domingo, 28 de septiembre de 2014

Iconografía 17














































Adoran los bombones


Bañan a sus hijos en el jugo en que cuecen las gambas
como preparando sidra de cola de pescado
que venden en bolsas de papel madera
¡vesania y nafta!

Ella maneja el Oldsmobile igual que trajina,
como fusiles apuntados,
versátiles pilotos, esos impermeables, gabardinas,
que hieren al importante.

Él patentó los boopies, ajuares futuristas saldados
en los mercadillos del guano y en la plaza occisa
aunque se dijera
que su destino fue otro, el esplendor
de la fiesta rica; esas braguitas de espuma
velcradas, coloreadas, diferentes,
kits semanales a precio abusivo, situadas
sobre el vaquero de marca, envolventes, ambas prendas,
de culetes de brillantina y rasuradas conchas de nácar y cremita.

Gordos mórbidos, la familia, devora, bajo la sombra de la acacia florida,
cajas planas de ese producto ahora Lindt,
conglomerado siempre fresco de manteca de cacao y otras sustancias
destructivas, que algunos, malamente, llaman Pirineos, siendo
su verdadero nombre, fruto de una correcta traducción,
el gentilicio Pirenaicos; pequeños ataúdes, cofrecillos,
siempre elaborados
por manos femeninas.

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Hiela sangre, 2013.


jueves, 25 de septiembre de 2014

El sueño de Adán






























Formentera. Septiembre 2014. Lagartijas atraídas por los restos de una manzana. Fotografía y título de la entrada: Elena Cortell Olcina.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Tercer plano















































El tercer plano ¿será la muerte? ¿Desde la muerte soñamos/vemos lo que hoy nos parece la realidad y sus sueños correspondientes? En “El muro”, en su última frase “Y no era yo”, ¿se prefigura ese visionario difunto?, ¿ha ocurrido algo que haya propiciado un salto entre despertar a la realidad actual y despertar a la realidad auténtica, la propia de los muertos? También, en “Despertó en cama extraña”, se duda de si el despertar del protagonista corresponde a la realidad actual o a la realidad auténtica. En cambio, en “Un mar de dudas” se juega con la duda tradicional de si los sueños son la realidad y que estos, a veces, abren una ventana a la falsa realidad que es en la que ahora nos movemos; no se baraja una tercera opción.


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El muro

  
Coroné el muro. Sin dificultad. Y desde arriba vi lo que no quería ver, una inmensidad gris en la que el cielo, o las nieblas y nubes del cielo, se confundían con el horizonte, no muy lejano. Decidí seguir, progresar hacia el Norte, pese a lo tenebroso e incierto de lo que imaginaba. Tanteé la posibilidad del salto, mas la tierra que se me ofrecía debía de ser pantanosa y temí quedar atrapado. Descendiendo esa cara oscura del muro, como una salamanquesa, adherido, lento, recordé aquel viaje a Alemania a observar pigargos, aquel atardecer o amanecer en que paré el coche y me acerqué, caminando, al muro que cerraba el septentrión. Y esto era lo mismo: frío, humedad, silencio. Avancé. Usaba zancos. Y, a unos metros, difuminada, surgió una forma. El Crucificado, pensé. Pero era mujer, Kelly LeBrock. Transformada. O en transformación. Y al acercarme, ¿o se acercaba ella?, cobraba luz, y mucho color. Esa mujer, ¿cómo apareció?, ni siquiera sé si se encontraba allí. Formada, sin duda, por retazos de otras, lucía falda de muselina, refulgente, que ondeaba sin que soplara el viento. Quise abrazarla. Así, de pie. Contra la nada. A mi manera. Tan grande la pasión, que desperté. Y no era yo. 

(Página 131)


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Despertó en cama extraña

  
No dormía con su esposa desde mil novecientos ochenta y cuatro, ni en la misma cama ni en el mismo cuarto; lo decidieron cuando las fiebres. Pero hoy, al despertar, ella estaba a su lado, acurrucada, aunque vuelta hacia el lado izquierdo donde, por cierto, descansaban otras personas que él creyó con vida.

(Página 102)


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Un mar de dudas


A principios de los ochenta soñaba, a menudo, que aún seguía en la Universidad siendo no obstante consciente, en el sueño, de que la carrera la había acabado hacía años. La acción se situaba en un periodo inicial del curso; de hecho, aunque estaba sentado en un aula, no quedaba claro si me había matriculado y esa duda planeaba a lo largo de todo el sueño causando, claro está, cierta zozobra.

