lunes, 26 de marzo de 2012
jueves, 22 de marzo de 2012
TV
No tengo muy claro lo que me sucede con la televisión. Hará unos meses experimenté fenómenos de sinestesia viendo una película australiana http://ferrerlerin.blogspot.com.es/2008/07/trayectorias.html y, luego, volví a experimentarlos con los informativos de Telecinco http://ferrerlerin.blogspot.com.es/2008/08/trayectorias-bis.html Ahora, llevo varios días con la sensación de que los protagonistas de las películas de la Sexta3 miran a la cámara, eso sí durante fracciones de segundo; un hecho que no sucedía en anteriores visionados (son películas antiguas) y que me hace dudar de si miran realmente a la cámara o me miran a mí en un acto de control, de comprobación de presencia. Además, este mediodía, al apagar el monitor, la voz del presentador ha permanecido en el aire durante más tiempo del acostumbrado, hablando, aseguraría, del mejor herrador del mundo, un alemán residente en Italia que se traslada cada semana a un pueblo de la provincia de Sevilla para atender a un caballo llamado “Calvo y exterminio”.
martes, 20 de marzo de 2012
El piano de tía Emmy
Ha sido hoy, en este vigésimo aniversario de la compra de La música del azar, releyendo el pasaje de la venta del piano, cuando han vuelto las imágenes de la vivienda de mis abuelos maternos, en concreto la imagen del piano, el piano que se ubicaba en una pieza lateral, no pequeña, adosada a aquella gran habitación llamada “la galería”. Un piano ante el que nunca vi a nadie sentado y, que yo, de modo casi furtivo, me atrevía alguna vez a tocar, torpemente. Muere mi abuela, queda sola tía Emmy y, poco a poco, va desprendiéndose de las cosas de valor, quedando el piano para el final; no porque sintiera por él especial apego sino por el limitado interés de los anticuarios hacia un mueble de mal transporte, peor almacenamiento y difícil venta. Jim Nashe consiguió cuatrocientos cincuenta dólares; Emmy Lerín no conseguiría mucho más.
domingo, 18 de marzo de 2012
Aragonán
Una historia sólo relatada de palabra, en charlas y mesas redondas, que se inicia con una llamada telefónica recibida pocas semanas después de la publicación de la novela Níquel. Alguien, con voz aterciopelada, pregunta si habla con Francisco Ferrer Lerín y, al decirle que sí, pasa a identificarse como El Gran Masturbador de Aragón. Llama para darme las gracias por haber escrito la novela Níquel, el primer libro que le ha permitido masturbarse tres veces durante su lectura, aclarando a continuación que no fueron tres veces sino muchas más, eso sí concentradas en los tres pasajes proclives, según él, al ejercicio de dicha práctica. Le agradezco el cumplido y quedamos tan amigos. Al cabo de un tiempo, en una recepción en Zaragoza, un caballero viene a mi encuentro y se presenta como XXX, señalando, no obstante, que ya nos conocíamos telefónicamente, pero que en aquella ocasión sólo me facilitó su nombre postizo. Me entrega una tarjeta de visita, convencional, sin tratamientos, y dice que en su casa de Huesca tiene una colección de estatuillas eróticas que podrían interesarme. Nos despedimos. Y, hará una semana, el día anterior de un viaje a la capital de la provincia por cuestiones tributarias, decido, irreflexivamente, llamarle. Marco su número de teléfono fijo. Tardan en descolgar. Pero, al fin, surge la voz atercipelada. Le digo quién soy y él, de modo atropellado, balbucea algo así como: ¡hombre Ferrer, qué alegría, ahora mismo le atiendo, es que precisamente me estaba masturbando! No sé si por homofobia o simplemente por higiene, suelto el auricular, y cuelgo. Un titán, sin duda, pero no he querido volver a saber de él.
