones del diccionario de Vittori, en los que a veces aparece el nombre de “Cologny” como lugar de edición (lugar cercano a Ginebra, casi hoy unido a la aglomeración urbana de la ciudad), o “Cologne” (con que se pretendía despistar de nuevo a los censores, haciéndola pasar por libro impreso en Colonia, Köln). Además, hemos observado que, en algunos otros ejemplares conservados, el lugar “A Cologni” ha sido tachado con un tampón o unos signos de imprenta, y ha sido sustituido por una nueva estampación manual con tipos menores que dice “A Geneve” (así en algunos de las distintas ediciones que se conservan en la Biblioteca Nacional de España), lo que muestra de nuevo los enormes problemas bibliográficos con que se encuentra el investigador del libro actual al tratar este diccionario.

Podemos concluir, en definitiva, que las ediciones del diccionario ginebrino fueron las siguientes: 1609/1614, 1616-1617, 1627, 1637, 1644 y 1671. Puesto que desde 1627 se le añadió una tercera parte con italiano-francés-español basándose en el diccionario de La Crusca, se puede afirmar que nos encontramos ya con un diccionario diferente del bilingüe hispano-francés de César Oudin. La adaptación realizada por Vittori y los impresores de Ginebra configuraban ya una rama autónoma con respecto al diccionario que le había servido de fuente.


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Artículo publicado en Res Diachronicae, revista de la Asociación de Jóvenes
Investigadores de Historiografía e Historia de la Lengua Española (AJIHLE), ISSN: 1887-
3553, vol. 6, 2008, pp. 105-110 y en red: .

Luis Pablo Núñez. Facultad de Filología. Departamento de Lengua Española y Teoría de la
Literatura y Literatura Comparada. Universidad Complutense de Madrid. Avda. Complutense,
s/n. Edificio B. 28040 Madrid.

lunes, 1 de agosto de 2011

Myakka






Hoy se cumplen diez años del hallazgo, en las Gradas de Soaso (provincia de Huesca), del cadáver despedazado del fotógrafo zaragozano Marcos Gálvez Úñez. La única instantánea que se pudo recuperar de su cámara muestra lo que parece ser un gigantesco primate ¿batiéndose en retirada tras perpetrar un ataque?

viernes, 29 de julio de 2011

Hombres que andaban sin parar

“Viajábamos en grupo o individualmente, y en todas direcciones. Hubo quien nunca volvía y quien regresaba dos veces.”


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Hombres que andaban sin parar. Míster Sediento. Lérida. Sícoris Ediciones. 2006.

jueves, 21 de julio de 2011

Hechos notables

Mi abuelo materno anotaba la fecha del primer día de uso en el sobre que envolvía individualmente las hojas de afeitar (IBERIA).

Oí contar a mi padre varias veces que un tío suyo se echaba alcohol en los ojos todas las mañanas para fortalecerlos.

A mediados de los sesenta me perdí durante una prospección ornitológica por el Delta del Ebro dada la inexistencia de indicadores y la similitud de los caminos. Entré en un par de poblachos sin nombre con la esperanza de que pudieran orientarme pero no lo conseguí; sus habitantes (mujeres y viejos, a aquella hora del día) corrieron despavoridos a encerrarse en sus barracas al ver aparecer nuestro coche.

En Monegros, en 1982, un pastor al que le mostramos las ilustraciones de un manual de ornitología de campo para ver si identificaba algunas aves rapaces diurnas que sospechábamos podían nidificar en la zona respondió, rápido, sin inmutarse, que pájaros tan pequeños no los había por allí.

Y, en Valdepeñas de Jaén, en 1986, tras irrumpir en la plaza dos coches de ornitólogos alemanes y bajarse de los mismos cinco de ellos hablando en su lengua, se pudo oír a un crío del pueblo, cuando me dirigí en español a uno de los alemanes bilingües, proferir un grito tranquilizador: ¡son humanos!

domingo, 17 de julio de 2011

Confusión




Creía que era Castilla del Pino
a quien fotografiaba en este
grupo de amigos.




jueves, 14 de julio de 2011

Diálogos 1

Diálogo entre Alfred Hitchcock y François Truffaut acerca del filme Sospecha.

