lunes, 30 de junio de 2014

The House

THE HOUSE
by Francisco Ferrer Lerín

I returned on the thirtieth year of my death. The house, old, without that coat of paint we were never able to give it, the books entombed in dust, the furniture devoured by woodworms. Not one vestige of my things. My wife buried far away in the dry, yellow south. My two children, whom I loved so much, irremissibly erased with no clue so as to what could have happened to them. I climb and descend stairs, I take the elevator, I scour the immense garage, I go up and down the sidewalk, but I don't know anyone, there is no one left from those days. And I can't question those strangers, because they don't hear me, nor, perhaps, do they see me. I should not have come back.

Translated from the Spanish by Arturo Mantecón

jueves, 12 de junio de 2014

Voluble



Conocí a Vera Istán Vozlatino en la bolera de la calle setenta y dos. Vestía chándal color frambuesa, gorra del Sleeper Club y deportivas Julián Mamerto cinco estrellas. Nos caímos bien. La segunda noche, aparcados en el callejón del Viento, cercano a su domicilio, le confesé que la amaba, y ella sacó la multiusos y segmentó mi miembro en un abrir y cerrar de ojos. Pasaron años, iba ya por la octava operación y empezaba a desesperar; las cicatrices seguían escupiendo pus y sólo reteniendo la orina durante dos semanas conseguía una erección satisfactoria. Salía de la clínica Altea, y ella estaba allí, en la acera, acompañando a un hombre que pudo ser mayor y que ahora era un despojo tirado sobre una silla de ruedas. Me abrazó. Se mostraba arrepentida. Con un gesto rápido, nervioso, típico en ella, se apartó, soltó el freno de la silla de ruedas, la empujó para que rodara calle abajo, abrió el bolso, y me entregó un tarro de pegamento Larios. “Lo pega todo”, dijo, divertida, casi alborozada, mientras se colgaba de mi brazo derecho e iniciábamos la búsqueda de una buena trattoría. Le encanta la comida italiana. 

miércoles, 4 de junio de 2014

Comiaces.


Existe (o existía) un vasto lugar, un territorio abrupto e inaccesible, en el oeste de la provincia de Salamanca, al norte aproximado de Ciudad Rodrigo, que hoy aparece, en mapas y planos, como un  despoblado, como un espacio en blanco a salvo de símbolos que indiquen algún modo de intervención humana. En 1962, un grupo de investigadores alemanes lo recorre. Habían entrevistado en un hospital de Sigmaringen al último oriundo vivo de Comiaces, una aldea ya entonces borrada de los catastros, y que según J. H. H., era la capital de lo que hoy denominaríamos una comarca o subcomarca. Este hombre, arrastrado por el flujo migratorio, llega a Alemania a mediados de los  cincuenta y lleva hasta su muerte –a los sesenta y cinco años, a los pocos días en que es descubierto para la ciencia- una vida placentera: residente en las cloacas, nutrido de miasmas, sin la necesidad de hablar con nadie (parece estar más cerca del dominio infuso de la lengua alemana que del recuerdo de la lengua española que sólo balbucea incorporando, eso sí, elegantes alaridos y elocuentes gestos). Tratado por un equipo de psicólogos y antropólogos de la universidad de Stuttgart, se logra fijar el punto exacto de procedencia y precisar algunos datos biográficos  pese a la obstrucción manifiesta del consulado español que sólo quiere su urgente repatriación para su internamiento en un manicomio. Dado el cariz de las revelaciones, se organiza un viaje con el pretexto, ante las autoridades españolas, de acompañar el cadáver hasta su enterramiento en la aldea. No vamos a describir las peripecias de la prospección sino los resultados. Antes de ser embalsamado se le practica la autopsia confirmándose la naturaleza ósea de la protuberancia situada en la nuca. En las ruinas de Comiaces –así como en las de otros cinco núcleos de población próximos-, en los desvanes de lo que pudieron ser viviendas, hallan varios objetos de madera toscamente tallada que invocan a tamaño natural la naturaleza de un cordero con dos cabezas de diferentes dimensiones siendo, una de ellas, no siempre la mayor, de apariencia humana. En la ladera de un cerro, que equidista de los poblachos, encuentran el gran corral donde, según J.H.H., se encerraba a las criaturas mixtas que sobrevivían al parto y que eran visitadas alternativamente por las mujeres –¿sólo sus madres?- para alimentarlas, y por los hombres para satisfacer su apetito venéreo. Sin mucho esfuerzo se sacan de la paja y el estiércol varios esqueletos, todos bicéfalos, presentando el mismo abanico de posibilidades que presentaban las esculturas: la cabeza humana y la de aspecto ovino alternan en su desarrollo, pero siempre situadas una detrás de otra. Incluso hallan algo de piel adherida a los huesos de las piernas, una especie de lana que les conferiría porte de oveja, acentuado por la postura cuadrúpeda; vencido el cuerpo por el peso de las testas haría incómoda la marcha bípeda. En 1980 se publica un trabajo en Francia, sin resonancia académica alguna, acerca de las oleadas de singularidad morfológica en humanos: se citan los casos de anancefalia en los Pirineos y de bicefalia en el oriente portugués; siempre en espacios de tiempo superiores al año e inferiores a los diez y sin aparente periodicidad. Para Portugal 1896-1904, 1920-1922, 1931-1932, 1939-1946, y para los Pirineos 1828-1837, 1900-1902, 1910-1915. Afectan, dentro de esos espacios, al 50% de los nacimientos, aunque, en su mayoría, el grado de desarrollo de la malformación es bajo, dependiendo, la esperanza de vida, de ese grado de desarrollo: los bicéfalos perfectos no alcanzan nunca los 12 años, teniendo en cuenta que sólo el 25% de los concebidos superan el parto. 