jueves, 15 de marzo de 2012
Humor
Sería 1973. Acababa de publicar, en Papeles de Son Armadans, el relato biográfico (prosa poética según Carlos Jiménez Arribas) “Rinola Cornejo y el Estrangulador de Boston”, cuando cierto compañero de universidad me entrevistó para una revista literaria que él dirigía. Parece que vea la escena: sentados uno frente a otro en unos sillones de eskay del bar Don Pancho de la Travesera de Gracia de Barcelona, la mesa repleta de folios y, en su mano regordeta, una primitiva grabadora que funcionaba a tirones. De la entrevista, de la que no conservo prueba, sólo recuerdo la insistencia con la que el entrevistador, hoy reconocido y pulcro poeta canario, me preguntaba acerca del tono humorístico que flotaba en ese y en otros trabajos míos; el hombre no lo entendía y, quizá, no lo toleraba. Luego, no sé exactamente cuándo, conocí las declaraciones de mi ídolo Jorge Luis Borges sobre la inconveniencia de incluir chistes e ironías en la literatura, reservándolos para tertulias y otros intercambios orales. Quedé marcado; yo no contaba chistes (no he contado nunca, ni sé contarlos ni recuerdo siquiera uno si tuviera que hacerlo ahora) y el humor que el vate insular me atribuía no era el humor al uso, quiero decir que no era el humor chocarrero y obvio de otros escribanos pero, estaba claro, en mi escritura había un elemento no canónico que podía obrar en la dirección del desprestigio a la hora de evaluarla. Menos mal que ayer comprobé, en los Apuntes Biográficos sobre Joseph Haydn, de su coetáneo Georg August Griesinger, traducidos, prologados y anotados por mi amigo Luis Gago, que los genios también pueden ejercer el humor aunque sea, en el caso del príncipe de la armonía, en un campo, el de las pantomimas, bromas gordas y picardías inocentes, que no es el mío.
lunes, 12 de marzo de 2012
¿Es la simetría una exigencia de carácter burgués?
Al hilo de Entre la
inspiración y el proyecto. La zona intermedia de Jesús Martínez Clarà, mi
actual libro de cabecera, surge un comentario sobre el modo de colgar los
trapos de cocina. Señalo la dificultad, la prevención, casi el dolor, en las
fases del proceso de avance y entrada en la cocina ante el posible espectáculo
de dos trapos colgados asimétricamente en los tres ganchos situados junto al
frigorífico. El desasosiego, la perentoria necesidad de colgarlos “bien” (un
gancho libre en medio), anula cualquier satisfacción posterior; además existe el
temor de que en unos minutos vuelvan a estar agrupados (a derecha o izquierda,
da igual) dejando un gancho desnudo en uno de los extremos. Leo compulsivamente
a Jesús Martínez a la búsqueda de consuelo.
“En los grabados de los
libros del monje benedictino del SXV Basilii Valentin (...) como en toda la
iconografía alquímica, la simetría marcada por la relación entre dos ámbitos:
arriba y abajo, derecha e izquierda, crea una similitud entre unas coordenadas
espaciales que se convierten en un pilar hermético repleto de claves y sujetas
a todo tipo de interpretaciones. (...) El antiguo concepto griego de simetría
alcanza una cota alta, una cima en los mosaicos y mausoleos paleocristianos de
Rávena y Bizancio. (...) En estos mosaicos actúan dos tipos de mimesis: una
horizontal en la propia distribución de las figuras en el espacio, y otra
vertical reflejo de la divinidad en el mundo. (...) Una estética de lo asimétrico
sería impensable en las etapas fundamentales de la historia del arte occidental
(...) sin embargo caeríamos en una negación de principios científicos y
estéticos al no reconocer el papel de algunos argumentos que cuestionan el
papel exclusivo del ideal de simetría. La naturaleza ofrece modelos de conducta
(...) que no están sujetos a la mimesis, ni a la simetría. (...) En el arte
chino o japonés la habitación del té se considera la casa de la asimetría.
(...) El tema central es pues la fricción, la lucha o la aceptación de la
perturbación que nos pueden crear los agentes asimétricos.”
domingo, 11 de marzo de 2012
Fractura e integridad
Uno
de los textos más polémicos del libro Edad del insecto es el titulado
“Poema de Seferis con tres versos incompletos por rotura de la cuartilla”. Se trata de la transcripción de una
poesía mecanografiada en una cuartilla a la que le falta una esquina. El
título, que remite a la totalidad del contenido de la página del libro, se
presta a confusión ya que, visualmente, sirve también de título del poema,
carente de este adminículo. Tampoco consta el nombre del traductor y el nombre
de la fuente. Edad del insecto será publicado por Leteradura en otoño de 2013.
Como dice Jesús Martínez Clará, en La zona intermedia, ‘la fractura’ nos produce ‘un profundo malestar pues es cierto que tenemos una irresistible tendencia hacia lo unitario’. Quizá esta sea la razón por la que “Poema de Seferis con tres versos incompletos por rotura de la cuartilla” produce incomodidad en el lector, y la búsqueda de esta incomodidad sea el motivo de su inclusión en Edad del insecto, breviario provocador.