A.H. ¿Le gusta la escena del vaso de leche?
F.T. Cuando Cary Grant sube la escalera, está muy bien.
A.H. Hice que pusieran una luz en el vaso de leche.
F.T. ¿Un proyector dirigido hacia la leche?
A.H. No, dentro de la leche, dentro del vaso. Porque era necesario que fuera sumamente luminoso. Cary Grant sube la escalera y era preciso que no se mirara más que a ese vaso.
F.T. Estaba muy bien, realmente.

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François Truffaut, El cine según Hitchcock, traducción Ramón G. Redondo, Cine y Comunicación. Alianza Editorial, Madrid, 2001, págs. 134-135.

sábado, 9 de julio de 2011

LA DAMA QUE VIVE

La dama que vive frente a mi burdel
es alta, trigueña, de buen caractel.
Tras entrar silente por el tragaluz
intento besarla junto a la testuz.
Iracunda pugna por librarse de
mis brazos morenos que a ella aferré.
Rodando desnudos por sirio tapiz
contrato a la coima mercar su desliz.
El befo solemne que adorna su tez
la garduña entera excita a la vez.
Así mis caudales espero medrar
si salud el buen Dios decide otorgar.

Popular





La dama que vive cruzada la calle penetra el seto frontal por la puerta en arco. Aseguran que estuvo invitada a la boda del Duque de York y al bajar del cycle-car anoto su pergeño noble. La pierdo al doblar el porche pero su estela permanece en mis retinas soñolientas. Son las doce del mediodía. Aprieto el timbre y aparece Cri-cri con el desayuno y la prensa. Muerte de Valenzuela como secuela del encono Guerra-Estado. Auge de el Raisuni por el mismo motivo. Decido tomar un baño antes del desayuno. Cri-cri servil retira los bollos y el café con leche y echa un chorro de Colonia Añeja en la templada bañera. Un hombre nuevo. Iré de compras. Quizá un perfume prepare a la dama.

