martes, 3 de noviembre de 2026

Urda

Baguñá era uno de mis condiscípulos cuando yo estudiaba bachillerato en los Jesuitas de Sarriá de Barcelona; un condiscípulo no especialmente destacado, por lo que no era un amigo preferente, pero algo había en él que lo diferenciaba del resto: su familia editaba o publicaba o imprimía el semanario infantil TBO.


TBO, que luego dio nombre a las revistas de este tipo hasta que el anglicismo “cómic” arrasara, no disponía para mí de un grado excesivo de interés, resultaba un producto tristón, artesanal, pequeño burgués, menestral, carecía del dinamismo de AVENTURERO, una publicación no para gente de los barrios de Gracia o de Horta, sino para jóvenes dinámicos, creativos, pijos protohípsters de la “zona alta” de la ciudad.


Entre los dibujantes habituales de TBO recuerdo, por lo peculiar de sus apellidos, a un tal Benejam y a un tal Urda. Pasados los años, dejada atrás la infancia, ya entrada la adolescencia con, en mi caso, un exceso quizá de curiosidad léxica, intenté investigar acerca del origen de esos dos creadores y de sus peculiares nombres, nombres que incluso pude imaginar artísticos, eso sí a la manera de apodos humildes y rutinarios.


Ahora internet desmonta todos los arcanos. Marino Benejam Ferrer, menorquín, que se recuerda como ilustrador de la serie de historietas “La familia Ulises”, utilizó Rino y luego Ferrer como primeros seudónimos hasta elegir Benejam que, según algunos etimologistas, es una variante de Benjamín. Manuel Urda Marín nació y murió en Barcelona y siempre fue el responsable de viñetas sencillas, carentes de tópicas intenciones políticas y, desde luego, siempre alejadas de la común deriva escatológica regional.


Cuando, hace un tiempo, busqué en Google el término Urda, el apellido Urda, no apareció el dibujante, apareció una localidad toledana, trágicamente famosa en estos momentos de penuria, que el ministro del ramo en su primera y fundamental comparecencia pública se empecinó en rebautizar machaconamente durante incontables veces, pasando de “Urda” a “urta”, el pescado gaditano, sin que ninguno de los asesores que le rodeaban corrigiera el disparate, quizá porque tampoco ellos sabían ni siquiera dónde estaban.


martes, 27 de octubre de 2026

Lectores de Ferrer Lerín 140

 























"Enhorabuena,  Paco.  Ha quedado muy bien."

Belarmino Arias de Paz dixit

26.10.2026

jueves, 22 de octubre de 2026

La larga espera

 



























Las salas de espera de las clínicas dentales pueden resultar, a veces, campo abonado para el desarrollo de sucesos altamente pintorescos (https://ferrerlerin.blogspot.com/2008/09/salita-de-espera.html); hoy he tenido ocasión de refrendar de nuevo dicho aserto.


Entro en la sala de espera de la Clínica Odontológica de Francisca Vizcarra (FV), situada en la Calle Mayor de la localidad oscense de Jaca, para aguardar a que me empasten una caries. Son cuatro las personas que ocupan la estancia: una madre joven con su hijo de unos diez años, y un matrimonio formado por un sonriente octogenario y su esposa septuagenaria de aspecto afable y respetuoso. Doy los buenos días y me siento. La enfermera llama primero a la madre y a su hijo, y, después, al matrimonio que, al levantarse y pasar por mi lado, comenta que ayer coincidimos por primera vez en la sala de espera de urología del Hospital de Jaca; lo he recordado, de golpe, y he sonreído.


Unos hechos, y otros posteriores, por ejemplo las palabras, fuera de la clínica, de la esposa septuagenaria, Julia Pino, acerca de su asistencia a las presentaciones de mis libros motivada tanto por su interés por la literatura como por su interés por la ornitología, no son hechos relevantes, no motivarían la redacción de este relato. En cambio, pienso que sí lo son estos que ahora se detallan.


