http://www.youtube.com/watch?v=fwP77n_fkMQ
sábado, 16 de febrero de 2013
martes, 12 de febrero de 2013
Necrología 4
Lulula Gelabert
La entrada GELABERT de la edición online del Diccionari català-valencià-balear
de A. M. Alcover y F. de B. Moll ofrece, entre otros, los siguiente datos:
GELABERT o GILABERT
1. ant. Nom propi d’home; cast. Gilberto.
Lo noble En Gilabert de Cruylles, Muntaner Cròn., c. 87. Gelabert rey de
França, Boades Feyts 63.
2. Llinatge molt estès en tot el nostre país.
La entrada GILBERTO del Diccionario etimológico comparado de nombres
propios de persona de Gutierre Tibón, México, Fondo de Cultura Económica,
1966, añade:
GILBERTO.
Germánico. Gislberht, de gisl, “lanza”, y berht, “brillo, resplandor”,
Germánico. Gislberht, de gisl, “lanza”, y berht, “brillo, resplandor”,
o sea, “el brillo de la lanza”.
Así fue Margarita Gelabert Cornadó. Nacida en Horta, Barcelona, la primavera
de 1925, resplandeció desde la cuna por el brillo de sus cabellos y supuso, ya
en la escuela, la punta de lanza de una generación de mujeres empeñadas en
cambiar modelos de conducta y seculares adscripciones. Su periplo vital es
difícil de seguir pero, a través de noticias aparecidas en la prensa escrita, es
posible reconstruirlo. En 1939, con su nombre de pila y sus dos apellidos, gana
el premio “Cumbres nevadas” que concede la Falange. En 1940, con su
nombre y su primer apellido, resulta finalista en un concurso de declamación
titulado “La castañera”. En 1942, también con nombre y primer apellido,
participa en la escalada de la muralla romana de Tarragona. En 1945, como
MARGE, aunque haciendo constar, obligatoriamente, nombre y apellidos, se
inscribe en una selección de figurantes en los Estudios Orphea de Barcelona.
En 1956 interviene, fuera de créditos, en dos producciones argentinas dirigidas
por Leopoldo Torre Nilsson: Graciela y El protegido. El 4 de mayo de 1958, con
33 años, contrae matrimonio con un rico hacendado paraguayo y se instala,
provisionalmente, en Asunción. A finales de ese año vive ya en París donde
actúa, como Lulú la Espagnole, en cafetines y teatros de bolsillo. En 1959 casa,
por segunda vez, ahora con un saxo tenor mulato. Los hitos, hasta su
fallecimiento en Arlés, Francia, el pasado 20 de febrero, son cada vez más
anodinos. Baste describir uno, quizá el que pueda justificar este recordatorio; la
aparición de Lulula Gelabert, como starlette, en la gran parada de Cannes en el
año 1961. Apoyada en el mástil de un yate, risueña, casquivana, muy
simpática, enarboló, tras posar largo rato y en heterogéneas posturas, la
bandera catalana, el forro del bañador, prenda que se quitó y a la que
le dio la vuelta. RAMIS
le dio la vuelta. RAMIS
---
Lulula Gelabert. Cannes. 1961. Fotografía: F. Ferrer Lerín.
domingo, 10 de febrero de 2013
Marnie
Chi é Marnie?
Una ladra?
Una bugiarda?
Una truffatrice?
Una sensuale?
Una adescatrice?
Si,
e molto di più!
viernes, 8 de febrero de 2013
sábado, 2 de febrero de 2013
Una torre cilíndrica
Subo por la escalera de caracol que ocupa el interior de
una torre cilíndrica muy elevada y al llegar arriba y levantar la trampilla
accedo a una azotea circular de dos metros y medio de diámetro provista de un
antepecho de treinta y cinco centímetros de alto. El viento es muy fuerte y decido bajar pero no puedo levantar la trampilla al haber quedado cerrada y abrirse por dentro. Tengo suerte, sube gente, abren, pero invaden la azotea sin dejarme salir, la trampilla vuelve a quedar cerrada, y allí quedamos, comprobando con preocupación que somos
demasiados para un espacio tan reducido. Oímos pisadas en la escalera, sube otro grupo y, apretujados, nos preguntamos cuántos
de los presentes deberemos tirarnos al vacío para que los recién llegados quepan en la azotea al tiempo que la abandonamos. Otra solución no es posible. Llegarán agotados y no aceptarán bajar para permitir
que lo hagamos tras ellos, ya que luego les esperaría otro ascenso a la
azotea. Lo que está claro es que los supervivientes, ya en la calle, impediremos
la entrada de más gente a la torre cerrando con llave la gruesa puerta de madera y, al nuevo grupo, a los que nos han sustituido en la ocupación de la azotea y que han sido la causa del obligado sacrificio de varios de nosotros, no vamos a decirles que mantengan levantada la trampilla, deseamos que mueran de
frío o aplastados al caer desde tanta altura por los embates del
viento.