Como dice Jesús Martínez Clará, en La zona intermedia, ‘la fractura’ nos produce ‘un profundo malestar pues es cierto que tenemos una irresistible tendencia hacia lo unitario’. Quizá esta sea la razón por la que “Poema de Seferis con tres versos incompletos por rotura de la cuartilla” produce incomodidad en el lector, y la búsqueda de esta incomodidad sea el motivo de su inclusión en Edad del insecto, breviario provocador.
sábado, 10 de marzo de 2012
Cintas progresivas
Estos son los hechos: un
bromista coloca una cinta cada día más gruesa en el interior del sombrero de
una persona que acaba suicidándose al creer que la cabeza le está creciendo. El
problema reside en saber quién es el autor de esta emocionante historia. Podría
tratarse de un cuento de César González Ruano. Pero no. He consultado a los
mejores especialistas en la obra del escritor falangista y nadie lo da como
suyo. ¿Y si no fue Ruano...? He consultado a los mejores especialistas en relatos
breves. No tienen ni idea. ¿Habré sido yo? ¿Lo habré imaginado en una tarde de
póquer, en una de esas tardes en que no vienen cartas y quedas ahí flotando en
medio de una nube?
lunes, 5 de marzo de 2012
Ya saben
Ya saben. Domingo tarde. 501
colapsada. Estoy en el porche, en el chalé de El Bosque, en Villaviciosa de
Odón. Han encendido los faros y el reguero de luz permanece inmóvil. Calculo. Un par de horas. Pero aquel día algo debió de ocurrir. Una explosión, según Mariajo. A las once, todo estaba igual. Yo ya,
intranquilo. Los coches parados, pocos con las luces encendidas. La radio no
iba. Tampoco la televisión. Tampoco el móvil. A las doce, la
oscuridad era total. Pero de allí llegaba el único sonido, el rumor de algún
motor. Salté de la cama. Las siete y cuarto. Tenía junta a las diez. Fui a ver
la autovía. Despejada. Me duché. Desayuné algo. Me vestí. Y a las ocho en punto
salía del garaje. Seguía sin tráfico. ¡Qué raro un lunes y a aquella hora! Eso
sí, en todo el trayecto, los arcenes ocupados. Por grúas. Por ambulancias. Por
coches fúnebres. Retiraban vehículos. Retiraban heridos. Retiraban cadáveres.
La noche aciaga, para algunos. Yo llegué muy bien. Jamás viajé tan cómodo.
miércoles, 29 de febrero de 2012
domingo, 26 de febrero de 2012
Poliantea
Acabo de recibir de manos de
su autor, Jesús Martínez Clarà, el
libro Entre la inspiración y el proyecto. La zona intermedia, un volumen
de 254 páginas, letra pequeña y gran riqueza argumental, que dispone de las
características suficientes para ser considerado una poliantea, una abundante
fuente de información que se aborda desde numerosos ángulos. Dice Martínez
Clarà en la presentación de la obra que el volumen es diverso ya que, por un
lado, trata gran variedad de propuestas artísticas y, por otro, responde a los
estímulos de compañeros y alumnos del centro en el que ha desarrollado su labor
a lo largo de los últimos treinta años. Transcribo a continuación el primer
párrafo del trabajo titulado “El diseño y sus efectos” que tiene mucho de seguimiento
de la realidad del arte a través de peculiares pesquisas.
Después de leer The Remains of the Day de Kazuo
Ishiguro supe que cuando dejamos entrar un nuevo objeto en nuestra vida, esta
puede cambiar hasta límites insospechados. Un moderno cortador de verduras, una
silla o, cualquier lámpara, una figurita barroca, los siempre imprescindibles
útiles de mesa o un juego de té, de plata bien brillante, tienen la facultad de
cambiar el rumbo de la historia, de hacernos más felices o más desgraciados. La
novela de Ishiguro nos presenta un momento difícil en Europa, la posible
alianza de un sector de la aristocracia política de Inglaterra que seducida por
el nazismo propone un pacto de guerra con Alemania. La figua del mayordomo
Stevens, al servicio de uno de los conspiradores, es tratada aquí, como ejemplo
de dignidad, estoicismo y sabiduría en el trato con los objetos de la casa. Es
sabido que entre las virtudes principales de los buenos mayordomos, se
encuentra la de conseguir una plata bien reluciente y para lograrlo cada uno
tiene su secreto mejor guardado; Ishiguro propone en su novela que en un
momento de toma de decisiones , en las que la vida o la muerte de tantos
jóvenes estaba a punto de decidirse, algo tan “insignificante” como el brillo
de una tetera hizo cambiar por completo el estado de ánimo de lord Halifax en
su conversación con von Ribbentrop e influyó definitivamente en la toma de una
decisión histórica.
