domingo, 21 de febrero de 2010

Amargo sino

No conseguir que a uno lo tomen en serio es, sin duda, una de las más atroces formas de sufrimiento. El 5 de febrero falleció en Grosmont (norte de Inglaterra) Ian Carmichael, a los 89 años, uno de los cómicos británicos más populares de los sesenta. Siempre quiso ser un protagonista romántico, pero le prefirieron divertido; el “entrañable bufón” alcanzó la fama interpretando a una serie de dandis estúpidos pero afables que se enfrentaban a situaciones que nunca superaban. Incluso, en los cincuenta, intervino en algunas superproducciones dramáticas pero era evidente que su lugar estaba en la comedia doméstica. En una de las últimas entrevistas concedidas reconocía que le hubiera gustado disfrutar del tipo de papeles que normalmente ofrecían a Cary Grant, pero “el público lo que quería era que provocara carcajadas todo el rato”. Quien esto les cuenta fue pasto de similar desconsideración en el Camino de Eléctricas, yendo a Cuatro Nalgas, ante una implacable carraleja... en mayo pasado: http://ferrerlerin.blogspot.com/search?q=Enga%C3%B1osos

5 comentarios:

Anónimo dijo...

También hay que añadir que la búsqueda escrupulosa de la verdad, la absurda pretensión de decirlo todo, son instancias a las que el sometimiento equivaldría a encerrarse en los límites de un objetivo y, por lo tanto, a perder, por ese afán de probidad, lo que sólo las fuerzas del azar, continuamente cuestionadas mediante el lenguaje y condicionadas por él, designan en el punto más alejado como el centro activo, la sustancia subterránea de la que se alimenta el ser, sea cual sea la pérdida de intensidad que conlleva u representación aproximada que, relacionada con la duración cambiante de la vida, debe variar sus trayectos y confiar para cada uno de ellos, en las oportunidades de la suerte, fuera de toda atadura a un orden preestablecido o de conformidad respetuosa con la realidad de los hechos detrás de la cual se disimula, como las ascuas debajo de las cenizas, lo que las palabras tienen la misión de reavivar.

Anónimo dijo...

Todo, sin embargo, lo llevaría a apartarse de ese caos desolado, si no fuera porque significaría arruinar el movimiento que lo condujo hasta ahí, firmar su derrota incluso antes de fracasar. Tiene, pues, que seguir su camino hasta los límites extremos de lo soportable, aunque tenga que desgarrarse cruelmente con las espinas, atravesar sofocado todos los fuegos del infierno para rendirse justo la víspera de llegar a la meta, que será el momento de morir como cada cual sin haber realizado su prueba.

Anónimo dijo...

Cualquiera que niega el hecho consumado entra en con­flicto consigo mismo y, sometido sin remisión a todos los refinamientos de la conciencia y de su desgracia, nunca volverá a encontrar la calma, a no ser que confíe, mediante un cálculo cobarde, en los efectos terapéuticos del tiempo para impedir que la conciencia lo rija y lo destruya, pero, aunque la necesidad de tomarse un respiro debiera llevar un día a eso, ¿cómo aceptar esa tregua que sería sinónimo de traición?

Más vale no curarse si es para volver dócilmente a la vida y sus deberes, donde, al desaparecer toda visión, no habría entre ellos otra relación que la distancia infranqueable que los separa, ni otros recursos contra las lágrimas que una voluntad de indiferencia, una oscura renuncia, la sumisión a las realidades inflexibles de las que la mente profundamente afectada se había apartado, oponiendo al mundo estrecho de la razón su dolor infinito.

animal dijo...

¿y finalmente descubrió a que familia pertenecía? ¿bupréstidos? ¿ meloideos? ¿alguna otra?

Sarah dijo...

http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Meloeproscarabaeus.jpg