domingo, 27 de enero de 2013
Necrología 3
Albino
Murió Albino. Gigante,
indeciso, gafas oscuras perpetuas. Se le vio durante años pasear, detenerse
agotado, apoyarse en las puertas como si fuera a entrar en las casas, por ese
lugar difuso que es la plaza España y la Gran Vía ya
saliendo al aeropuerto. Muchos debieron de hablar con él porque quedan
testimonios de su pensamiento recogidos en la prensa y en varios libros de
carácter ligero y misceláneo. ¿Vivía en...? Puede que en la calle Tarragona o,
mejor, en esa tupida red viaria que la flanquea a la derecha en sentido descendente, en esas
casuchas pegadas a los corrales del antiguo matadero, quizá no en una casa
sino en un corral, en el corral incluso que albergó a la ternera Celia, la que
produjo las mejores carnes de 1956, las que permitieron que el chef Bartrés
ganara el premio al mejor fricandó. Pero ahora ¿aún existen esas cuadras?
Puede, pero nadie lo sabe con certeza. A lo mejor, en la base del más elevado
de los rascacielos, dejaron un espacio, una burbuja hormigonada, para mantener
en pie un minúsculo habitáculo de ladrillo ¿y adobe?: el cubil de Albino. “¡Qué
rancho, devoraba ratas!” sentenciaba un malévolo, también los guardias,
acicalados, le acusaban de ladrón: restos no sólo cárnicos, también algún
pescado y la extraña fruta con sabor a heces. Hubo dos viajes, sarnosos. Una
turbamulta: pordioseros, enfermeros, clérigos, hermanas de la caridad. Primero
a la Meca blanca, en Roma, en busca de la bendición. Segundo al África negra, a
socorrer refugiados. Albino destacaba. Su porte. Su blancura. Su fuerte hedor.
Peregrinos entre la guardia pretoriana vaticana. Sanitarios entre ventrudas
criaturas y madres multíparas. El periodista juvenil y perplejo define a Albino
como protoinventor. Cuenta en su columna del diario gratuito que “les regalaron
bolígrafos bicolores y Albino supuso que con el rojo escribiría en español y
con el azul en italiano (...) se trata de un genio en ciernes, esa maldición
bíblica y real de las lenguas queda solventada con un ligero artilugio que
nuestro hombre quiere desarrollar a partir de un souvenir de atrio de iglesia”.
África no fue menor, no produjo un invento de menor importancia. Albino
anticipó a Lovelock y Sartori y comprendió que la solución no estaba en curar
negritos sino en evitar que nacieran tantos. Enseñó a la corresponsal del Post
una cacerola oxidada de la que colgaban cables al tiempo que le advertía que el
dolor en esos países era insoportable y que con esta máquina, con el
Detector-Medidor de Sufrimiento, iba a convencer de una vez por todas a las
autoridades mundiales para que iniciaran una campaña seria y definitiva de
control de la natalidad. “El problema hay que cortarlo de raíz”, repetía, “nada
de parches, Albino no quiere ver más mujeres y niños sufriendo”. El fotógrafo
Pablo J. Pérez obtuvo, estas Navidades, su última instantánea y sus últimas
palabras. Acurrucado en el portal de la Casa de la Papallona se disponía a
afrontar su última noche de vida abrazado a una bolsa de plástico que relucía
bajo la farola. “¿Qué llevas ahí?”, le preguntó J. Pérez, a lo que respondió
Albino, “llevo un alijo de polvorones”. ANGÉLICA YETANO
---
Barcelona. Calle Llansá. Casa Fajol -La Papallona-.
jueves, 24 de enero de 2013
Necrología 2
Cosma Blata, la Bruja de Artal
La misma viga para tres
maridos. Cosma Blata Ballarín, la Bruja de Artal, casó por primera vez en 1941.
