viernes, 30 de julio de 2010

La soledad de Bombillón

Se cumple ahora un año de la muerte de Bombillón. Bombillón el fotógrafo. El fotógrafo animalista del que conservo dos obras suyas, dos retratos estremecedores. El primero es un plano frontal de un alacrán cebollero, esa bestia menuda, vigorosa, que remeda a la perfección a un perro de presa y de la que Bombillón era admirador irreductible, en parte, según me dijo, porque gracias a ella consiguió el único notable en sus estudios al enumerar, en un examen de ciencias naturales en que se pedía citar un insecto ortóptero, varios de los nombres que recibe en nuestra patria: alacrán cebollero, cortón, grillo real, grillotalpa, y otros que ya no recuerdo. El segundo es terrible. Un caracol recién aplastado pero aún vivo es devorado por una gran babosa negra y una caracola, ese gasterópodo del que se acostumbra a encontrar su concha cónica vacía pero que rara vez se puede ver completo y menos en labores canibalísticas. Bombillón dejaba su alma en las imágenes. La soledad suicida del alacrán cebollero salido de la cuneta herbosa tras la tormenta e inmortalizado en el punto en el que se dispone a cruzar la carretera y la soledad indefensa del caracol de huerta con la cáscara hecha trizas y un resto de vida débil ofrecida a la voracidad de dos teóricos amigos de la familia, eran formas de su soledad. ¿Nos estará fotografiando, como nuevos animalejos, desde la soledad celeste?

17 comentarios:

Anónimo dijo...

Genial.

Regards,
José Luís Cenital

Manel Casas dijo...

Señor Ferrer. De crio cogiamos de esos bichos y se los metiamos a las chicas por bajo las faldillas. Les llamaban cangrejones

Joan Marrugat dijo...

Amigo Ferrer, hablando de tu amigo Bombillón, nos pintas al solitario que espera horas cerca del escondrijo del insecto o que camina agachado por el monte para localizar el festín de la babosa, y al final su premio suele ser contundente pero efímero, sólo visto y gustado por una selecta minoría.

Tu mención del caracol pisoteado ha estimulado mi recuerdo.

Describo -en catalán- el cansancio en que me ahogaba trabajando en Valencia.
Tenia 35 años y mi hija no se cree que cada noche llegara a casa -esposa, hijos, televisión- llevando en mi el vacío del samurai.

Por afinidad a este Bombillón naturalista te pongo el fragmento en que hablo de fatigas y caracoles pisados...

«Si quan treballes et canses, és molt fàcil descansar per tornar-hi: menges una galeta, beus aigua, potser cafè ensucrat i reposes la mica d’energia que has perdut tot feinejant. És molt difícil, però, descansar quan ets molt cansat: quan ja no pots més i no tens ni esma de parlar, no tens gens de gana i tant sols vols jeure allà on sigui i que et deixin tranquil...

Mentre dura el repòs de les petites fatigues el cap encara va bé i gaudeixes d’un plausible benpensar, però si t’aclapara la gran fatiga el cap no n’encerta ni una: et queda buit i et pesa la fatiga de tots els mesos anteriors. D’allò del benpensar no en queda rastre i desvaries i et sents tot tu com un cargol bover (Helix aspersa) mig trepitjat per un excursionista badoc (Homo sapiens).

Cap allà l’any 1982 vivíem tota la família a L'Eliana, un poble del Camp del Turia.
Al costat del poble, dins de la factoria d’IBM de la Pobla de Vallbona va ser el lloc on més he treballat de la meva vida: en cos i ànima, sempre dispost per atendre els requeriments de servei de tots els departaments que usaven el nostre ordinador principal i la tasca que realitzaven -amb dos torns de 7 hores- les catorze persones que depenien de mi.

Van ser gairebé vuit anys defensant el meu càrrec i la meva nòmina com qui defensa un tresor amb ungles i dents -això va obrir un esvoranc familiar.

En aquella fàbrica hi havia fet moltes jornades de quinze hores sense dret a cobrar les hores que passaven de les vuit de reglament, donat que els treballadors de coll blanc érem exempts (eufemisme que volia dir ‘no cobres extres’).

Una nit de primavera vaig sortir de la planta a les deu tocades, anava amb mànigues de camisa tot conduint el SEAT 124 amb la finestra abaixada, sense córrer gaire, molt i molt fatigat.

Els fars d’aquell cotxe no eren una meravella i quan havia fet uns tres-cents metres, abans d’arribar a la cruïlla amb la carretera de L’Eliana, vaig notar una taca estranya allà al davant i vaig frenar amb sec; m’hi vaig anar acostant guiat pels fars de l’auto, fins a estar a uns tres metres de la cosa: hi havia una catifa fosca que es movia per la carretera, venia dels camps de la dreta, entrava i sortia de la rasa, travessava lentament l’asfalt, baixava a l’altra rasa i desprès en sortia, en direcció dels camps de l’esquerra.

