Muchas veces el excesivo autoritarismo de los padres
produce efectos nocivos a sus vástagos. Es el caso de Mariety que, en un diario
hasta ahora secreto, escribe: “Cuando hice la primera comunión mi padre me
regaló una armónica en miniatura, marca Hohner, de plata, con una cadenita. Por
lo que sea, un día se soltó de su cadenita, me la llevé a la boca y me la
tragué sin querer. No me atreví a decirlo y tampoco nadie me preguntó. Unos
meses después mis padres me llevaron al médico porque tenía fiebre y me dolía
mucho la garganta. Resultó que tenían que extirparme las amígdalas. Yo no sabía
nada de amígdalas y simplemente me explicaron que tenían que quitarme de la
garganta algo que no debía estar allí porque era lo que me producía el dolor.
Estaba segura de que se trataba de la armónica. Me aterraba que descubrieran
que me la había comido y que no había dicho nada.” El diario termina aquí.
Mariety fallecería antes de ser operada sin que los médicos aclararan los
motivos. Y la historia también terminaría aquí si no fuera por Julián Mamarras,
el enterrador del cementerio donde se inhumó el cuerpecito de Mariety. Mamarras
era dado a la astronomía y muchas veces al oscurecer, con el buen tiempo, se
tumbaba sobre una losa, elegida al azar, y escudriñaba el firmamento. Una
noche, sería a principios de agosto, oyó un sonido muy agradable que parecía
surgir del interior de la tumba. Sobresaltado, leyó, a la luz de la luna, la
inscripción sobre la que había reposado su espalda. Se trataba de una niña.
Muerta hacía poco. Permaneció un rato immóvil, atento. Y aunque el sonido aún
se percibía, se iba atenuando, hasta desaparecer al avanzar la noche. Volvió
Mamarras al día siguiente. Y el fenómeno se repitió. Y así en las jornadas
sucesivas. Una musiquilla que en el crepúsculo sonaba con cierta potencia y que
al pasar las horas desaparecía, como si el frescor nocturno no le conviniera.
Julián avisó al forense y, en presencia de los autoritarios padres, se exhumó
el cadáver, ya descompuesto. Descomposición que producía gases, virulentos a
las horas de calor y que, acumulados, se expandían al atardecer, dando vida al
instrumento.
domingo, 15 de febrero de 2015
jueves, 5 de febrero de 2015
jueves, 29 de enero de 2015
Novema versus Povema
Antonio Domínguez Rey,
Novema versus Povema, Madrid, Torre Manrique Publicaciones, 1987.
Un volumen de raro título, un estudio sobre un período secreto de la historia literaria
española, el primer lustro de los años 60, en el que algunos de los poetas que
inician su obra lo hacen con aires renovadores, pero de variado signo. Periodo
que Domínguez Rey cierra con el capítulo “Un aire surreal y lúdico: Francisco
Ferrer Lerín” dedicado a mi primer libro, De
las condiciones humanas, escrito en 1962 y publicado en 1964.
lunes, 19 de enero de 2015
Codos
He comprobado que mis codos soportan mejor los rigores de la
vejez que otras partes del cuerpo. Son anatomía discreta poco valorada,
inexistente en cuanto se estira el brazo y cuyo nombre no ha llegado a
sofisticarse diptongando en “cuedo”, como así lo han hecho sus compañeros
gramaticales “huevo” y “ruedo”. Hablaré con el sastre Panchito para que en el
nuevo gabán practique unos agujeros, unas coderas, de hecho unas anticoderas, que permitan lucir mis codos con elegancia al flexionar los brazos.
domingo, 4 de enero de 2015
Un poema de 1973, homenaje a T.S. Eliot.
RAILROAD FAREWELL
Abril es el mes más cruel en la gran alcoba. Se abren
nuevas grietas murales,
prosperan
ávidas carcomas, y en la
penumbra, como tentadores monstruos,
se debaten los recios cortinajes
movidos por el viento.
En Abril cruje el alero con la
pertinaz violencia de las aves
y las frías fuentes arrojan
súbitas su agua atroz.
En Abril acude la jauría al lodo
—bestias colmadas de aullidos,
rojas miradas—
con el jadear frenético de la
carrera.
En Abril la escuálida veleta
gruñe enloquecida
mientras el calamite bulle entre
las piedras.
Porque Abril es la muerte desde
que el aire perdió tu olor
y tu cuerpo ya no empaña los
viejos cristales.