Que su hombre se ahorcara aquella noche ventosa de final de la década no
constituyó noticia. De hecho, hasta tiempos recientes, los suicidios, en días
de viento, eran comunes en esos rincones pirenaicos. Incluso se hablaba de una
sólida tradición afincada en determinados
enclaves. Como el caso de la viga de hierro atravesada sobre el hueco de la escalera,
fácilmente practicable desde el rellano de la última planta de un inmueble
ubicado en el casco antiguo de cierta ciudad de cierto lustre. Un inmueble
abandonado y con la puerta de la calle siempre abierta, que concitó tanta fama que un grupo de sorianos fletó una camioneta para trasladarse y
aprovechar las ventajas de una instalación tan pulcra, accesible y carente de
riesgo para los practicantes. Después, con los ayuntamientos democráticos,
primero se tapió la entrada y luego se demolió el edificio. Pero el caso de
Cosma Blata (Artal, 1919 – Zaragoza, 1981) tiene un interés añadido: la
expectación y la fascinación que provocó en su segundo marido, y no digamos en el
tercero. La expectación, el diario estado expectativo ante el curso de los
acontecimientos, ante la aparición de pistas, por pequeñas que sean,
encaminadas a cerrar el círculo y, la fascinación, extrema, por el lugar del
sacrificio: la cuadra vacía, primorosamente ventilada e iluminada, la viga de
madera de quejigo pulida y exenta, los accesorios –soga y taburete- discreta
pero acertadamente colocados en el rincón visible, al alcance de la mano.
El
juez encargado del levantamiento del segundo y tercero de los tenaces esposos
pidió traslado. Aunque se dijo que no era por eso, que lo que quería era
cambiar de aires atmosféricos. Obtuvo plaza. Quedó instalado en Andalucía, en
una importante población
de la campiña jiennense. Y allí, pasados los años, Julio Muñoz Salgado,
escribió un libro. Unas memorias de su larga y prolífica vida de juez que,
ciclostiladas, circularon por diversos mentideros siendo, a menudo, tachadas de
mera enumeración y descripción vigorosa de levantamientos y levantados.
Publicadas ahora en condiciones –Muñoz falleció en 1993- se comprueba que hacen
particular hincapié en tres singulares escenarios: la cuadra de la casa de la
Bruja de Artal, el bloque de viviendas ciudadano con puertas abiertas a
cualquier diletante y, un tercero, de gran espectacularidad y sentimentalismo.
El juez Julio Muñoz Salgado (el libro se titula Memorias
sosegadas de un funcionario servidor de la ley y la justicia y ha sido editado por la
venezolana Fundación Losilla) pormenoriza, sin recrearse, el proceso de
suicidio de los ‘mocicos viejos’ en el olivar de la provincia de Jaén. El
‘mocico viejo’ es el equivalente del ‘tión’ altoaragonés, el miembro de la
familia campesina acomodada que malvive, soltero, a la sombra del padre y que
luego envejece rápido bajo la aceptación despechada del heredero casado. Una
figura poco envidiable que arroja los mayores índices de muerte voluntaria y
los mayores índices de fidelidad al procedimiento.
El
olivo, tótem indiscutible del paisaje, sufre, signo de los tiempos, un cambio
en su fisonomía; se arrancan los ejemplares de gran porte, los cargados de años
pero de baja productividad, reemplazándolos por ejemplares jóvenes, las
llamadas ‘estaquillas’, que no tardan en convertirse en maduros productores
aunque no ofrezcan garantías a la hora de colgarse de sus ramas. El juez
escribe: “A menudo, los infortunados, mueren no por ahorcamiento sino por
destrucción craneal al tener que saltar numerosas veces y golpearse contra el
suelo por la poca altura de la rama elegida y, dada la bisoñez de la misma, su
gran flexibilidad. Bajo el maravilloso cielo azul de estos campos no me ha
resultado extraño levantar, diría mejor, caritativamente, recoger, en un mismo
día, más de un magro cuerpo con la cabeza ensangrentada y achichonada”. BOLETÍN AGRARIO
---
Cosma Blata y el que fuera su primer marido. Fotografía:
Estudio Heras.
