Me
hablaron de una mujer muy alta, y fui a verla. Con las mujeres altas se baila
bien, se viaja bien, quedan bien, te hacen quedar bien. A veces, sin embargo,
se trata de seres deslucidos, de naturaleza olvidada, que sólo son buenos si se
ven por detrás, vestidos. Pero aquí el material era de calidad; una hembra
cómplice, divertida, proclive a la perplejidad espontánea y un aspecto general
barcelonés que hubiera complacido a mis queridos padres. Pero se malogró
pronto. Sería su relación con Blatta, sería la ingesta desaforada de taxina o
serían las secuelas de aquel atropello por una Berlingo, pero la cuestión es
que la perdí. Me olvidaba, contrajimos matrimonio, una boda relámpago, muy
oportuna, que me ha permitido disfrutar de los pingües beneficios del negocio
familiar: un moderno taller dedicado a la fabricación de bupis, esas braguitas
de espuma coloreadas, velcradas, de carácter superficial.
lunes, 22 de abril de 2013
miércoles, 17 de abril de 2013
Cara de pito
Durante
muchos años no supe qué hacer con los brazos. En un relato de 1962 titulado
“Cojo”, incluido en ese libro Edad del
insecto que no acaba de ver la luz, se habla de esa anomalía anatómica.
Pero ahora el problema lo tengo en la boca, exactamente en los labios. El otro
día viendo en la tele a un individuo que tiene como profesión silbar, “sólo sé
silbar y quiero ganarme la vida silbando”, intenté
emitir un silbido, “yo era bueno en eso” pensé, y no salió nada, a lo sumo un
chorrito de aire ensalivado levemente ruidoso. Y ahora, como cruel testimonio, recibo las fotos de la presentación de Hiela sangre en Valencia y, en una de ellas, en la que se me ve
firmando un ejemplar a la rapsoda Amparo Andrés,
aparezco con el morro en forma de trompetilla, idéntico al del casi extinto
desmán de los Pirineos –Galemys
pyrenaicus-.
lunes, 15 de abril de 2013
Una luz
Cuenta
el canónigo de la iglesia de San Nicolás, en la ciudad de Valencia, que existe
un punto, situado a siete metros de la veleta del campanario, en sentido Norte, que no ha sido alterado. Pido
más información y me explica que ese punto es, en realidad, una esfera de
veinte centímetros de radio compuesta por aire luminoso ya que nunca ha sido
hollado por los cuerpos emplumados e impuros de las aves voladoras. Al
anochecer contemplamos la torre desde la plaza, y la esfera, suspendida en la nada,
resplandece.
sábado, 6 de abril de 2013
Los viejos
Volvieron. Un grupito de seis, tres activos, los demás
complacientes, colocaban a una persona contra un muro; una persona de negro,
con un chambergo rojizo, en posición de crucificado. No excesivamente crueles,
uno ebrio, celebraban con regocijo la ocurrencia. ¿Colaboraba el monigote? Hubo
un intento por su parte de despegarse pero pudo ser un
juego, formar parte del mismo. En la pantalla quedaban bien, a la gente les gustaban. Yo, entre espectadores de edad provecta, como correspondía a la media,
disfrutaba con la cinta pero quizá aún más con los comentarios. Noté que mi
espalda no se apoyaba directamente en la butaca y quizá tampoco mis posaderas;
una chica atractiva, sin duda propietaria de muslos rollizos y endiablados, estaba
debajo de mí, exactamente yo estaba sentado encima de ella. La rara postura no
impidió que se sincerara; que los viejos la tocaban, que ahora aguardaba pero
que en cuanto pudiera iría con ellos, y no quedó claro si era a cambio de
dinero y si se trataba de los viejos que ocupaban la platea o de los viejos que
salían en la película. Me llaman Celia, eso dijo.
martes, 26 de marzo de 2013
miércoles, 20 de marzo de 2013
Hombre polilla
Policiaca
Aparece en zona serrana el
llamado hombre polilla
El Mexicano
2 de abril de
2009
Jesús Manuel Ruiz Sánchez /
El Heraldo de Chihuahua
Chihuahua , Chihuahua.-"Es enorme, sus dos alas abiertas están casi de lo ancho de los dos carriles de la carretera, tiene pelo en la cara, ojos grandes y tiene una especie de bulto a la altura de la frente, parece humano, pero como que no tiene cuello, no se parece en nada a un murciélago", relató en exclusiva para El Heraldo de Chihuahua Humberto Erivez Cera.
