lunes, 15 de diciembre de 2014

30 niñas














































30 niñas.
Leteradura. Valencia, 2014.
leteradura@outlook.com
www.facebook.com/Leteradura

jueves, 4 de diciembre de 2014

San José demediado













































Sorprendente figura de San José, partido por la mitad, en el retablo de Alonso Berruguete del convento toledano de Santa Úrsula. Fotografía: Antonio Erena Camacho. 02.12.14.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Emparedado














































Me hablaron de la calle más estrecha del mundo, y fui a verla. Viajé a la villa de Cañizares, en la provincia de Cuenca. Pero la descripción era incorrecta, no era la calle más estrecha sino la calle que se estrechaba desde hacía tiempo. Y ese era el motivo por el que acudían gentes de las apuestas, ávidas por jugarse los cuartos. Se trataba de aguantar plantado dentro, observando cómo se aproximaban las paredes y cómo crujían. Las apuestas, ya en 2006, año de la foto, eran especialmente altas, pero nada que ver con las de 2007, cuando, en la calle, en lo que quedaba de ella, apenas cabía una mano; de hecho, el tipo que se ve en la imagen regresó en febrero de ese año para incrementar el envite. Cuentan que sus herederos se hicieron ricos y que él quedó ahí, aprisionado, y que ni a pedazos consiguieron sacarlo, ni siquiera con las tenazas de la cercana herrería de Santa Cristina, la que arrendara Luis de Molina para vivir, huido, junto a su esposa Isabel de Saavedra, la hija ilegítima de Miguel de Cervantes.

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Fotografía: Fuensi.

domingo, 9 de noviembre de 2014

La estepa o quizá el desierto


Hoy ha vuelto la colina desnuda, la ladera estéril coronada por un resalte rocoso, y no ha sido durante un sueño sino en una secuencia de Hasta que llegó su hora, en ese plano general en el que miles de obreros se afanan en colocar vías de tren y Henry Fonda se aproxima pausado a Charles Bronson que talla una figurita de madera. Sé, que no lejos de allí, existe un cruce de carreteras en el que yo detenía el coche y buscaba una indicación que nadie puso; me perdía, aprendía el concepto de extravío, de soledad. Una carretera recién y mal terminada, mal peraltada, con abombamientos y blandones, una carretera de asfalto gris que no se diferenciaba, al atardecer, de las ralas y desdibujadas cunetas. La visión de hoy, cinematográfica y real, no remeda el vigor de las imágenes soñadas, imágenes que no regresarán (ya no queda tiempo), como nunca regresaron la pareja de águilas perdiceras posadas en un promontorio y aquellos huesos de cabra calcinados por el sol, esparcidos en el fondo de una vaguada polvorienta. Pensé entonces: ¿hubo aquí alguna vez rebaños, hubo gente, hubo aves? Me dijeron que la razón del sueño radicaba en mi pasión ornitológica, en la búsqueda constante de grandes especies necrófagas; pero hoy pienso que esa no era la razón, que el sueño, que la sucesión de esos sueños, era fruto de la conciencia de que ese paisaje, y mi misma vida, culminaban su término.

martes, 28 de octubre de 2014

Malas sábanas





















Nos dieron dos juegos de sábanas usadas para que duraran lo que la estancia en la finca. Pero no fue así. La ínfima calidad y la poca limpieza pasaron factura. A los dos días Víctor despertó con la espalda comida por los ácaros. A la semana hubo que amputársela. Sin espalda mal le fueron las cosas. Le puse algodón, empapado en mercromina, sujeto al pecho con esparadrapo. El remedio no sirvió, supuraba y lo echaron del trabajo. Aburrido, ocupaba las horas persiguiendo a las chinches; se convirtió, eso sí, en un hábil cazador, las envolvía en los jirones de las sábanas que se amontonaban en el suelo. Pensamos en una venta directa. Gustaban las chinches (y las liendres) en ese pueblo. Montamos un tenderete en la plaza pero descubrieron la mala calidad de los jirones de las sábanas y fracasamos. Ahora, de vuelta a casa (Víctor sin trabajo y sin espalda), no hago más que pensar en lo tonta que fui, que por ahorrarme unos pesos he traído la desgracia.   


domingo, 28 de septiembre de 2014

Iconografía 17














































Bañan a sus hijos en el jugo en que cuecen las gambas
como preparando sidra de cola de pescado
que venden en bolsas de papel madera
¡vesania y nafta!

Ella maneja el Oldsmobile igual que trajina,
como fusiles apuntados,
versátiles pilotos, esos impermeables, gabardinas,
que hieren al importante.

Él patentó los boopies, ajuares futuristas saldados
en los mercadillos del guano y en la plaza occisa
aunque se dijera
que su destino fue otro, el esplendor
de la fiesta rica; esas braguitas de espuma
velcradas, coloreadas, diferentes,
kits semanales a precio abusivo, situadas
sobre el vaquero de marca, envolventes, ambas prendas,
de culetes de brillantina y rasuradas conchas de nácar y cremita.