Ayer, durante la larga espera en el hospital, ya me sorprendió el enorme parecido entre el sonriente marido y mi amigo barcelonés de infancia y adolescencia, recientemente fallecido de un derrame cerebral, Miguel Ángel Niubó Bassas. Por lo que esta mañana, debido a la proximidad de los asientos, he estado a punto de entablar conversación indicando dicha semejanza y preguntando, en tono festivo, qué nombre tenía el risueño, no fuera acaso el mismo nombre de mi amigo. Pues bien, la enfermera, con voz estentórea aunque cariñosa, ha reclamado al paciente pronunciando las dos palabras mágicas: ¡Miguel... Ángel!; las dos palabras que, en el fondo, yo temía que se pronunciaran.


Luego, en la calle, en el nuevo encuentro del que he hecho mención, abierto el trato, conversando fluida y animadamente con Julia, sólo con Julia, he intentado nombrar la semejanza, las conjeturas, el enunciado de la enfermera, la sospecha de una reencarnación… pero he ido bajando el tono y el volumen de voz; me he dado cuenta de que no entendían, que no querían saber nada de todo eso. He callado. La situación, de golpe, se ha vuelto tensa. Con la cabeza levemente inclinada, sin más comentarios, me he alejado calle abajo. No he querido volverme. No he querido saber si habían reaccionado. O si aún permanecían inmóviles, serios, muy serios, desamparados, en mitad de la calzada mojada por las últimas lluvias.


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Notas:


The Long Wait = La larga espera

Mickey = Miqui / Miguel [Ángel]

Spillane (“Spill”, to spill = derramar [derrame cerebral])



jueves, 15 de octubre de 2026

Morrales

 Nunca fui un chico nerd, pero, eso sí, bailaba, bailaba bien hasta el punto de ganar un concurso de rock and roll, en 1956, en el casino de la población de Sardañola, nuestra localidad familiar de veraneo, muy cercana a la ciudad de Barcelona. Mi pareja de baile en esa ocasión, María Josefa “Fefa” Morral Tó, sobrina nieta del anarquista Mateo Morral, el que tiró la bomba en Madrid a la comitiva de Alfonso XIII, aparece con aires de vampiresa, apoyada en mis carnes, en la foto de la cubierta de la hagiografía Familias como la mía (Barcelona, Tusquets Editores, 2011). Mateo Morral trató a Francisco Ferrer Guardia, a Pío Baroja y a Valle Inclán. María Josefa Morral tuvo, por última vez, presencia pública, durante la presentación de Familias como la mía en la librería Laie de Vía Layetana, en Barcelona, aunque no se recuerda la fecha del evento.




domingo, 11 de octubre de 2026

La lógica criminal del sistema

 Alfons Cervera [González] reseña Crowdkilling de Víctor Sombra [Macarrón]


martes, 6 de octubre de 2026

Memoria de los sueños

 























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Novedad editorial

Porque se domina el oleaje











Pruebas de la cubierta

09.09.2026 

domingo, 13 de septiembre de 2026

15 años de Jekyll & Jill

 














































Y a los autores, ¿qué les ofrece Jekyll & Jill? “Es una editorial que lleva el perfeccionismo en la sangre -resume Francisco Ferrer Lerín, que ha publicado dos libros en el sello, uno de ellos, Metazoa, el pasado enero-. No hay en España una editorial tan valiente y exquisita. Cuando presenté en Madrid Mansa chatarra, nadie entendía cómo se podía publicar un libro en el que cada ejemplar llevara fotografías pegadas a mano. Enrique Vila-Matas me confesó un día su asombro ante una espléndida edición de Sergio Chejfec. Es una editorial, además, nada localista y con un catálogo de calidad extrema”. 


sábado, 25 de julio de 2026

Lectores de Ferrer Lerín 139

 

Ferrer Lerín


No se confíen: probablemente la única no ficción que hay en 'Metazoa. Presencias faunísticas' (Jekyll & Jill), el nuevo libro del escritor y ornitólogo (entre otras cosas) barcelonés afincado en Jaca Francisco Ferrer Lerín, sean los nombres de los animalejos que se mencionan. El resto, pese a la habilidad del autor para hacer pasar por real lo que es inventado, es literatura. De la buena, ojo. Bueno, de la mejor. Ferrer Lerín busca en aves y otras especies la excusa perfecta para hablarnos de lo cotidiano, de cultura, de hechos y vidas, de literatura... Y lo hace con una prosa tan sólida y limpia como irresistible. Vaya pájaro, este Lerín.


