martes, 9 de noviembre de 2010

Central Park




























Nadie rechazaría la posibilidad de disfrutar gratis de un apartamento en Manhattan. Sin límites de tiempo. Sin fechas. Una llamada y una amable voz responde siempre sí a mi solicitud de uso. Limpio. Impecable. Durante este 2010 lo he ocupado en marzo y, ahora, acabo de volver de una estancia de dos semanas. ¿A cambio de...? No creo que convenga desvelar los detalles; muchos opinarían que se trata de un regalo, que el ejercicio de la fotografía no es un trabajo, al menos un trabajo duro, y otros, en cambio, reconocerían su incapacidad para llevar a cabo dignamente este tipo de reportajes. Un ejemplo, y termino, la foto que acompaña estas líneas, de diciembre del año pasado, y que alcanza el grado de provocación exigido; una imagen fruto de la perseverancia, de la buena luz, de la hora intempestiva y, por supuesto, del veleidoso azar.

6 comentarios:

Joan Marrugat dijo...

Pero, mi buen manhattanero: ¿son podencos los canes?

Ferrer Lerín dijo...

Los blancos parecen lebreles.

Francesc Cornadó dijo...

El paño ajedrezado que luce en su manga derecha ¿señala el final de la carrera?

Salud

Francesc Cornadó

Anónimo dijo...

Si alguien sabe el autor , fecha y lugar en el que se halla el cuadro le agradecería mucho que lo hiciera saber. La fría ciudad utópica del fondo me parece inquietante. Se diría obra de un pintor surrealista polaco.

Ferrer Lerín dijo...

Se trata de una página del "calendario" de las Muy Ricas Horas del Duque Juan de Berry, un manuscrito iluminado que realizaron, entre 1413 y 1416, los hermanos Limburgo muertos misteriosamente (¿por la peste?) en 1416. Al quedar el códice inacabado pasó a manos de Jean Colombe que lo terminó. El libro se halla, en la actualidad, en la Biblioteca del Castillo de Chantilly.

Is dijo...

Objetos que entrelazan
los maquillajes, utensilios, el brazalete
con el que engranar la historia del tablero y las espadas en el punto de máxima altura hay muerte en la casa y el mago del espejo:´los cuatro hijos de Aymon irrumpen en la estancia sin referencia
concreta,
Renaut de Montbautan, ese Reinaldos de Montalbán que tanto gusta al Cervantino rasgando la escena
aquel asesino de Bertolai
sobrino afecto a Carlomagno
habitual en los cantares de Gesta la violencia contenida en el juego des echecs
los siete infantes de Salas
y ahí la iglesia también condenó por
ejemplo cuándo Arias Gonzalo
ve llorar al fúnebre cortejo exclama
No lloreís así Señoras que no es para llorarlo
que si un hijo me ha muerto aún me quedan cuatro
que no murió en la taberna ni a tablas jugando
(y la rama y el viento) - esa reliquia apostada
tras las viejas sombras.