La noche corteja mi sombra en la altura de la glorieta. Desde aquí la diviso. A veces sólo es la silueta si se interponen los visillos. Pero en cambio dichoso la veo entera cuando se ha sentado frente a su bufete. Arranco unas gardenias y enmarco la caja primorosa de Origan d’Or Francy. Avanzo. El jardín crepita malicioso bajo mi charol. Estoy adosado a la cristalera con el corazón pegando fuerte y la vista extasiada ante mi bella. Llegó de la embajada y no parece vencida por el cansancio. Quizá negó el palique y ausente paseaba por la balaustrada norte. Pensativa pues con las perlas abandonadas entre sus líquidos dedos. Repaso el atuendo. Vestido de crespón “georgette” color gris perla guarnecido con bandas fruncidas. Golpeo el vidrio. Horrorizada se endereza y su rodilla derecha golpea el maderamen. Dolorida y agachada recula hacia el centro del cuarto. Temo que grite y entro rápido tapando su boca con la seda y ella se desmaya sobre el lecho. Estoy aquí. De pie junto a mi dama. Meditando qué voy a hacer. Decido besarla. Coloco las dalias en el búcaro y el perfume en la mesita. Me acerco. Le saco los zapatos de chapa niquelada y la extiendo longitudinal sobre la colcha. Lleva dos anillos lisos y un brazalete de asta de búfalo. También un collar en doble recorrido de perlas japonesas. Fuera abalorios. La falda es doble en las partes delantera y trasera a modo de un delantal. Juego con los rizos laterales que rozan sus orejas de naipe. Alzo su brazo derecho y contemplo la encantadora axila depilada y el origen del seno breve. No venzo la inclinación y acaricio su cuerpo a través de la generosa abertura lateral. Va desnuda debajo. Estoy enormemente excitado. Mi mano llega a un extraño lugar donde acuden los jinetes en sus correrías por la lejana Extremadura. Hojas de geranio y pinchos de rosal en ese punto que me desconcierta. Debe de estar a unas pulgadas del esternón pero no corresponde a nada de lo que conocí. Me cuesta retirar el brazo. Está trabado a ese alto nido con calor de verano. Logro desasirme y la mano roja y pegajosa me duele enormemente. Voy hacia el piano. Aparto a Paderewski. Me siento. Ante mí el teclado. Quisiera conseguir la octava. Ahora. La obtengo. El dolor cede. Me invade algo extraño. Corro hacia ella. La falda interna es tubular pero permite el paso. Suerte del abrebocas. Lo coloco dos metros arriba de las rodillas. Se forman hematomas instantáneos. Pero a mí qué me importa. Recorro holgado el túnel. Cámaras donde se me reconoce. Cámaras donde se me considera. Numerosas antesalas con los muslos flanqueando. Ahora el espacio se ha reducido tanto que no permite el paso a una persona. Doy más vueltas al abrebocas. Al máximo. Suena un grito desgarrador. Creo que cedió la tela. He llegado al fin. La tumba de Tut-Ank-Ammón. Abracadabra. 1 de enero de 1942. Todo se mueve. Gritos. Procedo rápido. Al principio la resistencia de siempre. Luego. El paraíso. No puedo estar más rato. Un gran desbarajuste a nivel de dirigentes. Forcejean entre las columnas. Golpes y palancas para soltar la traba. He de salir ya. Están consiguiéndolo. Un último estertor en la mansión cálida de mi pasión. Han extraído el abrebocas. Es cuestión de segundos. Frasco de sales. La levantan. Saco la cabeza. Me oprimen tanto que me sofocan. Paredes peludas que asfixian. Ella despierta. Lleva sus manos hacia mí. Levanta la tela. Ojos desorbitados y dolor en su rostro cuando aúlla la plebe en este crepúsculo. Me ahogo. Sus manos de hierro estiran mi cráneo. Me muero. La hermosa enseñando su sexo lascivo orlando mis restos. La rata. La rata. Y cae de nuevo. Esta vez sin vida. Y yo en su recuerdo.



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Un texto de 1970 publicado en La hora oval (1971) al que ahora, rebuscando en la biblioteca, se le descubre un antecedente: tres versos del libro Déchirures (1954) de Joyce Mansour:

Sólo una rata
Abría paso
A un sexo

[Traducción de Aldo Pellegrini en su Antología de la Poesía Surrealista (1961)]


jueves, 7 de julio de 2011

Léxico

Don Ramón Joaquín Domínguez en la cuarta edición de su Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española [el más completo de los léxicos publicados hasta hoy, impreso en Madrid en dos tomos (1850 y 1851) en el Establecimiento Tipográfico de Mellado, calle de Santa Teresa número 8] da la siguiente información respecto al buitre:

BUITRE, s. m. Ornit. Ave de rapiña, indígena de nuestro suelo, de dos ó tres piés de altura, de pesado vuelo, y enteramente negra. Vive en cuadrilla con las de su especie, alimentándose de cadáveres, único cebo y repugnante pasto capaz de satisfacer sus feroces instintos.

BUITRERA, s. f. El paraje ó sitio en que los cazadores tienen armado el cebo con carne para sorprender y alucinar al buitre. = Estar ya para buitrera; fras. fam. Dícese de la bestia flaca y estenuada que está próxima á morirse, y ser alimento de buitres. = por est. fig. vulg. Estar una persona sumamente escuálida, en esqueleto, etc.

BUITRERO, A, adj. Lo perteneciente ó relativo al buitre. = s. m. El cazador de buitres, ó el que los ceba en las buitreras.

