viernes, 14 de octubre de 2011

La lista Echevarría





Los libros esenciales de la literatura en español. El admirado y temido crítico Ignacio Echevarría elige las 100 novelas más importantes de los últimos 60 años. La lista empieza en Onetti y termina en Ferrer Lerín. Por en medio, aparecen los clásicos (Bioy, Cortázar, Benet, Delibes), los clasiquísimos (Borges, Sabato, Rulfo...), los que tienen Nobel (García Márquez, Cela, Vargas Llosa), los chicos de los 'prodigiosos 80' españoles (Gándara, Muñoz Molina, Álvaro del Amo), algún que otro indie de los 90 (Loriga, Fresán, Casavella) o del más acá (Fuguet, Cebrián)... Está Umbral, está Marías... Y sale Bolaño, claro. De hecho, es el único que sale dos veces (por 2066 y por Los detectives salvajes).
En la firma de la lista aparece el nombre del editor, crítico y colaborador de 'El Cultural', Ignacio Echevarría, que no es poca firma y en la cabecera del libro, su título, un poco insuficiente: Los libros esenciales de la literatura en español (Editorial Lunwerg).
Insuficiente, porque habría que explicar que la selección tiene un marco temporal (de 1950 a 2010) y que donde dice libros, debería decir novelas o casi novelas. Es decir: el momento y el campo en el que América Latina se convirtió en uno de los centros mundiales de la narrativa (a pesar de ello, en la lista hay más escritores españoles que de ningún otro país).
Al final, la selección de 100 títulos atrae por los que salen y, como siempre ocurre en estos caso, por los que no salen. El propio Echevarría, en la introducción de su selección, cae en ello.
"El lector no ha de escandalizarse demasiado si no encuentra en esta lista autores que, en un contexto sujeto a más exigencias (ya fuesen de orden académico o simplemente pedagógico), hubieran debido constar a la fuerza. Por lo demás, la selección asume abiertamente las limitaciones propias (y bien patentes) de la perspectiva con que ha sido elaborada, que son las de un lector de sexo varón, nacido en Barcelona, España, en el año 1969, con un interés más o menos continuado por la narrativa que se escribe en su propia lengua. Este interés, sin embargo, no es el de un especialista ni el de un investigador, ni se sustenta en un conocimiento de primera mano de las múltiples tradiciones nacionales aquí contempladas, ni muchos menos. Esto explica, aunque no excuse la escasa o nula representación que tienen aquí algunas de esas tradiciones. Y explica también que, en general, la proporción entre libros escritos por autores españoles y libros escritos por latinoamericanos no se corresponda ni remotamente a la que se desprendería de una selección hecha con una perspectiva más ecuánime. Hay otras desproporciones en esta lista que también pueden dar lugar a escándalo, pero no es cuestión aquí de salir al paso de los infinitos reproches que cabe hacer a un libro de este tipo, bien dispuesto a aceptarlos todos y, sin embargo, confiado en ser de alguna utilidad".

El Mundo.es Madrid 14/10/11

lunes, 10 de octubre de 2011

Suntuosidad.













Pablo de Rojas. Jesús Nazareno. Priego de Córdoba. (Aumentar el tamaño pinchando la foto)

miércoles, 5 de octubre de 2011

Dos barros de José Risueño
























Pinchar en el título de la entrada.































lunes, 3 de octubre de 2011

Doble representación temporal








Más allá de la improbable atribución a Goya de este retrato de un oso hormiguero (se abre el enlace al pinchar sobre el título de esta entrada) llama la atención la doble representación temporal del ejemplar: al fondo, duerme enrollado.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Espirituadas

























Espirituadas (endemoniadas) en la procesión de Santa Orosia. Jaca. Años veinte.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Pilar de Martingordo

























“El pilar de Martingordo recibe la visita de un hombre que abreva sus bestias. Junto a los caños se aprecia la presencia de varias figuras, probablemente mujeres. La explanada de la antigua feria ha perdido buena parte de su extensión porque se ha construido un colegio nacional. En este lugar se dice que se aparece en noches de lluvia, viento y tormenta el alma en pena de un hombre que fue víctima de asesinato. También murió aquí una joven que, al caer, se clavó los restos de un cántaro.“ (Página 83 del libro Torredonjimeno. Una mirada al pasado editado por José Madero Montero, en 2011, en esta localidad jiennense)

El Pilar de Martingordo es una fuente de origen medieval reformada en 1721. Fotografía de 1949.

martes, 20 de septiembre de 2011

El masón Corradini





"Dama con velo" de Antonio Corradini. Más que quién fue primero (el diseño del "Cristo velato" de Sanmartino es suyo) me preocupan esas manchas ¿de humedad?, ¿de sangre?

lunes, 12 de septiembre de 2011

Cristo velado




























Se cuenta que Giuseppe Sanmartino (Nápoles, 1720-1793) logró esta extraodinaria escultura, hecha de un solo bloque de mármol, con la ayuda del alquimista Raimondo di Sangro que calcificó en cristales de mármol la tela de un sudario.




jueves, 8 de septiembre de 2011

lunes, 5 de septiembre de 2011

martes, 30 de agosto de 2011

Nombres vulgares de algunos peces cartilaginosos

Quimera o tiburón fantasma
Tiburón bello durmiente
Tiburón alfombra
Tiburón ciego
Tiburón réquiem
Tiburón comadreja
Tiburón vaca
Tiburón volante
Tiburón zarza
Tiburón vista
Tiburón cuerno
Wobbegong
Cañabota gata
Tollo pajarito
Peje perro de nariz de flecha
Tollo cigarro
Cerdo marino antillano
Tiburón soñoliento
Suño cerebrado
Tiburón limón
Tiburón grácil
Tiburón nervioso
Tiburón trozo
Alitán viperino
Pejegato campechano
Cañabota ojigrande
Quelvacho bobo
Galludito
Tollo granulado
Tollo diente de peineta
Tollo negro elegante
Tollo lucero peine
Pailona ñata
Sapata lija
Bruja terciopelo
Galludo raspa
Angelote ornamental
Falsa pintarroja de gargantilla
Pejegato pimienta
Pejagato playero
Tiburón vitamínico
Tiburón azotador de ojos grandes
Marrajo sardinero
Solrayo

sábado, 27 de agosto de 2011

sábado, 20 de agosto de 2011

Partida doble

He ido al encuentro de la muerte y ha llegado por partida doble. Por un lado la esquela, pegada a las rejas del atrio occidental catedralicio anunciando la muerte de Gordito Relleno, compañero de tapete durante decenios y compañero de ingesta de un jamón de Trevélez y tres botellas de Dom Pérignon en una noche memorable, mano a mano, sentados en el exterior arbolado de su fábrica de cemento. Y, por otro, un ser transparente muy alto y delgado, con venas verdosas y ojos hundidos, al que llaman Semen, esperando a los peatones para explicarles quién era de verdad el fallecido, qué había detrás de la fecha de defunción, del nombre y de los apellidos; un ser transparente más cercano a la muerte que el templo vetusto y la esquela mal pegada con papel engomado. Para mí ha sido una partida doble, un encuentro doble, lo que yo buscaba y lo que ha venido, la información mural y el cancerbero elocuente. (Empiezo a creer que la atracción que siento por las notas necrológicas excede a la curiosidad por la onomástica y se debe a la necesidad de irme acomodando al mundo de los difuntos.)

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Otra referencia a ese lugar en http://ferrerlerin.blogspot.com/2008/04/una-giornata-particolare.html

Canturreos

Ha ocurrido lo imprevisto, casi lo inimaginable, José Luis Sampedro, de viaje por el nordeste de España, ha necesitado ayuda odontológica y una señora sureña le ha concertado cita con Belita, una dentista local. Sampedro, a la salida, ha comentado que Belita canturreaba por lo bajini. Nunca pude pensar, al escribir Familias como la mía, que pudiera darse un encuentro entre estos cantantes, que son inconscientes de su ejercicio de canto. (Por si alguien no lo recuerda ambas personas son nombradas de esta guisa en ese libro: “...pegado a Nora, excitado como siempre que me hallo junto a ella, escucho complacido el canturreo de mi hembra, esa cancioncilla indefinida que susurra cuando es feliz, una costumbre que sólo grandes personalidades –José Luis Sampedro, Belita, Nardo Vuelco- son capaces de mantener durante toda una vida...”)

miércoles, 17 de agosto de 2011

Iconografía 7




















“Antes, no hace mucho, mutabas a mayor velocidad; querido niño, tarreña viva, ruisseau des singes, mi rojo obús.” (Familias como la mía. Pág. 332)

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Excursionistas. Ruisseau des singes, Argelia. Años treinta.

viernes, 12 de agosto de 2011

miércoles, 10 de agosto de 2011

domingo, 7 de agosto de 2011

Diálogos 2

Diálogo entre una Gitana vieja delgada vestida con ropa blanca de ballet y su Perro pastor alemán. Paseando.