El joven, de 23 años de edad, tuvo el encuentro con el humanoide volador el 6 de marzo en el seccional de La Junta, Guerrero, a la altura de "El Puente sin Nombre", justo a un costado de las huertas manzaneras de "La Norteñita", donde el animal volador lo persiguió por más de 12 kilómetros sin atacarlo, "sólo me volteaba a ver y me intentaba adelantar", explicó.
Continuó narrando que él se dirigía rumbo a su casa, y que fue a la altura del kilometro 131 de la carretera Cuauhtémoc-La Junta cuando se percató de que algo estaba en el pavimento; explicó que parecía un hombre muy grande, con algo en la espalda, como si fuera una mochila, pero que luego dio dos pasos y lo iba siguiendo.
"Primero escuché como aleteos, pero muy fuertes, los escuché detrás de la camioneta, por lo que comencé a ver por el espejo retrovisor, fue cuando vi que esta cosa me iba siguiendo y al ver que había notado su presencia voló como rumbo a las huertas y luego regresó rápidamente y se me emparejó, justo a un lado de mí, iba volando si mucho a dos metros de la camioneta", indicó.
El joven comenzó a temblar frente a los reporteros, pero continuó relatando que su reacción inmediata fue comenzar a gritarle palabras altisonantes para que se alejara y acelerar a fondo a la camioneta.
"Fue cuando le llamé a mi mamá y le dije que pensaba que ya me iba a morir porque la muerte me iba siguiendo, y me comencé a desesperar porque por mucho que le aceleraba el animal se me emparejaba, era muy rápido".
Indicó que incluso tuvo problemas para ver, porque por el miedo y la desesperación sus ojos se le llenaron de lágrimas, porque pensaba que sería atacado.
"Afortunadamente sólo me volteaba a ver, me fijé mucho en sus ojos porque no los quitaba de mí, y como que se me quería meter delante de la camioneta, como que le atraía la luz", indicó.
Luego de esto señaló que de pronto se alejó, por lo que aceleró a fondo a la camioneta para llegar a su casa, donde ya lo esperaban despiertos sus padres a quienes les narró su odisea.
Concluyó solicitando a las autoridades que tomen en cuenta lo que está pasando en la zona, ya que, dijo, por las dimensiones que tiene el humanoide fácilmente se podría llevar a un niño pequeño o agredir a alguna persona.
Características del Humanoide Volador:
-Altura más de 2 metros y medio
-Color, café opaco
-Tiene pelo en todo el cuerpo, incluso en el rostro
-Tiene dos pares de alas, dos pequeñas y
dos grandes, que son las que utiliza para volar
-Las alas están cubiertas o de plumas o de pelambre también café
-Tiene una protuberancia muy grande a la altura de la frente.
-Tiene dos brazos y dos piernas como los de un hombre
-Sus ojos son muy grandes, de forma redonda en la parte interna y afilados en la externa.
Chihuahua , Chihuahua.-"Es enorme, sus dos alas abiertas están casi de lo ancho de los dos carriles de la carretera, tiene pelo en la cara, ojos grandes y tiene una especie de bulto a la altura de la frente, parece humano, pero como que no tiene cuello, no se parece en nada a un murciélago", relató en exclusiva para El Heraldo de Chihuahua Humberto Erivez Cera.
El joven, de 23 años de edad, tuvo el encuentro con el humanoide volador el 6 de marzo en el seccional de La Junta, Guerrero, a la altura de "El Puente sin Nombre", justo a un costado de las huertas manzaneras de "La Norteñita", donde el animal volador lo persiguió por más de 12 kilómetros sin atacarlo, "sólo me volteaba a ver y me intentaba adelantar", explicó.
Continuó narrando que él se dirigía rumbo a su casa, y que fue a la altura del kilometro 131 de la carretera Cuauhtémoc-La Junta cuando se percató de que algo estaba en el pavimento; explicó que parecía un hombre muy grande, con algo en la espalda, como si fuera una mochila, pero que luego dio dos pasos y lo iba siguiendo.