CEBO, s. m. Alimento, comida, pasto que se da á los animales para engordarlos, criarlos ó atraerlos.

CEBAR, v. A. Poner comida en algún paraje á donde se quiere atraer animales con objeto de cazarlos. [1ª acepción]

domingo, 3 de julio de 2011

Respeto e ignorancia

En ese trance final en el que el editor te entrega las pruebas para que les des el repaso definitivo se agradecen todo tipo de apoyos y no fue el menor de ellos el comentario acerca de la última parte de la novela: “nabocoviana” dijo en voz baja pero no lo suficiente para que no lo oyeran la correctora y la de los derechos de autor. Ahora, por respeto a quien va a permitir que publique en colección tan señalada, no me atrevo a incomodarle demandando más precisión, que me dijera (o que incluso diga en voz alta o semi alta) qué pasajes le parecen nabocovianos y, dentro de esta categoría, qué tipo de nabocovianidad es la que reside en ellos: me refiero a si ve reminiscencias de la noción de avance, de trayecto, de viaje, si considera enmarañado el desenlace, con ese enmarañamiento que Nabokov sabe urdir para que el lector se esfuerce algó más de lo acostumbrado, casi algo más de lo aconsejable, o, si mi pasión por las aves y el póquer tuvieran algo que ver con mariposas y ajedrez. Aunque lo que preferiría es que me tildara de nabocoviano por la inteligente construcción del dictado o incluso por el desdén con que trato la definición de los personajes. Mas nunca lo sabré.

viernes, 1 de julio de 2011

Cautivado, sorprendido y absorto

Sí, cautivado durante la primera parte de la velada por la belleza de sus senos que mostraba intermitentemente cuando el vestido caía hacia adelante hasta que le daba un tirón a la parte trasera. Fascinación que se mantuvo, así de modo entrecortado, a lo largo de las dos horas de la cena; ella situada exactamente frente a mí y aceptando que yo le mirara esa parte cada vez con menos disimulo envalentonado por la cadencia de los periodos a medida que resultaban más descompensados, a favor, en el tiempo, de los de bajada delantera del vestido.

Sí, sorprendido en la segunda parte de la velada, cuando se levantó de la mesita del pub y, con total desparpajo, al tiempo que nos decía voy yo a la barra qué queréis, giraba sobre su eje longitudinal y mostraba, me mostraba en especial a mí que estaba otra vez enfrente, y ahora a muy pocos centímetros, un espectacular culo, grande, esférico, turgente, que daba la sensación de ir a reventar los vaqueros que, por otra parte, no imaginaba de qué talla serían y, este cálculo, deformación profesional de mi trabajo de toda la vida (ahora estoy jubilado), ocupó de tal modo mi mente que no fui capaz de atender otros detalles posteriores como que sus piernas rozaran las mías, que nuestra manos chocaran sobre la mesa al coger los vasos de gintónic o, al salir nosotros los primeros, mi mujer y su marido entretenidos en quién pagaba la cuenta, cuando intentó desabrochar mi pantalón y al tener los dedos ateridos por el violento frío de la noche optó por restregar contra la portañuela sus senos y su cabeza.

miércoles, 29 de junio de 2011

lunes, 20 de junio de 2011

FÁMULO FERRER LERÍN

Como todos los poetas, Francisco Ferrer Lerín, mantiene una ocupación paralela y, a
primera vista, alejada de la dedicación poética; una dedicación intensa a lo que
podríamos llamar “las ciencias de la vida”, una rama de las ciencias naturales que tiene
como objeto el estudio de los seres vivos y, más específicamente, su origen, su
evolución y sus propiedades.