jueves, 23 de febrero de 2012
Mujeres extraordinarias, 4
Familias como la mía no es una novela centrada en el análisis de la psicología femenina, sin embargo contiene dos pasajes en los que se aborda la espinosa cuestión de la no belleza en la mujer o, más crudamente, la de su fealdad. Son estos:
...la no perfección, el no tratarse de un ser excesivamente
bello, procuraba sorpresas, descubrimientos; cualquier nuevo matiz en su rostro
o en su cuerpo, cualquier aproximación, aún momentánea, a los cánones de
belleza, suponía una victoria, una alegría que enseguida le notificaba, y que
ella agradecía y premiaba con un beso y a veces con un cariñoso puñetazo...
(pág. 167)
...esas mujeres tan feas que siempre están en movimiento
para que nadie pueda enfocar correctamente su imagen... (pág. 194)
Viene esto a cuento por la
sorprendente reacción de una señora tedesca conocida estos días a
través de una página de contactos que, ante la posibilidad de un encuentro
real, para cubrirse, para no crear falsas expectativas, me ha enviado varias
fotos suyas nada favorecedoras, primeros planos, casi planos anatómicos
faciales, hechos desde abajo, los pliegues y las carnosidades de la cara
colgando.
miércoles, 22 de febrero de 2012
Mujeres extraordinarias, 1 (b)
Es notable la capacidad
evocadora de ciertos alimentos o quizá sería más exacto decir de ciertos
condimentos. Hoy, sin ir más lejos, al comerme una pepitoria en el Hostal
Lugones me han vuelto la voz, los gestos, la ropa de la mujer caballo y he
recordado otro episodio, otro rosario de episodios vividos con esta dama: sus
urgencias sexuales y el procedimiento que llegó a ser habitual para dar salida
adecuada a esas pulsiones. Quizá todo se iniciara en una zona de costa, en una
zona de costa y en una época estival en la que son normales el bullicio en los
enclaves turísticos, el constante ir y venir en los hoteles y edificios de
apartamentos. En resumen, que sin titubeos y con paso firme entrábamos en un
establecimiento hostelero, subíamos a la primera planta a ver si alguna
habitación vacía tenía la puerta abierta y allí nos lo montábamos; si no la
había subíamos a la siguiente. Podría ser que el reciente visionado de la
película Casa de juegos haya contribuido a facilitar el recuerdo.
lunes, 20 de febrero de 2012
sábado, 18 de febrero de 2012
martes, 14 de febrero de 2012
Caducidad
Merendaba. Untaba, con paté
Tapa Negra de La Piara, una rebanada de pan con avena de la marca blanca de
Mercadona, cuando se me ocurrió mirar la fecha de caducidad de la latita.
30/08/16. Mi primera reacción fue pensar lo mucho que aguantaba este producto
cárnico pero, en seguida, reparé en que 2016 era el año en el que yo tenía
previsto morir, para cuadrar los gastos con los ahorros, y que ya hacía constar
en algunas notas biográficas [x]. Qué poco faltaba, pensé. Quizá debiera
reducir mis gastos para alargar al menos un par de años mis reservas. Y además
no sabía aún cómo llevar a cabo lo del suicidio.
lunes, 13 de febrero de 2012
Textos anónimos 18
Un ranchero con grandes ambiciones empresariales no tarda en
descubrir que no es el único con las mismas pretensiones empresariales en la
zona, lo que le implicará en una intensa competencia.
sábado, 11 de febrero de 2012
Alejamiento del suelo
Con la edad nos alejamos del suelo, dejamos de escudriñar las marcas del terreno; rayas, manchas, pequeñas miserias aplastadas que configuran una geografía que sólo se aprovecha durante la infancia. Al erguirnos, al dejar de reptar, perdemos una información preciosa; quizá la posibilidad de esta ausencia sea la causa del miedo a transformarnos, algún día, en adultos.
domingo, 5 de febrero de 2012
Vigoncal
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