Gordos mórbidos, la familia, devora, bajo la sombra de la acacia florida,
cajas planas de ese producto ahora Lindt,
conglomerado siempre fresco de manteca de cacao y otras sustancias
destructivas, que algunos, malamente, llaman Pirineos, siendo
su verdadero nombre, fruto de una correcta traducción,
el gentilicio Pirenaicos; pequeños ataúdes, cofrecillos,
siempre elaborados
por manos femeninas.

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"Adoran los bombones", Hiela sangre, 2013.


jueves, 25 de septiembre de 2014

El sueño de Adán






























Formentera. Septiembre 2014. Lagartijas atraídas por los restos de una manzana. Fotografía y título de la entrada: Elena Cortell Olcina.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Tercer plano














































El tercer plano ¿será la muerte? ¿Desde la muerte soñamos/vemos lo que hoy nos parece la realidad y sus sueños correspondientes? En “El muro”, en su última frase “Y no era yo”, ¿se prefigura ese visionario difunto?, ¿ha ocurrido algo que haya propiciado un salto entre despertar a la realidad actual y despertar a la realidad auténtica, la propia de los muertos? También, en “Despertó en cama extraña”, se duda de si el despertar del protagonista corresponde a la realidad actual o a la realidad auténtica. En cambio, en “Un mar de dudas” se juega con la duda tradicional de si los sueños son la realidad y que estos, a veces, abren una ventana a la falsa realidad que es en la que ahora nos movemos; no se baraja una tercera opción.


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El muro

  
Coroné el muro. Sin dificultad. Y desde arriba vi lo que no quería ver, una inmensidad gris en la que el cielo, o las nieblas y nubes del cielo, se confundían con el horizonte, no muy lejano. Decidí seguir, progresar hacia el Norte, pese a lo tenebroso e incierto de lo que imaginaba. Tanteé la posibilidad del salto, mas la tierra que se me ofrecía debía de ser pantanosa y temí quedar atrapado. Descendiendo esa cara oscura del muro, como una salamanquesa, adherido, lento, recordé aquel viaje a Alemania a observar pigargos, aquel atardecer o amanecer en que paré el coche y me acerqué, caminando, al muro que cerraba el septentrión. Y esto era lo mismo: frío, humedad, silencio. Avancé. Usaba zancos. Y, a unos metros, difuminada, surgió una forma. El Crucificado, pensé. Pero era mujer, Kelly LeBrock. Transformada. O en transformación. Y al acercarme, ¿o se acercaba ella?, cobraba luz, y mucho color. Esa mujer, ¿cómo apareció?, ni siquiera sé si se encontraba allí. Formada, sin duda, por retazos de otras, lucía falda de muselina, refulgente, que ondeaba sin que soplara el viento. Quise abrazarla. Así, de pie. Contra la nada. A mi manera. Tan grande la pasión, que desperté. Y no era yo. 

(Página 131)


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Despertó en cama extraña

  
No dormía con su esposa desde mil novecientos ochenta y cuatro, ni en la misma cama ni en el mismo cuarto; lo decidieron cuando las fiebres. Pero hoy al despertar ella estaba a su lado, acurrucada, aunque vuelta hacia el lado izquierdo donde, por cierto, descansaban otras personas que él creyó con vida.

(Página 102)


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Un mar de dudas


A principios de los ochenta soñaba, a menudo, que aún seguía en la Universidad siendo no obstante consciente, en el sueño, de que la carrera la había acabado hacía años. La acción se situaba en un periodo inicial del curso; de hecho, aunque estaba sentado en un aula, no quedaba claro si me había matriculado y esa duda planeaba a lo largo de todo el sueño causando, claro está, cierta zozobra.

Una década antes había sido otro el sueño recurrente. Seguía en el Ejército y tenía que ponerme el uniforme a toda prisa para someterme a revista. Lo curioso es que, en la realidad, nunca vestí de uniforme ya que estuve destinado en una sección de apariencia civil. 

Al reflexionar hace un tiempo sobre el porqué de la reiteración del primer modelo de sueño rechacé todas las teorías que apuntaban al retroceso, a la nostalgia, a la necesidad de volver atrás para recuperar el tiempo perdido, llegando a la conclusión de que, los soñados, fueron años de gran aburrimiento, que ese era el problema, el aburrimiento, el no tener nada que hacer, el matar el tiempo, el buscar soluciones como asistir a clase en la universidad, pese a tratarse siempre de la misma asignatura, para ocupar las interminables horas. En cuanto a ponerme con prisas el uniforme militar; nunca me ha gustado que me agobien.