G.- Pedante.
P.- ¿?
G.- Eres un pedante.
P.- ¿?
G.- Moreno, moreno.
P.- ¿?
G.- ¿Cuánto tiempo hace que te ves reducido a esta forma de vida?
P.- (Gruñido)

[Inaudible. Se alejan]

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Santander. Frente al Casino. A las 20 horas del 5 de julio de 2011.

sábado, 6 de agosto de 2011

Iconografía 6





























“Uno de los patios de juego del Colegio Nelis en la barcelonesa calle de Calvete linda con una casita cuyo jardín (o huerto) se cierra con un pequeño muro de mampostería. La hija de los propietarios de esta casita –un matrimonio bohemio dedicado al adiestramiento de cerdos para circo- acostumbra a asomarse al patio subiéndose a un banco o una silla que, dada la escasa altura del muro, le permite aflorar medio cuerpo por encima del borde.” (Familias como la mía. Pág. 322)

Un macho de cernícalo que nos salvó la vida

El extremo derecho del parachoques de la furgona tras seccionar el cuello de Nekane y machacar la cabeza de Eneko se ensañó con la caja torácica de mi esposa Dolore y, a mí mismo, me dejó parapléjico en un respiro. Pero el grito de un macho de cernícalo al levantarse de una rama seca de un chopo me distrajo durante la maniobra de encendido del motor y supuso que la incorporación a la N 330 desde la N 240 se retrasara lo suficiente para no ser arrollados.

jueves, 4 de agosto de 2011

Cónyuges

Me invitaron a una comida campestre. Odio las comidas campestres. El calor. El sol. Un perro gigantesco olisqueándolo todo. Pero la casa quedaba a pocos metros y, en cuanto podía, me escapaba y, desde la galería, sentado en un sillón de mimbre, contemplaba interesado al grupo de comensales. La luz, tamizada por la sombra de un arce, daba al conjunto un colorido que no le correspondía, mejoraba el aspecto general y, en un momento dado, tuve la impresión de que Linda Fiorentino, con 30 años (“The Moderns”), era mi verdadera mujer y, esta, situada a su lado, una tía o madre de alguno de los presentes. No fue una ilusión óptica, Linda Fiorentino, a sus 30 años, estaba allí (era hija de no sé qué escultora) y era tan normal que fuera mi esposa (nuestro aspecto, nuestro oficio) que resultó chocante que la impresión se desvaneciera.

martes, 2 de agosto de 2011

Bibliofilia 19

Localización de dos ejemplares de una edición “supuestamente inexistente, perdida o fantasma” del Tesoro de las Tres Lenguas (1614) de Girolamo Vittori, italiano afincado en Ginebra a comienzos del siglo XVII que realizó una adaptación ampliada del diccionario de César Oudin.



La historia de la lexicografía con el español ha avanzado considerablemente en los últimos años. Por un lado, las universidades están realizando tesis doctorales sobre autores y diccionarios del Siglo de Oro o de periodos posteriores (Franciosini, Sumarán, Minsheu; lexicografía hispano-francesa, nomenclaturas hispano-latinas); por otro, las instituciones han creado instrumentos que facilitan la consulta de los repertorios de los siglos pasados, como las digitalizaciones de los Diccionarios clásicos de la Fundación Tavera, el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española de la Real Academia Española o el reciente Nuevo Tesoro Lexicográfico del Español (s. XIV-1726) aparecido en Arco/Libros. La metalexicografía, así, adquiere poco a poco materiales y estudios más amplios que ayudan a mejorar el conocimiento de la historia y la formación de nuestro léxico. Sin embargo, son aún muchas las lagunas que quedan en el análisis de algunas obras, en la determinación de sus fuentes y ediciones o en la dependencia entre unas y otras, lo cual justifica que no tengamos todavía una historia de la lexicografía completa desde los orígenes hasta nuestros días. El propósito de este artículo consiste precisamente en hacer una pequeña aportación a esta historia de los diccionarios y más específicamente a la del Siglo de Oro, mediante la localización de dos ejemplares de una edición supuestamente fantasma del diccionario de Vittori, italiano afincado en Ginebra a comienzos del siglo XVII que realizó una adaptación ampliada del diccionario de César Oudin.

La historia del diccionario de Vittori es ya conocida entre los estudiosos de la lexicografía diacrónica, pero por la enmarañada que es y por las confusiones con que aparecen citadas sus ediciones en las bibliografías merece la pena que nos detengamos brevemente en ella. Girolamo Vittori había nacido hacia 1549 en Bolonia, pero, ante las persecuciones religiosas surgidas durante la Contrarreforma, se estableció en 1567 en Ginebra por su conversión a la causa protestante. Allí pasó el resto de su vida, sin que sepamos nada de sus actividades excepto la colaboración que realizó para la publicación de un diccionario trilingüe con el español y francés, al que él añadió la traducción italiana. La crítica ha determinado, y nosotros lo hemos también comprobado, que el diccionario francés-español / español-francés sobre el que se basaron los impresores ginebrinos era el de César Oudin, lo que hace que estas dos lenguas presenten, salvo algunos ligeros cambios, pocas diferencias respecto de su fuente. Sin embargo, el añadido de la tercera lengua hizo que se publicara en posteriores ocasiones creando una rama autónoma independiente, con ediciones en 1609 (la primera), 1616-1617 (la segunda), 1627, 1637, 1644 y 1671. Esto, al menos, en lo que respecta a los datos sobre los que no hay ningún género de dudas. Ocurre no obstante que, a lo largo de la historia, debido a la confusión con las ediciones del diccionario bilingüe de César Oudin (ediciones en 1607, 1616, 1621-1622, 1624-1625, 1645, 1660 y 1675), por una parte; a erratas quizá intencionadas en alguna edición trilingüe de Vittori (1606 donde debería decir 1616), por otra; y, finalmente, a una extraña mezcla con el título de otra obra trilingüe similar, del llamado anónimo de Trognesio, debido a todo esto, pues, ha resultado un conjunto de informaciones cruzadas en catálogos y bibliografías, donde la autoría de cada uno de estos diccionarios no resulta nada clara. Si a esto añadimos además otras complejidades, como los problemas de exportación de las obras ginebrinas por su defensa del calvinismo, que daban lugar a falsedades en los datos de imprenta y a otras tácticas encubiertas, y la existencia de emisiones con diferentes pies de imprenta según sea la portada de la primera o segunda parte del diccionario cuando dos o más libreros distintos compartían los gastos de impresión de la obra, podemos comprender todavía más justificadamente los deslices que encontramos en los catálogos. Esta maraña bibliográfica ha provocado que un estudioso como el profesor Bruña Cuevas (2007) haya realizado una reciente comunicación para determinar qué ediciones de las indicadas en BICRES deben considerarse de Vittori y cuáles de Oudin, ya que BICRES, como bibliografía de bibliografías, recoge las fichas de anteriores repertorios y vuelve a transmitir, conforme a sus fuentes, contradicciones y atribuciones indebidas.

El Tesoro de las tres lenguas francesa, italiana y española, aparece atribuido en BICRES
II unas veces a C. Oudin (ediciones de 1616, 1617, 1627 y 1677) y otras a quien creemos es
su verdadero autor, Girolamo Vittori, figurando incluso asignada alguna de sus ediciones a
ambos lexicógrafos. En nuestra opinión, esta doble atribución de autoría deriva de la
conjunción de dos factores: por un lado, la fidelidad de Niederehe a las fuentes bibliográficas
que le han servido de base; por otro, la confusión que reinó durante mucho tiempo en torno a
este diccionario, la cual no podía por menos que quedar reflejada en las fuentes que Niederehe
transcribe (Bruña Cuevas 2007: 118).

Junto a estos numerosos problemas bibliográficos indicados, aparece otro más que es en el que queremos nosotros centrarnos: la existencia o inexistencia de una supuesta edición del diccionario trilingüe de Vittori impresa en Amberes en 1614.

Nicole Bingen, que estudió con detalle los problemas citados de este diccionario y llegó a hacer una tabla con de sus ediciones (Bingen 1987: 236-237), y Annamaria Gallina (1959: 227-246), que también analizó el Vittori en su trabajo sobre la lexicografía bilingüe italo-española, conocieron la referencia por la que se citaba esta supuesta edición, pero la consideraban inexistente, inencontrable, noticia fantasma.

Que Peeters-Fontainas no la señalara no ha de verse sin embargo con extrañeza. Excelente bibliófilo y bibliógrafo, recopiló una de las mejores bibliotecas hispánicas en su residencia de Lovaina, hasta que fue dispersada tras la venta en Sotheby’s en 1978, y ciertamente describió con rigor todo aquello que vio; pero de aquello de lo que no tuvo ejemplar o no pudo ver en bibliotecas o a través de microfilm, no dio descripción. Es el caso que esta supuesta edición de Amberes, 1614, existe. Pero es tan sumamente rara, parecen existir tan pocos ejemplares, que, con nuestros esfuerzos y los medios informáticos actuales, tras realizar las búsquedas pertinentes en los catálogos colectivos de España (CCPBE, REBIUN, BPE y Catálogos Colectivos de las Comunidades Autónomas), del Reino Unido (COPAC), Suiza (RERO), Alemania (GBV), Francia (CCFr), Italia (ICCU), el metabuscador de la Universidad de Karlsruhe (KVK) y Worldcat, y en los ficheros manuales de la Biblioteca Nacional de España, de la Universidad de Ginebra y la Universidad Complutense, sólo hemos conseguido localizar dos ejemplares: uno en Tours, en la Université François Rabelais, Faculté de Lettres, Service de la documentation, que perteneció a Ferdinand Brunot, FB941, y otro en la Biblioteca Histórica “Marqués de Valdecilla” de la Universidad Complutense de Madrid, colección de Filología, FLL 10685. Con todo, es de suponer que más ejemplares existan en bibliotecas privadas o se localizarán en el futuro tras la recatalogación de fondos de las bibliotecas públicas, pero por el momento son sólo estos dos de los que podemos dar cuenta.