jueves, 29 de mayo de 2014

A la sombra






El volumen duodécimo (1956-2008) del Centón de criminalidades de las provincias de Alicante y Murcia recoge, entre otros pintorescos asuntos, la actividad asesina desarrollada por varios individuos especialmente dotados para el simulacro. Ejemplo de ello es esta imagen alcoyana, rescatada de una cámara de vigilancia, en la que se ve a Ricardo Desplá Colomina, “Virguerías”, haciéndose el dormido, mientras la persona a la que acaba de estrangular parece pasar de largo pese a estar muerta.        

martes, 27 de mayo de 2014

El zorroperro


Llegué a este valle pirenaico en 1966. Tuve suerte, aún pude conocer personajes y actividades propias de una zona no contaminada. A los pocos años el turismo acabó con un sistema de siglos, se diría que acortó la vida de los que no se integraron en el cambio porque desaparecieron, y huir no fue posible, este era el último refugio. Recuerdo los corros de mujeres con bocio. Recuerdo la intensa pestilencia instalada en el hueco de la escalera cuando en invierno dormían en el portal los gitanos errantes. Recuerdo los casos tan variados de bestialismo,  desde el practicado con gallinas a las que se les retorcía el cuello cuando el  ciudadano iba a alcanzar el clímax, hasta la masturbación masculina mediante frottage con amasijo de larvas vivas de mosca. Pero hoy, cuarenta y ocho años después, recién llegado de la ciudad donde ahora resido, al ir a entrar el coche en el garaje de la urbanización, he visto al zorroperro olisqueando una caca. He tenido la impresión de que retrocedía en el tiempo de modo fulminante. ¡El zorroperro! Una admirable criatura que acompañaba a un pastor de cabras con el que mantuve en aquellos años largas aunque dificultosas conversaciones ya que en las montañas aún no se hablaba nuestra lengua. Él aseguraba que era un cruce, un bicho color canela nacido de una rabosa y de un perro ovejero. Me molestaba que aquel hombre inculto sostuviera con total firmeza un hecho que yo, ya entonces un científico de reconocido prestigio, sabía que no podía producirse. Pues bien, hoy, el zorroperro está de nuevo aquí; no el mismo, lo cual supondría superar los límites de longevidad establecidos para los zorroperros, tampoco un descendiente, ya que los híbridos son estériles... pero qué estoy diciendo... menudo disparate... si los zorroperros no existen.

martes, 13 de mayo de 2014

Mansa chatarra












































Mansa chatarra. Zaragoza. Jekyll & Jill Editores. 2014.

Textos de carácter onírico, éditos e inéditos, de F. Ferrer Lerín.
Selección y prólogo de José Luis Falcó.

martes, 29 de abril de 2014

Iconografía 15




















Son cadáveres dispuestos al alba en atroces posturas,
reptantes longitudes que todo lo envenenan, valles asustados,
padres convertidos en ogros de antro, septenarios ciegos,
parejas contrarias, visionarios pulcros en arte maduro,
reos aquejados de un rural siseo, cundió la costumbre de negar el uso
de suaves nodrizas, ¡serpientes, no hijos! proclamó el soldado
taciturno hirsuto, mendigo de hierba que engrasa el ganado.