Vaig baixar del cotxe i amb la llum dels fars vaig veure que eren cargols terrers, potser milions, devia de fer estona que passaven, perquè es veia la marca de rodes d’un cotxe que havia passat abans.

Cap el sud, damunt de la ciutat de València hi havia lluna plena i no era gaire alta, no feia vent i el silenci al camp era total, es podia sentir el crec-crec de milers de closques de cargol xocant l’una amb l’altre mentre avançaven.

Ho vaig contemplar tres o quatre minuts, estava molt cansat i a casa m’esperaven.
Vaig entrar al SEAT, em vaig cordar el cinturó i vaig passar per damunt d’aquella catifa biològica que devia de tenir uns quatre metres d’amplada.

Vaig provar de passar per damunt de les roderes del cotxe que havia circulat abans que jo -ara sé que no va servir de res- però penso que en devia de matar un parell de milers o més, tant atapeïts anaven.

Aproximadament així de cansat i esclafat com un cargol em sento ara, i qui m’esclafa és un ens anònim -cansat com jo mateix- que no té res contra mi i que fa tard per sopar amb la seva família»

Ferrer Lerín dijo...

Nunca he visto una alfombra de caracoles cruzar una carretera pero sí de sapos, y el resultado es el mismo: una papilla trágica.

Joan Marrugat dijo...

«Si cuando trabajas te cansas es muy fácil descansar para volver al tajo: te comes una galleta, bebes agua, quizás café azucarado y repones la energía que has perdido trabajando.
Pero es muy difícil lograr el descanso cuando estás ya muy cansado: cuando ya no puedes más y no tienes ni aliento para hablar, apenas tienes hambre y sólo deseas tumbarte allí donde sea y que te dejen tranquilo...

Mientras dura el reposo de las pequeñas fatigas la cabeza aun va bien y gozas de una plausible lucidez, pero si te anonada la gran fatiga tu cabeza no acierta ni una: te queda vacía y te pesa la fatiga de los meses anteriores; de aquella lucidez no queda ni rastro y desvarías y te sientes todo tú como un caracol común (Helix aspersa) medio pisado por un excursionista distraído (Homo sapiens).

Por allá 1982 vivíamos toda la familia en L'Eliana, un pueblo del Camp del Turia.
Al lado del pueblo, en la factoría de IBM de la Pobla de Vallbona fue el lugar donde más he trabajado en mi vida: en cuerpo y alma, siempre dispuesto para atender los requerimientos de servicio de los departamentos que usaban nuestro ordenador principal y la tarea que realizaban -en dos turnos de 7 horas- las catorce personas que dependían de mi.

Fueron ocho años defendiendo mi cargo y mi nómina como quién defiende un tesoro con uñas y dientes -eso abrió una brecha familiar.
En aquella fábrica había hecho muchas jornadas de quince horas sin derecho a cobrar las que pasaban de las ocho de reglamento, dado que los empleados de cuello blanco estábamos exentos (eufemismo que significaba ‘no cobras extras’).

Una noche de primavera salí de la planta pasadas las diez, en mangas de camisa, conduciendo despacio el SEAT 124 con la ventana bajada, muy muy fatigado.
Los faros de aquel coche no eran ninguna maravilla y cuando había recorrido unos trescientos metros, antes del cruce con la carretera de L’Eliana, noté una mancha extraña allá delante y frené en seco; luego me fui acercando guiado por los faros del auto, hasta estar a unos tres metros de la cosa: había una alfombra oscura que se movía por la carretera, venía de los campos de la derecha, entraba y salía de la cuneta, atravesaba lentamente el asfalto, bajaba por la otra cuneta y después salía en dirección a los campos de la izquierda.

Bajé del coche y con la luz de los faros vi que eran caracoles terrestres, quizás millones, que hacía ya rato que pasaban porque se veía la marca de ruedas de un coche que había pasado antes.

Hacia el sur, sobre la ciudad de Valencia había luna llena y no muy alta, no hacía viento y el silencio en el campo era total, se podía oír el crec-crec de miles de conchas de caracol chocando unas con otras en su avance.

Contemplé aquello durante tres o cuatro minutos, estaba muy cansado y en casa me esperaban.

Entré en el SEAT, me abroché el cinturón y pasé por encima de aquella alfombra biológica que debía tener unos cuatro metros de ancho.
Probé de pasar justo por encima de las roderas del coche que había circulado antes que yo -ahora se que no sirvió de nada- pero pienso que quizás chafé un par de miles o más, tan prietos iban.

Aproximadamente así de cansado y chafado como un caracol me siento ahora, y quién me chafa es un ente anónimo -tan cansado como yo mismo- que no tiene nada contra mi y que lleva prisa para cenar con su familia»

La Vieja Dama dijo...

Existe una horrible parafilia sexual llamada crushing, consistente en pisar animales, oir el ruido que producen y...gozar sexualmente.