Sin embargo, hoy, analizando con calma los acontecimientos, creo descubrir cierta falsedad que no se corresponde a esa condición fundamentada que se atribuye tradicionalmente al acto de soñar. Empezando por el uniforme, no parece necesario ejemplarizar la angustia del apremio mediante una circunstancia que nunca se dio. Y respecto al aburrimiento, no encuentro en mi biografía ningún periodo en que imperara esa circunstancia. Sólo se me ocurre, entonces, que hubiera un segmento de mi vida, del que no guardara recuerdo, en el que se dieran estos hechos: usar uniforme militar y no tener una ocupación que ahuyentara el fantasma del aburrimiento. Desde la infancia escribo un diario; lo he repasado y ahí no hay nada. Entonces sólo cabría pensar que los sueños fueron la verdadera vida y que en ellos no escribiera un diario que pudiera despejar estas incógnitas. O que el diario sí existiera y que fuera incapaz de hallarlo tras tantos cambios de domicilio. A lo que habría que añadir, en este punto, una nueva cuestión: ¿desde qué plano de la existencia estoy escribiendo en este blog?   

(Páginas 97-98)

martes, 16 de septiembre de 2014

Necrología 13


  
Las secciones de Sucesos deparan, a veces, historias de gran calado. Cuentan que en Sevilla el distinguido odontólogo Lesmes Griego Grazalema adquirió un traje de lana frita, de la acreditada marca “Proctólogo”, para lucirlo en una boda. Tras la ceremonia religiosa, en la que permaneció de pie para no arrugarlo, llegó cansado al banquete por lo que rápido buscó una silla para zamparse, relajado, unos canapés de gallina. Tras la ingesta quiso cruzar las piernas y así adoptar esa postura que tanto le gustaba, pero comprobó que no era posible; la tela, las piernas, le resbalaban. Se levantó sin dar importancia al asunto pero luego, ya en pleno ágape, le volvió el cansancio y al intentar repantingarse se escurrió completo; todo su imponente cuerpo se deslizó sobre la barnizada madera, desapareciendo bajo la mesa, golpeándose fatalmente el occipucio con el borde del asiento.  

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Es oportuno releer ahora estos dos textos premonitorios:



“...sentado en una silla, revólver en mano, sangrando por la boca y con el pecho perforado. Sólo entrar, como si hubiera estado esperándome, se dobló, hacia adelante, el peso del tronco y de la cabeza arrastraron el resto del cuerpo y deslizándose, como una serpiente aplanada, como en los dibujos animados, se convirtió en un fardo.” (Familias como la mía, p. 191)


“ ...se lamentaba de que desde hacía algún tiempo le resbalaban las telas: al desvestirse caían las prendas al suelo aunque las dejara en una silla o incluso en el galán de noche y, en los banquetes de la Sociedad Mundial, necesitaba ayuda constante del servicio de camareros ya que no lograba mantener la servilleta sobre los muslos.” (Gingival , p.31)


domingo, 14 de septiembre de 2014

Necrología 12





Ha fallecido en Denia (provincia de Alicante), a los 80 años, el ciudadano berlinés Julius Martin Schleyer descendiente, según cuenta en una entrevista, de Johann Martin Schleyer (1831-1912), el clérigo alemán creador de la lengua auxiliar Volapuk. Julius, residente en España desde 1990, formó parte en su juventud, como primera guitarra, de un conjunto musical llamado “Los corbatas verdes” y ahora, en la vejez, volvió a la canción interpretando, a capela y en volapuk, conocidas baladas. Quizá fuera la más aplaudida, en los saraos de la Costa Blanca, el gran éxito de Jeanette de los setenta: “Porque te vas”.   








Johann Martin Schleyer 

viernes, 29 de agosto de 2014

Tigmotermia



Una de las formas de tigmotermia es la captación de calor al ponerse en contacto con piedras calentadas por el sol.
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Muralla de Jaca. Febrero de 1962.
Fotografía: Antoñita.

domingo, 17 de agosto de 2014

Acciones, 9.















































A 9.
Ascara (provincia de Huesca).
18.03.01.

domingo, 3 de agosto de 2014

Iconografía 16

















TRASGO. Demonio casero, que de ordinario inquieta las casas particularmente de noche, derribando las mesas, y demás trastos, tirando piedras, sin ofender con ellas, jugando a los bolos, y con otros estruendos aparentes, que desvelan a los habitadores.

         “Alado coco de Chipre,
          que sin oirte, ni hablarte,
          trasgo sordo, y duende mucho;
          espantas à los amantes.”
     
       Anastasio Pantaleón: Sus Obras, Rom. 20.