1973
Cónsul (1987)
lunes, 15 de diciembre de 2014
jueves, 4 de diciembre de 2014
San José demediado
Sorprendente figura de San José, partido por la mitad, en el retablo de Alonso Berruguete del convento toledano de Santa Úrsula. Fotografía: Antonio Erena Camacho. 02.12.14.
domingo, 30 de noviembre de 2014
Emparedado
Me hablaron de la calle más estrecha del mundo, y fui a
verla. Viajé a la villa de Cañizares, en la provincia de Cuenca. Pero la
descripción era incorrecta, no era la calle más estrecha sino la calle que se
estrechaba desde hacía tiempo. Y ese era el motivo por el que acudían gentes de
las apuestas, ávidas por jugarse los cuartos. Se trataba de aguantar plantado
dentro, observando cómo se aproximaban las paredes y cómo crujían. Las apuestas,
ya en 2006, año de la foto, eran especialmente altas, pero nada
que ver con las de 2007, cuando, en la calle, en lo que quedaba de ella, apenas
cabía una mano; de hecho, el tipo que se ve en la imagen regresó en febrero de
ese año para incrementar el envite. Cuentan que sus herederos se hicieron ricos y que
él quedó ahí, aprisionado, y que ni a pedazos consiguieron sacarlo, ni siquiera
con las tenazas de la cercana herrería de Santa Cristina, la que arrendara Luis
de Molina para vivir, huido, junto a su esposa Isabel de Saavedra, la hija
ilegítima de Miguel de Cervantes.
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Fotografía: Fuensi.
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Fotografía: Fuensi.
domingo, 9 de noviembre de 2014
La estepa o quizá el desierto
Hoy ha vuelto la colina desnuda, la ladera estéril coronada
por un resalte rocoso, y no ha sido durante un sueño sino en una secuencia de Hasta que llegó su hora, en ese plano
general en el que miles de obreros se afanan en colocar vías de tren y Henry
Fonda se aproxima pausado a Charles Bronson que talla una figurita de madera.
Sé, que no lejos de allí, existe un cruce de carreteras en el que yo detenía el
coche y buscaba una indicación que nadie puso; me perdía, aprendía el concepto
de extravío, de soledad. Una carretera recién y mal terminada, mal peraltada,
con abombamientos y blandones, una carretera de asfalto gris que no se
diferenciaba, al atardecer, de las ralas y desdibujadas cunetas. La visión de
hoy, cinematográfica y real, no remeda el vigor de las imágenes soñadas,
imágenes que no regresarán (ya no queda tiempo), como nunca regresaron la
pareja de águilas perdiceras posadas en un promontorio y aquellos huesos de
cabra calcinados por el sol, esparcidos en el fondo de una vaguada polvorienta.
Pensé entonces: ¿hubo aquí alguna vez rebaños, hubo gente, hubo aves? Me
dijeron que la razón del sueño radicaba en mi pasión ornitológica, en la
búsqueda constante de grandes especies necrófagas; pero hoy pienso que esa no era
la razón, que el sueño, que la sucesión de esos sueños, era fruto de la
conciencia de que ese paisaje, y mi misma vida, culminaban su término.
martes, 28 de octubre de 2014
Malas sábanas
Nos dieron dos juegos de sábanas usadas para que duraran lo
que la estancia en la finca. Pero no fue así. La ínfima calidad y la poca
limpieza pasaron factura. A los dos días Víctor despertó con la espalda comida
por los ácaros. A la semana hubo que amputársela. Sin espalda mal le fueron las
cosas. Le puse algodón, empapado en mercromina, sujeto al pecho con
esparadrapo. El remedio no sirvió, supuraba y lo echaron del trabajo. Aburrido,
ocupaba las horas persiguiendo a las chinches; se convirtió, eso sí, en un
hábil cazador, las envolvía en los jirones de las sábanas que se amontonaban en
el suelo. Pensamos en una venta directa. Gustaban las chinches (y las liendres)
en ese pueblo. Montamos un tenderete en la plaza pero descubrieron la mala calidad
de los jirones de las sábanas y fracasamos. Ahora, de vuelta a casa (Víctor sin
trabajo y sin espalda), no hago más que pensar en lo tonta que fui, que por
ahorrarme unos pesos he traído la desgracia.
domingo, 12 de octubre de 2014
domingo, 28 de septiembre de 2014
Iconografía 17
Adoran los bombones
Bañan a sus hijos
en el jugo en que cuecen las gambas
como preparando
sidra de cola de pescado
que venden en
bolsas de papel madera
¡vesania y nafta!
Ella maneja el
Oldsmobile igual que trajina,
como fusiles
apuntados,
versátiles pilotos,
esos impermeables, gabardinas,
que hieren al
importante.
Él patentó los
boopies, ajuares futuristas saldados
en los mercadillos
del guano y en la plaza occisa
aunque se dijera
que su destino fue
otro, el esplendor
de la fiesta rica;
esas braguitas de espuma
velcradas,
coloreadas, diferentes,
kits semanales a
precio abusivo, situadas
sobre el vaquero de
marca, envolventes, ambas prendas,
de culetes de
brillantina y rasuradas conchas de nácar y cremita.