El análisis del ejemplar de Madrid nos ha deparado con todo alguna sorpresa. Encuadernadas las dos partes que lo forman en un solo volumen, el ejemplar fue “De la librería del Colegio Imperial de la Compañía de Jesús de Madrid” y se trataba de un “duplicado”. Buena parte del cuerpo está deformado, tiene algunos cuadernos con hojas muy arrugadas y en ocasiones plegadas, quizá por una mala posición en la estantería, pero no afecta a la legibilidad del texto. El texto, sin embargo, como vamos a ver, es bastante menos relevante en este libro que su importancia bibliográfica. Efectivamente, podría pensarse que esta edición de Amberes contiene diferencias sustanciales o innovaciones en el texto con respecto a las impresas en Ginebra, al ser un lugar de edición distinto (todas las ediciones, de 1609, 1616-1617, 1627... se imprimieron en Ginebra). Sin embargo, confrontando esta de 1614 con la anterior de 1609, de la que también hay un ejemplar en la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense, proveniente también del Colegio Imperial de los jesuitas, no hay duda de que ambas son la misma. Es más, se puede observar que se trata del mismo texto en las dos con exactitud, de una misma nomenclatura con idéntica macroestructura y microestructura, mismas disposición por página, mismas separaciones de palabras, etc., con diferencias únicamente en las portadas: las de la segundas partes de 1609 y 1614 son exactamente iguales, salvando la mención “A GENEVE, Par Philippe Albert & Alexandre Pernet” (1609) frente a “A ANVERS, Par Corneille Lectin” (1614); las de las primeras partes disponen las palabras por renglones de la misma manera, y sólo se distinguen, como arriba, por los pies de imprenta y por una marca de impresor distinta: en 1609 la personificación de la Fama tocando la trompeta dentro de un óvalo vertical y a sus pies el globo del orbe y la virtud, y una serpiente a cada lado, y, en la de 1614, un áncora y delfín y el lema: “Festina Tarde”. Hay que indicar, no obstante, que la disposición del título en la página es la misma en ambas y que el tamaño de la xilografía de la portada también, lo que pudo haber favorecido la sustitución de uno por otro al componerse la página.


Lo descrito nos da por tanto la explicación de lo ocurrido: se trata de dos emisiones de una misma edición, con cambio de portada. La impresión de un pie falso que indicara “A Anvers” se justificaría por el propósito de despistar la censura inquisitorial al exportar los ejemplares (en España las ediciones impresas en Ginebra eran especialmente perseguidas; en los Países Bajos meridionales la jurisdicción caía bajo la Universidad de Lovaina): Amberes era así un «nome fittizio, como Cologny, dato che moltissime opere del '600 stampate a Ginevra portano appunto come luogo "Anvers"; e il motivo è sempre da ricercarsi nelle limitazioni all'esportazione di libri dovute alle lotte religiose» (Gallina 1959: 238). El cuerpo del diccionario con fecha de 1614 es el mismo del de 1609, pero, para remozarlo y evitar confiscaciones, se añadió una portada con una marca nueva a la primera parte, la más visible, y se imprimió igual la portada de la segunda parte cambiando allí sólo el pie antiguo de Ginebra por este nuevo de “Amberes”. Teniendo por tanto en cuenta la falsedad del lugar de impresión, la búsqueda de un supuesto impresor o librero llamado “Corneille Lectin” no debe ser vista tampoco como existente, y de hecho ni en los catálogos colectivos citados arriba, ni en el repertorio de impresores de Mellot y Queval de la Bibliothèque nationale de France figura alguien llamado así. Que estos ejemplares se pusieran a la venta en 1609 o en 1614 es algo que escapa ya a nuestro conocimiento.

La supuesta edición de 1614 (emisión, por tanto) resulta, pues, similar en todo a los avatares que encontramos en las otras ediciones del diccionario de Vittori, en los que a veces aparece el nombre de “Cologny” como lugar de edición (lugar cercano a Ginebra, casi hoy unido a la aglomeración urbana de la ciudad), o “Cologne” (con que se pretendía despistar de nuevo a los censores, haciéndola pasar por libro impreso en Colonia, Köln). Además, hemos observado que, en algunos otros ejemplares conservados, el lugar “A Cologni” ha sido tachado con un tampón o unos signos de imprenta, y ha sido sustituido por una nueva estampación manual con tipos menores que dice “A Geneve” (así en algunos de las distintas ediciones que se conservan en la Biblioteca Nacional de España), lo que muestra de nuevo los enormes problemas bibliográficos con que se encuentra el investigador del libro actual al tratar este diccionario.

Podemos concluir, en definitiva, que las ediciones del diccionario ginebrino fueron las siguientes: 1609/1614, 1616-1617, 1627, 1637, 1644 y 1671. Puesto que desde 1627 se le añadió una tercera parte con italiano-francés-español basándose en el diccionario de La Crusca, se puede afirmar que nos encontramos ya con un diccionario diferente del bilingüe hispano-francés de César Oudin. La adaptación realizada por Vittori y los impresores de Ginebra configuraban ya una rama autónoma con respecto al diccionario que le había servido de fuente.


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Artículo publicado en Res Diachronicae, revista de la Asociación de Jóvenes
Investigadores de Historiografía e Historia de la Lengua Española (AJIHLE), ISSN: 1887-
3553, vol. 6, 2008, pp. 105-110 y en red: .

Luis Pablo Núñez. Facultad de Filología. Departamento de Lengua Española y Teoría de la
Literatura y Literatura Comparada. Universidad Complutense de Madrid. Avda. Complutense,
s/n. Edificio B. 28040 Madrid.

lunes, 1 de agosto de 2011

Myakka






Hoy se cumplen diez años del hallazgo, en las Gradas de Soaso (provincia de Huesca), del cadáver despedazado del fotógrafo zaragozano Marcos Gálvez Úñez. La única instantánea que se pudo recuperar de su cámara muestra lo que parece ser un gigantesco primate ¿batiéndose en retirada tras perpetrar un ataque?

viernes, 29 de julio de 2011

Hombres que andaban sin parar

“Viajábamos en grupo o individualmente, y en todas direcciones. Hubo quien nunca volvía y quien regresaba dos veces.”


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Hombres que andaban sin parar. Míster Sediento. Lérida. Sícoris Ediciones. 2006.

jueves, 21 de julio de 2011

Hechos notables

Mi abuelo materno anotaba la fecha del primer día de uso en el sobre que envolvía individualmente las hojas de afeitar (IBERIA).

Oí contar a mi padre varias veces que un tío suyo se echaba alcohol en los ojos todas las mañanas para fortalecerlos.

A mediados de los sesenta me perdí durante una prospección ornitológica por el Delta del Ebro dada la inexistencia de indicadores y la similitud de los caminos. Entré en un par de poblachos sin nombre con la esperanza de que pudieran orientarme pero no lo conseguí; sus habitantes (mujeres y viejos, a aquella hora del día) corrieron despavoridos a encerrarse en sus barracas al ver aparecer nuestro coche.

En Monegros, en 1982, un pastor al que le mostramos las ilustraciones de un manual de ornitología de campo para ver si identificaba algunas aves rapaces diurnas que sospechábamos podían nidificar en la zona respondió, rápido, sin inmutarse, que pájaros tan pequeños no los había por allí.

Y, en Valdepeñas de Jaén, en 1986, tras irrumpir en la plaza dos coches de ornitólogos alemanes y bajarse de los mismos cinco de ellos hablando en su lengua, se pudo oír a un crío del pueblo, cuando me dirigí en español a uno de los alemanes bilingües, proferir un grito tranquilizador: ¡son humanos!

domingo, 17 de julio de 2011

Confusión




Creía que era Castilla del Pino
a quien fotografiaba en este
grupo de amigos.




jueves, 14 de julio de 2011

Diálogos 1

Diálogo entre Alfred Hitchcock y François Truffaut acerca del filme Sospecha.

A.H. ¿Le gusta la escena del vaso de leche?
F.T. Cuando Cary Grant sube la escalera, está muy bien.
A.H. Hice que pusieran una luz en el vaso de leche.
F.T. ¿Un proyector dirigido hacia la leche?
A.H. No, dentro de la leche, dentro del vaso. Porque era necesario que fuera sumamente luminoso. Cary Grant sube la escalera y era preciso que no se mirara más que a ese vaso.
F.T. Estaba muy bien, realmente.

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François Truffaut, El cine según Hitchcock, traducción Ramón G. Redondo, Cine y Comunicación. Alianza Editorial, Madrid, 2001, págs. 134-135.

sábado, 9 de julio de 2011

LA DAMA QUE VIVE

La dama que vive frente a mi burdel
es alta, trigueña, de buen caractel.
Tras entrar silente por el tragaluz
intento besarla junto a la testuz.
Iracunda pugna por librarse de
mis brazos morenos que a ella aferré.
Rodando desnudos por sirio tapiz
contrato a la coima mercar su desliz.
El befo solemne que adorna su tez
la garduña entera excita a la vez.
Así mis caudales espero medrar
si salud el buen Dios decide otorgar.