"Primero escuché como aleteos, pero muy fuertes, los escuché detrás de la camioneta, por lo que comencé a ver por el espejo retrovisor, fue cuando vi que esta cosa me iba siguiendo y al ver que había notado su presencia voló como rumbo a las huertas y luego regresó rápidamente y se me emparejó, justo a un lado de mí, iba volando si mucho a dos metros de la camioneta", indicó.
El joven comenzó a temblar frente a los reporteros, pero continuó relatando que su reacción inmediata fue comenzar a gritarle palabras altisonantes para que se alejara y acelerar a fondo a la camioneta.
"Fue cuando le llamé a mi mamá y le dije que pensaba que ya me iba a morir porque la muerte me iba siguiendo, y me comencé a desesperar porque por mucho que le aceleraba el animal se me emparejaba, era muy rápido".
Indicó que incluso tuvo problemas para ver, porque por el miedo y la desesperación sus ojos se le llenaron de lágrimas, porque pensaba que sería atacado.
"Afortunadamente sólo me volteaba a ver, me fijé mucho en sus ojos porque no los quitaba de mí, y como que se me quería meter delante de la camioneta, como que le atraía la luz", indicó.
Luego de esto señaló que de pronto se alejó, por lo que aceleró a fondo a la camioneta para llegar a su casa, donde ya lo esperaban despiertos sus padres a quienes les narró su odisea.
Concluyó solicitando a las autoridades que tomen en cuenta lo que está pasando en la zona, ya que, dijo, por las dimensiones que tiene el humanoide fácilmente se podría llevar a un niño pequeño o agredir a alguna persona.
Características del Humanoide Volador:
-Altura más de 2 metros y medio
-Color, café opaco
-Tiene pelo en todo el cuerpo, incluso en el rostro
-Tiene dos pares de alas, dos pequeñas y
dos grandes, que son las que utiliza para volar
-Las alas están cubiertas o de plumas o de pelambre también café
-Tiene una protuberancia muy grande a la altura de la frente.
-Tiene dos brazos y dos piernas como los de un hombre
-Sus ojos son muy grandes, de forma redonda en la parte interna y afilados en la externa.
lunes, 18 de marzo de 2013
Iconografía 9
"La bella Judalón, nativa predilecta.
Y el caballero François de Capestang,
leal a la Corona."
(Hiela sangre. Pág. 83)
sábado, 16 de marzo de 2013
E.G. Marshall
Hablaba
con E.G. Marshall. En un lugar recogido. En un recodo de una plaza grande de
capital de provincia. Estábamos solos y nuestro trato, y los gestos, no
arrojaban luz sobre el grado de amistad, quizá reciente. Luego, mientras
avanzábamos por un amplio camino, comprobé que E.G. Marshall pertenecía a esa
aristocracia rural que se asoma a la ciudad pero que siempre regresa al campo.
Un médico, sin duda, hombre de baja estatura, frente inclinada, prognato,
trajeado en gris, camisa blanca abotonada hasta arriba y corbata guardada en un
bolsillo interno. El camino cruzaba un páramo inmenso en el que un río había
excavado la tierra rojiza. Quise detenerme, en varias ocasiones, para
contemplar el sobrecogedor paisaje pero Marshall lo impedía, me daba
conversación, no quería que me diera cuenta de qué lugar era este, de su
devastación y su silencio. Llegamos a un punto en que un talud coronado por
encinas anunciaba un cambio. Un cambio no sólo en el terreno sino en la actitud
de Marshall al decir “entramos en la finca” y en la súbita aparición de un par
de individuos que habrían bajado por el talud y se les veía dipuestos a
proteger nuestras espaldas ante eventuales desafueros. La sala estaba en
penumbra, el techo altísimo, quizá hubiera muebles pero resultaban
indistinguibles de los pintados en los muros. Una mujer, que podría ser el
propio E.G. Marshall, musitaba algo referido a un ángulo de la estancia, en
concreto a un trapo blanco, un pedazo de sábana, que arrugado y tirado en el
suelo, era la boca de un túnel por el que entraban y salían gran cantidad de
hormigas argentinas, no en una o dos hileras sino formando una columna de un
palmo de ancho. En la mesa camilla se sentó a mi derecha la mujer de E.G.