Gordos mórbidos, la
familia, devora, bajo la sombra de la acacia florida,
cajas planas de ese
producto ahora Lindt,
conglomerado
siempre fresco de manteca de cacao y otras sustancias
destructivas, que
algunos, malamente, llaman Pirineos, siendo
su verdadero
nombre, fruto de una correcta traducción,
el gentilicio
Pirenaicos; pequeños ataúdes, cofrecillos,
siempre elaborados
por manos
femeninas.
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Hiela sangre, 2013.
jueves, 25 de septiembre de 2014
El sueño de Adán
Formentera. Septiembre 2014. Lagartijas atraídas por los restos de una manzana. Fotografía y título de la entrada: Elena Cortell Olcina.
jueves, 18 de septiembre de 2014
Tercer plano
El
tercer plano ¿será la muerte? ¿Desde la muerte soñamos/vemos lo que hoy nos
parece la realidad y sus sueños correspondientes? En “El muro”, en su última
frase “Y no era yo”, ¿se prefigura ese visionario difunto?, ¿ha ocurrido algo
que haya propiciado un salto entre despertar a la realidad actual y despertar a
la realidad auténtica, la propia de los muertos? También, en “Despertó en cama
extraña”, se duda de si el despertar del protagonista corresponde a la realidad
actual o a la realidad auténtica. En cambio, en “Un mar de dudas” se juega con
la duda tradicional de si los sueños son la realidad y que estos, a veces,
abren una ventana a la falsa realidad que es en la que ahora nos movemos; no se
baraja una tercera opción.
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El muro
Coroné
el muro. Sin dificultad. Y desde arriba vi lo que no quería ver, una inmensidad
gris en la que el cielo, o las nieblas y nubes del cielo, se confundían con el
horizonte, no muy lejano. Decidí seguir, progresar hacia el Norte, pese a lo
tenebroso e incierto de lo que imaginaba. Tanteé la posibilidad del salto, mas
la tierra que se me ofrecía debía de ser pantanosa y temí quedar atrapado.
Descendiendo esa cara oscura del muro, como una salamanquesa, adherido, lento,
recordé aquel viaje a Alemania a observar pigargos, aquel atardecer o amanecer
en que paré el coche y me acerqué, caminando, al muro que cerraba el
septentrión. Y esto era lo mismo: frío, humedad, silencio. Avancé. Usaba
zancos. Y, a unos metros, difuminada, surgió una forma. El Crucificado, pensé.
Pero era mujer, Kelly LeBrock. Transformada. O en transformación. Y al
acercarme, ¿o se acercaba ella?, cobraba luz, y mucho color. Esa mujer, ¿cómo
apareció?, ni siquiera sé si se encontraba allí. Formada, sin duda, por retazos
de otras, lucía falda de muselina, refulgente, que ondeaba sin que soplara el
viento. Quise abrazarla. Así, de pie. Contra la nada. A mi manera. Tan grande
la pasión, que desperté. Y no era yo.
(Página
131)
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Despertó en cama extraña
No dormía con su esposa
desde mil novecientos ochenta y cuatro, ni en la misma cama ni en el mismo
cuarto; lo decidieron cuando las fiebres. Pero hoy, al despertar, ella estaba a
su lado, acurrucada, aunque vuelta hacia el lado izquierdo donde, por cierto,
descansaban otras personas que él creyó con vida.
(Página 102)
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Un mar de dudas
A principios de los ochenta
soñaba, a menudo, que aún seguía en la Universidad siendo no obstante
consciente, en el sueño, de que la carrera la había acabado hacía años. La acción
se situaba en un periodo inicial del curso; de hecho, aunque estaba sentado en
un aula, no quedaba claro si me había matriculado y esa duda planeaba a lo
largo de todo el sueño causando, claro está, cierta zozobra.
Una década antes había sido
otro el sueño recurrente. Seguía en el Ejército y tenía que ponerme el uniforme
a toda prisa para someterme a revista. Lo curioso es que, en la realidad, nunca
vestí de uniforme ya que estuve destinado en una sección de apariencia civil.
Al reflexionar hace un
tiempo sobre el porqué de la reiteración del primer modelo de sueño rechacé
todas las teorías que apuntaban al retroceso, a la nostalgia, a la necesidad de
volver atrás para recuperar el tiempo perdido, llegando a la conclusión de que,
los soñados, fueron años de gran aburrimiento, que ese era el problema, el
aburrimiento, el no tener nada que hacer, el matar el tiempo, el buscar
soluciones como asistir a clase en la universidad, pese a tratarse siempre de
la misma asignatura, para ocupar las interminables horas. En cuanto a ponerme
con prisas el uniforme militar; nunca me ha gustado que me agobien.
