jueves, 30 de julio de 2015

¿Neurosis?


































Me mudé de casa. Me fui a la periferia. Al principio tenía dudas de cómo llegar al centro. Hasta que encontré un buen recorrido. Primero la avenida Fanjul, luego la calle Sobreros, luego la plaza del Perro, la calle Anselmo Rodríguez y el pasaje de Moniche, que muere frente a la Seo. Y no tardé en descubrir la asimetría. Un caserón de la calle Sobreros lucía, en su fachada, dos ventanales que no progresaban parejos sobre la vertical de la clave del arco. Los primeros días, animado por el hallazgo del buen recorrido, no le di excesiva importancia. Después, fui notando una molesta desazón cuando pasaba por delante. Al mes, me di cuenta de que apretaba el paso para no emplear demasiado tiempo en flanquearlo. Al año, la visión me resultó insoportable y decidí explorar otros recorridos. Pero todos resultaban incómodos. La calle Tapón disponía de un excesivo número de indigentes. Las calles Modesta Lahoz y Pasión de Tupinamba olían, respectivamente, a estiércol y a taller de manualidades. La bajada de Monjas se ensuciaba a menudo con la cera de las procesiones. Decidí comprar el edificio. Que estaba inventariado. Fue un mal negocio. No hay nada peor, entre montañeses, que mostrar interés por las cosas. Hube de vender la casa de la periferia. Ahora vivo entre las ruinas de la casa de ventanales asimétricos. Voy derribándola por dentro. Sin licencia. En silencio. Sin que nadie me descubra. Dejo para el final el derribo de la fachada. De hecho, caerá sola al no contar con el apoyo del resto del inmueble. Si me obligan a reconstruirla evitaré la asimetría. Nunca hubo planos. Ni fotografías. Solo existe esta. Que en seguida destruyo.            


martes, 30 de junio de 2015

San Ranieri































San Ranieri libera a noventa pobres de una cárcel de Florencia.
Stefano di Giovanni, "Sassetta" (1392-1450).

miércoles, 24 de junio de 2015

Los cuatro robinsones.














































Leoncio, Gerundio, Crescencio y Venancio son cuatro amigos casados, reconocidos calaveras, que recurren a cualquier treta con ánimo de divertirse. Llegan a Andalucía para correrse una juega en un cortijo, con una conocida artista, pero hacen creer a todo el mundo que se encuentran en un viaje por las islas Columbretes. Pero la casualidad quiere que el barco donde ellos dijeron viajar se vaya a pique, ahogándose todo el pasaje. Entonces, para salvar su reputación, deciden viajar realmente a las Columbretes y que el secretario de uno de ellos finja encontrar una botella tirada al mar en la que explican que se han salvado y dónde se encuentran. Pero el secretario, que está enamorado de la hija de uno de ellos y sabe que su jefe nunca le dará su bendición, ve la oportunidad de conseguirla y decide no cumplir con su parte del trato, dejándoles a su suerte. Adaptación al cine (1939) de una obra de Enrique García Álvarez y Pedro Muñoz Seca que ya había conocido una versión muda, en 1926. La que nos ocupa está considerada como una de las mejores comedias de su director, Eduardo García Maroto, quien encontró el tono exacto entre el realismo y el absurdo para narrar tan descabellada historia.