lunes, 21 de enero de 2013
Montecarlo
Hoy, viendo un dulce reportaje sobre la vida monegasca de
Grace Kelly, me han venido a la mente dos hechos que habían quedado sepultados
bajo el peso de otros sin duda más importantes. El primero, mi relación con una
joven barcelonesa de apellido Grimaldos y, el segundo, el sueño, tenido en una
etapa que situaría al final de la adolescencia, en el que La Begún era a la vez
mi madre y mi amante.
Grimaldos frecuentaba el Club Patín de la plaza Calvo Sotelo
donde su estructura ósea vallisoletana y su cabeza bien peinada destacaban en
aquel espanto de bigfuts y culos desbordados. Tenía, en cambio, un binomio por
nombre de pila que no la favorecía; algo así como Pili Carmen o José Ana. En
ese tiempo haberle cogido la mano (en el cine Lido, el primero en proyectar en
pantalla panorámica) abatiendo su antebrazo sobre sus muslos fue motivo de que
utilizara mayúsculas para relatar el hecho en la libreta morada. Pero no logro acordarme con seguridad de nada más; quizá
Grimaldos me acompañara aquel día en que yo paseaba por la Diagonal con mi
condiscípulo Lago Jaráiz y este me presentó a Doña Carmen Polo, que iba de
compras.
La Begún era el rumor de las gasas que la envolvían, la sonrisa
encantadora, las joyas, y un cuerpo amplio y mullido. Probablemente soñé con
ella sólo una vez, pero iba a quedar marcado de tal modo que en sueños
posteriores, al no poder recuperarla, fui sustituyendo aquellas carnes por las
de algunas componentes de mi familia de sangre con las que surgieron lances muy
confortables, de gran serenidad y discreción absoluta.
---
Fotografías:
Club Patín en la plaza Calvo Sotelo. Barcelona, 1949.
La Begún con Jose María de Porcioles, alcalde de Barcelona, la Duquesa de Alba y el Conde de Mayalde, alcalde de Madrid. En la mesa de atrás, Carrero Blanco. 1963.
sábado, 19 de enero de 2013
Necrología 1
Bruce "Snake" Tenser
El
novelista Bruce “Snake” Tenser falleció el pasado 27 de diciembre en el St.
John’s Health Center de Santa Mónica, California, a los 83 años de edad víctima
de una inflamación intestinal conocida como colitis isquémica. Tenser, noveno hijo
de una familia de inmigrantes judíos lituanos, se abrió camino en el incierto
mundo de los cantantes adolescentes de su localidad natal -Júpiter, Florida-
gracias a la brutalidad de sus baladas. En 1940, recién cumplidos tres lustros,
acepta escribir mensualmente, en un diario local, una columna de carácter
escatológico. En 1944 crea el detective Farmer McDevlin que, ayudado por el
conserje corrupto de un viejo hotel, resuelve de modo impecable los frecuentes
crímenes de la ficticia ciudad de Atenetia. La década de los cincuenta supone
el espaldarazo definitivo a su obra literaria: inicia la publicación, en pulps
y fanzines, de historietas protagonizadas por un infrahombre, el pétreo coronel
Lawrence, que movido por un intenso odio a la raza humana no deja,
prácticamente, títere con cabeza. “Lawrence es un soldado”, sintetiza la
propaganda, “que no responde a ningún precepto, su furia aniquiladora se ceba
siempre en los más débiles ya que considera, acertadamente, que apenas tienen
capacidad de respuesta”. Tenser, gana, en 1964, el premio que concede una
asociación de lectores de novelas policiacas vinculada a los rosacruces y que
según su agente literario, John Carlino, “aquilata a la perfección la estima
que la obra de Bruce despierta en el pueblo americano”. Con The Gin Game
(1972) consolida el primer puesto en la lista de autores de novela breve. “Una
narración”, se apunta en la contraportada, “de ritmo trepidante, de estilo seco
y descarnado, en la que una mujer negra y sorda, Tammy Klinger, de profesión
cocinera, recorre Estados Unidos practicando certeras hemorroidectomías a
novicias y monjas atrincheradas en monasterios y conventos”. La experta viaja
en un Chevrolet blanco y azul del 54 a cuyos mandos, y para cualquier tipo de
necesidades, se halla Bruce Tenser apodado “Snake” por la longitud y sinuosidad
de su miembro. El éxito de la obra anima al autor, y a su agente, a utilizar de
nuevo a los dos héroes en la siguiente entrega: Gunsmoke Miracle (1974).