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El Bestiario de Ferrer Lerín
Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2007.

viernes, 25 de julio de 2014

Fatídica postura














































Está claro que la fotografía es un arma eficaz para el rastreo de las deformidades físicas, tal como se comprobó en Cara de pito, pero su campo de acción es mucho más amplio ya que permite denunciar posturas equivocadas como la de la imagen, recientemente recuperada, perteneciente a los años de residencia en Andalucía, en la que el apoyo, aunque leve, de las posaderas en el capó del coche, acorta dramáticamente la figura convirtiendo la voluminosa cabeza, compensada normalmente por la estatura y la corpulencia, en un desagradable objeto adherido al cuerpo de un enano.  

martes, 15 de julio de 2014

Hombre solo






















Visión general del hombre desarmado u hombre primitivo. Avanza montado en su única pierna, provisto de capote de brega, por el desierto almeriense. No sabe nadar. No es extravagante. Dice no estar pumba. Sufrió un pleonasmo. No es Alice Keys. Tampoco Oskar Hansen.
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Fotografía: Elena Cortell Olcina 

domingo, 6 de julio de 2014

Genus "Lotea"


Un sueño aclaratorio. Como sucediera en “Aparecen” se ha logrado descifrar un enigma ornítico. Un ave de la que todos dudaban de su existencia se ha mostrado en todo su esplendor. No está claro cómo empieza el sueño, quizá lo que recuerdo pertenezca al final del mismo; una rapaz diurna de tamaño medio, inferior a un ratonero, de color arena con listas transversales grises y tenues, planea pero no horizontalmente sino de modo inclinado, como si estuviera sujeta a una cuerda y alguien la hiciera girar. Parece una gran ardilla voladora, incluso hay momentos en los que las alas son meros muñones provistos de minúsculas garras. Hay un hombre ahí. Es un ornitólogo de campo con porte de feriante educado. Sin que se lo pregunte da el nombre científico del ave: “género Lotea” afirma; y lo deja así, sin concretar la especie y cuando le pregunto por el nombre vulgar no contesta, puede que no lo sepa o que no me haya oído, de hecho el ornitólogo se va desvaneciendo y mis palabras resultan huecas. ¿Lotea? Anoche encontré a un viejo amigo, felizmente recuperado de un gravoso mal, y es un tipo que disfruta con los nombres, con las peculiaridades de algunos de ellos, un amigo al que, por ejemplo, le hace gracia oír "embalse de La Loteta". Otra cosa: el ave rapaz, tenía el cuello largo, coronado por una cabeza puntiaguda; ayer me llamó mi amiga abogada bilbaína para contarme que su hija Amaltea se había casado con un rico feriante portugués; ¡Amaltea!; la vi una vez, en la presentación de Níquel en Barcelona, y me sorprendió que pese a su pequeña estatura resultara espigada; un largo cuello coronado por una cabeza puntiaguda. Y aún otra cosa: en el sueño miento al ornitólogo, para adornarme, le digo que la especie la conocía, un bando de unos veinte ejemplares en migración, pero el ornitólogo de campo replica con un “eso no es nada, los famosos científicos Valverde y Bernis citaron bandos de centenares de individuos cruzando el estrecho [de Gibraltar]”. No es bueno mentir en sueños.   

lunes, 30 de junio de 2014

The House

THE HOUSE
by Francisco Ferrer Lerín

I returned on the thirtieth year of my death. The house, old, without that coat of paint we were never able to give it, the books entombed in dust, the furniture devoured by woodworms. Not one vestige of my things. My wife buried far away in the dry, yellow south. My two children, whom I loved so much, irremissibly erased with no clue so as to what could have happened to them. I climb and descend stairs, I take the elevator, I scour the immense garage, I go up and down the sidewalk, but I don't know anyone, there is no one left from those days. And I can't question those strangers, because they don't hear me, nor, perhaps, do they see me. I should not have come back.

Translated from the Spanish by Arturo Mantecón

jueves, 12 de junio de 2014

Voluble



Conocí a Vera Listán Vozlatino en la bolera de la calle setenta y dos. Vestía chándal color frambuesa, gorra del Sleeper Club y deportivas Julián Mamerto cinco estrellas. Nos caímos bien. La segunda noche, aparcados en el callejón del Viento, cercano a su domicilio, le confesé que la amaba, y ella sacó la multiusos y segmentó mi miembro en un abrir y cerrar de ojos. Pasaron años, iba ya por la octava operación y empezaba a desesperar; las cicatrices seguían escupiendo pus y sólo reteniendo la orina durante dos semanas conseguía una erección satisfactoria. Salía de la clínica Altea, y ella estaba allí, en la acera, acompañando a un hombre que pudo ser mayor y que ahora era un despojo tirado sobre una silla de ruedas. Me abrazó. Se mostraba arrepentida. Con un gesto rápido, nervioso, típico en ella, se apartó, soltó el freno de la silla de ruedas, la empujó para que rodara calle abajo, abrió el bolso, y me entregó un tarro de pegamento Larios. “Lo pega todo”, dijo, divertida, casi alborozada, mientras se colgaba de mi brazo derecho e iniciábamos la búsqueda de una buena trattoría. Le encanta la comida italiana. 

miércoles, 4 de junio de 2014

Comiaces.