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La dama que vive cruzada la calle penetra el seto frontal por la puerta en arco. Aseguran que estuvo invitada a la boda del Duque de York y al bajar del cycle-car anoto su pergeño noble. La pierdo al doblar el porche pero su estela permanece en mis retinas soñolientas. Son las doce del mediodía. Aprieto el timbre y aparece Cri-cri con el desayuno y la prensa. Muerte de Valenzuela como secuela del encono Guerra-Estado. Auge de el Raisuni por el mismo motivo. Decido tomar un baño antes del desayuno. Cri-cri servil retira los bollos y el café con leche y echa un chorro de Colonia Añeja en la templada bañera. Un hombre nuevo. Iré de compras. Quizá un perfume prepare a la dama.

La noche corteja mi sombra en la altura de la glorieta. Desde aquí la diviso. A veces sólo es la silueta si se interponen los visillos. Pero en cambio dichoso la veo entera cuando se ha sentado frente a su bufete. Arranco unas gardenias y enmarco la caja primorosa de Origan d’Or Francy. Avanzo. El jardín crepita malicioso bajo mi charol. Estoy adosado a la cristalera con el corazón pegando fuerte y la vista extasiada ante mi bella. Llegó de la embajada y no parece vencida por el cansancio. Quizá negó el palique y ausente paseaba por la balaustrada norte. Pensativa pues con las perlas abandonadas entre sus líquidos dedos. Repaso el atuendo. Vestido de crespón “georgette” color gris perla guarnecido con bandas fruncidas. Golpeo el vidrio. Horrorizada se endereza y su rodilla derecha golpea el maderamen. Dolorida y agachada recula hacia el centro del cuarto. Temo que grite y entro rápido tapando su boca con la seda y ella se desmaya sobre el lecho. Estoy aquí. De pie junto a mi dama. Meditando qué voy a hacer. Decido besarla. Coloco las dalias en el búcaro y el perfume en la mesita. Me acerco. Le saco los zapatos de chapa niquelada y la extiendo longitudinal sobre la colcha. Lleva dos anillos lisos y un brazalete de asta de búfalo. También un collar en doble recorrido de perlas japonesas. Fuera abalorios. La falda es doble en las partes delantera y trasera a modo de un delantal. Juego con los rizos laterales que rozan sus orejas de naipe. Alzo su brazo derecho y contemplo la encantadora axila depilada y el origen del seno breve. No venzo la inclinación y acaricio su cuerpo a través de la generosa abertura lateral. Va desnuda debajo. Estoy enormemente excitado. Mi mano llega a un extraño lugar donde acuden los jinetes en sus correrías por la lejana Extremadura. Hojas de geranio y pinchos de rosal en ese punto que me desconcierta. Debe de estar a unas pulgadas del esternón pero no corresponde a nada de lo que conocí. Me cuesta retirar el brazo. Está trabado a ese alto nido con calor de verano. Logro desasirme y la mano roja y pegajosa me duele enormemente. Voy hacia el piano. Aparto a Paderewski. Me siento. Ante mí el teclado. Quisiera conseguir la octava. Ahora. La obtengo. El dolor cede. Me invade algo extraño. Corro hacia ella. La falda interna es tubular pero permite el paso. Suerte del abrebocas. Lo coloco dos metros arriba de las rodillas. Se forman hematomas instantáneos. Pero a mí qué me importa. Recorro holgado el túnel. Cámaras donde se me reconoce. Cámaras donde se me considera. Numerosas antesalas con los muslos flanqueando. Ahora el espacio se ha reducido tanto que no permite el paso a una persona. Doy más vueltas al abrebocas. Al máximo. Suena un grito desgarrador. Creo que cedió la tela. He llegado al fin. La tumba de Tut-Ank-Ammón. Abracadabra. 1 de enero de 1942. Todo se mueve. Gritos. Procedo rápido. Al principio la resistencia de siempre. Luego. El paraíso. No puedo estar más rato. Un gran desbarajuste a nivel de dirigentes. Forcejean entre las columnas. Golpes y palancas para soltar la traba. He de salir ya. Están consiguiéndolo. Un último estertor en la mansión cálida de mi pasión. Han extraído el abrebocas. Es cuestión de segundos. Frasco de sales. La levantan. Saco la cabeza. Me oprimen tanto que me sofocan. Paredes peludas que asfixian. Ella despierta. Lleva sus manos hacia mí. Levanta la tela. Ojos desorbitados y dolor en su rostro cuando aúlla la plebe en este crepúsculo. Me ahogo. Sus manos de hierro estiran mi cráneo. Me muero. La hermosa enseñando su sexo lascivo orlando mis restos. La rata. La rata. Y cae de nuevo. Esta vez sin vida. Y yo en su recuerdo.



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Un texto de 1970 publicado en La hora oval (1971) al que ahora, rebuscando en la biblioteca, se le descubre un antecedente: tres versos del libro Déchirures (1954) de Joyce Mansour:

Sólo una rata
Abría paso
A un sexo

[Traducción de Aldo Pellegrini en su Antología de la Poesía Surrealista (1961)]


jueves, 7 de julio de 2011

Léxico

Don Ramón Joaquín Domínguez en la cuarta edición de su Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española [el más completo de los léxicos publicados hasta hoy, impreso en Madrid en dos tomos (1850 y 1851) en el Establecimiento Tipográfico de Mellado, calle de Santa Teresa número 8] da la siguiente información respecto al buitre:

BUITRE, s. m. Ornit. Ave de rapiña, indígena de nuestro suelo, de dos ó tres piés de altura, de pesado vuelo, y enteramente negra. Vive en cuadrilla con las de su especie, alimentándose de cadáveres, único cebo y repugnante pasto capaz de satisfacer sus feroces instintos.

BUITRERA, s. f. El paraje ó sitio en que los cazadores tienen armado el cebo con carne para sorprender y alucinar al buitre. = Estar ya para buitrera; fras. fam. Dícese de la bestia flaca y estenuada que está próxima á morirse, y ser alimento de buitres. = por est. fig. vulg. Estar una persona sumamente escuálida, en esqueleto, etc.

BUITRERO, A, adj. Lo perteneciente ó relativo al buitre. = s. m. El cazador de buitres, ó el que los ceba en las buitreras.

CEBO, s. m. Alimento, comida, pasto que se da á los animales para engordarlos, criarlos ó atraerlos.

CEBAR, v. A. Poner comida en algún paraje á donde se quiere atraer animales con objeto de cazarlos. [1ª acepción]

domingo, 3 de julio de 2011

Respeto e ignorancia

En ese trance final en el que el editor te entrega las pruebas para que les des el repaso definitivo se agradecen todo tipo de apoyos y no fue el menor de ellos el comentario acerca de la última parte de la novela: “nabocoviana” dijo en voz baja pero no lo suficiente para que no lo oyeran la correctora y la de los derechos de autor. Ahora, por respeto a quien va a permitir que publique en colección tan señalada, no me atrevo a incomodarle demandando más precisión, que me dijera (o que incluso diga en voz alta o semi alta) qué pasajes le parecen nabocovianos y, dentro de esta categoría, qué tipo de nabocovianidad es la que reside en ellos: me refiero a si ve reminiscencias de la noción de avance, de trayecto, de viaje, si considera enmarañado el desenlace, con ese enmarañamiento que Nabokov sabe urdir para que el lector se esfuerce algo más de lo acostumbrado, casi algo más de lo aconsejable, o, si mi pasión por las aves y el póquer tuvieran algo que ver con mariposas y ajedrez. Aunque lo que preferiría es que me tildara de nabocoviano por la inteligente construcción del dictado o incluso por el desdén con que trato la definición de los personajes. Mas nunca lo sabré.

viernes, 1 de julio de 2011

Cautivado, sorprendido y absorto

Sí, cautivado durante la primera parte de la velada por la belleza de sus senos que mostraba intermitentemente cuando el vestido caía hacia adelante hasta que le daba un tirón a la parte trasera. Fascinación que se mantuvo, así de modo entrecortado, a lo largo de las dos horas de la cena; ella situada exactamente frente a mí y aceptando que yo le mirara esa parte cada vez con menos disimulo envalentonado por la cadencia de los periodos a medida que resultaban más descompensados, a favor, en el tiempo, de los de bajada delantera del vestido.

Sí, sorprendido en la segunda parte de la velada, cuando se levantó de la mesita del pub y, con total desparpajo, al tiempo que nos decía voy yo a la barra qué queréis, giraba sobre su eje longitudinal y mostraba, me mostraba en especial a mí que estaba otra vez enfrente, y ahora a muy pocos centímetros, un espectacular culo, grande, esférico, turgente, que daba la sensación de ir a reventar los vaqueros que, por otra parte, no imaginaba de qué talla serían y, este cálculo, deformación profesional de mi trabajo de toda la vida (ahora estoy jubilado), ocupó de tal modo mi mente que no fui capaz de atender otros detalles posteriores como que sus piernas rozaran las mías, que nuestra manos chocaran sobre la mesa al coger los vasos de gintónic o, al salir nosotros los primeros, mi mujer y su marido entretenidos en quién pagaba la cuenta, cuando intentó desabrochar mi pantalón y al tener los dedos ateridos por el violento frío de la noche optó por restregar contra la portañuela sus senos y su cabeza.

miércoles, 29 de junio de 2011

lunes, 20 de junio de 2011

FÁMULO FERRER LERÍN

Como todos los poetas, Francisco Ferrer Lerín, mantiene una ocupación paralela y, a
primera vista, alejada de la dedicación poética; una dedicación intensa a lo que
podríamos llamar “las ciencias de la vida”, una rama de las ciencias naturales que tiene
como objeto el estudio de los seres vivos y, más específicamente, su origen, su
evolución y sus propiedades.

