jueves, 10 de julio de 2008

Nexus

Una relectura de El Bestiario de Ferrer Lerín (Galaxia Gutenberg, 2007) me lleva a considerar algunos de sus textos como fuente de un nuevo libro sustentado en la conexión y la extravagancia. Por ejemplo, la entrada GONTRAN:



El monje Elinand cuenta que a un soldado llamado Gontran de la comitiva de Henry, arzobispo de Reims, habiéndose dormido en el campo con la boca abierta, le salió de ella una bestia blanca parecida a una comadreja que se fue directamente a un arroyo que estaba allí cerca. Al verla, un hombre de armas que subía y bajaba por la orilla para encontrar un paso, le hizo un pequeño puente con su espada, por el cual atravesó la corriente perdiéndose a continuación entre la maleza. Poco después la vio volver y el mismo soldado le hizo de nuevo un puente con su espada. El animal cruzó por segunda vez y regresó a la boca del durmiente. Despertose éste entonces y preguntándole sus compañeros si había soñado algo, contestó que se hallaba fatigado y molido como de un largo viaje y que le parecía haber pasado con dificultad dos veces sobre un puente de hierro. Levantóse entonces y se puso a caminar por la orilla del arroyo, donde ayudó con su espada a una comadreja blanca a cruzar por dos veces las aguas. Al fin también él logró cruzar y se encaminó al pie de una colina donde buscó el tesoro en el lugar en el que en su sueño lo había desenterrado, pero el tesoro no estaba ya allí, alguien se le había adelantado. [Ricardo de la Espesura, Vanas advocaciones y glosario de imperfectos, Madrid, Librería Extranjera de Denné y Compañía, 1838.]



Este Gontran desapellidado me conduce a Gontran de Boismassif que contrae matrimonio con su prima Hélène de la Cerisaie y a quien su preceptor Pausanias se olvidó de instruir en los secretos de la noche de bodas aunque una azarosa circunstancia le permitiera resolver favorablemente el contratiempo. Son giros argumentales de la opereta Une Education Manquée de Emmanuel Chabrier del que, en el artículo que le dedica la versión española de Wikipedia, puede leerse, entre otras cosas, lo siguiente:



Emmanuel Alexis Chabrier (18 de enero de 1841 – † 13 de septiembre de 1894) fue un compositor francés de la región de Auvernia del centro de Francia y nació en Ambert en 1841. La región en la que nació es tradicionalmente conocida por proveer a los parisenses de queso, repollo y mano de obra para reparar las calderas. Si bien sus padres, notando sus habilidades, lo llevaron a París en 1856, no siguió el camino de estudiar en el Conservatorio o en otras instituciones musicales de menor prestigio; él sin embargo no renegó de sus orígenes provincianos. En su lugar, se presentó como provinciano: qué otro compositor, al pasar los esparrágos en la cena a una señora bien sofisticada, podría haberle murmurado: "Debo advertirle, mi señora, que le hace cosas terribles a su orina". En el frente musical, Chabrier aprendía muy rápido. En el año 1883 produjo no sólo animadversiones por hermafroditismo, sino España, resultado de varios meses pasados en dicho país el año anterior.



Las versiones francesa e inglesa de Wikipedia no hablan de queso, repollo, calderas, espárragos, orina ni, sobre todo, de que en el año 1883 produjera animadversión por hermafroditismo. Consultado el experto en música francesa Santiago Salaverri me facilita un ensayo, en inglés, sobre la ópera L’Etoile de Chabrier del que entresaco un párrafo (traducido y anotado por la profesora Lali Otero).



“¿Se ha dado usted cuenta de cómo está desapareciendo el hermafroditismo últimamente? Esto se lo decía yo esta mañana al sargento de policía durante mi paseo y, naturalmente, el sargento estuvo de acuerdo conmigo.” No, no se trata de Satie o de Beachcomber o Spike o Python (¿Monty?), sino de Emmanuel Chabrier a los 42 años. Es fácil entender que un escritor/compositor como él en el París de 1883 debió ser mal interpretado e infravalorado.





Nota de Lali:


No me parece que haya ningún doble sentido en lo del hermafroditismo, sino que es sólo una salida de humor surrealista avant-la-lettre del tal Chabrier, que, claro está, no podía ser entendido por el poli ni por nadie en aquellos tiempos.


Por otro lado, Proust llamaba hermafroditas a los homosexuales, sin más contemplaciones, lo que resulta literariamente interesante pero anatómicamente inexacto. Si Chabrier era homosexual, podría tratarse de un chiste privado privadísimo. Pero esto es una conjetura sin ninguna base.

2 comentarios:

Antonio Cardiel dijo...

Fantástica entrada, uno se deleita línea tras línea, párrafo a párrafo. La generosidad del blogero tendrá sus recompensas.

Ferrer Lerín dijo...

La recompensa es tu lectura, Antonio.