Javier Losilla

El Periódico de Aragón

24.07.2026


domingo, 21 de junio de 2026

Breviario bestial

 

















BREVIARIO BESTIAL

Reseña de Metazoa a cargo de Ricardo Baixeras Borrell

Suplemento literario Abril de El Periódico, 20.06.2026

sábado, 20 de junio de 2026

Echevarría habla de plagio inverso

 
























Ignacio Echevarría

"Paisajes"

Suplemento El Cultural del diario El Español

Madrid, viernes 19 de junio de 2026

martes, 9 de junio de 2026

Firmar, tonsurar

 

Cuando ya todo es región, con la pastosa habla dominante como telón de fondo, es lógico que lo más repelente del kitsch, la rosa, haga acto de presencia. Y así, se acepta que, en estos tiempos de provincianismo y pandemia, dicho fenómeno adverso se propague entre la gente de bien, clase social equiparada ahora, de improviso, con la gente corriente. O sea que consignas atroces corren como la pólvora, consignas pretendiendo revalorizar una mercancía hace tiempo caducada, ese producto, hecho de pasta de chopo canadiense de repoblación, al que algunos aún reconocen por su vetusto nombre, libro; producto que seres que nunca leyeron, que nunca leen, que nunca leerán, sienten la obligación de adquirir una vez al año, oficiando un opaco ritual, un ritual customizado si se adereza con el emborronado de una guarda mediante la desganada firma del autor, culminando de este modo el proceso de validación del fetiche. Y, como práctica paralela, recordar ahora otro ritual, quizá más exquisito, oficiado por mi tío político Anselmo Bisalto Castromantecas, marido de la mayor de las cuatro hermanas de mi padre, coleccionista de libros intonso en su condición de absoluta virginidad, es decir que sus hojas no han sido guillotinadas en la imprenta y, tampoco, después, han sido abiertos con abrecartas u otros dispositivos cortadores. Anselmo Bisalto presumía de no conocer el contenido de los volúmenes, de mantener sellada la puerta de escape de sus esencias. “¿Quién sabe que disparates y blasfemias contendrán? Así cerrados, los mantengo fuera del alcance de la raza humana, mientras yo viva nunca irán ligeros mancillando.”


sábado, 16 de mayo de 2026

Concentración


Mi amigo y editor Ramon Girbau Pedragosa me hace llegar la Guía espiritual del sacerdote español Miguel de Molinos (1628-1696) en la versión que su sello, Días contados, publicó en 2020, la misma versión que el poeta José Ángel Valente concluyó en 1974 y que incluía fragmentos de Defensa de la contemplación y un luminoso ensayo, a su cargo, sobre Molinos; ahora se añade, además, un epílogo del profesor Amador Vega. La recepción y lectura de este volumen genera una gran concentración de nombres de personas y cosas que, de un modo u otro, me atañen directamente y cuya breve selección, de modo alfabético, viene a continuación:


Barral. Esta edición de la Guía espiritual, según consta en la brevísima nota de la página 367, sigue la publicada en 1974 por Barral Editores, en Barcelona, reeditada luego por Alianza Editorial, en Madrid, en 1989. A comienzos de la década de los setenta participo en alguno de los pintorescos consejos de redacción convocados por Carlos Barral Agesta (Barcelona, 1928-1989) cuando abandona Seix Barral y crea Barral Editores y, también, en ese tiempo, traduzco, para él, Ossi di seppia de Eugenio Montale, L'homme aproximatif de Tristan Tzara y Le hasard et la nécessité de Jacques Monod.


Fénelon. François de Salignac de la Mothe, conocido como Fénelon (1651-1715), teólogo y arzobispo francés, fue un defensor irreductible de la teoría propugnada por Molinos, el Quietismo, lo que le llevó a enfrentarse violentamente con el filósofo y teólogo, también francés, Jacques-Bénigne Lignel Bossuet (1627-1704). Fénelon fue el autor de las Las aventuras de Telémaco (1699), novelita que gozó del fervor popular, convirtiéndose, sus repetidas ediciones, en uno de los títulos que coleccioné en las décadas de los sesenta a los noventa, mis años de furor bibliófilo.


