martes, 4 de diciembre de 2012

Juan Pérez 'El Muerto'


Para evitar los insultos que se cometían en Sierra Morena, al abrigo de las espesuras de maleza, desde los tiempos de los famosos salteadores de caminos Caracotta y Materno (siglo primero de nuestra era), fueron surgiendo, a lo largo de la historia, diversas partidas de voluntarios fuertes y de arreglado comportamiento con el fin de ayudar a los soldados y carabineros que, a menudo, eran incapaces de solventar el problema. Entre los escopeteros reclutados para formar dichas partidas destacó Juan Pérez ‘El Muerto’ quien en compañía de Cristóbal Manchón ‘El Menguizo’ acosó al sanguinario forajido Lucas Ramos ‘El Ciervo’ hasta el domicilio de este en la calle Manga de Gabán de la localidad cordobesa de Palma del Río donde fue preso.

Dos testimonios del celo de Juan Pérez ‘El Muerto en el desarrollo de la tarea confiscatoria y del buen hacer en la escritura son estos dos documentos redactados de su puño y letra que transcribimos en parte: 

“Joaquín Pulpillo, carabinero de una partida de caballería que escoltaba una conducta desde Cádiz a Madrid, intentó robar uno de los 39 cajones cargados de monedas en la venta de El Rumblar el 8 de abril de 1797. Al despertar sospechas por su irregular conducta el carabinero fue detenido y desposeído de su impedimenta que se componía de capa, casaca, sombrero, escarapela, caballo, silla, brida, botines, manta, cabezón, saco, trastes, espada, cinturón, pistola, juego de hebillas, cartuchera, bandolera y morral.”

“El sábado 13 de diciembre de 1806, en la encomienda de Navas de la Condesa, rindieron armas tres malhechores dos de los cuales fueron entregados al Maestro de Postas de Santa Elena para su escarmiento y del tercero al negarse a dar su gracia hubo que dar, en su encarcelamiento,  descripción firmada y que decía que el ladrón era de unos 35 años, su estatura como de dos varas, color trigueño, con patillas medianas, pañuelo encarnado en la cabeza, montera de paño pardo con bastante alama, chaqueta y calzones también de paño pardo, botines negros e iba sobre un caballo castaño oscuro de la marca, con dos escopetas.”

    
       

3 comentarios:

Miquel dijo...

Vengo de parte de Cornadó. Y creo, será la persona que me habrá de ayudar.
Por favor, ¿ me puedes envíar su correo a :
miquelcartisano@hotmail.com

Lo explicaré con detalle y poco a poco, y a ver su parecer con el dilema que tengo. Salut

RETABLO dijo...

La descripción es espléndida. Si la Venta de Rumblar es lugar cercano a Baños de la Encina, puedo decir que fue zona muy frecuentada por partidas de ladrones que tenían amedrentadas a las autoridades de dicho concejo. Una vez llegaron a robar incluso en un templo y, una vez, demoler el muro de la cárcel real de dicho pueblo para darse a la fuga pues había algunos detenidos por la Justicia. Hubo también, ahora hablo de memoria, un molino en El Rumblar que era de un clérigo y que descerrajaron en el XVII.

Saludos.

Perpetuum dijo...

Así que “El Muerto” -imagino que su alias se refería a lo inesperado y fantasmal de su aparición-, era una especie de corsario de tierra. Un escopetero con licencia. La actualización de Juan Pérez me parece una imagen de transición de un escopetero a un agente secreto. Del escopetero conserva indudablemente las patillas.