sábado, 31 de diciembre de 2011

Semihundido


La disputa surge al llegar la palabra “Perro”.
A, niega su existencia, B, confiesa que no la oyó, y la vasta masa opaca no logra fijar la voz.
En un escenario de amplias características la postulación de un problema estimula la elocuencia, pero ahora nos hallamos en un foro reducido.
Quizá sí hubo una forma que acudía a ese reclamo, aunque falten elementos para entrar en discusión.
No obstante C, funcionario, materializa una idea: la forma pudo existir y el tiempo la devoró; de hecho algunos sentimos resonancias parecidas, como ecos, como ecos que llevaban a la gente a ponerse a cuatro patas, a emitir raro fragor.
Mas esto pasó al principio, cuando tal vez persistían los restos de otra palabra, hoy para todos perdida; algo así como “Castaña”, o quizá como “Albornoz”.

(Papur, pág. 51.)

domingo, 25 de diciembre de 2011

Diogo de Arruda


























Ventana manuelina del Convento de Cristo en Tomar. 
¿Uno de los monstruos del jardín de Bomarzo?

viernes, 23 de diciembre de 2011

Bibliofilia 20



Pierre Berès, nacido en 1913 en Estocolmo con el apellido Berestov y fallecido en 2008 en Saint-Tropez, inicia su vida profesional recopilando autógrafos aunque pronto se pasa al mundo del libro en las vertientes de coleccionista, librero y editor. Gracias, según sus competidores, a la falta de escrúpulos, a su pasión por la bibliofilia y a su capacidad de seducción, logra adquirir a precios razonables grandes tesoros bibliográficos. En los dos últimos años de vida subasta buena parte de su biblioteca siendo el monto de la operación superior a los 35 millones de euros. En un catálogo de la venta de esos fondos, en la página 15, se anuncia la obra de Galeno De morbis et Symptomatis editada por Josse Bade en París en 1528. En la misma página del catálogo y bajo dos ilustraciones de las guardas del libro, se facilita la siguiente información: LA SYPHILIS. EXEMPLAIRE TRES ABONDAMMENT ANNOTE PAR UNE MAIN CONTEMPORAINE. Yo llegué a ver ese ejemplar. De niño, en una única y fugaz visita a la casa de mis abuelos paternos, situada en la localidad de Hix en la Cerdaña francesa, lo encontré, abierto, sobre la enorme mesa de un despacho, mostrando las muy abundantes anotaciones. En la hagiografía Jornada laboral de un poeta barcelonés  [Tropelías. Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Universidad de Zaragoza (2004-2006), nº 15-17, págs. 553-560] se menciona ese lugar: “mi abuelo Ivo, médico de profesión, formó su inmensa biblioteca comprando, en sus viajes por medio mundo, a precios a veces desorbitados, los volúmenes más valiosos; y todo gracias a las partidas (de póquer) que organizaba mensualmente en su caserón de Hix, en la Cerdaña francesa, donde desplumaba regularmente al notario y al farmacéutico de Puigcerdá, al juez de paz y al comadrón de Font-Romeu y así a todo el subsector profesional de la comarca.”




miércoles, 21 de diciembre de 2011

Iconografía 8












“Sólo probé el rancho una vez, mejor dicho, sólo entré en el comedor una vez, y el espectáculo era realmente dantesco. Para no aburrir con detalles escatológicos me limitaré a contar el caso del “turuta”, individuo de gran corpulencia y pasmosas dotes de ahorro -se enriqueció con la paga de esos meses-, que necesitado sin duda de una buena dieta proteínica, agarraba, eso sí con el tenedor, uno de los huevos fritos que coronaban la bandeja, y arrastraba a todos los que estuvieran pegados. Se formaba un rosario de huevos fritos entre la bandeja y su plato y, ante el regocijo de los presentes, era capaz de dar cuenta de veinte de ellos. En otras ocasiones, y en una sorprendente muestra de diversidad culinaria, en vez de fritos, los huevos se servían duros, pero sumergidos en salsa de tomate y... con la cáscara; así que los comensales los cogían con las manos, se los acercaban a la boca, los lamían y luego los cascaban a puñetazos sobre la mesa.” (Familias como la mía. Pág. 45)