Existe (o existía) un vasto lugar, un territorio abrupto e inaccesible, en el oeste de la provincia de Salamanca, al norte aproximado de Ciudad Rodrigo, que hoy aparece, en mapas y planos, como un  despoblado, como un espacio en blanco a salvo de símbolos que indiquen algún modo de intervención humana. En 1962, un grupo de investigadores alemanes lo recorre. Habían entrevistado en un hospital de Sigmaringen al último oriundo vivo de Comiaces, una aldea ya entonces borrada de los catastros, y que según J. H. H., era la capital de lo que hoy denominaríamos una comarca o subcomarca. Este hombre, arrastrado por el flujo migratorio, llega a Alemania a mediados de los  cincuenta y lleva hasta su muerte –a los sesenta y cinco años, a los pocos días en que es descubierto para la ciencia- una vida placentera: residente en las cloacas, nutrido de miasmas, sin la necesidad de hablar con nadie (parece estar más cerca del dominio infuso de la lengua alemana que del recuerdo de la lengua española que sólo balbucea incorporando, eso sí, elegantes alaridos y elocuentes gestos). Tratado por un equipo de psicólogos y antropólogos de la universidad de Stuttgart, se logra fijar el punto exacto de procedencia y precisar algunos datos biográficos  pese a la obstrucción manifiesta del consulado español que sólo quiere su urgente repatriación para su internamiento en un manicomio. Dado el cariz de las revelaciones, se organiza un viaje con el pretexto, ante las autoridades españolas, de acompañar el cadáver hasta su enterramiento en la aldea. No vamos a describir las peripecias de la prospección sino los resultados. Antes de ser embalsamado se le practica la autopsia confirmándose la naturaleza ósea de la protuberancia situada en la nuca. En las ruinas de Comiaces –así como en las de otros cinco núcleos de población próximos-, en los desvanes de lo que pudieron ser viviendas, hallan varios objetos de madera toscamente tallada que invocan a tamaño natural la naturaleza de un cordero con dos cabezas de diferentes dimensiones siendo, una de ellas, no siempre la mayor, de apariencia humana. En la ladera de un cerro, que equidista de los poblachos, encuentran el gran corral donde, según J.H.H., se encerraba a las criaturas mixtas que sobrevivían al parto y que eran visitadas alternativamente por las mujeres –¿sólo sus madres?- para alimentarlas, y por los hombres para satisfacer su apetito venéreo. Sin mucho esfuerzo se sacan de la paja y el estiércol varios esqueletos, todos bicéfalos, presentando el mismo abanico de posibilidades que presentaban las esculturas: la cabeza humana y la de aspecto ovino alternan en su desarrollo, pero siempre situadas una detrás de otra. Incluso hallan algo de piel adherida a los huesos de las piernas, una especie de lana que les conferiría porte de oveja, acentuado por la postura cuadrúpeda; vencido el cuerpo por el peso de las testas haría incómoda la marcha bípeda. En 1980 se publica un trabajo en Francia, sin resonancia académica alguna, acerca de las oleadas de singularidad morfológica en humanos: se citan los casos de anancefalia en los Pirineos y de bicefalia en el oriente portugués; siempre en espacios de tiempo superiores al año e inferiores a los diez y sin aparente periodicidad. Para Portugal 1896-1904, 1920-1922, 1931-1932, 1939-1946, y para los Pirineos 1828-1837, 1900-1902, 1910-1915. Afectan, dentro de esos espacios, al 50% de los nacimientos, aunque, en su mayoría, el grado de desarrollo de la malformación es bajo, dependiendo, la esperanza de vida, de ese grado de desarrollo: los bicéfalos perfectos no alcanzan nunca los 12 años, teniendo en cuenta que sólo el 25% de los concebidos superan el parto. 

jueves, 29 de mayo de 2014

A la sombra






El volumen duodécimo (1956-2008) del Centón de criminalidades de las provincias de Alicante y Murcia recoge, entre otros pintorescos asuntos, la actividad asesina desarrollada por varios individuos especialmente dotados para el simulacro. Ejemplo de ello es esta imagen alcoyana, rescatada de una cámara de vigilancia, en la que se ve a Ricardo Desplá Colomina, “Virguerías”, haciéndose el dormido, mientras la persona a la que acaba de estrangular parece pasar de largo pese a estar muerta.        