San Francisco de Sales. El clérigo saboyano Francisco de Sales (1567-1622) fue proclamado santo en 1665 por el papa Alejandro VII. Patrón de periodistas y escritores en general, publicó en vida varios libros de carácter religioso siendo el más conocido Introducción a la vida devota. Se acepta que el pensamiento de Francisco de Sales, su elevada valoración del goce que se logra a través del amor puro, influyó en la redacción de la Guía espiritual de Miguel de Molinos. Mi padre, en su partida de nacimiento, consta como Francisco de Sales Ferrer Auger y, aunque no aparezca registrado, ese es también mi nombre de pila completo.


Huxley. Unas supuestas cartas de Miguel de Molinos son utilizadas por el escritor inglés Aldous Huxley (1894-1963) en su novela After many a summer (1939), novela que R. Crespo y Crespo traduce al español en 1943, con el título Viejo muere el cisne, para la bonaerense Editorial Losada. En 1960 adquiero la más famosa de las obras de Huxley, Un mundo feliz, traducida por Luys Santamarina para el editor José Janés; se trata de la tercera edición (1947). El volumen lo consigo en una librería de viejo, la del mercader de libros Martín Escayola Castro, en la calle Aribau de Barcelona; pago por él 14 pesetas y, como valor añadido, destaco que en una de sus guardas, lleva, impreso con tampón de tinta, el nombre Jaime Moharra. La lectura de esta distopía me convierte en fanático admirador de su autor llevándome a adquirir el total de su producción traducida al español o al francés, que aún conservo.


Jesuitas. Miguel de Molinos estudió, en Valencia, en el Colegio San Pablo, de los jesuitas; yo lo hice, en Barcelona, en el Colegio San Ignacio, de dicha orden.


Muniesa. Municipio de la provincia de Teruel en el que nació Miguel de Molinos y primer apellido de cierto individuo que intentó hacerme la vida imposible, por un absurdo lío de faldas, durante el tiempo en que trabajé como redactor jefe en una conocida editorial española ahora en manos del grupo francés Hachette.


Ratia. El escritor y crítico de arte Alejandro J. Ratia (Zaragoza, 1960), fundador de la revista cultural Almunia junto a Antonio Fernández-Molina, comisarió recientemente en el Museo de Teruel la exposición El baluarte de la nada. Homenaje a Miguel de Molinos reivindicando el espíritu quietista en el arte español actual, la creación conseguida a través de la contemplación y la fertilidad de la nada y el silencio. Con Alejandro J. Ratia planifico, en estos momentos, un potente proyecto expositivo, también en Aragón.


Wurth. Visité por primera vez el Museo Wurth de La Rioja en marzo de 2008 pocos meses después de su inauguración. Una segunda, y por ahora última visita la realicé en junio de 2024 con motivo del fallecimiento, en la localidad de Agoncillo, en cuyo término se ubica el museo, de Marta Loverdos de Altimira, que allí residía, en el caserón familiar, metida dentro de una gran burbuja plástica, desde que un tic fatal, el mordisqueo de la comisura izquierda de la boca, la llevó a devorarse viva, una progresiva ingestión, a partir de dicho punto, del total de la cara quedando la osamenta facial sólo recubierta de carne y piel en los lugares más alejados de la boca; es decir que la labor de arrastre no pudo, en principio, con la zona alta de la frente ni, tampoco, con las regiones masetéricas; luego, al final, parece que llegó a ingerir regiones ajenas al rostro hasta fallecer por septicemia pese al teórico aislamiento absoluto. Entre las páginas 222 y 223 del ejemplar de la Guía Espiritual de Miguel de Molinos, que me regala su editor Ramon Girbau, encuentro un marcapáginas, un punto de lectura prefiero llamarlo, propaganda del Museo Wurth, diría que igual, diría que el mismo que venía con el libro sobre Emil Nolde que adquirí en la tienda del museo en mi primera visita.