Fiel a los objetivos de las ciencias de la vida, el poeta Ferrer Lerín decidió, a finales de
1976, dedicar su tesis doctoral a la extracción y el análisis de los ornitónimos –los
nombres de los pájaros– contenidos en el Diccionario de Autoridades, publicado entre
1726 y 1739, el primer Diccionario de la lengua castellana editado por la Real Academia
Española y la primera actividad ilustrada del país, tal vez la única. Y aunque la tesis no
se llegó a realizar, daba cuenta de la verdadera dedicación del poeta: la clasificación.
Ferrer Lerín es un magnífico clasificador. La clasificación es una disposición
fundamental del saber que ordena el conocimiento de los seres según la posibilidad de
representarlos en un sistema de nombres. Podríamos afirmar que el orden y la
clasificación de los pájaros se distingue muy poco del orden de las palabras que
conforman un poema.

La clasificación es la primera tarea a la que el hombre se dedicó después de contemplar
y observar el mundo concreto de su alrededor. Clasificar tiene como objetivo ordenar la
diversidad de las formas del mundo, dividiéndolas en un conjunto de cosas y
asignándolas a una determinada clase o grupo, para arrancarlas del caos en el que se
manifiestan. Como hace la poesía. La clasificación es la forma más representativa del
pensamiento salvaje, que es la herencia de una larga tradición científica que supone
siglos de observación activa y metódica. El pensamiento salvaje es un pensamiento
científico en el que la percepción y la imaginación se confunden: hay dos vías científicas
diferentes: una próxima a la intuición sensible que Levy-Strauss denomina “primera” o
salvaje y la “propiamente” científica.

El científico salvaje y clasificador –es decir nuestro poeta Ferrer Lerín– no sigue la
línea recta; sigue los rebotes inesperados de la pelota cuando retorna a la pared, los
vericuetos del animal que divaga, o el movimiento del caballo que se aparta para evitar
un obstáculo. Las curvas, los laberintos, las espirales son formas más próximas al
pensamiento salvaje que la línea recta, sin atajos y por el camino más corto. La línea
recta es un icono de la sociedad moderna y ha servido para caracterizar el progreso y
oponer los circunloquios de la tradición oral a la rectitud de las anotaciones escritas.

Cuando el salvaje clasifica se fundamenta en la observación, en la observación de lo
concreto y en la imaginación, mientras que el científico lo hace en la abstracción y en el
principio de contradicción. Para el salvaje, y para el poeta, sin embargo, el principio de
contradicción no existe, puesto que cualquier proposición y su negación pueden ser
verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido.

De todo ello se deduce que la clasificación del pensamiento “primero” se basa en el
principio de analogía y semejanza, –en lugar del principio de identidad y diferencia–
principios que dependen de la observación de lo concreto y de los contactos entre todas
las cosas del mundo que la imaginación reconoce y afirma. Y aquí, en la poesía de
Ferrer, hay un estupenda identificación entre el pensamiento poético y el pensamiento
“primero”.

Una de las ocupaciones de Ferrer, y una constante en su obra, es en efecto la
observación de las especies salvajes por la diversidad de las cualidades sensibles que
ofrece a la observación, y que exige poner en relación unas cualidades con las otras; las
especies domésticas, en cambio, cesan de estimular la atención del poeta, puesto que
están sometidas al único objetivo del rendimiento. Aquí, el poeta ferrer, reencuentra al
Rousseau de las Rêveries du prommeneur solitaire, al Linneo del Sistema de la
Naturaleza y a Buffon, pero tambien a Virgilio, a Lucrecio, a Teócrito y a Borges, que
por el estudio de la naturaleza se realiza un verdadero ejercicio del pensamiento y una
auténtica composición poética.

Es esa manía clasificatoria del pensamiento “primero”, la que practica Ferrer Lerín en
sus libros. Tanto en los científico-filológicos como en el Bestiario, como en los
poemarios De las condiciones humanas o en Cónsul, como en el inclasificable Papur; en
todos esos libros la mente divaga y transcurre por laberintos, túneles y espirales y
puede quedarse inmóvil observando el movimiento de las aves o el portear de las
hormigas.

En los libros de Ferrer todo parece confundirse e identificarse: los humanos con los
animales, los animales con sus nombres, los nombres con la memoria, la memoria con
los hábitos domésticos, los hábitos domésticos con las personas y las personas con las
cosas, puesto que para Ferrer Lerín hay algo de todo en cada cosa. Creo que el que haya
de todo en cada cosa es el lema, tal vez, de su poesía.

Que haya de todo en cada palabra, podríamos rectificar, porque estamos hablando de
un poeta y el poeta trabaja con las palabras –como ese fámulo cuidador de las
palabras– y las palabras con que trabaja Ferrer Lerín son extrañamente poco poéticas,
como en cambio lo son las palabras con que trabaja Rubén Darío o Juan Ramón o
Claudio Rodríguez. Las de Ferrer son del acervo común, también lo son las de Darío,
Jiménez o Rodríguez, pero las de Ferrer Lerín no tienen una tradición poética, no
remiten a estados de la conciencia digamos “excepcionales”, ni son necesariamente
elegantes, ni áulicas, ni su objetivo es la belleza formal. Sus palabras son las que todos
usamos todos los días: ceremonia, centenario, duende, ventana, iglesia o vientre; y sin
embargo, leyendo a Lerín, y reconociendo las palabras en su inmediatez, todas ellas
abandonan el lugar que ocupan normalmente en el orden inmediato de las cosas y se
cubren de una extrañeza que nos deja algo perplejos y algunas veces asombrados o
violentados; puesto que todas las palabras que configuran el poema, sin dejar de ser lo
que son, nos remiten a otro orden de la realidad que no niega a la real, sino que la
expande, la amplía, la violenta a veces, y nos sitúa a nosotros lectores, en un lugar que
no acostumbramos a frecuentar y que a menudo desconocemos, pero que el poema,
como una topografía, nos ayuda a penetrar en él y a quedarnos allí, en aquel lugar, a
pensar, a recordar, a analizar, a comparar lo que sabemos con lo que estamos
descubriendo. Y ciertamente descubrimos, no un mundo nuevo, pero si otra manera de
estar en el mundo y de contemplar lo que tenemos alrededor.



MATUSALÉN, 2

¿Fueron nubes cargadas de agua, cúmulos
tan próximos al parabrís, o lejanas
montañas inéditas
en mi archivo
adolescente?
Varias veces, los tres,
en un juego dorado, frente
a la mole
blanca
o gris, alborozados,
en la carretera festiva, en eso
que luego fue
la nacional
dos, discutimos
-contemplamos la posibilidad, especulamos,
se diría hoy- acerca de, y lo deseábamos,
de que fueran
unas grandes
majestuosas nuevas montañas.
¡Qué padres para una infancia!
La dicha, los tres,
sí, así era, los tres
en el coche ¿Opel? metidos,
camino,
el domingo, y no hay razón, hacia una merienda
campestre, no sé
a qué obedece, en el horror
de mi noche
de hoy, en la soledad, en el frío, por qué
vuelves
otra vez, esa duda
feliz, de qué estaban hechas
esas formas, coliflores
de algodón, o, tal vez, orografías
de matorral, incluso
abriendo, con violencia,
los ojos,
no consigo,
que se vayan.


Esta manera desacostumbrada de estar en el mundo, que suscitan muchos poemas de
Ferrer, está estimulada por la supuesta naturalidad con que se expresa el poeta: por la
palabra común y por la expresión objetiva y racional, donde no hay lugar para la
fantasía ni para elucubración metafísica, manía a la que se entregan tantos poetas. Esto
sucede porque la poesía de Ferrer no es una imitación ni una representación de la
naturaleza, ni de la naturaleza objetiva, ni de aquella otra, subjetiva, que acostumbra a
utilizar juegos privados como metáforas de lo desconocido. Tampoco es una poesía
alegórica puesto que los términos de sus poemas no se refieren a un significado oculto y
más profundo, sino que son, simplemente, lo que dicen sin intención de decir una cosa
por la otra.

Parece, a primera vista, que la alegoría sea el recurso más común en la poesía de Ferrer,
pero no es cierto. Lo cierto es que el lector frente a la perplejidad, el asombro o la
extrañeza que le ha suscitado el poema, se detiene a pensar y a imaginar cuáles son los
mecanismos o los recursos que han ido en su ayuda a la hora de escribir el poema.
Porque no es arbitraria la selección de la palabras, ni la combinación que establecen
entre ellas, ni el resultado de esta operación intelectual, que es el poema. La selección,
la combinación y el poema final, como no es una fantasía de la libertad, es, sobre todo
una evidencia objetiva y necesaria. Necesaria para el poema, necesario para el poeta y
necesaria para el lector. Porque no hay hermetismo, pero si hay un secreto, en la poesía
de Ferrer. Un secreto a voces que, como la carta robada de Edgar Allan Poe, está frente
a nosotros y no sabemos verla. Este secreto está en la meticulosidad con que han sido
escogidas las palabras, como si cada una de ellas, a pesar de su inmediatez, viniera de
lejos, cargada con la experiencia que el autor ha ido acumulando con ellas, desde que
puso los pies en la tierra. Los topónimos, tan frecuentes, nos muestran el paso del poeta
por el lugar, con sus vericuetos, sus atajos, sus bosques y sus amanecidas. Los nombres
propios se nos acercan con las relaciones que el poeta tuvo con ellos o que hubiera
querido tener o que imaginó que tuvo algún día. Los nombres de los animales, los
salvajes, los domésticos y los imaginarios, que cruzan su vuelo con el paso del poeta,
mientras cortan el aire frío de la mañana y por la tarde emiten sonidos graves que el
poeta apenas recuerda.



