jueves, 21 de junio de 2012

Sosias

Cogí el AVE en Zaragoza, el que sale a las 11:43 y llega a Madrid a las 13:10. Mi asiento era el 13D, lo que supone ventanilla, pero tuve suerte, el 13C quedó vacío y así pude cambiarme apartándome del sol que, pese a la persiana, pegaba con fuerza. El asiento 12B estaba ocupado por una mujer catalana (el tren tenía su origen en Barcelona), de unos 45 años, que no dejó de hablar ni un solo instante con la que ocupaba el asiento 12C por lo que, al quedar el pasillo en medio, permaneció sentada de lado durante todo el viaje, de cara a su interlocutora, que no volvió siquiera la cabeza. Eran psicólogas y preparaban su intervención en un simposio. La tenía pues justo enfrente y, aunque intenté no fijarme en ella, había algo que me intrigaba y que, pese a la desagradable palabrería, hizo que le fuera prestando cada vez más atención. De golpe me di cuenta. Era su parecido, su enorme parecido a una persona a la que había visto hacía poco, en concreto esta Semana Santa; me refiero a mi amigo el escritor y profesor jienense Juan Manuel Molina Damiani. Quedé ofuscado, tan grande era su semejanza y, ella, creyendo que mi interés era de otro tipo, comenzó a ensayar unas maniobras de pavoneo francamente deplorables. Se levantó un par de veces recorriendo el pasillo con toscos contoneos y, al sentarse, abrió y cerró los ojos con lentitud hasta fijarlos en los míos. Pero, pese a los coqueteos y aspavientos que, lógicamente, nunca se habían dado en Molina Damiani, su similitud me parecía cada vez más evidente. Repasé qué sabía de la familia de mi amigo y concluí que no tenía hermanas, siendo por otra parte imposible que la psicóloga fuera una hija espuria o su señora madre. Decidí no darle más importancia y me dediqué a leer un folleto sobre el vino de Cariñena pero, a los pocos minutos, la oí toser con fuerza, con esa forma característica de los grandes fumadores. La miré y vi ante mí a Juan Manuel con pechos, hablando en catalán y con la falda subida hasta mostrar generosamente los muslos. No pude más. Cogí el móvil. Busqué su número en la agenda. Constaba como Damiani. Y marqué. Fue muy rápido. En seguida empezó a sonar. Rebuscó nerviosa en el bolso. Lo agarró con fuerza. Pulsó la tecla. Y yo colgué.    

15 comentarios:

Anónimo dijo...

muy bueno¡¡

Francesc Cornadó dijo...

Con el telefonillo acabas descubriéndolo todo.
Salud
Francesc Cornadó

ya sabes quien soy dijo...

eres un genio Paco

Tomás Hijo dijo...

¡Grandioso!

La Vieja Dama dijo...

Realmente bueno!!

(Aplausos)

nostálgico dijo...

La dama que vive frente a mi burdel es alta, trigueña, de buen caractel.

El Doble del Doble del Sr. Tarraque dijo...

EL DOBLE

"Sugerido o estimulado por los espejos, las aguas, y los hermanos gemelos, el concepto del Doble es común a muchas naciones. Es verosímil suponer que sentencias como "Un amigo esun otro yo" de Pitágoras o el "Conócete a ti mismo" platónico se inspiraron en él. En Alemania lo llamaron el Doppelgaenger; en Escocia el Fetch, porque viene a buscar (fetch) a los hombres para llevarlos a la muerte. Encontrarse consigo mismo es, por consiguiente,ominoso; la trágica balada Ticonderoga de Robert Louis Stevenson refiere una leyenda sobre este tema. Recordemos también el extraño cuadro How they met themselves de Rossetti; dos amantes se encuentran consigo mismos, en el crepúsculo de un bosque. Cabría citar ejemplos análogos de Hawthorne, de Dostoievski y de Alfred de Musset.Para los judíos, en cambio, la aparición del Doble no era presagio de una próxima muerte. Era la certidumbre de haber logrado el estado profético. Así lo explica Gershom Scholem. Una tradición recogida por el Talmud narra el caso de un hombre en busca de Dios, que se encontró consigo mismo.En el relato William Wilson de Poe, el Doble es la conciencia del héroe. Este lo mata y muere.En la poesía de Yeats, el Doble es nuestro anverso, nuestro contrario, el que nos complementa, el que no somos ni seremos. Plutarco escribe que los griegos dieron el nombre de "otro yo" al representante de un rey."
¨
El libro de los Seres Imaginarios,
J.L. Borges

(En raras ocasiones, también pueden inculcar ideas en la mente de la víctima o aparecerse a amigos y parientes, creando confusión.)

Otro anónimo dijo...

3 bloques. 1: introducción algo trabada. 2: desarrollo in crescendo. 3: final brillante

Anónimo dijo...

¿Algo trabada? No sé señor Otro Anónimo lo que entiende por 'trabado'. Creo que el relato es perfecto desde el comienzo

Istefel dijo...

Dos posibles se abren.
O bien Dios se manifiesta en Psicóloga a través de Cop expresando la extensión de J.M.Molina Damiani
O bien Dios se manifiesta en J.M.Molina Damiani a través de Cop expresando la extensión de la psicóloga.

The three stigmata of Molina Damiani.

La Vieja Dama dijo...

Y además psicóloga...qué peligro!!

sorprendida dijo...

Anda la Virgen!!! Molina Damiani existe


http://www.yayyan.com/cgi-bin/autores.asp?id=43&tipo=Biograf%EDa

Istefel dijo...

Sí.
También Dios.
Y la psicóloga.

Perpetuum dijo...

A mí se me ocurre si no será todo lo ocurrido uno de esos fenómenos cuánticos, un cruce entre una vida y la posibilidad de otra (por otra parte real en otra dimensión).
Borges recoge, sobre todo, el pensamiento de Jung sobre el lado oscuro, el Mr./Mrs. Hide, que es algo involuntario y ajeno.
Me inclino más por el fenómeno cuántico "forzado", el alter ego acreditado. Es el caso de la maravillosa Rose Sélavy y Marcel Duchamp, uña y carne. Pero reconozco que pudiera ser que la Srta. Molina Damiani tuviese mano derecha robótica, ojos con visores y dientes de acero, como sugiere el Sr. Istefel.

Anónimo dijo...

Si me atrevo le preguntaré a Juanma por esa doble vida