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CIR de San Clemente de Sasebas (Gerona). Navidad de 1965.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Ciento ochenta


Qué lugar. Sin duda el fin del mundo. Un erial pedregoso con matas ralas de sabina al que llegué solo en mi viejo Chrysler 180. Me detuve porque ahí se acababa el asfalto. Y la carretera. Bajé. Paseando, a los pocos metros, descubrí que me hallaba en el borde de una terraza fluvial y, al asomarme, en el fondo de aquel abismo oscuro, creí oír el rumor del agua corriendo entre los paredones calizos, o quizá un manantial junto al grupo de chopos que poblaban un saliente del cortado. Decidí volver al coche y, al girarme, vi que este se movía, aproximándose, me sobrepasaba y desaparecía tragado por el límite de la meseta. No me inquietó ya que en su interior iban varias personas, muchas personas diría, en animada conversación y con los rostros sonrientes. Sin embargo, por curiosidad, regresé al filo. Había un camino, una especie de cañada, prolongación quizá de la carretera, que descendía trazando curvas inverosímiles, cerradas y contraperaltadas. El Chrysler se había despeñado, nadie podía conducir con éxito por aquella trocha, quedando volcado, cabeza abajo, en la pequeña explanada contigua a la chopera. Esperé unos instantes antes de tomar una decisión y, de repente, empezaron a salir, de manera rápida pero ordenada, a través de las ventanillas, en dirección a la fuente, los risueños ocupantes. Pese a la distancia y a la poca luz me di cuenta de quiénes eran esas personas; se trataba de los componentes del Club de Lectura en el que yo había participado esa misma tarde. Faltaban algunos. Los que estarían atrapados en el amasijo de hierros retorcidos en que ahora, de improviso, se había convertido el automóvil. Entre los ausentes, mi amigo Esteban, carpintero regional, y Yolanda Pilmo, a la que adoraba. Por cierto, también faltaba yo, a mí tampoco se me veía.       

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Unas piernas

De mi último sueño sólo recuerdo unas piernas desnudas de mujer que asoman entre cartones de embalaje. Lo que no entiendo es que al despertarme supiera a quién pertenecían; a una muchacha de rostro románico que lleva ya un tiempo revoloteando. Quizá el sentido del sueño fuera hacerme notar que no todo su físico era desdeñable. Claro, claro, luego está su intelecto, que todos valoran y aplauden acaloradamente.

jueves, 8 de diciembre de 2011

La lápida templaria























“El Ayuntamiento de Arjona era una casa de estilo andaluz (...) 
Al fondo estaba la escalera de mármol que conducía al interior. 
Iba por el tercer peldaño cuando la descubrió. La lápida templaria. 
Allí estaba, empotrada en el muro de la derecha, bajo el plano 
inclinado del segundo tramo de la escalera, (...) ocupando toda 
su superficie (...) una serie de círculos concéntricos (...) partían de 
un ajedrezado central. Cortando los círculos, (...) una estrella de 
doce puntas. El conjunto formaba un entramado geométrico de líneas 
rectas y curvas que contrastaba con la vacía lisura de los márgenes 
en los cuales se distinguían tres solitarias letras hebreas, una arriba 
y dos a los lados, las tres letras madres de la cábala.” 


La lápida templaria, Nicholas Wilcox [Juan Eslava Galán (Arjona, 
Jaén, 1948 - )], Barcelona, Editorial Planeta, 1996.


La aldea fantástica


















“La aldea fantástica” (1880-1884) de Adolphe 
Monticelli (Marsella, 1824-1886), el primer tachista 
sensual según Salvador Dalí.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Zelig


















Iniciando aproximación a los rasgos de Jacobo Cortines.

viernes, 2 de diciembre de 2011

L.H.



















Oyó a su marido contar los detalles del nuevo programa al perplejo obrero que arreglaba el baño. Ella vio el peligro. La fatal demencia. Su rápido avance. No dudó un instante. Marcó ese número. La persona por quien preguntaba se hallaba de viaje. Darían recado. A las pocas horas llamó de La Habana. Reunión con amigos. Tú tranquila dijo. Me encargo de todo. Antes que regrese estará resuelto. Ellos nunca fallan.