Persistir
el viento durante la noche
¿Fue
la arrogancia, la displicencia de la joven Cristina, lo que cautivó al
hacendoso ornitólogo? Meditó, no mucho tiempo es verdad, sobre dicha
circunstancia, para concluir que ella estaba hecha para él y él quizá para
ella. Ahora
la lacra, el velorio, agostan el buen sendero que conduce a la capilla.
Cristina se desmorona al atardecer, pero no sólo es el rostro sino el total de
la cabeza; occipucio y parietales se comprimen hasta parecer de goma, ya no es
aquel balón glorioso que excitara al poeta de las aves, al cumplido seglar.