Joan Marrugat dijo...

Con los pies descalzos... ¿aumenta o disminuye la horribilidad?

Joan Marrugat dijo...

Con lo sensual humano sucede lo mismo que con el tema del bonsai*: las fotos de los arbolitos y los catálogos de bandejas y herramientas de aspecto japonés son muy atractivos y se venden mucho. Los miles de jardineritos aficionados tienen bastante con nutrirse de papel couché en colores, vademécums y webs.

Pero -pero- la práctica tangible y el cotidiano cuidado de arbolitos en bandeja con finalidades de éxito estético, exige tanto espacio adecuado, tanta atención diaria, tanta pasión perseverante y tantos conocimientos técnicos -incluidas aptitudes estéticas y amor al arte- que salvo unos cientos de practicantes asiduos, el resto somos dimisonarios -como el sr. obispo de Palencia- del arte japonés y contamos por cientos los arbolitos que se nos han muerto y guardamos en el cajón de las lástimas los libros y revistas de bonsai, las tijeras, las pinzas, el alambre y el frasco de Listerine para el pulgón verde.
Esta es, al menos, mi experiencia.

Somos tan listos que hemos catalogado las escasas tres docenas -quizás menos- de parafilias o perversiones que acrecientan la respuesta sensual humana.
Las miles de ellas que aparecen en libros, revistas y la red, no son sino refritos, aleaciones, mezclas o combinas de aquellas treinta y pico que -honradamente- se podrían aislar como originales y no contaminadas por las otras.Y es en el papel couché de los libros, revistas y webs de vertical sonrisa do habita tal cohorte de parafilias o perversiones.

El crushing, por ejemplo.

*lo dicho también sirve para los aficionados a la Fórmula 1.

La Vieja Dama dijo...

Diga Usted que sí, Sr. Marrugat!!

Joan Marrugat dijo...

Ay! vecchia signora... no sabe Usted como me cae que me den la razón en temas de opinión baladí y banal desahogo.
Groucho me sonrie y Tati disimula mirando hacia arriba.
En fin...

La Vieja Dama dijo...

Difrute de la sonrisa del sr. Marx (Don Groucho), sólo eso...amic Joan.

En definitiva: disfrutemos!

La Vieja Dama dijo...

Quería decir "disfrute" y no "difrute". Una se pone nerviosa y atravesada y los dedos baian mal por el teclado.

Y el amor...oh, el amor!! Disfrutemos.

Un saludo, Don Francisco. Istefel, está usted perdido? :)) Y el sr. Cars? El verano hace estragos...

Joan Marrugat dijo...

Ciertamente agosto nos disgrega y nos aleja de la tibia pantalla.
El asueto y la galvana tardoral, lejanear haraganeando por la orilla del mar...

Antaño, en los cuentos de Grimm de Editorial Molino aparecía el 'pájaro grifo' ¿por qué 'grifo'?

Un saludito Señora.

Ferrer Lerín dijo...

En http://ferrerlerin.blogspot.com/2009/12/la-nina-asna-y-el-sargento-epididimo.html se habla un poco de grifos y jetas. En portugués, inglés e italiano se aplica el nombre del animal mítico al buitre leonado: 'Grifo', 'Griffon Vulture' y 'Grifone'

Istefel dijo...

Yo
Había escrito esto

""Para saber si hay Grillos topos en una determinada área del césped se utiliza una solución de agua y detergente líquido. Echa en una regadera 30 cc. de detergente en 5 litros de agua y riega en ese punto. Deben salir a los pocos minutos. Si no saliesen, no son Grillos topo, se puede sospechar entonces del ataque de Rosquillas, Gusanos blancos, hongos, sequía u otras causas."
( De Multivac)

Y así sentado con la máquina el del bombín
esperando horas del tiempo
con el sólo concurso de una lente Carl Zeiss
señala la pálida catástrofe
confín limítrofe
de la ola en espiral."

Pero me limité a escribirlo, a leerlo, a abandonarlo.

Joan Marrugat dijo...

Pero ahí está y lo estamos gustando... apuntes de botánica entomológica con óptica alemana, ahí es nada!

Eso... el detergente deberá ser biodegradable ¿verdad? es que ahora, con eso de la protección a los animales ya no podemos torearnos la ley.

Iste dijo...

Estimado Joan:
No sé si el detergente tendría que ser a ese fín biodegradable o contaminante puro, habría que descender de nuevo a las apacibles entrañas de este multivac omnipresente para realizar la consulta. De cualesquiera de los modos, no creo que la máquina albergue nociones morales de ninguna especie, tal vez los que la acrecientan sí dispongan de tales mecanismos superanimales.
Mi idea es que todo se reduce en última instancia, a materia( Ocurre, empero, que tampoco sé exactamente en qué demonios consiste...)
Les dejo
que va a venir a jugar.
( PD: despáchese a gusto con la inexacta gramática de este texto...)