viernes, 19 de junio de 2015

Partida de nacimiento



Hoy he tomado el aperitivo con el poeta Ferrer Lerín. Ha sido un encuentro casual. Yo volvía de la Gestoría González, de resolver unos asuntos de la herencia de mi padre, y al ver a Lerín sentado solo en la terraza de Casa Fau me he acercado a él con el ánimo de saludarle, sorprendiéndome a mí mismo por el atrevimiento, dado que apenas conocía al poeta (me lo presentaron en la boda de la hija de Rato). Lerín ha resultado encantador. Se acordaba de mí. Incluso ha entrado en detalles acerca del atuendo de mi señora en el evento romano. Ha llamado al camarero y me ha invitado a un Campari con patatas Lay’s onduladas, su alimento favorito. No ha parado de hablar, sobre literatura, aves y jugadas de póquer, y yo estaba embobado ante disquisiciones tan interesantes pero no dejaba de mirar de reojo a la gente para comprobar si era ya del dominio público mi amistad con semejante autoridad. De golpe, Lerín se ha callado y, tras echar un trago de vermú, me ha mirado a los ojos y, ceremonioso, ha dicho: “Ernesto (yo me llamo Enrique) voy a darte una primicia que te autorizo plasmes en tu periódico (no soy periodista, soy usurero)”. Han pasado unos segundos, que me han parecido eternos, y ha vuelto a la carga: “Sorprendido el médico de cabecera por la no correspondencia entre la edad que constaba en mi ficha y la edad que él me atribuía por mi excelente forma física, me animó a investigar mi partida de nacimiento.” Nuevo silencio (sabía que me tenía expectante) y, con voz profunda, ha continuado: “El médico estaba en lo cierto, la lectura de mi partida de nacimiento no era correcta, una mancha de tinta confundía al lector apresurado, yo no había nacido en 1942 sino en 1952. Tenía diez años menos”. A Ferrer Lerín se le ha iluminado el rostro. Me ha guiñado un ojo. Ha soltado una carcajada. Y ha pedido otra ronda. (Esta claro que no le importan los problemas que se le vienen encima si hace público el descubrimiento; una actualización biográfica que supondría la pérdida de la pensión, la anulación de su matrimonio, la devolución de medallas, el desprecio de los hijos. Le he aconsejado que no diga nada, que siga con su vida como si tal cosa, pero Lerín es un tipo legal y quiere estar en paz con su conciencia. Le he recomendado los servicios de la Gestoría González, muy eficientes)         

miércoles, 17 de junio de 2015

Hitchcock. Joel McCrea.
















































Alfred Hitchcock y FrançoisTruffaut hablan del actor Joel McCrea y del filme Enviado especial [Foreign Correspondent] (1940) en el libro El cine según Hitchcock (1966)

A.H. “Cuando acabé el guión de Foreing Correspondent fui a ver a una gran estrella, Gary Cooper, pero como era un thriller no quiso rodarlo. Esto me ocurrió varias veces en mis comienzos en Hollywood, y terminaba siempre trabajando con actores de segunda categoría, como en este caso Joel McCrea.”

F.T. “Pero Joel McCrea resulta simpático en el papel de periodista...”

A.H. “Es un poco blando, le falta vigor.”

sábado, 6 de junio de 2015

"Cazador de avutardas" (1919)


































La caza de avutardas no es un tema común en la pintura española, quizá porque nunca fue común su caza. El autor del cuadro, Adelardo Covarsí Yustas (Badajoz, 1885-1951), deja constancia de un tiempo en que la especie aún no había iniciado el camino hacia la decadencia. Hoy, extinguidas las avutardas en la mayoría de regiones de España, cuesta trabajo contemplar el lienzo sin sentir repugnancia ante un lance que, cuando menos, resulta inexplicable.

sábado, 23 de mayo de 2015

Lepus





























Liebre (Lepus europaeus). Pardina Larbesa. Primavera 2015. Fotografía: Fran Ferrer.

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Lepus


¿Qué quedará de la liebre de Durero? ¿Nociones
de partida y de llegada? ¿Un punto
de atadura de sus sueños? ¿Un recuerdo
de ciertas partes de su cuerpo?
Esa joven liebre
proviene de la cólera adusta, de la frambuesia
que hace áspero al cuero, de ese fetor oris
producto
de los alcaldes de la lepra,
del salpicado de la lepra, ese apetito sexual desbocado
que señalan
los alumnos, apetito,
satiriasis, dijo entonces
el alumno que fue inocente, pero
el tobillo
apareció manchado de la plaga, elefantiasis puede,
aunque dudaban si el pelo
de la joven liebre
fue pintado con pincel
de un solo pelo. Hubo oficios
reservados
para ellos
que alguien llamó
infamantes, oficios justos:
sepultureros
recogedores de bestias muertas
cordeleros de sogas para condenados
cordeleros de sogas para campanas
fabricantes de campanas
leñadores de madera para cadalsos. Fetor oris, ese olor
delataba su presencia, recordaba
el olor de la liebre
ya macerada
prendida al lazo
del malato ahogado en Sévre
en el pantano cubil. Caligaverunt
oculi mei.
Circumdederunt me
gemitus mortis.