Fiel a los objetivos de las ciencias de la vida, el poeta Ferrer Lerín decidió, a finales de
1976, dedicar su tesis doctoral a la extracción y el análisis de los ornitónimos –los
nombres de los pájaros– contenidos en el Diccionario de Autoridades, publicado entre
1726 y 1739, el primer Diccionario de la lengua castellana editado por la Real Academia
Española y la primera actividad ilustrada del país, tal vez la única. Y aunque la tesis no
se llegó a realizar, daba cuenta de la verdadera dedicación del poeta: la clasificación.
Ferrer Lerín es un magnífico clasificador. La clasificación es una disposición
fundamental del saber que ordena el conocimiento de los seres según la posibilidad de
representarlos en un sistema de nombres. Podríamos afirmar que el orden y la
clasificación de los pájaros se distingue muy poco del orden de las palabras que
conforman un poema.

La clasificación es la primera tarea a la que el hombre se dedicó después de contemplar
y observar el mundo concreto de su alrededor. Clasificar tiene como objetivo ordenar la
diversidad de las formas del mundo, dividiéndolas en un conjunto de cosas y
asignándolas a una determinada clase o grupo, para arrancarlas del caos en el que se
manifiestan. Como hace la poesía. La clasificación es la forma más representativa del
pensamiento salvaje, que es la herencia de una larga tradición científica que supone
siglos de observación activa y metódica. El pensamiento salvaje es un pensamiento
científico en el que la percepción y la imaginación se confunden: hay dos vías científicas
diferentes: una próxima a la intuición sensible que Levy-Strauss denomina “primera” o
salvaje y la “propiamente” científica.

El científico salvaje y clasificador –es decir nuestro poeta Ferrer Lerín– no sigue la
línea recta; sigue los rebotes inesperados de la pelota cuando retorna a la pared, los
vericuetos del animal que divaga, o el movimiento del caballo que se aparta para evitar
un obstáculo. Las curvas, los laberintos, las espirales son formas más próximas al
pensamiento salvaje que la línea recta, sin atajos y por el camino más corto. La línea
recta es un icono de la sociedad moderna y ha servido para caracterizar el progreso y
oponer los circunloquios de la tradición oral a la rectitud de las anotaciones escritas.

Cuando el salvaje clasifica se fundamenta en la observación, en la observación de lo
concreto y en la imaginación, mientras que el científico lo hace en la abstracción y en el
principio de contradicción. Para el salvaje, y para el poeta, sin embargo, el principio de
contradicción no existe, puesto que cualquier proposición y su negación pueden ser
verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido.

De todo ello se deduce que la clasificación del pensamiento “primero” se basa en el
principio de analogía y semejanza, –en lugar del principio de identidad y diferencia–
principios que dependen de la observación de lo concreto y de los contactos entre todas
las cosas del mundo que la imaginación reconoce y afirma. Y aquí, en la poesía de
Ferrer, hay un estupenda identificación entre el pensamiento poético y el pensamiento
“primero”.

Una de las ocupaciones de Ferrer, y una constante en su obra, es en efecto la
observación de las especies salvajes por la diversidad de las cualidades sensibles que
ofrece a la observación, y que exige poner en relación unas cualidades con las otras; las
especies domésticas, en cambio, cesan de estimular la atención del poeta, puesto que
están sometidas al único objetivo del rendimiento. Aquí, el poeta ferrer, reencuentra al
Rousseau de las Rêveries du prommeneur solitaire, al Linneo del Sistema de la
Naturaleza y a Buffon, pero tambien a Virgilio, a Lucrecio, a Teócrito y a Borges, que
por el estudio de la naturaleza se realiza un verdadero ejercicio del pensamiento y una
auténtica composición poética.

Es esa manía clasificatoria del pensamiento “primero”, la que practica Ferrer Lerín en
sus libros. Tanto en los científico-filológicos como en el Bestiario, como en los
poemarios De las condiciones humanas o en Cónsul, como en el inclasificable Papur; en
todos esos libros la mente divaga y transcurre por laberintos, túneles y espirales y
puede quedarse inmóvil observando el movimiento de las aves o el portear de las
hormigas.