martes, 27 de mayo de 2014

El zorroperro


Llegué a este valle pirenaico en 1966. Tuve suerte, aún pude conocer personajes y actividades propias de una zona no contaminada. A los pocos años el turismo acabó con un sistema de siglos, se diría que acortó la vida de los que no se integraron en el cambio porque desaparecieron, y huir no fue posible, este era el último refugio. Recuerdo los corros de mujeres con bocio. Recuerdo la intensa pestilencia instalada en el hueco de la escalera cuando en invierno dormían en el portal los gitanos errantes. Recuerdo los casos tan variados de bestialismo,  desde el practicado con gallinas a las que se les retorcía el cuello cuando el  ciudadano iba a alcanzar el clímax, hasta la masturbación masculina mediante frottage con amasijo de larvas vivas de mosca. Pero hoy, cuarenta y ocho años después, recién llegado de la ciudad donde ahora resido, al ir a entrar el coche en el garaje de la urbanización, he visto al zorroperro olisqueando una caca. He tenido la impresión de que retrocedía en el tiempo de modo fulminante. ¡El zorroperro! Una admirable criatura que acompañaba a un pastor de cabras con el que mantuve en aquellos años largas aunque dificultosas conversaciones ya que en las montañas aún no se hablaba nuestra lengua. Él aseguraba que era un cruce, un bicho color canela nacido de una rabosa y de un perro ovejero. Me molestaba que aquel hombre inculto sostuviera con total firmeza un hecho que yo, ya entonces un científico de reconocido prestigio, sabía que no podía producirse. Pues bien, hoy, el zorroperro está de nuevo aquí; no el mismo, lo cual supondría superar los límites de longevidad establecidos para los zorroperros, tampoco un descendiente, ya que los híbridos son estériles... pero qué estoy diciendo... menudo disparate... si los zorroperros no existen.

martes, 13 de mayo de 2014

Mansa chatarra












































Mansa chatarra. Zaragoza. Jekyll & Jill Editores. 2014.

Textos de carácter onírico, éditos e inéditos, de F. Ferrer Lerín.
Selección y prólogo de José Luis Falcó.

martes, 29 de abril de 2014

Iconografía 15




















Son cadáveres dispuestos al alba en atroces posturas,
reptantes longitudes que todo lo envenenan, valles asustados,
padres convertidos en ogros de antro, septenarios ciegos,
parejas contrarias, visionarios pulcros en arte maduro,
reos aquejados de un rural siseo, cundió la costumbre de negar el uso
de suaves nodrizas, ¡serpientes, no hijos! proclamó el soldado
taciturno hirsuto, mendigo de hierba que engrasa el ganado.

"Furor censal", Hiela sangre, 2013.

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Léon Comerre. El diluvio. 1911.

jueves, 24 de abril de 2014

Driu Bar


Aumenta muy rápido el tamaño de la cara de Driu Barrimore. Aumenta y se aplana. Me acompleja. No puedo llevarla a lugares selectos porque temo que nos veten la entrada. Parece que vaya a caer. A precipitarse de bruces tan pesada es la proa. Ignoro si ella es consciente. Los humanos creemos que el aspecto de la infancia perdura y no aceptamos la verdad de los espejos. Su exmarido comenta en un foro (la tele encendida permite estar siempre bien informado) que no sabía como peinarla, que si la frente muy amplia, que si la frente abombada, y que la parte posterior de la cabeza era una protuberancia enorme. No logro imaginar cómo sería esa protuberancia y, distraído, entro de golpe en un segundo sueño (alguien pronuncia “vuelco”, “mejor que digas en un segundo vuelco” oigo que me apuntan). En un segundo vuelco pues, aparezco con Driu Barrimore convertida en aspirador; las piernas soldadas, como si fuera una sirena fina, y así la sujeto por donde estarían las pantorrillas o los tobillos, y con una inclinación de 45 grados conduzco el palo, arriba y abajo, frotando la cara de Driu Barrimore sobre la más gruesa de las alfombras. (La cara es una superficie dura que bascula sobre un eje permitiendo su adaptación si varío el ángulo). En otro vuelco, que no es necesariamente el tercero, estoy rodeado de una chiquillería irrespetuosa que juega con las palabras (ahora recuerdo que en esos años andaba ocupado buscando un nombre, una marca para el nuevo artilugio) y propone a gritos un obvio Barremore. Asqueado, echo mano del segundo tomo de la Enciclopedia de las Ideas Publicitarias donde hallo un oportuno “Su seguro aspirador”. Ya con el lema, sólo falta anteponerle el nombre, y opto por Driubar, pero corro el riesgo de que se pronuncie Driúbar al sospechar la gente culta, en esta época de carencia ortográfica, que desconocemos las normas. El creativo me ve preocupado y usa bisturí. Así queda la cosa: “Driu Bar, el compañero alemán, su seguro aspirador”.