2010


Hiela sangre (2013)

jueves, 21 de mayo de 2015

Ferrer Lerín al búlgaro















































21 textos de Ferrer Lerín traducidos al búlgaro por Rada Panchovska.
Próxima-RP, editorial. Sofía. 2015. (Edición bilingüe)

martes, 12 de mayo de 2015

martes, 21 de abril de 2015

sábado, 18 de abril de 2015

Conklin














































Conklin o la conversión cuantificada de la tinta en palabras
La Vanguardia, 29 de junio de 1935

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Otros usos de Conklin: IMDb y blog

martes, 14 de abril de 2015

Dos o tres casas



Entraba en la casa, grande, subía las escaleras, dejaba atrás el comedor sumido en la penumbra y, guiado por una luz poderosa, desembocaba en el salón en el que ahora se comía y en el que mi padre, sentado de espaldas a la puerta, me lanzaba, así de sopetón, sin poder verme todavía, un misterioso “¿estás regresando?”. ¿Mi padre vivía aún? No parecía alegrarse de mi irrupción, ni tampoco el adolescente gris que apenas levantaba los ojos del plato, ni tampoco mi madre, de pie, como llegando de otro lugar, y que adoptaba una actitud que podríamos definir como huidiza. Pero, ¿qué casa era esta?; la puerta de la calle, el recibidor y las habitaciones que se adivinaban a derecha e izquierda resultaban desconocidas; sin embargo las escaleras y el comedor eran de la casa de mis abuelos maternos y el salón era el de la casa de mis padres. ¿Y yo quién era?; entraba en ese domicilio y avanzaba con total desenvoltura cruzando diversas estancias y me sorprendía al ver que mi padre estuviera allí (había fallecido hacía tanto tiempo), mas no su gran parecido conmigo; de hecho me reconocía más en él que en su hijo, personaje que según la lógica más elemental debía ser yo, aunque podía ser Ricardo, mi hermano gemelo, al que, en esos años, encontraron ahorcado.


viernes, 27 de marzo de 2015

Jornada trágica



La noche anterior a la caída del avión alemán en los Alpes soñé que iba conduciendo, más rápido que de costumbre, por una solitaria carretera, angustiado por llegar, antes de que oscureciera, a una ciudad situada demasiado lejos. Al vencer un cambio de rasante, coronado temerariamente sin disminuir la velocidad, vi, a muy poca distancia, un Seat 1500 negro avanzando a toda pastilla por una pista polvorienta y supe que él iba a invadir la carretera y que era imposible evitar la colisión. Frené, y giré ligeramente el volante para no embestir de lleno al 1500 (esos coches tenían fama de ser de hierro) pero, pese a ello, tuve que tomar una solución drástica para no morir: despertarme.  


Debería ser suficiente que un presagio de muerte tuviera un único correlato, pero no fue así. Imprimía los billetes de avión para mi viaje a Bulgaria al tiempo que recibía la noticia de la desaparición del vuelo 4U9525 cuando descubrí que el aparato de la compañía Balcanic Air en el que yo iba a volar era un Brauer, de fabricación hondureña. Llamé al gobernador para obtener más detalles. Su valido me comunicó, amablemente, que su alteza estaba agonizando víctima de un aneurisma pero que el modelo 175 de la casa Brauer era merecedor de toda mi confianza; nunca había sufrido un percance en el que el número de muertos superara la treintena.


sábado, 21 de marzo de 2015

Enemigos



Su larga vida y su carácter algo áspero le granjearon tenaces enemigos, cuyos nombres llevaba anotados en la moleskine que le regaló su hijo por Reyes. Cada mañana, a eso de las once, se acercaba a la iglesia del Carmen para ver si entre las esquelas pegadas en la fachada había alguna que le alegrara el día. De la lista ya habían caído muchos y este invierno estaba siendo singularmente pródigo: 11 de enero, Carlos “Negro” Sánchez Peragón; 15 de enero, Sixto “Maromas” Caballar González; 14 de febrero, Antonio “Carpetas” Jarne Providencio; 2 de marzo, Beto “El Bestia” Ara Sangermán; y hoy, el más odiado, Fernando Pérez Magriñán, sin un alias definido pero de aspecto desagradable y retorcida conducta. Fue a tacharlo de la lista y, de golpe, comprobó, sorprendido, que Magriñán era el último. Tardó en reaccionar y reaccionó muy mal. Llegó a La Ciudadela y de una patada derribó al centinela. Le arrebató el arma. Y se voló la tapa de los sesos. Sí, no eran dos vulgares tópicos sino dos definitivas verdades; “el que no tiene enemigos no es absolutamente nadie” y “la vida sin enemigos carece de sentido”.   