Marshall y, a mi izquierda, su hija. Me esperaban. También, se acercaron los
dos individuos, uno de gran parecido a Marshall, a su mujer y a su hija, que me
saludó con un “orina infectada” sin especificar si ese era su nombre o la
enfermedad que le acosaba, y otro, de aspecto totalmente distinto, barbero
fumador y cazador, que me habló en esa horrible lengua que debía de ser la
habitual del vulgo en esas tierras y que aún, en aquellos años, se mantenía en
un plano secundario aunque algunos, como este engendro, ya la situaran en el
plano principal. Irrumpió E.G. Marshall con un plato de arroz con gallina, una
especialidad local de la que se sentiría muy orgulloso y que había preparado
durante este rato; no se veía servicio. La penumbra no progresó pero las
figuras se diluyeron. Quizá la mujer de Marshall mantuvo su presencia durante más tiempo. Pero al final esas personas, los magros
muebles, los murales y hasta el trapo arrugado dejaron de verse. Regresaba al
pueblo cansado andando por el amplio camino y me detuve en un par de ocasiones
buscando la silueta del inmenso edificio. Pero no supe encontrarla. Era noche
cerrada cuando abrí la puerta de casa. Y allí nadie me esperaba.
martes, 5 de marzo de 2013
Reducción del espacio
El ornitólogo azul empezó su vida profesional recorriendo
grandes territorios
y acabó ensimismado en la contemplación de un roble al que a veces acudían
torcaces y arrendajos.
y acabó ensimismado en la contemplación de un roble al que a veces acudían
torcaces y arrendajos.
miércoles, 27 de febrero de 2013
domingo, 24 de febrero de 2013
Traición
Me escribe Genoveva Paja para no decir exactamente nada,
para dejar en el aire la sospecha de que se guarda algo. Le contesto. Y a la
pregunta “¿hay algo más que me quieras contar?” responde “he tenido una
aventura amorosa que ha durado tres años y que ha terminado trágicamente”. He
de aclarar que con Genoveva Paja tuve una tórrida aunque breve relación y que
después, aunque dejamos de vernos, hemos mantenido cierto contacto epistolar.
Pero aquí lo importante es saber con quién mantuvo ella esa aventura trágica, y
resulta que con un sanador, pero un sanador amigo mío, que le presenté en una
feria de ganado en Lugo. A veces la vida da unos raros quiebros; ese hombre,
entusiasta de mi obra literaria, desapareció un buen día, pero, hará
pocas semanas, llamó para hablar de sus caídas, de sus caídas reales, una al
bajar del coche al enredarse en el dichoso cinturón de seguridad, otra al
caminar por una calle en cuesta y resbalar por el hielo y, finalmente, en el
jardín de su casa, al golpearse en la frente con una viga, deslumbrado
por el sol. El sanador no quería confesar que me había traicionado, pero me
compensaba al describir los síntomas de su muerte inminente; él suponía que esa
era una buena noticia para un mísero cornudo.
sábado, 16 de febrero de 2013
martes, 12 de febrero de 2013
Necrología 4
Lulula Gelabert
La entrada GELABERT de la edición online del Diccionari català-valencià-balear
de A. M. Alcover y F. de B. Moll ofrece, entre otros, los siguiente datos:
GELABERT o GILABERT
1. ant. Nom propi d’home; cast. Gilberto.
Lo noble En Gilabert de Cruylles, Muntaner Cròn., c. 87. Gelabert rey de
França, Boades Feyts 63.
2. Llinatge molt estès en tot el nostre país.
La entrada GILBERTO del Diccionario etimológico comparado de nombres
propios de persona de Gutierre Tibón, México, Fondo de Cultura Económica,
1966, añade:
GILBERTO.
Germánico. Gislberht, de gisl, “lanza”, y berht, “brillo, resplandor”,
Germánico. Gislberht, de gisl, “lanza”, y berht, “brillo, resplandor”,
o sea, “el brillo de la lanza”.