sábado, 19 de abril de 2014

Gafas progresivas


Cuenta Rufus Parlow que la mañana del martes 15 de abril de 2014, mientras se probaba unas gafas progresivas de la reputada marca California en la tienda de óptica Valito situada en la calle Mayor de la ciudad de Jaca, vio entrar en el establecimiento a una pareja de carteristas bosnias. Avisada la policía local se comprobó, en efecto, la presencia de dos señoras bosnias aunque no se pudo acreditar su condición de carteristas, sí, en cambio, la de contorsionistas profesionales ya que mostraron a la autoridad sendos carnés del Club de Contorsión y Lanzamiento de Objetos de Culto radicado en Sarajevo, la capital de la República de Bosnia–Herzegovina. Deslumbrado Rufus por la belleza de las féminas y tranquilizado por el informe policial contactó a media tarde con ellas que, muy gentiles, citaron a nuestro hombre para el día siguiente a las 9:15 horas en el andén 14 de la estación central del metropolitano. Rufus acudió puntual, vestido con el traje de los domingos y las nuevas gafas progresivas pero, quizá al no ser de la renombrada y cara marca California sino del modelo básico de la marca andorrana Pirineos, la única visión que obtuvo, al acceder al andén, fue la de un nutrido enjambre de avispas asesinas, quizá serbobosnias, que en pocos instantes lo desvalijaron y asaetearon.  

viernes, 11 de abril de 2014

Mi jefa

Parece ser que conducía Malena Cortijo y yo iba, absorto, en el peligroso asiento del copiloto. Dice que se le nubló la vista y ante la perspectiva de chocar contra un fresno pisó el freno con tanta fuerza que el pedal perforó el suelo y salió rodando por la carretera hasta caer dentro de la madriguera de unas comadrejas. Nadie cuenta lo qué fue de mí. La condición de absorto no invalida la posibilidad de tener buenos reflejos. Quiero decir que pude abrir la puerta y saltar antes de que se produjera el fatal desenlace. Porque no fue un fresno lo que se interpuso en nuestra trayectoria sino una tienda de las que compran oro. La tienda en la que yo trabajaba como dependiente. Y de la que Malena era la propietaria. Regresábamos de una excursión por los cementerios de la provincia. De arrancar muelas y algunos puentes.  

miércoles, 2 de abril de 2014

Escher




Patio del Hospital de Tavera. Toledo.

Fotografía: Malena Cortijo.

lunes, 31 de marzo de 2014

Visita accidentada


Sonó el timbre, abrí la puerta y aunque el rellano estaba a oscuras supe que era Malena Cortijo. Muy elegante, zapatos rojos de lamé, abrigo ceñido blanco de España, entró en el salón luminoso admirando ciertos cuadros y, segura de sí misma, hizo una leve reverencia ante la cornucopia. Descubrí entonces un segundo perro. Ambos sujetos a la misma correa que sujetaba con la punta de los dedos de su mano derecha enguantada. Dijo que era salchicha pero, divertido, descubrí que no se trataba de un perro salchicha sino de una salchicha, como esas grandes de queso alemanas que venden en Mercadona; eso sí provista de minúsculas patas que apenas utilizaba dada su condición reptante. Malena, apoyada en la mesa granadina, habló de Amorim mientras yo, cautivado por la salchicha, recordaba el ejemplar de eslizón ibérico, Chalcides bedriagai, ese cilíndrico reptil, que encontré muerto, el pasado martes, en el barranco de Atarés. Y una cosa y otra me llevaron a pensar en aquel libro de Enrique Amorim, quizá Horizontes y bocacalles, lleno de tachaduras, que hallé en la biblioteca de mi abuelo, y en la duda suscitada ante los atropellos de culebras de Esculapio. Malena se dio cuenta de que no le prestaba la atención que merecía y me abofeteó con un enema que extrajo del bolso de Prada.    

martes, 25 de febrero de 2014

Bar Liborio



Acudo a menudo a la plaza de la Catedral donde se concentran grupos de jubilados ávidos por leer y comentar las esquelas que las funerarias cuelgan de las rejas de los atrios. Hoy causaba especial revuelo la muerte de una tal Miguela Baltasar Logroño, último componente de la familia Liborio, los que regentaron durante muchos años el bar de dicho nombre. Me infiltro en la masa parlanchina y obtengo los datos que me permiten reconstruir, sin tener que preguntar, la historia de la saga. Liborio Baltasar Rodríguez abre el bar Liborio a comienzos de la década de los cuarenta, se pone al frente y atiende desde la barra a la parroquia, al tiempo que su mujer, Orosia Logroño Casajús, “La Señora Liboria”, se encarga de la cocina donde prepara especialidades tan famosas como las Chiretas de la Señora Liboria, madejas de intestino de cordero fritas y especialmente poco lavadas para así conservar el sabor no sólo a lana sino a cagarruta fresca. El hijo mayor, Anselmo “Chirri” Baltasar Logroño, ayuda a su padre durante unos años pero pronto enferma de mal difuso falleciendo en 1968 devorado por la sarna. Otro hermano, Miguelón, casa con una moza de las Cinco Villas y se instalan a vivir en el cuarto que sirve de almacén de vinos y quesos; es matrimonio sin sangre que no resulta fértil y ambos cónyuges mueren pronto, atropellados por una recua de mulas mezclada con carneros. Nace Miguela en 1970, póstuma, de gran cabeza, su madre reventada en el parto, y constituye eficaz apoyo para su padre hasta que la tropa la embaraza, y huye. Liborio mantiene abierto el bar hasta 2009, poco frecuentado al final por la escasa higiene en tiempos que ya se valora. Muere en 2011, y Miguela regresa, sola, el hijo asfixiado por bocio nodular, y se encierra en el local, sin agua, sin luz, donde sobrevive hasta agotar las existencias: latas de berberechos, morcillas florecidas, garrafas de olivas negras y abundantes bolsas de kikos y conguitos. Ahora, muerta, veo que la llaman La Pilotos. 