INVERTEBRATA

No hay pasión mayor para los que amamos el desierto
que contemplar las nupcias de la abeja enana.
Otros, entre los que se cuentan capellanes, enfermeros
y sectores poco eficientes de lo más angosto del Protectorado
prefieren la cópula anodina de la mosca grillo y, los aún más directos,
la higiene concienzuda de la filoxera clavo o la degeneración venérea,
en sus partes blandas, del pseudoescorpión templado.
Al llegar a Erbala, un tenebrio dorsal acebrado fulmina de cruel picadura
al negroide chófer de mi todo terreno, perdido
y sin rumbo, caigo al profundo barranco llamado La Esclava donde
un mudo tropel de sanguijuelas grises
-Barbronia weberi-
acaba con mi flujo sanguíneo
y con la ventura de seguir extasiado
ante el variado plantel de especies entómicas
del kavir nigeriano.


Nombres reales, posibles e imaginarios, construidos con la imaginación y la memoria,
encontrados en alguna lápida de un cementerio abandonado, o escritos a lápiz en un
diccionario holandés del siglo XVII, o construidos en las vigilias nocturnas, mientras
los grajos trajinan entre la catedral y los abedules. He dicho que no era arbitraria la
selección de estos nombres, y no lo es porque surgen de la necesidad de ser vistos,
recordados y ordenados según su incidencia en el campo de acción del poeta Ferrer.
En la poesía de Ferrer Lerín el testimonio cuenta más que la creación. Por eso su poesía
renueva, desde lo íntimo y propio, el lenguaje y sus usos; afronta el riesgo de su salida
pública y, de este modo, escapar a la arbitrariedad y a la retórica decorativa. De ahí el
asombro y la violencia que pueda provocar en la imaginación del lector, su lectura.

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Conferencia pronunciada por el Catedrático de Teoría del Arte de la Universidad Pompeu Fabra
de Barcelona Antoni Marí Muñoz en la presentación del libro de poemas Fámulo de Francisco
Ferrer Lerín en el Salón de Ciento del Ayuntamiento de Jaca el 14 de agosto de 2010. Texto publicado en el nº 774 de la revista Ínsula (junio 2011).

domingo, 19 de junio de 2011

jueves, 16 de junio de 2011

Iconografía 5

















"El reclamo de lo desconocido, la libertad, el hambre desaforada, los expulsa del recinto. Rodean la muralla en sentido este, siguen hacia el sur, se detienen ante la gran lámina de agua del primer meandro, y la cruzan a nado. He de utilizar, a partir de ahora, los prismáticos, de infrarrojos. A buen paso, uno tras otro, se dirigen al cementerio, saltan, sobre la marcha, la tapia, y dejo de verlos. Una hora, aproximadamente, y reaparecen; encaramados al tejadillo que cubre la pequeña zona de nichos –la mayoría de enterramientos lo son en el suelo– se ponen a descansar tumbados. De pronto se levantan y, a dúo, comienzan a aullar. Unos diez minutos. Luego copulan, y de súbito, como dándose cuenta de que es muy tarde, suspenden el acto, dejan el camposanto y, resueltos, desandan el camino. Entran en casa a la una y media (las puertas quedaron abiertas en previsión de que pudiera sucediera algo así). Cenados y contentos beben agua en la alberca y se retiran a dormir a su actual cubil: la femera de Can Guitarra." (Familias como la mía. Págs 229-230)

Iconografía 4




















"Mas nada impidió su marcha. En la celda, vacía tras su desaparición, un soldado reptante (por haberse roto el hueso de la alegría) de la marca estadounidense Marx Toys, provisto de rara voz, anunciaba enfático: 'Il tempo se ne va'.” (Familias como la mía. Pág. 331)

Iconografía 3




























"La tengo tan cerca. Veo su piel. Eso llamado cutis. Piel, cutis de porcelana con textura de riñón. Abre y cierra la boca a velocidad increíble. Cómo puede. Cómo puede sacar y meter la afilada y sonrosada lengua sin ser pillada nunca por los impecables dientes. Ahora narra la afiliación al régimen. Y la intrahistoria de un artículo de William Weaver: “La visión del traductor”. Y describe, para mí sólo, el color cobrizo de la ermita de Santa María de Chalamera. No puede ser. ¿Procuradora de los tribunales? Una mujer así no debe exponerse al agravio de una mera representante." (Familias como la mía. Pág. 280)

domingo, 5 de junio de 2011

Iconografía 2




























“Deogracias Deulofeu hombre avezado, conocedor del registro humano, captó para sus adentros la idea genial de la construcción secreta y a las pocas horas del fiasco ponía sobre la mesa dos alternativas. Esta vez fachadas cuya calle vertical central interrumpía el mar de balcones para presentarse opaca, un paño, quizá mejor un lienzo corregiría de nuevo Juego, de naturaleza ciega, ornamentado con empalagosos, almibarados esgrafiados o bajorrelieves. ¿Qué habría allá? ¿Qué habría tras esa pared ahora? ¿Qué habría en un próximo futuro tras la intervención de Claraco y Bescansa? Compramos los dos inmuebles. Se actuó muy rápido. Y empezamos a operar desde la oscuridad total. Agazapados en un reducto inexistente en planos.” (Familias como la mía. Pág. 277)

miércoles, 1 de junio de 2011

viernes, 27 de mayo de 2011

Paisajes de la ciudad 5

Aquel tren muy veloz se dirigía a la ciudad pero no conseguía acercarse a ella. Unos expertos hicieron notar que la montaña asolada por los incendios y devorada por la cantera de yeso, que debía dejarse atrás para alcanzar los míseros suburbios, permanecía siempre en el mismo punto del horizonte.

Zaratán

Cuenta Martín de Riquer en el prólogo a Libro de amigo y amado que el beato Raimundo Lulio en edad juvenil y libertina entró de modo exaltado en una iglesia asediando a una doncella y esta para enfriar sus lúbricas intenciones desnudó uno de sus senos corroído por el cáncer.

lunes, 23 de mayo de 2011

Iconografía 1





























“Buscar, buscar, una fiebre evaluadora, caminamos, con Juego, con Galalit, nos trajimos a Deogracias, por su Avenida José Antonio, hacia plaza España, hasta Llansá, una calle corta del tupido ensanche, cercana a las Arenas, coso taurino en decadencia. La casa era un malecón sencillo. Cinco plantas reglamentarias, pobres materiales, apenas algún detalle perdido en la comisura de la puerta y los balcones. Pero el remate, ese frontis de elocuencia absoluta, una mariposa de alas desplegadas, fabricada en mortero, con esmaltes, teselas, lo que llaman trencadís, y antenas, y un cuerpo tubular listado. Delegué en Deogracias. Tardó poco. Consiguió el salvoconducto. Y la llave. Subimos pues los cuatro hasta el terrado, la azotea como corrigió Juego luchando por el idioma. No había dimensión. Tampoco líneas. Esa remate mariposa de descomunales curvas era un fraude, la tarjeta de visita del maestro de obras José Graner y Prat que triunfaría en Gijón como arquitecto, una explosiva desproporción exterior que moría en el tenderete destartalado corona del edificio. Mañana, ante la mesa del administrador de fincas que extraía una subcarpeta con la indicación a bolígrafo Casa Fajol –La Papallona- calle Llansá 20 barrio de la izquierda del Ensanche, todo fueron vaguedades y una conclusión: no era posible adquirirla.” (Familias como la mía. Págs. 276-277)

miércoles, 18 de mayo de 2011

Reptiles 2


















Salamanquesa común –Tarentola mauritanica- fotografiada en Belchite por Vicente Almazán. Según algunos herpetólogos fue un gecónido el monstruo que asoló los alrededores de Cominges y del que el actual cocodrilo catedralicio no es más que un sustituto que sirve de conjuro. “El especialista británico en gecónidos E.N. Burton identifica el saurio de Cominges, a través de la información escrita y de la fotocopia del folleto que le mandamos, como perteneciente a la especie, hoy extinta, Gecko maximus, la salamanquesa gigante.” (Pág. 143 de Familias como la mía)

martes, 17 de mayo de 2011

Reptiles 1








Cocodrilo de la catedral de Nuestra Señora

de San Bertrán de Cominges fotografiado por

Alberto Gil-Albert el 6 de mayo de 2011.