martes, 17 de marzo de 2015

jueves, 5 de marzo de 2015

Homenaje a Perse







Enérvate hombre despreciable porque los querubes aplacarán tus iras
lamerán tus desdichas y acogerán las turbias manos del pordiosero amigo.

Pero si prefieres balancearte con los remolinos del nuevo día
asciende a las cimas donde sólo reina el olvido y tus pasos serán descontados.


"Sin título II"

Homenaje a Perse, 1961














miércoles, 25 de febrero de 2015

Ventisca



Esquiaba con ímpetu entre fuerte ventisca. No era agradable. Regresó al hotel y al pedir la llave notó su voz alejada. Pensó que la ventisca le había afectado el oído. Pero al ir a ducharse se vio en el espejo. La ventisca le había movido la boca. La había colocado en la nuca. No se duchó. Quedaba una hora de luz. Decidió vestirse y esquiar de nuevo. En otra ladera. La ventisca venía del lado contrario. Se lanzó pista abajo. Hasta cuatro veces. Notó cierto cambio. La boca avanzaba. Pero sin hallar el sitio. El lunes en la oficina nadie dijo nada. Temor y respeto. Ella era la jefa. Al sonar el móvil vieron que lo colocaba en lugar incómodo. Habló desde un pecho. Sin darle importancia. El sábado próximo volvería a la nieve. Anuncian ventisca.


domingo, 15 de febrero de 2015

Mariety y la armónica




Muchas veces el excesivo autoritarismo de los padres produce efectos nocivos a sus vástagos. Es el caso de Mariety que, en un diario hasta ahora secreto, escribe: “Cuando hice la primera comunión mi padre me regaló una armónica en miniatura, marca Hohner, de plata, con una cadenita. Por lo que sea, un día se soltó de su cadenita, me la llevé a la boca y me la tragué sin querer. No me atreví a decirlo y tampoco nadie me preguntó. Unos meses después mis padres me llevaron al médico porque tenía fiebre y me dolía mucho la garganta. Resultó que tenían que extirparme las amígdalas. Yo no sabía nada de amígdalas y simplemente me explicaron que tenían que quitarme de la garganta algo que no debía estar allí porque era lo que me producía el dolor. Estaba segura de que se trataba de la armónica. Me aterraba que descubrieran que me la había comido y que no había dicho nada.” El diario termina aquí. Mariety fallecería antes de ser operada sin que los médicos aclararan los motivos. Y la historia también terminaría aquí si no fuera por Julián Mamarras, el enterrador del cementerio donde se inhumó el cuerpecito de Mariety. Mamarras era dado a la astronomía y muchas veces al oscurecer, con el buen tiempo, se tumbaba sobre una losa, elegida al azar, y escudriñaba el firmamento. Una noche, sería a principios de agosto, oyó un sonido muy agradable que parecía surgir del interior de la tumba. Sobresaltado, leyó, a la luz de la luna, la inscripción sobre la que había reposado su espalda. Se trataba de una niña. Muerta hacía poco. Permaneció un rato immóvil, atento. Y aunque el sonido aún se percibía, se iba atenuando, hasta desaparecer al avanzar la noche. Volvió Mamarras al día siguiente. Y el fenómeno se repitió. Y así en las jornadas sucesivas. Una musiquilla que en el crepúsculo sonaba con cierta potencia y que al pasar las horas desaparecía, como si el frescor nocturno no le conviniera. Julián avisó al forense y, en presencia de los autoritarios padres, se exhumó el cadáver, ya descompuesto. Descomposición que producía gases, virulentos a las horas de calor y que, acumulados, se expandían al atardecer, dando vida al instrumento.