lunes, 4 de mayo de 2026

Tarjetas de visita


Resulta ameno rebuscar en armarios, cajones o habitaciones poco frecuentadas. Hoy, en un arrebato de aburrimiento, he investigado qué había en una caja de cartón duro guardada en una maleta de tela de cuando volví de África. Junto a las sentimentales fotografías de siempre me ha sorprendido un pequeño estuche de plástico transparente que contenía gran número de tarjetas de visita. Las he mirado. Eran de cuando me operaron, en Malabo, de hiperplasia prostática benigna, esa molesta afección en la que el agrandamiento de la próstata dificulta el tránsito de la orina. Recuerdo, y hace quizá treinta años, que el urólogo, un riojano jocundo de escasa higiene, me dijo al salir del quirófano que la intervención, llamada Resección Transuretral (RTU), había ido bien y que de los efectos secundarios habituales -impotencia, incontinencia y eyaculación retrograda-, él creía que sólo iba a afectarme este último. Lo de retrógada me asustó un poco, pedí que fuera más explícito y me aclaró que eyaculación retrógrada, o inversa, era la que llevaba el semen por camino equivocado, o buen camino para algunos; en vez de expulsarlo por la uretra al instante, lo depositaba en la vejiga urinaria, saliendo después al exterior en el acto de la micción. El urólogo me aseguró que en este estado de cosas era casi imposible que pudiera procrear por lo que fui corriendo a la imprenta de un familiar del naturalista, formado en Jaca, Pedro Batanga Lumobongo, y encargué 100 tarjetas de visita en las que, bajo mi nombre y dos apellidos, se leía con letra clara: NO EYACULO AL EXTERIOR. RIESGO NULO DE EMBARAZO. Un error en la impresión -Lerín fue cambiado por Lenin- desaconsejó su reparto.


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Nota


Esta operación prostática ya fue tratada en “RTU” https://ferrerlerin.blogspot.com/2010/03/rtu.html



sábado, 25 de abril de 2026

Lectores de Ferrer Lerín 138

 























Mahón, Menorca, 24.04.2026

Fotografía: Lucía Pons

miércoles, 22 de abril de 2026

El amigo Palabras

 

Hablo de 2001 o como mucho de 1999. Yo tenía una barca cochambrosa, medio tirada en la playa de Vilasar, que servía de refugio a perros errabundos en días de tormenta y a mí mismo en las africanas noches de verano. Me tumbaba sobre un jergón pestilente y contemplaba las estrellas acunado en el centro de unos maderos retorcidos con alguna que otra escama de pescado incrustada. Soy Palabras, tipo muy leído, algo viscoso y lascivo, petulante alto burgués, antiguo alumno del profesor Blecua Teijeiro y actual recolector y estudioso del rico, como siempre se dice, léxico popular. Entre los últimos hallazgos quiero anotar un mote, familiar, los Chocho, en realidad dos familias emparentadas, los Chocholelo y los Chochoplano, gente arriesgada, variopinta, de la industria y comercio del jamón de Jabugo, de las tortas del Casar y de las mermeladas La Vieja Fábrica gran formato, todo elaborado en un almacén en ruinas de la cercana Badalona, en una nave desierta que, se sospecha, en la guerra, guardó munición eslovaca. Y lo cuento porque anoche, ya con temperatura estival y unas copas de ratafía al coleto, me disponía a dormir en la barca pero, para mi sorpresa, la encontré ocupada; el pequeño de los Chochoplano, Virutas, andaba osculándose con la pequeña de los Chocholelo, La Turmas, y ante un acto de tan singular incestuosidad la emprendí a golpes con la quijada de burro, fosilizada por el sol, que hallé por estos arenales y que siempre llevo colgada al cinto. Cuando el sodomita Timbales, de merodeo, al día siguiente, encontró los cadáveres, pronunció una frase que pienso grabar a babor de la embarcación: “¿senán muerto pues?, ¡menudos gaviotos!”.


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Nota


Un texto que quiere ser un antihomenaje, un infausto recuerdo, por vía idiomática, de aquel paisano catalán que, a comienzos de los sesenta, cuando iniciábamos el proyecto de recuperación de la gran avifauna en el prepirineo de Lérida y Huesca, se nos acercó, mientras buscábamos alguna señal de vida oteando con un catalejo la antigua buitrera de Camarasa, para pontificar, con la socarronería, estulticia y falta de sensibilidad características de la gente del campo, un lapidario “los bueitres y las áligas senán muerto, con la esterlina despachamos las alimañas”.


sábado, 18 de abril de 2026

Lectores de Ferrer Lerín 137

 
















Nadal Suau, Babelia, 18.04.2026

viernes, 17 de abril de 2026