Así fue Margarita Gelabert Cornadó. Nacida en Horta, Barcelona, la primavera
de 1925, resplandeció desde la cuna por el brillo de sus cabellos y supuso, ya
en la escuela, la punta de lanza de una generación de mujeres empeñadas en
cambiar modelos de conducta y seculares adscripciones. Su periplo vital es
difícil de seguir pero, a través de noticias aparecidas en la prensa escrita, es
posible reconstruirlo. En 1939, con su nombre de pila y sus dos apellidos, gana
el premio “Cumbres nevadas” que concede la Falange. En 1940, con su
nombre y su primer apellido, resulta finalista en un concurso de declamación
titulado “La castañera”. En 1942, también con nombre y primer apellido,
participa en la escalada de la muralla romana de Tarragona. En 1945, como
MARGE, aunque haciendo constar, obligatoriamente, nombre y apellidos, se
inscribe en una selección de figurantes en los Estudios Orphea de Barcelona.
En 1956 interviene, fuera de créditos, en dos producciones argentinas dirigidas
por Leopoldo Torre Nilsson: Graciela y El protegido. El 4 de mayo de 1958, con
33 años, contrae matrimonio con un rico hacendado paraguayo y se instala,
provisionalmente, en Asunción. A finales de ese año vive ya en París donde
actúa, como Lulú la Espagnole, en cafetines y teatros de bolsillo. En 1959 casa,
por segunda vez, ahora con un saxo tenor mulato. Los hitos, hasta su
fallecimiento en Arlés, Francia, el pasado 20 de febrero, son cada vez más
anodinos. Baste describir uno, quizá el que pueda justificar este recordatorio; la
aparición de Lulula Gelabert, como starlette, en la gran parada de Cannes en el
año 1961. Apoyada en el mástil de un yate, risueña, casquivana, muy
simpática, enarboló, tras posar largo rato y en heterogéneas posturas, la
bandera catalana, el forro del bañador, prenda que se quitó y a la que
le dio la vuelta. RAMIS
le dio la vuelta. RAMIS
---
Lulula Gelabert. Cannes. 1961. Fotografía: F. Ferrer Lerín.
domingo, 10 de febrero de 2013
Marnie
Chi é Marnie?
Una ladra?
Una bugiarda?
Una truffatrice?
Una sensuale?
Una adescatrice?
Si,
e molto di più!
viernes, 8 de febrero de 2013
sábado, 2 de febrero de 2013
Una torre cilíndrica
Subo por la escalera de caracol que ocupa el interior de
una torre cilíndrica muy elevada y al llegar arriba y levantar la trampilla
accedo a una azotea circular de dos metros y medio de diámetro provista de un
antepecho de treinta y cinco centímetros de alto. El viento es muy fuerte y decido bajar pero no puedo levantar la trampilla al haber quedado cerrada y abrirse por dentro. Tengo suerte, sube gente, abren, pero invaden la azotea sin dejarme salir, la trampilla vuelve a quedar cerrada, y allí quedamos, comprobando con preocupación que somos
demasiados para un espacio tan reducido. Oímos pisadas en la escalera, sube otro grupo y, apretujados, nos preguntamos cuántos
de los presentes deberemos tirarnos al vacío para que los recién llegados quepan en la azotea al tiempo que la abandonamos. Otra solución no es posible. Llegarán agotados y no aceptarán bajar para permitir
que lo hagamos tras ellos, ya que luego les esperaría otro ascenso a la
azotea. Lo que está claro es que los supervivientes, ya en la calle, impediremos
la entrada de más gente a la torre cerrando con llave la gruesa puerta de madera y, al nuevo grupo, a los que nos han sustituido en la ocupación de la azotea y que han sido la causa del obligado sacrificio de varios de nosotros, no vamos a decirles que mantengan levantada la trampilla, deseamos que mueran de
frío o aplastados al caer desde tanta altura por los embates del
viento.
domingo, 27 de enero de 2013
Necrología 3
Albino
Murió Albino. Gigante,
indeciso, gafas oscuras perpetuas. Se le vio durante años pasear, detenerse
agotado, apoyarse en las puertas como si fuera a entrar en las casas, por ese
lugar difuso que es la plaza España y la Gran Vía ya
saliendo al aeropuerto. Muchos debieron de hablar con él porque quedan
testimonios de su pensamiento recogidos en la prensa y en varios libros de
carácter ligero y misceláneo. ¿Vivía en...? Puede que en la calle Tarragona o,
mejor, en esa tupida red viaria que la flanquea a la derecha en sentido descendente, en esas
casuchas pegadas a los corrales del antiguo matadero, quizá no en una casa
sino en un corral, en el corral incluso que albergó a la ternera Celia, la que
produjo las mejores carnes de 1956, las que permitieron que el chef Bartrés
ganara el premio al mejor fricandó. Pero ahora ¿aún existen esas cuadras?