Sin embargo, hoy, analizando
con calma los acontecimientos, creo descubrir cierta falsedad que no se
corresponde a esa condición fundamentada que se atribuye tradicionalmente al
acto de soñar. Empezando por el uniforme, no parece necesario ejemplarizar la
angustia del apremio mediante una circunstancia que nunca se dio. Y respecto al
aburrimiento, no encuentro en mi biografía ningún periodo en que imperara esa
circunstancia. Sólo se me ocurre, entonces, que hubiera un segmento de mi vida,
del que no guardara recuerdo, en el que se dieran estos hechos: usar uniforme
militar y no tener una ocupación que ahuyentara el fantasma del aburrimiento.
Desde la infancia escribo un diario; lo he repasado y ahí no hay nada. Entonces
sólo cabría pensar que los sueños fueron la verdadera vida y que en ellos no
escribiera un diario que pudiera despejar estas incógnitas. O que el diario sí
existiera y que fuera incapaz de hallarlo tras tantos cambios de domicilio. A
lo que habría que añadir, en este punto, una nueva cuestión: ¿desde qué plano
de la existencia estoy escribiendo en este blog?
(Páginas 97-98)
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Mansa chatarra
Jekyll & Jill editores
Zaragoza, 2014
martes, 16 de septiembre de 2014
Necrología 13
Las secciones de Sucesos deparan, a veces, historias de gran
calado. Cuentan que en Sevilla el distinguido odontólogo Lesmes Griego
Grazalema adquirió un traje de lana frita, de la acreditada marca “Proctólogo”, para lucirlo en una boda. Tras la ceremonia religiosa, en la que permaneció de
pie para no arrugarlo, llegó cansado al banquete por lo que rápido buscó una
silla para zamparse, relajado, unos canapés de gallina. Tras la ingesta quiso
cruzar las piernas y así adoptar esa postura que tanto le gustaba, pero
comprobó que no era posible; la tela, las piernas, le resbalaban. Se levantó
sin dar importancia al asunto pero luego, ya en pleno ágape, le volvió el
cansancio y al intentar repantingarse se escurrió completo; todo su imponente
cuerpo se deslizó sobre la barnizada madera, desapareciendo bajo la mesa,
golpeándose fatalmente el occipucio con el borde del asiento.
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Es oportuno releer ahora estos dos textos premonitorios:
“...sentado en una silla, revólver en mano, sangrando por la
boca y con el pecho perforado. Sólo entrar, como si hubiera estado esperándome,
se dobló, hacia adelante, el peso del tronco y de la cabeza arrastraron el
resto del cuerpo y deslizándose, como una serpiente aplanada, como en los
dibujos animados, se convirtió en un fardo.” (Familias como la mía, p. 191)
“ ...se lamentaba de que desde hacía algún tiempo le
resbalaban las telas: al desvestirse caían las prendas al suelo aunque las
dejara en una silla o incluso en el galán de noche y, en los banquetes de la
Sociedad Mundial, necesitaba ayuda constante del servicio de camareros ya que
no lograba mantener la servilleta sobre los muslos.” (Gingival , p.31)
domingo, 14 de septiembre de 2014
Necrología 12
Ha fallecido en Denia (provincia de Alicante), a los 80
años, el ciudadano berlinés Julius Martin Schleyer descendiente, según cuenta
en una entrevista, de Johann Martin Schleyer (1831-1912), el clérigo alemán
creador de la lengua auxiliar Volapuk. Julius, residente en España desde 1990,
formó parte en su juventud, como primera guitarra, de un conjunto musical
llamado “Los corbatas verdes” y ahora, en la vejez, volvió a la canción
interpretando, a capela y en volapuk, conocidas baladas. Quizá fuera la más
aplaudida, en los saraos de la Costa Blanca, el gran éxito de Jeanette de los
setenta: “Porque te vas”.
Johann Martin Schleyer
viernes, 29 de agosto de 2014
Tigmotermia
domingo, 17 de agosto de 2014
jueves, 7 de agosto de 2014
domingo, 3 de agosto de 2014
Iconografía 16
TRASGO. Demonio casero, que de ordinario inquieta
las casas particularmente de noche, derribando las mesas, y demás trastos,
tirando piedras, sin ofender con ellas, jugando a los bolos, y con otros
estruendos aparentes, que desvelan a los habitadores.
“Alado coco de
Chipre,
que sin oirte, ni hablarte,
trasgo
sordo, y duende mucho;
espantas à los amantes.”
Anastasio Pantaleón: Sus
Obras, Rom. 20.
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El Bestiario de Ferrer Lerín
Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2007.
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