En los libros de Ferrer todo parece confundirse e identificarse: los humanos con los
animales, los animales con sus nombres, los nombres con la memoria, la memoria con
los hábitos domésticos, los hábitos domésticos con las personas y las personas con las
cosas, puesto que para Ferrer Lerín hay algo de todo en cada cosa. Creo que el que haya
de todo en cada cosa es el lema, tal vez, de su poesía.

Que haya de todo en cada palabra, podríamos rectificar, porque estamos hablando de
un poeta y el poeta trabaja con las palabras –como ese fámulo cuidador de las
palabras– y las palabras con que trabaja Ferrer Lerín son extrañamente poco poéticas,
como en cambio lo son las palabras con que trabaja Rubén Darío o Juan Ramón o
Claudio Rodríguez. Las de Ferrer son del acervo común, también lo son las de Darío,
Jiménez o Rodríguez, pero las de Ferrer Lerín no tienen una tradición poética, no
remiten a estados de la conciencia digamos “excepcionales”, ni son necesariamente
elegantes, ni áulicas, ni su objetivo es la belleza formal. Sus palabras son las que todos
usamos todos los días: ceremonia, centenario, duende, ventana, iglesia o vientre; y sin
embargo, leyendo a Lerín, y reconociendo las palabras en su inmediatez, todas ellas
abandonan el lugar que ocupan normalmente en el orden inmediato de las cosas y se
cubren de una extrañeza que nos deja algo perplejos y algunas veces asombrados o
violentados; puesto que todas las palabras que configuran el poema, sin dejar de ser lo
que son, nos remiten a otro orden de la realidad que no niega a la real, sino que la
expande, la amplía, la violenta a veces, y nos sitúa a nosotros lectores, en un lugar que
no acostumbramos a frecuentar y que a menudo desconocemos, pero que el poema,
como una topografía, nos ayuda a penetrar en él y a quedarnos allí, en aquel lugar, a
pensar, a recordar, a analizar, a comparar lo que sabemos con lo que estamos
descubriendo. Y ciertamente descubrimos, no un mundo nuevo, pero si otra manera de
estar en el mundo y de contemplar lo que tenemos alrededor.



MATUSALÉN, 2

¿Fueron nubes cargadas de agua, cúmulos
tan próximos al parabrís, o lejanas
montañas inéditas
en mi archivo
adolescente?
Varias veces, los tres,
en un juego dorado, frente
a la mole
blanca
o gris, alborozados,
en la carretera festiva, en eso
que luego fue
la nacional
dos, discutimos
-contemplamos la posibilidad, especulamos,
se diría hoy- acerca de, y lo deseábamos,
de que fueran
unas grandes
majestuosas nuevas montañas.
¡Qué padres para una infancia!
La dicha, los tres,
sí, así era, los tres
en el coche ¿Opel? metidos,
camino,
el domingo, y no hay razón, hacia una merienda
campestre, no sé
a qué obedece, en el horror
de mi noche
de hoy, en la soledad, en el frío, por qué
vuelves
otra vez, esa duda
feliz, de qué estaban hechas
esas formas, coliflores
de algodón, o, tal vez, orografías
de matorral, incluso
abriendo, con violencia,
los ojos,
no consigo,
que se vayan.


Esta manera desacostumbrada de estar en el mundo, que suscitan muchos poemas de
Ferrer, está estimulada por la supuesta naturalidad con que se expresa el poeta: por la
palabra común y por la expresión objetiva y racional, donde no hay lugar para la
fantasía ni para elucubración metafísica, manía a la que se entregan tantos poetas. Esto
sucede porque la poesía de Ferrer no es una imitación ni una representación de la
naturaleza, ni de la naturaleza objetiva, ni de aquella otra, subjetiva, que acostumbra a
utilizar juegos privados como metáforas de lo desconocido. Tampoco es una poesía
alegórica puesto que los términos de sus poemas no se refieren a un significado oculto y
más profundo, sino que son, simplemente, lo que dicen sin intención de decir una cosa
por la otra.