Puede, pero nadie lo sabe con certeza. A lo mejor, en la base del más elevado
de los rascacielos, dejaron un espacio, una burbuja hormigonada, para mantener
en pie un minúsculo habitáculo de ladrillo ¿y adobe?: el cubil de Albino. “¡Qué
rancho, devoraba ratas!” sentenciaba un malévolo, también los guardias,
acicalados, le acusaban de ladrón: restos no sólo cárnicos, también algún
pescado y la extraña fruta con sabor a heces. Hubo dos viajes, sarnosos. Una
turbamulta: pordioseros, enfermeros, clérigos, hermanas de la caridad. Primero
a la Meca blanca, en Roma, en busca de la bendición. Segundo al África negra, a
socorrer refugiados. Albino destacaba. Su porte. Su blancura. Su fuerte hedor.
Peregrinos entre la guardia pretoriana vaticana. Sanitarios entre ventrudas
criaturas y madres multíparas. El periodista juvenil y perplejo define a Albino
como protoinventor. Cuenta en su columna del diario gratuito que “les regalaron
bolígrafos bicolores y Albino supuso que con el rojo escribiría en español y
con el azul en italiano (...) se trata de un genio en ciernes, esa maldición
bíblica y real de las lenguas queda solventada con un ligero artilugio que
nuestro hombre quiere desarrollar a partir de un souvenir de atrio de iglesia”.
África no fue menor, no produjo un invento de menor importancia. Albino
anticipó a Lovelock y Sartori y comprendió que la solución no estaba en curar
negritos sino en evitar que nacieran tantos. Enseñó a la corresponsal del Post
una cacerola oxidada de la que colgaban cables al tiempo que le advertía que el
dolor en esos países era insoportable y que con esta máquina, con el
Detector-Medidor de Sufrimiento, iba a convencer de una vez por todas a las
autoridades mundiales para que iniciaran una campaña seria y definitiva de
control de la natalidad. “El problema hay que cortarlo de raíz”, repetía, “nada
de parches, Albino no quiere ver más mujeres y niños sufriendo”. El fotógrafo
Pablo J. Pérez obtuvo, estas Navidades, su última instantánea y sus últimas
palabras. Acurrucado en el portal de la Casa de la Papallona se disponía a
afrontar su última noche de vida abrazado a una bolsa de plástico que relucía
bajo la farola. “¿Qué llevas ahí?”, le preguntó J. Pérez, a lo que respondió
Albino, “llevo un alijo de polvorones”. ANGÉLICA YETANO
---
Barcelona. Calle Llansá. Casa Fajol -La Papallona-.
jueves, 24 de enero de 2013
Necrología 2
Cosma Blata, la Bruja de Artal
La misma viga para tres
maridos. Cosma Blata Ballarín, la Bruja de Artal, casó por primera vez en 1941.
Que su hombre se ahorcara aquella noche ventosa de final de la década no
constituyó noticia. De hecho, hasta tiempos recientes, los suicidios, en días
de viento, eran comunes en esos rincones pirenaicos. Incluso se hablaba de una
sólida tradición afincada en determinados
enclaves. Como el caso de la viga de hierro atravesada sobre el hueco de la escalera,
fácilmente practicable desde el rellano de la última planta de un inmueble
ubicado en el casco antiguo de cierta ciudad de cierto lustre. Un inmueble
abandonado y con la puerta de la calle siempre abierta, que concitó tanta fama que un grupo de sorianos fletó una camioneta para trasladarse y
aprovechar las ventajas de una instalación tan pulcra, accesible y carente de
riesgo para los practicantes. Después, con los ayuntamientos democráticos,
primero se tapió la entrada y luego se demolió el edificio. Pero el caso de
Cosma Blata (Artal, 1919 – Zaragoza, 1981) tiene un interés añadido: la
expectación y la fascinación que provocó en su segundo marido, y no digamos en el
tercero. La expectación, el diario estado expectativo ante el curso de los
acontecimientos, ante la aparición de pistas, por pequeñas que sean,
encaminadas a cerrar el círculo y, la fascinación, extrema, por el lugar del
sacrificio: la cuadra vacía, primorosamente ventilada e iluminada, la viga de
madera de quejigo pulida y exenta, los accesorios –soga y taburete- discreta
pero acertadamente colocados en el rincón visible, al alcance de la mano.