"Furor censal", Hiela sangre, 2013.

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Léon Comerre. El diluvio. 1911.

jueves, 24 de abril de 2014

Driu Bar


Aumenta muy rápido el tamaño de la cara de Driu Barrimore. Aumenta y se aplana. Me acompleja. No puedo llevarla a lugares selectos porque temo que nos veten la entrada. Parece que vaya a caer. A precipitarse de bruces tan pesada es la proa. Ignoro si ella es consciente. Los humanos creemos que el aspecto de la infancia perdura y no aceptamos la verdad de los espejos. Su exmarido comenta en un foro (la tele encendida permite estar siempre bien informado) que no sabía como peinarla, que si la frente muy amplia, que si la frente abombada, y que la parte posterior de la cabeza era una protuberancia enorme. No logro imaginar cómo sería esa protuberancia y, distraído, entro de golpe en un segundo sueño (alguien pronuncia “vuelco”, “mejor que digas en un segundo vuelco” oigo que me apuntan). En un segundo vuelco pues, aparezco con Driu Barrimore convertida en aspirador; las piernas soldadas, como si fuera una sirena fina, y así la sujeto por donde estarían las pantorrillas o los tobillos, y con una inclinación de 45 grados conduzco el palo, arriba y abajo, frotando la cara de Driu Barrimore sobre la más gruesa de las alfombras. (La cara es una superficie dura que bascula sobre un eje permitiendo su adaptación si varío el ángulo). En otro vuelco, que no es necesariamente el tercero, estoy rodeado de una chiquillería irrespetuosa que juega con las palabras (ahora recuerdo que en esos años andaba ocupado buscando un nombre, una marca para el nuevo artilugio) y propone a gritos un obvio Barremore. Asqueado, echo mano del segundo tomo de la Enciclopedia de las Ideas Publicitarias donde hallo un oportuno “Su seguro aspirador”. Ya con el lema, sólo falta anteponerle el nombre, y opto por Driubar, pero corro el riesgo de que se pronuncie Driúbar al sospechar la gente culta, en esta época de carencia ortográfica, que desconocemos las normas. El creativo me ve preocupado y usa bisturí. Así queda la cosa: “Driu Bar, el compañero alemán, su seguro aspirador”.


sábado, 19 de abril de 2014

Gafas progresivas


Cuenta Rufus Parlow que la mañana del martes 15 de abril de 2014, mientras se probaba unas gafas progresivas de la reputada marca California en la tienda de óptica Valito situada en la calle Mayor de la ciudad de Jaca, vio entrar en el establecimiento a una pareja de carteristas bosnias. Avisada la policía local se comprobó, en efecto, la presencia de dos señoras bosnias aunque no se pudo acreditar su condición de carteristas, sí, en cambio, la de contorsionistas profesionales ya que mostraron a la autoridad sendos carnés del Club de Contorsión y Lanzamiento de Objetos de Culto radicado en Sarajevo, la capital de la República de Bosnia–Herzegovina. Deslumbrado Rufus por la belleza de las féminas y tranquilizado por el informe policial contactó a media tarde con ellas que, muy gentiles, citaron a nuestro hombre para el día siguiente a las 9:15 horas en el andén 14 de la estación central del metropolitano. Rufus acudió puntual, vestido con el traje de los domingos y las nuevas gafas progresivas pero, quizá al no ser de la renombrada y cara marca California sino del modelo básico de la marca andorrana Pirineos, la única visión que obtuvo, al acceder al andén, fue la de un nutrido enjambre de avispas asesinas, quizá serbobosnias, que en pocos instantes lo desvalijaron y asaetearon.  

viernes, 11 de abril de 2014

Mi jefa

Parece ser que conducía Malena Cortijo y yo iba, absorto, en el peligroso asiento del copiloto. Dice que se le nubló la vista y ante la perspectiva de chocar contra un fresno pisó el freno con tanta fuerza que el pedal perforó el suelo y salió rodando por la carretera hasta caer dentro de la madriguera de unas comadrejas. Nadie cuenta lo qué fue de mí. La condición de absorto no invalida la posibilidad de tener buenos reflejos. Quiero decir que pude abrir la puerta y saltar antes de que se produjera el fatal desenlace. Porque no fue un fresno lo que se interpuso en nuestra trayectoria sino una tienda de las que compran oro. La tienda en la que yo trabajaba como dependiente. Y de la que Malena era la propietaria. Regresábamos de una excursión por los cementerios de la provincia. De arrancar muelas y algunos puentes.  

miércoles, 2 de abril de 2014

Escher




Patio del Hospital de Tavera. Toledo.