Una década antes había sido otro el sueño recurrente. Seguía en el Ejército y tenía que ponerme el uniforme a toda prisa para someterme a revista. Lo curioso es que, en la realidad, nunca vestí de uniforme ya que estuve destinado en una sección de apariencia civil. 

Al reflexionar hace un tiempo sobre el porqué de la reiteración del primer modelo de sueño rechacé todas las teorías que apuntaban al retroceso, a la nostalgia, a la necesidad de volver atrás para recuperar el tiempo perdido, llegando a la conclusión de que, los soñados, fueron años de gran aburrimiento, que ese era el problema, el aburrimiento, el no tener nada que hacer, el matar el tiempo, el buscar soluciones como asistir a clase en la universidad, pese a tratarse siempre de la misma asignatura, para ocupar las interminables horas. En cuanto a ponerme con prisas el uniforme militar; nunca me ha gustado que me agobien.

Sin embargo, hoy, analizando con calma los acontecimientos, creo descubrir cierta falsedad que no se corresponde a esa condición fundamentada que se atribuye tradicionalmente al acto de soñar. Empezando por el uniforme, no parece necesario ejemplarizar la angustia del apremio mediante una circunstancia que nunca se dio. Y respecto al aburrimiento, no encuentro en mi biografía ningún periodo en que imperara esa circunstancia. Sólo se me ocurre, entonces, que hubiera un segmento de mi vida, del que no guardara recuerdo, en el que se dieran estos hechos: usar uniforme militar y no tener una ocupación que ahuyentara el fantasma del aburrimiento. Desde la infancia escribo un diario; lo he repasado y ahí no hay nada. Entonces sólo cabría pensar que los sueños fueron la verdadera vida y que en ellos no escribiera un diario que pudiera despejar estas incógnitas. O que el diario sí existiera y que fuera incapaz de hallarlo tras tantos cambios de domicilio. A lo que habría que añadir, en este punto, una nueva cuestión: ¿desde qué plano de la existencia estoy escribiendo en este blog?   

(Páginas 97-98)


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Mansa chatarra
Jekyll & Jill editores
Zaragoza, 2014

martes, 16 de septiembre de 2014

Necrología 13


  
Las secciones de Sucesos deparan, a veces, historias de gran calado. Cuentan que en Sevilla el distinguido odontólogo Lesmes Griego Grazalema adquirió un traje de lana frita, de la acreditada marca “Proctólogo”, para lucirlo en una boda. Tras la ceremonia religiosa, en la que permaneció de pie para no arrugarlo, llegó cansado al banquete por lo que rápido buscó una silla para zamparse, relajado, unos canapés de gallina. Tras la ingesta quiso cruzar las piernas y así adoptar esa postura que tanto le gustaba, pero comprobó que no era posible; la tela, las piernas, le resbalaban. Se levantó sin dar importancia al asunto pero luego, ya en pleno ágape, le volvió el cansancio y al intentar repantingarse se escurrió completo; todo su imponente cuerpo se deslizó sobre la barnizada madera, desapareciendo bajo la mesa, golpeándose fatalmente el occipucio con el borde del asiento.  

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Es oportuno releer ahora estos dos textos premonitorios:



“...sentado en una silla, revólver en mano, sangrando por la boca y con el pecho perforado. Sólo entrar, como si hubiera estado esperándome, se dobló, hacia adelante, el peso del tronco y de la cabeza arrastraron el resto del cuerpo y deslizándose, como una serpiente aplanada, como en los dibujos animados, se convirtió en un fardo.” (Familias como la mía, p. 191)


“ ...se lamentaba de que desde hacía algún tiempo le resbalaban las telas: al desvestirse caían las prendas al suelo aunque las dejara en una silla o incluso en el galán de noche y, en los banquetes de la Sociedad Mundial, necesitaba ayuda constante del servicio de camareros ya que no lograba mantener la servilleta sobre los muslos.” (Gingival , p.31)


domingo, 14 de septiembre de 2014

Necrología 12





Ha fallecido en Denia (provincia de Alicante), a los 80 años, el ciudadano berlinés Julius Martin Schleyer descendiente, según cuenta en una entrevista, de Johann Martin Schleyer (1831-1912), el clérigo alemán creador de la lengua auxiliar Volapuk. Julius, residente en España desde 1990, formó parte en su juventud, como primera guitarra, de un conjunto musical llamado “Los corbatas verdes” y ahora, en la vejez, volvió a la canción interpretando, a capela y en volapuk, conocidas baladas. Quizá fuera la más aplaudida, en los saraos de la Costa Blanca, el gran éxito de Jeanette de los setenta: “Porque te vas”.   