El
juez encargado del levantamiento del segundo y tercero de los tenaces esposos
pidió traslado. Aunque se dijo que no era por eso, que lo que quería era
cambiar de aires atmosféricos. Obtuvo plaza. Quedó instalado en Andalucía, en
una importante población
de la campiña jiennense. Y allí, pasados los años, Julio Muñoz Salgado,
escribió un libro. Unas memorias de su larga y prolífica vida de juez que,
ciclostiladas, circularon por diversos mentideros siendo, a menudo, tachadas de
mera enumeración y descripción vigorosa de levantamientos y levantados.
Publicadas ahora en condiciones –Muñoz falleció en 1993- se comprueba que hacen
particular hincapié en tres singulares escenarios: la cuadra de la casa de la
Bruja de Artal, el bloque de viviendas ciudadano con puertas abiertas a
cualquier diletante y, un tercero, de gran espectacularidad y sentimentalismo.
El juez Julio Muñoz Salgado (el libro se titula Memorias
sosegadas de un funcionario servidor de la ley y la justicia y ha sido editado por la
venezolana Fundación Losilla) pormenoriza, sin recrearse, el proceso de
suicidio de los ‘mocicos viejos’ en el olivar de la provincia de Jaén. El
‘mocico viejo’ es el equivalente del ‘tión’ altoaragonés, el miembro de la
familia campesina acomodada que malvive, soltero, a la sombra del padre y que
luego envejece rápido bajo la aceptación despechada del heredero casado. Una
figura poco envidiable que arroja los mayores índices de muerte voluntaria y
los mayores índices de fidelidad al procedimiento.
El
olivo, tótem indiscutible del paisaje, sufre, signo de los tiempos, un cambio
en su fisonomía; se arrancan los ejemplares de gran porte, los cargados de años
pero de baja productividad, reemplazándolos por ejemplares jóvenes, las
llamadas ‘estaquillas’, que no tardan en convertirse en maduros productores
aunque no ofrezcan garantías a la hora de colgarse de sus ramas. El juez
escribe: “A menudo, los infortunados, mueren no por ahorcamiento sino por
destrucción craneal al tener que saltar numerosas veces y golpearse contra el
suelo por la poca altura de la rama elegida y, dada la bisoñez de la misma, su
gran flexibilidad. Bajo el maravilloso cielo azul de estos campos no me ha
resultado extraño levantar, diría mejor, caritativamente, recoger, en un mismo
día, más de un magro cuerpo con la cabeza ensangrentada y achichonada”. BOLETÍN AGRARIO
---
Cosma Blata y el que fuera su primer marido. Fotografía:
Estudio Heras.
lunes, 21 de enero de 2013
Montecarlo
Hoy, viendo un dulce reportaje sobre la vida monegasca de
Grace Kelly, me han venido a la mente dos hechos que habían quedado sepultados
bajo el peso de otros sin duda más importantes. El primero, mi relación con una
joven barcelonesa de apellido Grimaldos y, el segundo, el sueño, tenido en una
etapa que situaría al final de la adolescencia, en el que La Begún era a la vez
mi madre y mi amante.
Grimaldos frecuentaba el Club Patín de la plaza Calvo Sotelo
donde su estructura ósea vallisoletana y su cabeza bien peinada destacaban en
aquel espanto de bigfuts y culos desbordados. Tenía, en cambio, un binomio por
nombre de pila que no la favorecía; algo así como Pili Carmen o José Ana. En
ese tiempo haberle cogido la mano (en el cine Lido, el primero en proyectar en
pantalla panorámica) abatiendo su antebrazo sobre sus muslos fue motivo de que
utilizara mayúsculas para relatar el hecho en la libreta morada. Pero no logro acordarme con seguridad de nada más; quizá
Grimaldos me acompañara aquel día en que yo paseaba por la Diagonal con mi
condiscípulo Lago Jaráiz y este me presentó a Doña Carmen Polo, que iba de
compras.