Fotografía: Malena Cortijo.

lunes, 31 de marzo de 2014

Visita accidentada


Sonó el timbre, abrí la puerta y aunque el rellano estaba a oscuras supe que era Malena Cortijo. Muy elegante, zapatos rojos de lamé, abrigo ceñido blanco de España, entró en el salón luminoso admirando ciertos cuadros y, segura de sí misma, hizo una leve reverencia ante la cornucopia. Descubrí entonces un segundo perro. Ambos sujetos a la misma correa que sujetaba con la punta de los dedos de su mano derecha enguantada. Dijo que era salchicha pero, divertido, descubrí que no se trataba de un perro salchicha sino de una salchicha, como esas grandes de queso alemanas que venden en Mercadona; eso sí provista de minúsculas patas que apenas utilizaba dada su condición reptante. Malena, apoyada en la mesa granadina, habló de Amorim mientras yo, cautivado por la salchicha, recordaba el ejemplar de eslizón ibérico, Chalcides bedriagai, ese cilíndrico reptil, que encontré muerto, el pasado martes, en el barranco de Atarés. Y una cosa y otra me llevaron a pensar en aquel libro de Enrique Amorim, quizá Horizontes y bocacalles, lleno de tachaduras, que hallé en la biblioteca de mi abuelo, y en la duda suscitada ante los atropellos de culebras de Esculapio. Malena se dio cuenta de que no le prestaba la atención que merecía y me abofeteó con un enema que extrajo del bolso de Prada.    

martes, 25 de febrero de 2014

Bar Liborio



Acudo a menudo a la plaza de la Catedral donde se concentran grupos de jubilados ávidos por leer y comentar las esquelas que las funerarias cuelgan de las rejas de los atrios. Hoy causaba especial revuelo la muerte de una tal Miguela Baltasar Logroño, último componente de la familia Liborio, los que regentaron durante muchos años el bar de dicho nombre. Me infiltro en la masa parlanchina y obtengo los datos que me permiten reconstruir, sin tener que preguntar, la historia de la saga. Liborio Baltasar Rodríguez abre el bar Liborio a comienzos de la década de los cuarenta, se pone al frente y atiende desde la barra a la parroquia, al tiempo que su mujer, Orosia Logroño Casajús, “La Señora Liboria”, se encarga de la cocina donde prepara especialidades tan famosas como las Chiretas de la Señora Liboria, madejas de intestino de cordero fritas y especialmente poco lavadas para así conservar el sabor no sólo a lana sino a cagarruta fresca. El hijo mayor, Anselmo “Chirri” Baltasar Logroño, ayuda a su padre durante unos años pero pronto enferma de mal difuso falleciendo en 1968 devorado por la sarna. Otro hermano, Miguelón, casa con una moza de las Cinco Villas y se instalan a vivir en el cuarto que sirve de almacén de vinos y quesos; es matrimonio sin sangre que no resulta fértil y ambos cónyuges mueren pronto, atropellados por una recua de mulas mezclada con carneros. Nace Miguela en 1970, póstuma, de gran cabeza, su madre reventada en el parto, y constituye eficaz apoyo para su padre hasta que la tropa la embaraza, y huye. Liborio mantiene abierto el bar hasta 2009, poco frecuentado al final por la escasa higiene en tiempos que ya se valora. Muere en 2011, y Miguela regresa, sola, el hijo asfixiado por bocio nodular, y se encierra en el local, sin agua, sin luz, donde sobrevive hasta agotar las existencias: latas de berberechos, morcillas florecidas, garrafas de olivas negras y abundantes bolsas de kikos y conguitos. Ahora, muerta, veo que la llaman La Pilotos. 


  

viernes, 21 de febrero de 2014

Esculapio




















http://ferrerlerin.blogspot.com.es/2008/06/argumentum-herpetologicum.html

Francisco Ferrer Lerín, Gingival, Palencia, Menoscuarto, 2012.


jueves, 20 de febrero de 2014

lunes, 10 de febrero de 2014

viernes, 7 de febrero de 2014

Premio Maldoror













































Premio Maldoror.
Barral Editores. 1970.
Nota de prensa.