De hecho, en los treinta títulos que vendrán después, se mantiene la misma
estructura narrativa al tiempo que, la cocinera Klinger y el agente Carlino, van
equiparando sus personalidades hasta resultar, en bañador, indistinguibles. AGENCIAS.
---
En “Necrologías”, igual que en “Bibliofilias”, “Facsímiles”
y “Paleografías” se ensaya un nuevo género literario. En este caso se ahonda en
el rico acervo estilístico de las notas necrológicas dedicadas a notables, a
individuos que han contribuido -o al menos no han supuesto un freno- al
progreso de la humanidad. Textos de condición doliente, no aconsejan una
extensión excesiva compensando la falta de caracteres con una fotografía, bien
del fallecido, en vida, bien de los enseres o paisajes que le fueron
gratos.
Suplemento "Cultura/s" de La Vanguardia
Barcelona, 2009
---
Tenser en 1990. Fotografía: Fran Ferrer.
sábado, 12 de enero de 2013
Instantánea
Se ha conseguido captar el momento en que abandono la reunión de los facultativos. Soy el doctor Fugaz y formo parte de un sueño. Detalles que pueden parecer secundarios como el paraguas Conklin, la cazadora de piel comprada en Pamplona y los pantalones de pana modelo Firulete, no lo son en absoluto; pertenecen con toda seguridad a mi indumentaria de 2008 y 2009. El sitio es el pasillo de acceso a la biblioteca de ese edificio al que nunca doy nombre y que ahora, al ver la foto, pienso que podría ser la casa de mi bisabuelo de la Cerdaña. Esas reuniones son largas y a menudo desembocan en ásperas discusiones; no me extrañaría que en esta ocasión el motivo del desacuerdo tuviera que ver con los terrenos públicos donde ubicar el lugar de enterramiento, a burial place; ¿se habla en inglés en estas reuniones?, ¿en sueños poseo don de lenguas?
martes, 25 de diciembre de 2012
Jornada de un visionario
Sobre el frigorífico descansa la jarra de vidur llena de
agua para beber a morro. Esta mañana al llevármela a la boca he visto en su
interior, reflejado en la agitada superficie líquida, el mural de Miguel Ángel
del ábside de la Capilla Sixtina, pero en el estado actual, muy colorista, tras
la restauración de 1980-1999.
A mediodía, al volver del campo y dejar el todoterreno en el
garaje, descubro una figura de carácter antropomórfico que, de modo estático,
permanece junto a la puerta del ascensor. No conozco a la persona (o a su
copia) pero al recoger la propaganda de buzoneo veo que lleva en los brazos a
un niño al que sí creo conocer. Salgo a la calle a tirar los papeles en el
contenedor azul y, estando en ese trance, recuerdo, de
golpe, a quién se parece el niño. Se parece a mí, con cuatro años, en una
avenida de Barcelona. Entro de nuevo en el portal. La forma sigue. Intento
arrebatarle el niño. Pero lo tiene asido. Con fuerza hercúlea. Brazos de hierro
o piedra. El niño muerto. Subo a casa. Busco las fotos viejas. Y ahí está él. O
quizá yo. Este que vemos.
martes, 18 de diciembre de 2012
Bolinthos
Posible hápax.
Aristóteles señala que “bolinthos” es la
palabra meda que se aplica a una variedad de bisonte o toro salvaje (uro, Bos primigenius) que vivía en la región
(Media).
Word: Bolinthos
Language: Thracian
Meaning: Wild
bull, Bison
Comments: Attested
through Aristotle
Palaeolexicon.
Word study tool of ancient languages.