Johann Martin Schleyer 

viernes, 29 de agosto de 2014

Tigmotermia



Una de las formas de tigmotermia es la captación de calor al ponerse en contacto con piedras calentadas por el sol.
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Muralla de Jaca. Febrero de 1962.
Fotografía: Antoñita.

domingo, 17 de agosto de 2014

Acciones, 9.















































A 9.
Ascara (provincia de Huesca).
18.03.01.

domingo, 3 de agosto de 2014

Iconografía 16

















TRASGO. Demonio casero, que de ordinario inquieta las casas particularmente de noche, derribando las mesas, y demás trastos, tirando piedras, sin ofender con ellas, jugando a los bolos, y con otros estruendos aparentes, que desvelan a los habitadores.

         “Alado coco de Chipre,
          que sin oirte, ni hablarte,
          trasgo sordo, y duende mucho;
          espantas à los amantes.”
     
       Anastasio Pantaleón: Sus Obras, Rom. 20.

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El Bestiario de Ferrer Lerín
Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2007.

viernes, 25 de julio de 2014

Fatídica postura














































Está claro que la fotografía es un arma eficaz para el rastreo de las deformidades físicas, tal como se comprobó en Cara de pito, pero su campo de acción es mucho más amplio ya que permite denunciar posturas equivocadas como la de la imagen, recientemente recuperada, perteneciente a los años de residencia en Andalucía, en la que el apoyo, aunque leve, de las posaderas en el capó del coche, acorta dramáticamente la figura convirtiendo la voluminosa cabeza, compensada normalmente por la estatura y la corpulencia, en un desagradable objeto adherido al cuerpo de un enano.  

martes, 15 de julio de 2014

Hombre solo






















Visión general del hombre desarmado u hombre primitivo. Avanza montado en su única pierna, provisto de capote de brega, por el desierto almeriense. No sabe nadar. No es extravagante. Dice no estar pumba. Sufrió un pleonasmo. No es Alice Keys. Tampoco Oskar Hansen.
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Fotografía: Elena Cortell Olcina 

domingo, 6 de julio de 2014

Genus "Lotea"


Un sueño aclaratorio. Como sucediera en “Aparecen” se ha logrado descifrar un enigma ornítico. Un ave de la que todos dudaban de su existencia se ha mostrado en todo su esplendor. No está claro cómo empieza el sueño, quizá lo que recuerdo pertenezca al final del mismo; una rapaz diurna de tamaño medio, inferior a un ratonero, de color arena con listas transversales grises y tenues, planea pero no horizontalmente sino de modo inclinado, como si estuviera sujeta a una cuerda y alguien la hiciera girar. Parece una gran ardilla voladora, incluso hay momentos en los que las alas son meros muñones provistos de minúsculas garras. Hay un hombre ahí. Es un ornitólogo de campo con porte de feriante educado. Sin que se lo pregunte da el nombre científico del ave: “género Lotea” afirma; y lo deja así, sin concretar la especie y cuando le pregunto por el nombre vulgar no contesta, puede que no lo sepa o que no me haya oído, de hecho el ornitólogo se va desvaneciendo y mis palabras resultan huecas. ¿Lotea? Anoche encontré a un viejo amigo, felizmente recuperado de un gravoso mal, y es un tipo que disfruta con los nombres, con las peculiaridades de algunos de ellos, un amigo al que, por ejemplo, le hace gracia oír "embalse de La Loteta". Otra cosa: el ave rapaz, tenía el cuello largo, coronado por una cabeza puntiaguda; ayer me llamó mi amiga abogada bilbaína para contarme que su hija Amaltea se había casado con un rico feriante portugués; ¡Amaltea!; la vi una vez, en la presentación de Níquel en Barcelona, y me sorprendió que pese a su pequeña estatura resultara espigada; un largo cuello coronado por una cabeza puntiaguda. Y aún otra cosa: en el sueño miento al ornitólogo, para adornarme, le digo que la especie la conocía, un bando de unos veinte ejemplares en migración, pero el ornitólogo de campo replica con un “eso no es nada, los famosos científicos Valverde y Bernis citaron bandos de centenares de individuos cruzando el estrecho [de Gibraltar]”. No es bueno mentir en sueños.   