“El gigantesco saurio, cabeza abajo, sujeto

al muro por dos grilletes de hierro, brillaba,

casi refulgía, ante la luz eléctrica, pese a los siglos

de humo.” (Pág. 99 de Familias como la mía)

sábado, 7 de mayo de 2011

La chica que se comió la cara

Los tics son siempre malos pero ninguno como el de Marta Loverdos de Altimira. Ya en la foto recogida en http://ferrerlerin.blogspot.com/2008/07/otra-vez-ella.html y luego en Familias como la mía se observa el mordisqueo involuntario de la comisura izquierda de los labios que, según me comunica mi prima Monse, ha ido llevando a Marta a la progresiva ingestión, a partir de dicho punto, del total de la cara quedando la osamenta facial sólo recubierta de carne y piel en los lugares más alejados de la boca; es decir que la labor de arrastre no ha podido, por ahora, con la zona alta de la frente ni, tampoco, con las regiones masetéricas. Metida en una gran burbuja plástica, para evitar las consabidas infecciones, lleva una vida muy tranquila, dedicada al ocio, en su finca de Agoncillo. (La ligera variante entre los poemas que acompañan las fotos se debe a que en el momento de la inserción de la entrada en el blog no se conocía el estado y paradero de la heroína por lo que, en evitación de demandas, no se quiso aludir al feo vicio; hoy nos consta que sabe de nuestro interés sin dar, hasta la fecha, señal alguna de queja)

viernes, 29 de abril de 2011

jueves, 21 de abril de 2011

La noche

Aunque breve, el recorrido por los cementerios de la ciudad de Buenos Aires me ha permitido obtener valiosa información acerca de las costumbres de los difuntos allí residenciados. Han sido, en general, conversaciones con los empleados, sin desdeñar algunos apuntes aportados por los visitantes. Quizá, el material más jugoso lo haya obtenido del sepulturero jubilado Amalio Paladini que, tras más de cincuenta años de ‘laburo’ en La Chacarita, posee un gran caudal de conocimientos y, lo más importante, vende, por unos pocos pesos, el folleto titulado Hábitos y vicios de los cadáveres de los camposantos bonaerenses. De este documento entresaco lo siguiente: “Nadie crea que los cadáveres no tienen exigencias, que abarcan varios pecados como el de la lujuria, la gula y la avaricia (...) prefieren entre todas las bebidas el fernet con coca, las gaseosas y el vino Toro Viejo (...) a veces devienen bien chaludos si, cuando salen a timbear, la diosa fortuna les ha favorecido en los juegos favoritos que son el crapó y el culo sucio (...) no existe diferencia en el trato sexual y muchas muertas presumen de concubinato (...) de las confiterías gustan del sándwich especial de pan francés y jamón cocido.”

lunes, 18 de abril de 2011

Realidad intensa

Uno de los poemas más conocidos de Wallace Stevens se titula Trece maneras de mirar un mirlo. Consta, en efecto, de trece instantáneas cuyo elemento común es la presencia de un pájaro negro; es una suerte de ironía sobre los variables límites de la percepción y toca alguna de las ideas principales de Stevens, en especial una paradójica: aunque el absoluto no existe y la verdad es siempre una verdad del caso, siempre hay una posibilidad de ahondar más en ella mediante lo que la imaginación hace con los objetos. O de otro modo, lo que cada mente suma a aquello que percibe crea una realidad más intensa. (Cuando el mirlo se perdió de vista / marcó el borde / de uno de los muchos círculos). Incesante, la creación de la realidad no concluye para Stevens ni siquiera con la muerte. [Marcelo Cohen. Prólogo a Adagia de Wallace Stevens. Ediciones Península. Barcelona. 1987.]

viernes, 15 de abril de 2011

domingo, 10 de abril de 2011

Maniobras

He contado en público repetidas veces la historia de uno de mis bisabuelos que apareció con las uñas clavadas en la tapa del ataúd cuando los enterradores se disponían a trocear embalaje y embalado para hacerle sitio a un nuevo ocupante del nicho. Pero ahora me llega noticia de que unos funcionarios, en la misma faena de esponjamiento, hallaron a un tipo que dejó escrito a lápiz un mensaje en el interior de la caja.

sábado, 9 de abril de 2011

LOS SECRETOS DE LOS VIEJOS modificado

I have old women's secrets now / That had those of the young; / XXX tells me what I dared not think / When my blood was strong, / And what had drowned a lover once / Sounds like an old song. / How such a man pleased women most / Of all that are gone, / How such a pair loved many years / And such a pair but one, / Stories of the bed of straw / Or the bed of down.

domingo, 3 de abril de 2011

Seis pechos





















Diosa-mujer con seis pechos en La Abundancia,

óleo sobre cobre de Juan Brueghel II el Joven (1601-1678).

Museo del Prado. Madrid.





Es escasa la iconografía sobre el fenómeno

de las mamas múltiples en humanos.

sábado, 2 de abril de 2011

Androide














Escudo del cardenal Luis Antonio de Borbón

que enmarca el balcón principal

del Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares.



jueves, 31 de marzo de 2011

domingo, 27 de marzo de 2011

Aumento














La lupa que adquirió en los chinos

permitía conocer la íntima realidad

de los diversos componentes

del cadáver de su hermano.

domingo, 20 de marzo de 2011

Configuración del trance

Fue una sorpresa la aparición de la ciudad; para mí y para mi acompañante, que podría ser mi madre, muy joven, o mi mujer, jovencísima. Llevábamos andado largo rato senda arriba y temíamos la llegada de la noche; la loma gigantesca de vegetación oscura, que asemejaba la cabeza de un hombre con el cabello crespo y muy húmedo, no recibía ya los rayos de sol y, cuando alcanzamos la meseta cubierta de ruinas, se oyó un búho real ulular nervioso mientras se deslizaba a ras de suelo ladera abajo. Así que fue una sorpresa la aparición de la ciudad, una ciudad abandonada pero visitada, los días de feria, por los que fueran sus últimos habitantes, y que mantenía calles y edificios en excelente estado aunque en las primeras no circularan automóviles u otros vehículos (¿cómo iban a llegar?) y en los segundos hubieran tapiado muchos de sus vanos con anaqueles repletos de libros o, más exactamente, legajos y carpetas. La gente parecía muy antigua y quizá por esto permanecía en silencio pero, en cambio, limpiaban con fervor las grandes puertas de madera de las casas de pisos donde vivirían en otros tiempos. Llegó la noche y la angustia se apoderó de mí. Perdida mi madre o mi esposa, desaparecidas las viejas personas, desvaneciéndose la ciudad (una ciudad provinciana, de tamaño medio), quedé solo, más que nunca. La muerte, la agonía al menos, ha de ser algo así, dije entonces con una voz que resultó irreconocible.

viernes, 18 de marzo de 2011

Prodigio y provecho de la sima

No sé. Quizá la noticia de que la tribu bambara atribuya al cerdo el papel de sima, de cavidad que todo lo traga, sea la razón de que se hable tanto de ella. Hasta en la cola del pan oí a un señor contar que había caído a una sima y que tardaron no sé cuánto en rescatarle. Lo cierto es que yo sí caí a una sima ese día aciago en que me convencieron de que el metro era el medio más rápido para acudir a una remota parte de la ciudad donde se hallaban los nuevos estudios de la cadena televisiva municipal BTV. Sólo salir al exterior quedamos sumidos, un guardia de seguridad y yo, en la oscuridad más absoluta y, zarandeados por un irrefrenable vendaval, rodamos hasta el fondo de un socavón fruto reciente de potentes explosiones. La verdad es que estuve listo en la caída al empujar a mi acompañante de modo que hiciera de colchón pero, esta maniobra, imposibilitó que fueran dos las voces que imploraran ayuda dado que el de Prosegur falleció aplastado por mi peso y envenenado por las emanaciones de gas que se filtraban a traves del lodazal donde quedó empotrado su rostro. Acudió primero una pandilla de chaperos que dio media vuelta al asomarse y comprobar que allí no había negocio. Fueron luego una pareja de jóvenes intelectuales –que también iban a los estudios, precisamente a entrevistarme- los que acudieron y, llenos de reflejos y buen hacer, lanzaron el cabo de una sirga para que me agarrara y pudiera salir del pozo sin mayores contratiempos, quedando la otra persona como consistente pasto para ratas y perros. He de decir que mis dos salvadores, Javier Pérez Andújar y Joan Riambau Möller, resultaron ser dos caballeros, quiero decir que dado mi comatoso estado no me apretaron las tuercas en el interrogatorio televisivo y, acabado el acto, me acompañaron a casa en un taxi que pidió la empresa. Andújar es, además de estupendo novelista, mi actual asesor en cuestión de raza y parsimonia. Riambau editó, de modo exitoso, el Bestiario de Ferrer Lerín.

miércoles, 16 de marzo de 2011

A propósito de "Familias como la mía" (3)

Nora Peb.


Buena parte de las palabras (y de las situaciones e imágenes) que me han acompañado desde el inicio de mi vida pueden, al fin, ser registradas en un texto que las perpetúa, acabando así la angustia por una posible pérdida definitiva. Al mismo tiempo se va cerrando una etapa de recepción y abriendo otra de vacío en la que disminuye, de modo grotesco, la llegada de información relevante: todo está en la adolescencia y, si se me apura, todo está en la infancia. El almacén de vocablos, expresiones y atmósferas que es Nora Peb permitirá, de hecho ya permite, el desarrollo, o simplemente el uso, de dichos materiales, bien por mí al carecer de nuevas ideas, bien por parte de nuevas generaciones de escribanos o, incluso, de fotógrafos, cineastas y artistas plásticos; es pues, queda claro, un legado.

