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lunes, 11 de mayo de 2009
Engañosos encuentros
Al volver de Valencia me invitan a la finca Cuatro Nalgas. Aparco el auto en la explanada norte y cuando subo andando por el Camino de Eléctricas me cruzo con una carraleja, quizá con un ejemplar de Meloë majalis: intenso color negro con bandas transversales rojas. Está claro que no soy ducho en la identificación de coleópteros y esa bonita hembra insecta en seguida lo nota. Trata de confundirme. Le doy mi verdadero nombre y ella se presenta como Sonata Bupréstidas de Reforma, pero recuerdo, del bachillerato, que los bupréstidos eran una familia distinta a la de los meloideos. Me sienta muy mal que no me tome en serio -ha querido burlarse-, sin embargo la ayudo a alcanzar el ribazo; se oye rugir el motor del quad del horrible nieto del doctor Muchacho. Llegada la noche, adormecido en el porche el estólido niño, adoctrino a su abuelo, silente potentado, en las formas de acabar con ese engendro, más fáciles, le digo, que las empleadas para el exterminio de su hijo Blas Muchacho y su esposa Tarqui de Pérez, padres de la criatura. Pero nunca esa gente fue de fiar y dos lacayos me arrojan, tras golpearme en el cráneo con el fémur de un libio, al Barranco de la Maravilla, donde prospera una colonia de galápago leproso, Mauremys caspica, especie, por suerte, de inclinaciones necrófagas.
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