lunes, 30 de junio de 2014

The House

THE HOUSE
by Francisco Ferrer Lerín

I returned on the thirtieth year of my death. The house, old, without that coat of paint we were never able to give it, the books entombed in dust, the furniture devoured by woodworms. Not one vestige of my things. My wife buried far away in the dry, yellow south. My two children, whom I loved so much, irremissibly erased with no clue so as to what could have happened to them. I climb and descend stairs, I take the elevator, I scour the immense garage, I go up and down the sidewalk, but I don't know anyone, there is no one left from those days. And I can't question those strangers, because they don't hear me, nor, perhaps, do they see me. I should not have come back.

Translated from the Spanish by Arturo Mantecón

jueves, 12 de junio de 2014

Voluble



Conocí a Vera Istán Vozlatino en la bolera de la calle setenta y dos. Vestía chándal color frambuesa, gorra del Sleeper Club y deportivas Julián Mamerto cinco estrellas. Nos caímos bien. La segunda noche, aparcados en el callejón del Viento, cercano a su domicilio, le confesé que la amaba, y ella sacó la multiusos y segmentó mi miembro en un abrir y cerrar de ojos. Pasaron años, iba ya por la octava operación y empezaba a desesperar; las cicatrices seguían escupiendo pus y sólo reteniendo la orina durante dos semanas conseguía una erección satisfactoria. Salía de la clínica Altea, y ella estaba allí, en la acera, acompañando a un hombre que pudo ser mayor y que ahora era un despojo tirado sobre una silla de ruedas. Me abrazó. Se mostraba arrepentida. Con un gesto rápido, nervioso, típico en ella, se apartó, soltó el freno de la silla de ruedas, la empujó para que rodara calle abajo, abrió el bolso, y me entregó un tarro de pegamento Larios. “Lo pega todo”, dijo, divertida, casi alborozada, mientras se colgaba de mi brazo derecho e iniciábamos la búsqueda de una buena trattoría. Le encanta la comida italiana. 

miércoles, 4 de junio de 2014

Comiaces.