A propósito de "Familias como la mía" (2)

Intensidad.

La sensación de intensidad que transmite Fámulo aun abriendo el libro al azar, la sensación de intensidad que transmiten casi todos sus poemas, no se da en una apertura azarosa de Níquel, la primera parte de Familias como la mía, donde surgen, con cierta frecuencia, desvanecimientos y tiempos muertos pese al carácter fragmentado del discurso, carácter que busca no alargar en demasía los “capítulos” dándoles autonomía frente al total. Sin embargo la eliminación de los espacios separadores en blanco, en aras de dar a la obra un aspecto más evidente de “novela”, rompe esta compartimentalidad y diluye, por lo tanto, la acción reparadora de aquella argucia. Consuela saber que, según los teóricos, mantener la intensidad en una obra narrativa de regular extensión es tarea casi imposible y, a lo mejor, ni siquiera deseable.

martes, 15 de marzo de 2011

A propósito de "Familias como la mía" (1)

Escritura, literatura.

La escritura es una actividad anómala, no consustancial al ser humano, forma parte de ese conjunto de extras (bonus) que han ido adquiriendo los más aventajados. Y hablo de la escritura como forma de comunicación en general, como forma de transmisión de advertencias, órdenes, saludos, pero no como forma de alteración de la realidad, o sea de creación, de arte, alteración que más que una anomalía constituye un despropósito.

La prensa, por ejemplo, es un forma de escritura sofisticada que no se contenta con advertir sino que se lanza a informar ('Diario de avisos y noticias'), previene pero también cuenta, eso sí desde la objetividad memorialista. Este campo, el de los cronistas, como también el de los biógrafos y los historiadores, se caracteriza pues por permitir que la información cambie de mano sin que resulte mancillada por espúreas intervenciones. Será el filósofo, y también el periodista de opinión y el ensayista en general, quien detenga el flujo de información para interactuar con él y así interpretarlo, siendo esta la clave, la diferencia con el narrador de la actualidad que no necesita detener el flujo ya que su papel es ser mera correa de transmisión de la realidad y no analista de la misma.

La tentación de añadir algo de cosecha propia o, al menos, de alterar en parte los datos, surge como fruto del aburrimiento ante la alienante labor constreñida a la copia, a la repetición (aunque a veces sea en otro orden), de los hitos del biografiado o de los sucesos que aportan los teletipos. Al principio, el escribano, tímidamente, sólo cambia una fecha, un horario, un destino en algún viaje; luego, envalentonado, feliz al transgredir la norma, se atreve a modificar algún hecho y, más adelante, dependiendo del grado de osadía que le invada, incluye algún pasaje de su invención, eso sí, que no chirríe en el total del discurso. La autobiografía dulcificada Familias como la mía es un ejemplo de esto último: por razones de cobardía ante los riesgos que acarrearía la relación objetiva de los hechos, y por razones de comercialidad añadiendo humor y sexo para que la historia no resulte árida, el autor cercena y añade a su antojo; una novela no es nunca una biografía (o la biografía no es literatura) por lo que la realidad se utiliza sólo como sustrato dejando que el escritor haga literatura tergiversando la historia.

domingo, 6 de marzo de 2011

Despertó en cama extraña

No dormía con su esposa desde mil novecientos ochenta y cuatro, ni en la misma cama ni en el mismo cuarto; lo decidieron cuando las fiebres. Pero hoy al despertar ella estaba a su lado, acurrucada, aunque vuelta hacia el lado izquierdo donde, por cierto, descansaban otras personas que él creyó con vida.

jueves, 3 de marzo de 2011

Texto para la intervención de Durán Esteva en la capilla del MACBA

Son raros los lugares sagrados que no disponen de un monstruo apostado en la entrada; es el doble aspecto del símbolo, la conclusión del gesto del rayo. Ahora, aquí, un chorro de sangre blanca arranca del altar cruel inclinado, recorre la nave sombría, dobla la esquina que besara Juan Bodino y sanciona las figuras de mazapán antes de acabar en la sagaz sacristía habitada por Barro Materno, aquel Desierto Viviente del obstinado Walt Disney donde venenosos seres brotan de la realidad negada. Hay un friso, moral y saludable, como freno al bisonte, al recurso de carne y cuero, que cierra el flujo: letras cáusticas que marcan el final del universo. Sin razón aparente vuelve el blanco, el color del candidato a ujier de la ciudad de Constantinopla que, en ese doloroso año de 1544, viera una reunión de ciento cincuenta madres y liebres en las lonjas de madera y tras las matas de mimbre. La sangre es la vida, de hecho el vehículo de la vida, de la vida de los metales y del presagio de la lluvia. Sí, alguien comenta que los muñecos de almendra son sanguijuelas en ciernes. El caballero Durante muere, quizá lo fulminan.

sábado, 26 de febrero de 2011

sábado, 12 de febrero de 2011

Perradas 2011

Perrada 1


Viernes, 21/01/11

11h.- Recuperamos un perro muerto. Un cadáver echado desde el Camino de la Depuradora al talud sobre el río Gas por las personas que gestionan las peleas de perros aunque en este caso no se trate de un perro de presa sino de un perro spárring. La información general y la localización se la debemos a un amable senderista.

12h.- Traslado y colocación en un yermo de la finca Morcheta situada en la falda de la cara suroeste de la Peña Oroel, uno de los lugares habituales de carroñada (vertido de despojos de carnicería y matadero para alimento de aves necrófagas).

12:15h.- Inmediata aproximación de buitres que aunque sobrevuelan no bajan, como tampoco lo hacen dos parejas de cuervos y un milano real. La diferencia es notable respecto a la carroñada, ceremonia en la cual las aves descienden a comer al momento, incluso antes de montarnos en los coches. Los perros, y en general los carnívoros, causan recelo a las aves necrófagas.


Domingo, 23/01/11

13:25h.- Visita a Morcheta. Perro comido por buitres. Totalmente. Esqueleto situado unos 25 metros ladera abajo: arrastre característico, en cadáveres de tamaño medio, fruto de la pitanza gregaria y competitiva a cargo de buitres. La piel del perro ha sido también comida al estar ya macerada debido al tiempo transcurrido desde la muerte.


Sábado, 29/01/11

11h.- Encuentro con el paseante informador. Le comunicamos que nos llevamos el perro muerto para pasto de buitres y nos dice que hay otro, en el mismo sitio.





Perrada 2


Sábado, 05/02/11

9:10h.- Recuperamos el segundo perro muerto. Ambos perros, en el lugar en que los habían echado, no resultaban accesibles para los buitres dado el constante paso, por el Camino de la Depuradora, de vehículos de todo tipo así como de senderistas y montañeros y, sobre todo, al quedar los cuerpos encajados en la maraña de espinos y zarzas.

10h.- Traslado a la finca Morcheta. Se deja en el mismo lugar que el primer perro.

10:10h.-Aproximación de buitres. Sobrevuelan altos y, de inmediato, regresan a la Peña Oroel. Una pareja de cuervos y un milano sobrevuelan breves instantes y de modo displicente.


Domingo, 06/02/11

12h.- Visita a Morcheta. Perro intocado. Buitres muy altos por la Peña Oroel. Un quebrantahuesos con ellos. Un cuervo pasa, bastante alto, aleteando sobre el perro, sin graznar. Un milano real aquerenciado a la zona, pero volando alto y lejos de la vertical del cadáver.


Martes, 08/02/11

11:45h.-Visita a Morcheta. Perro sin ojos y con un boquete en el cuello; sin duda labor de córvidos. Una corneja grazna inmisericorde posada en la copa de un pino. Buitres volando altos por la Peña Oroel en compañía de un cuervo y un quebrantahuesos adulto. Un milano real, igual que el pasado domingo, aquerenciado pero siempre alto.


Jueves, 10/02/11

10h.- Visita a Morcheta. Perro totalemente comido por buitres que lo han arrastrado, al irlo devorando, ladera abajo. El esqueleto, que ha quedado junto al del primer perro, conserva esta vez algo de piel, la más peluda. Al no poder comer la piel le dan la vuelta del revés como quien se quita un guante hasta que queda colgando del extremo de las patas, más ancho; una maniobra típica de los buitres que les permite apurar al máximo el alimento que supone un cadáver. (Este segundo cadáver era más reciente que el primero por lo que no había perdido todo el pelo, y la parte de piel que mantenía dicha fanera no era susceptible de ingesta).

jueves, 10 de febrero de 2011

Balneario Sicilia


















Antón Castro, Eugenia Rico, Ferrer Lerín, Margó Venegas.
Sugerencias literarias en los espacios termales.
Balneario Sicilia. Jaraba (Zaragoza). 23/10/10

Fotografía: Vicente Almazán.

lunes, 7 de febrero de 2011

Un atlante

Mi hermana nos advierte de la presencia de un hombre de buen aspecto que cruza la avenida sorteando con rara habilidad todo tipo de vehículos. Sorprende su aplomo, su altura, su pericia. Ahora es de nuevo ella quien nos hace ver que este hombre no sortea los vehículos sino que los aparta gracias a su terrible fuerza y a sus inauditas dimensiones que lo convierten en un gigante y a los vehículos en unas miniaturas. J.M.T. no es un ser humano, o al menos un ser humano al uso, se trata de un coloso que juega con nosotros y con nuestras ciudades y ríos.