  

viernes, 21 de febrero de 2014

Esculapio




















http://ferrerlerin.blogspot.com.es/2008/06/argumentum-herpetologicum.html

Francisco Ferrer Lerín, Gingival, Palencia, Menoscuarto, 2012.


jueves, 20 de febrero de 2014

lunes, 10 de febrero de 2014

viernes, 7 de febrero de 2014

Premio Maldoror













































Premio Maldoror.
Barral Editores. 1970.
Nota de prensa.

viernes, 24 de enero de 2014

San Francisco de Sales














































San Francisco de Sales (Sales, Saboya, 21 de agosto de 1567 - Lyón, 28 de diciembre de 1622). Nació en el Castillo de Sales, de familia noble. Obispo de Ginebra, patrono de escritores y periodistas.

En Chablais fue echado por los pobladores y tuvo que pasar temporadas viviendo en la intemperie, evitando dos intentos de asesinato e incluso ataques de lobos.

Considerado el Santo de la Amabilidad. Prueba de ello son las 33 piedras que obtuvieron de su vesícula biliar el día de su muerte, signo de los constantes esfuerzos por controlar el coraje, siempre con el rostro sereno y una sonrisa.

En 1632 se exhumó el cadáver. Se encontraba en perfecto estado, con  elasticidad en los brazos, y una dulce fragancia emanaba del ataúd.

De la Introducción a la vida devota (1604), obra capital de Francisco de Sales, existe una traducción al español de Francisco de Quevedo.

Mi santo. 24 de enero.

martes, 21 de enero de 2014

SEPTIMOMIAU














































Septimomiau fue una editorial valenciana que en los setenta y ochenta publicó numerosos cuadernillos de poesía en castellano y catalán. La importancia de los autores y el atractivo diseño de las cubiertas la han convertido en mítica.

domingo, 19 de enero de 2014

Inusitada incidencia de enfermedad infecciosa


En una pequeña urbanización costera se diagnostican siete casos de fiebre aftosa durante un fin de semana. No existe relación de parentesco o gran amistad entre los afectados aunque, dada la proximidad de sus domicilios, todos declaran conocer a todos, al menos de vista.

El sargento Omedes, del Cuerpo de Identificación Preventiva en Actos Sociales o Epidémicos, entrevista en el hospital comarcal a la enferma Arancha Ruiz de Moderado. Durante más de una hora intenta conseguir información acerca de los movimientos que Arancha realizó antes de ser ingresada. Arancha despista a Omedes con diabólicas fintas que no sólo no arrojan luz sobre su comportamiento en esas horas sino que siembran fundadas dudas sobre su misma identidad e incluso sobre la del sargento Omedes que, regresado a su oficina a preparar el informe, no puede hilvanar la avalancha de datos que le ha dado Ruiz y, desmoralizado, se hace con una navajilla sajadora modificada y la guarda en el sobretodo. A la mañana siguiente agarra a Arancha por el pescuezo al tiempo que le clavetea la espalda, los pechos, el  abdomen y las pantorrillas. Lo que de allí sale es para verlo. Cepillos de carpintero, muselinas y flores de cardamomo se acompañan, al desparramarse por el linóleo, con los alaridos de dolor de la misteriosa joven. Omedes es ascendido a sargento de 1ª clase, y condecorado con la Flor Dorada de los Moribundos. En mayo hará un año de todo esto y todavía nadie entiende de qué va la cosa.      

sábado, 18 de enero de 2014

¿Jantzen?





Me hallo en la ciudad de Valencia por asuntos editoriales. Son las once de la mañana y hablo por teléfono con mi directora Carmen Monteagudo desde una vivienda situada en la cuarta planta del inmueble nº 12 de la calle San Ignacio de Loyola. Cae un primer suicida (el segundo, y último, caerá en medio minuto) y, al manifestar mi sorpresa, Carmen me pregunta si son realmente suicidas y yo no sé qué responderle porque no tengo la certeza de que lo sean. A través de los visillos me lo han parecido pero podrían ser logotipos Jantzen de gran tamaño cayendo a gran velocidad, pegados a la fachada, en posición vertical, cuando lo normal es verlos en posición horizontal. Al asomarme, tras terminar la importante conversación, creo distinguir un par de formas antrópicas aplastadas contra la acera en el centro de un corrillo de curiosos.