La Begún era el rumor de las gasas que la envolvían, la sonrisa
encantadora, las joyas, y un cuerpo amplio y mullido. Probablemente soñé con
ella sólo una vez, pero iba a quedar marcado de tal modo que en sueños
posteriores, al no poder recuperarla, fui sustituyendo aquellas carnes por las
de algunas componentes de mi familia de sangre con las que surgieron lances muy
confortables, de gran serenidad y discreción absoluta.
---
Fotografías:
Club Patín en la plaza Calvo Sotelo. Barcelona, 1949.
La Begún con Jose María de Porcioles, alcalde de Barcelona, la Duquesa de Alba y el Conde de Mayalde, alcalde de Madrid. En la mesa de atrás, Carrero Blanco. 1963.
sábado, 19 de enero de 2013
Necrología 1
Bruce "Snake" Tenser
El
novelista Bruce “Snake” Tenser falleció el pasado 27 de diciembre en el St.
John’s Health Center de Santa Mónica, California, a los 83 años de edad víctima
de una inflamación intestinal conocida como colitis isquémica. Tenser, noveno hijo
de una familia de inmigrantes judíos lituanos, se abrió camino en el incierto
mundo de los cantantes adolescentes de su localidad natal -Júpiter, Florida-
gracias a la brutalidad de sus baladas. En 1940, recién cumplidos tres lustros,
acepta escribir mensualmente, en un diario local, una columna de carácter
escatológico. En 1944 crea el detective Farmer McDevlin que, ayudado por el
conserje corrupto de un viejo hotel, resuelve de modo impecable los frecuentes
crímenes de la ficticia ciudad de Atenetia. La década de los cincuenta supone
el espaldarazo definitivo a su obra literaria: inicia la publicación, en pulps
y fanzines, de historietas protagonizadas por un infrahombre, el pétreo coronel
Lawrence, que movido por un intenso odio a la raza humana no deja,
prácticamente, títere con cabeza. “Lawrence es un soldado”, sintetiza la
propaganda, “que no responde a ningún precepto, su furia aniquiladora se ceba
siempre en los más débiles ya que considera, acertadamente, que apenas tienen
capacidad de respuesta”. Tenser, gana, en 1964, el premio que concede una
asociación de lectores de novelas policiacas vinculada a los rosacruces y que
según su agente literario, John Carlino, “aquilata a la perfección la estima
que la obra de Bruce despierta en el pueblo americano”. Con The Gin Game
(1972) consolida el primer puesto en la lista de autores de novela breve. “Una
narración”, se apunta en la contraportada, “de ritmo trepidante, de estilo seco
y descarnado, en la que una mujer negra y sorda, Tammy Klinger, de profesión
cocinera, recorre Estados Unidos practicando certeras hemorroidectomías a
novicias y monjas atrincheradas en monasterios y conventos”. La experta viaja
en un Chevrolet blanco y azul del 54 a cuyos mandos, y para cualquier tipo de
necesidades, se halla Bruce Tenser apodado “Snake” por la longitud y sinuosidad
de su miembro. El éxito de la obra anima al autor, y a su agente, a utilizar de
nuevo a los dos héroes en la siguiente entrega: Gunsmoke Miracle (1974).
De hecho, en los treinta títulos que vendrán después, se mantiene la misma
estructura narrativa al tiempo que, la cocinera Klinger y el agente Carlino, van
equiparando sus personalidades hasta resultar, en bañador, indistinguibles. AGENCIAS.
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En “Necrologías”, igual que en “Bibliofilias”, “Facsímiles”
y “Paleografías” se ensaya un nuevo género literario. En este caso se ahonda en
el rico acervo estilístico de las notas necrológicas dedicadas a notables, a
individuos que han contribuido -o al menos no han supuesto un freno- al
progreso de la humanidad. Textos de condición doliente, no aconsejan una
extensión excesiva compensando la falta de caracteres con una fotografía, bien
del fallecido, en vida, bien de los enseres o paisajes que le fueron
gratos.
Suplemento "Cultura/s" de La Vanguardia
Barcelona, 2009
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Tenser en 1990. Fotografía: Fran Ferrer.
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