Mi amigo y editor Ramon Girbau
Pedragosa me hace llegar la Guía
espiritual del
sacerdote español Miguel de Molinos (1628-1696)
en la versión que su sello, Días contados, publicó en 2020, la
misma versión que el poeta José Ángel Valente concluyó en 1974 y
que incluía fragmentos de Defensa
de la contemplación
y un luminoso ensayo, a su cargo, sobre Molinos; ahora se añade,
además, un epílogo del profesor Amador Vega. La recepción y
lectura de este volumen genera una gran concentración de nombres de
personas y cosas que, de un modo u otro, me atañen directamente y
cuya breve selección, de modo alfabético, viene a continuación:
Barral.
Esta edición de la Guía
espiritual,
según consta en la brevísima nota de la página 367, sigue la
publicada en 1974 por Barral Editores, en Barcelona, reeditada luego
por Alianza Editorial, en Madrid, en 1989. A comienzos de la década
de los setenta participo en alguno de los pintorescos consejos de
redacción convocados por Carlos Barral Agesta (Barcelona, 1928-1989)
cuando abandona Seix Barral y crea Barral Editores y, también, en
ese tiempo, traduzco, para él, Ossi
di seppia de
Eugenio Montale, L'homme
aproximatif
de Tristan Tzara y Le
hasard et la nécessité de
Jacques Monod.
Fénelon.
François
de Salignac de la Mothe, conocido como Fénelon (1651-1715),
teólogo y arzobispo francés, fue un defensor irreductible de la
teoría propugnada por Molinos, el Quietismo, lo que le llevó a
enfrentarse violentamente con el filósofo y teólogo, también
francés, Jacques-Bénigne
Lignel Bossuet (1627-1704). Fénelon fue el autor de las Las
aventuras de Telémaco (1699),
novelita que gozó del fervor popular, convirtiéndose, sus repetidas
ediciones, en uno de los títulos que coleccioné en las décadas de
los sesenta a los noventa, mis años de furor bibliófilo.
San
Francisco de Sales.
El clérigo saboyano Francisco de Sales (1567-1622) fue proclamado
santo en 1665 por el papa Alejandro VII. Patrón de periodistas y
escritores en general, publicó en vida varios libros de carácter
religioso siendo el más conocido Introducción
a la vida devota.
Se acepta que el pensamiento de Francisco de Sales, su elevada
valoración del goce que se logra a través del amor puro, influyó
en la redacción de la Guía
espiritual
de Miguel de Molinos.
Mi padre, en su partida de nacimiento, consta como Francisco de Sales
Ferrer Auger y, aunque no aparezca registrado, ese es también mi
nombre de pila completo.
Huxley.
Unas supuestas cartas de Miguel de Molinos son utilizadas por el
escritor inglés Aldous Huxley (1894-1963) en su novela After
many a summer (1939),
novela que R. Crespo y Crespo traduce al español en 1943, con el
título Viejo
muere el cisne, para
la bonaerense Editorial Losada.
En 1960 adquiero la más famosa de las obras de Huxley, Un
mundo feliz,
traducida por Luys Santamarina para el editor José Janés; se trata
de la tercera edición (1947). El volumen lo consigo en una librería
de viejo, la del mercader de libros Martín Escayola Castro, en la
calle Aribau de Barcelona; pago por él 14 pesetas y, como valor
añadido, destaco que en una de sus guardas, lleva, impreso con
tampón de tinta, el nombre Jaime Moharra. La lectura de esta
distopía me convierte en fanático admirador de su autor llevándome
a adquirir el total de su producción traducida al español o al
francés, que aún conservo.
Jesuitas.
Miguel de Molinos estudió, en Valencia, en el Colegio San Pablo, de
los jesuitas; yo lo hice, en Barcelona, en el Colegio San Ignacio, de
dicha orden.
Muniesa. Municipio
de la provincia de Teruel en el que nació Miguel de Molinos y primer
apellido de cierto individuo que intentó hacerme la vida imposible,
por un absurdo lío de faldas, durante el tiempo en que trabajé como
redactor jefe en una conocida editorial española ahora en manos del
grupo francés Hachette.
Ratia.
El
escritor
y crítico de arte Alejandro
J. Ratia (Zaragoza, 1960), fundador de la revista
cultural Almunia junto
a Antonio Fernández-Molina, comisarió recientemente en el Museo de
Teruel la exposición El
baluarte de la nada. Homenaje a Miguel de Molinos
reivindicando el espíritu quietista en el arte español actual, la
creación conseguida a través de la contemplación y la fertilidad
de la nada y el silencio. Con Alejandro J. Ratia planifico, en estos
momentos, un potente proyecto expositivo, también en Aragón.
Wurth.
Visité por primera vez el Museo Wurth de La Rioja en marzo de 2008 pocos meses después de su inauguración. Una segunda, y por ahora última
visita la realicé en junio de 2024 con motivo del fallecimiento, en
la localidad de Agoncillo, en cuyo término se ubica el museo, de
Marta Loverdos de Altimira, que allí residía, en el caserón
familiar, metida dentro de una gran burbuja plástica, desde que un
tic fatal, el mordisqueo de la comisura izquierda de la boca, la
llevó a devorarse viva, una progresiva
ingestión, a partir de dicho punto, del total de la cara quedando la
osamenta facial sólo recubierta de carne y piel en los lugares más
alejados de la boca; es decir que la labor de arrastre no pudo, en
principio, con la zona alta de la frente ni, tampoco, con las
regiones masetéricas; luego, al final, parece que llegó a ingerir
regiones ajenas al rostro hasta fallecer por septicemia pese al
teórico aislamiento absoluto. Entre las páginas 222 y 223 del
ejemplar de la Guía
Espiritual de
Miguel de Molinos, que me regala su editor Ramon Girbau,
encuentro un marcapáginas, un punto de lectura prefiero llamarlo,
propaganda del Museo Wurth, diría que igual, diría que el mismo que
venía con el libro sobre Emil Nolde que adquirí en la tienda del
museo en mi primera visita.