Parece, a primera vista, que la alegoría sea el recurso más común en la poesía de Ferrer,
pero no es cierto. Lo cierto es que el lector frente a la perplejidad, el asombro o la
extrañeza que le ha suscitado el poema, se detiene a pensar y a imaginar cuáles son los
mecanismos o los recursos que han ido en su ayuda a la hora de escribir el poema.
Porque no es arbitraria la selección de la palabras, ni la combinación que establecen
entre ellas, ni el resultado de esta operación intelectual, que es el poema. La selección,
la combinación y el poema final, como no es una fantasía de la libertad, es, sobre todo
una evidencia objetiva y necesaria. Necesaria para el poema, necesario para el poeta y
necesaria para el lector. Porque no hay hermetismo, pero si hay un secreto, en la poesía
de Ferrer. Un secreto a voces que, como la carta robada de Edgar Allan Poe, está frente
a nosotros y no sabemos verla. Este secreto está en la meticulosidad con que han sido
escogidas las palabras, como si cada una de ellas, a pesar de su inmediatez, viniera de
lejos, cargada con la experiencia que el autor ha ido acumulando con ellas, desde que
puso los pies en la tierra. Los topónimos, tan frecuentes, nos muestran el paso del poeta
por el lugar, con sus vericuetos, sus atajos, sus bosques y sus amanecidas. Los nombres
propios se nos acercan con las relaciones que el poeta tuvo con ellos o que hubiera
querido tener o que imaginó que tuvo algún día. Los nombres de los animales, los
salvajes, los domésticos y los imaginarios, que cruzan su vuelo con el paso del poeta,
mientras cortan el aire frío de la mañana y por la tarde emiten sonidos graves que el
poeta apenas recuerda.



INVERTEBRATA

No hay pasión mayor para los que amamos el desierto
que contemplar las nupcias de la abeja enana.
Otros, entre los que se cuentan capellanes, enfermeros
y sectores poco eficientes de lo más angosto del Protectorado
prefieren la cópula anodina de la mosca grillo y, los aún más directos,
la higiene concienzuda de la filoxera clavo o la degeneración venérea,
en sus partes blandas, del pseudoescorpión templado.
Al llegar a Erbala, un tenebrio dorsal acebrado fulmina de cruel picadura
al negroide chófer de mi todo terreno, perdido
y sin rumbo, caigo al profundo barranco llamado La Esclava donde
un mudo tropel de sanguijuelas grises
-Barbronia weberi-
acaba con mi flujo sanguíneo
y con la ventura de seguir extasiado
ante el variado plantel de especies entómicas
del kavir nigeriano.


Nombres reales, posibles e imaginarios, construidos con la imaginación y la memoria,
encontrados en alguna lápida de un cementerio abandonado, o escritos a lápiz en un
diccionario holandés del siglo XVII, o construidos en las vigilias nocturnas, mientras
los grajos trajinan entre la catedral y los abedules. He dicho que no era arbitraria la
selección de estos nombres, y no lo es porque surgen de la necesidad de ser vistos,
recordados y ordenados según su incidencia en el campo de acción del poeta Ferrer.
En la poesía de Ferrer Lerín el testimonio cuenta más que la creación. Por eso su poesía
renueva, desde lo íntimo y propio, el lenguaje y sus usos; afronta el riesgo de su salida
pública y, de este modo, escapar a la arbitrariedad y a la retórica decorativa. De ahí el
asombro y la violencia que pueda provocar en la imaginación del lector, su lectura.

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Conferencia pronunciada por el Catedrático de Teoría del Arte de la Universidad Pompeu Fabra
de Barcelona Antoni Marí Muñoz en la presentación del libro de poemas Fámulo de Francisco
Ferrer Lerín en el Salón de Ciento del Ayuntamiento de Jaca el 14 de agosto de 2010. Texto publicado en el nº 774 de la revista Ínsula (junio 2011).