Existe (o existía) un vasto lugar, un territorio abrupto e inaccesible, en el oeste de la provincia de Salamanca, al norte aproximado de Ciudad Rodrigo, que hoy aparece, en mapas y planos, como un  despoblado, como un espacio en blanco a salvo de símbolos que indiquen algún modo de intervención humana. En 1962, un grupo de investigadores alemanes lo recorre. Habían entrevistado en un hospital de Sigmaringen al último oriundo vivo de Comiaces, una aldea ya entonces borrada de los catastros, y que según J. H. H., era la capital de lo que hoy denominaríamos una comarca o subcomarca. Este hombre, arrastrado por el flujo migratorio, llega a Alemania a mediados de los  cincuenta y lleva hasta su muerte –a los sesenta y cinco años, a los pocos días en que es descubierto para la ciencia- una vida placentera: residente en las cloacas, nutrido de miasmas, sin la necesidad de hablar con nadie (parece estar más cerca del dominio infuso de la lengua alemana que del recuerdo de la lengua española que sólo balbucea incorporando, eso sí, elegantes alaridos y elocuentes gestos). Tratado por un equipo de psicólogos y antropólogos de la universidad de Stuttgart, se logra fijar el punto exacto de procedencia y precisar algunos datos biográficos  pese a la obstrucción manifiesta del consulado español que sólo quiere su urgente repatriación para su internamiento en un manicomio. Dado el cariz de las revelaciones, se organiza un viaje con el pretexto, ante las autoridades españolas, de acompañar el cadáver hasta su enterramiento en la aldea. No vamos a describir las peripecias de la prospección sino los resultados. Antes de ser embalsamado se le practica la autopsia confirmándose la naturaleza ósea de la protuberancia situada en la nuca. En las ruinas de Comiaces –así como en las de otros cinco núcleos de población próximos-, en los desvanes de lo que pudieron ser viviendas, hallan varios objetos de madera toscamente tallada que invocan a tamaño natural la naturaleza de un cordero con dos cabezas de diferentes dimensiones siendo, una de ellas, no siempre la mayor, de apariencia humana. En la ladera de un cerro, que equidista de los poblachos, encuentran el gran corral donde, según J.H.H., se encerraba a las criaturas mixtas que sobrevivían al parto y que eran visitadas alternativamente por las mujeres –¿sólo sus madres?- para alimentarlas, y por los hombres para satisfacer su apetito venéreo. Sin mucho esfuerzo se sacan de la paja y el estiércol varios esqueletos, todos bicéfalos, presentando el mismo abanico de posibilidades que presentaban las esculturas: la cabeza humana y la de aspecto ovino alternan en su desarrollo, pero siempre situadas una detrás de otra. Incluso hallan algo de piel adherida a los huesos de las piernas, una especie de lana que les conferiría porte de oveja, acentuado por la postura cuadrúpeda; vencido el cuerpo por el peso de las testas haría incómoda la marcha bípeda. En 1980 se publica un trabajo en Francia, sin resonancia académica alguna, acerca de las oleadas de singularidad morfológica en humanos: se citan los casos de anancefalia en los Pirineos y de bicefalia en el oriente portugués; siempre en espacios de tiempo superiores al año e inferiores a los diez y sin aparente periodicidad. Para Portugal 1896-1904, 1920-1922, 1931-1932, 1939-1946, y para los Pirineos 1828-1837, 1900-1902, 1910-1915. Afectan, dentro de esos espacios, al 50% de los nacimientos, aunque, en su mayoría, el grado de desarrollo de la malformación es bajo, dependiendo, la esperanza de vida, de ese grado de desarrollo: los bicéfalos perfectos no alcanzan nunca los 12 años, teniendo en cuenta que sólo el 25% de los concebidos superan el parto. 

jueves, 29 de mayo de 2014

A la sombra






El volumen duodécimo (1956-2008) del Centón de criminalidades de las provincias de Alicante y Murcia recoge, entre otros pintorescos asuntos, la actividad asesina desarrollada por varios individuos especialmente dotados para el simulacro. Ejemplo de ello es esta imagen alcoyana, rescatada de una cámara de vigilancia, en la que se ve a Ricardo Desplá Colomina, “Virguerías”, haciéndose el dormido, mientras la persona a la que acaba de estrangular parece pasar de largo pese a estar muerta.        

martes, 27 de mayo de 2014

El zorroperro


Llegué a este valle pirenaico en 1966. Tuve suerte, aún pude conocer personajes y actividades propias de una zona no contaminada. A los pocos años el turismo acabó con un sistema de siglos, se diría que acortó la vida de los que no se integraron en el cambio porque desaparecieron, y huir no fue posible, este era el último refugio. Recuerdo los corros de mujeres con bocio. Recuerdo la intensa pestilencia instalada en el hueco de la escalera cuando en invierno dormían en el portal los gitanos errantes. Recuerdo los casos tan variados de bestialismo,  desde el practicado con gallinas a las que se les retorcía el cuello cuando el  ciudadano iba a alcanzar el clímax, hasta la masturbación masculina mediante frottage con amasijo de larvas vivas de mosca. Pero hoy, cuarenta y ocho años después, recién llegado de la ciudad donde ahora resido, al ir a entrar el coche en el garaje de la urbanización, he visto al zorroperro olisqueando una caca. He tenido la impresión de que retrocedía en el tiempo de modo fulminante. ¡El zorroperro! Una admirable criatura que acompañaba a un pastor de cabras con el que mantuve en aquellos años largas aunque dificultosas conversaciones ya que en las montañas aún no se hablaba nuestra lengua. Él aseguraba que era un cruce, un bicho color canela nacido de una rabosa y de un perro ovejero. Me molestaba que aquel hombre inculto sostuviera con total firmeza un hecho que yo, ya entonces un científico de reconocido prestigio, sabía que no podía producirse. Pues bien, hoy, el zorroperro está de nuevo aquí; no el mismo, lo cual supondría superar los límites de longevidad establecidos para los zorroperros, tampoco un descendiente, ya que los híbridos son estériles... pero qué estoy diciendo... menudo disparate... si los zorroperros no existen.