Grabado polaco del XVIII representando un ejemplar de uro.
domingo, 16 de diciembre de 2012
Juto en las carreras
Una familia que elabora tartas de fondán, la familia Escó
Bácula, quiere diversificar su oferta y prepara el lanzamiento de un nuevo
producto, el Caramelo Calvito, blando y de intenso dulzor, que provoca, a quien
lo paladea, la emisión de chillidos estridentes como si estuviera matando.
Contrae matrimonio Juto con el mayor de los Bácula y, en el viaje de novios,
invitan a tarta de nubes al personal encargado de engrasar el cable que tira de
la liebre del Canódromo Meridiana. Allí, además, Juto y su esposo experimentan
con los nuevos caramelos dándoselos a probar a los ancianos que acuden a por las heces de los galgos. Es en ese instante cuando un guía turístico
habla del acto cultural, celebrado en Jaca hará unos años, en el que el
presentador del conferenciante recordó la llegada, al recinto del canódromo, de
un viejo camión con el acrónimo LIETRACA pintado a mano en la lona. Juan
Sánchez Capipota, El lebrero, al volante, y, a su lado, su hijo Juanillo,
responsable de la compra de trapos para fabricar las liebres, coinciden ese día
con el veterinario en trance de vacunar, encuentro que desencadena una
corriente de simpatía entre Juanillo y el hijo del veterinario, que siempre
acompañaba a su padre en estas tareas. El guía turístico pretende ahora cerrar
con éxito su perorata y desvela que, en el acto cultural, el presentador era el
hijo del veterinario y Juanillo era el conferenciante, pero no obtiene el
reconocimiento de los presentes por lo que, tras permanecer en silencio durante
varios segundos, da paso a la enorme revelación: sí, el hijo del veterinario
era el presentador y Juanillo el conferenciante pero... el presentador era el
poeta Gran Lerín y, el conferenciante, el brillante polemista De Azúa. Noche
cerrada. Juto, su esposo Néstor, algunos engrasadores, el guía cultural y los
ancianos, salen juntos del canódromo. La carretera,
oscura y solitaria, acoge con naturalidad los chillidos estridentes. Los
ancianos matan a diestro y siniestro. Juto, rezagada por abrocharse un zapato,
contempla el espectáculo. Aguarda. Es la única superviviente. Entra en la
perrera. Decide dormir allí. "Los caminos
se hicieron inseguros y no pudo regresar".
sábado, 15 de diciembre de 2012
Libro de Tobías
Si veía
muerto a alguno de mi linaje, arrojado junto a los muros, le daba sepultura.
Si el rey mataba a alguno, yo, en secreto, lo enterraba; que en su furor mató a
muchos, cuyos cadáveres buscaba luego él, y no los hallaba. Pero alguien hizo
saber al rey que era yo el que los enterraba, y entonces tuve que ocultarme; y
sabiendo que me buscaba para darme muerte, temeroso hui. Al volver a casa, al
cabo de los meses, fue mi primogénito quien me dijo que uno de nuestro linaje
yacía en la plaza estrangulado, me lancé a la calle, le tomé y le metí en una
habitación hasta que se puso el sol en cuyo momento fui a cavar un hoyo en que
sepultar el cadáver siendo objeto de burla por parte de mis vecinos que se
preguntaban si aún no había escarmentado que ya tuve que huir por eso y ahora
volvía a enterrar a los muertos. Aquella misma noche, cuando acabé de darle
sepultura, aun antes de purificarme, me dormí en el atrio junto al muro,
quedando con el rostro descubierto. No sabía yo que había pájaros en el muro; y
teniendo los ojos abiertos, los pájaros dejaron caer en mis ojos su estiércol
caliente, que me produjo en ellos unas manchas blancas que los médicos no
fueron capaces de curar. Fue el ángel Rafael quien pudo batir mis cataratas
con la hiel de un pez que capturó mi hijo Tobías en el río Tigris y que antes
estuvo a punto de devorarle cuando se bañaba en sus aguas.
---
Rembrandt. Tobías devuelve la vista a su padre Tobit en presencia del ángel Rafael. 1636.
---
Rembrandt. Tobías devuelve la vista a su padre Tobit en presencia del ángel Rafael. 1636.
jueves, 6 de diciembre de 2012
Gingival en Turia
DE LAS
CONDICIONES DEL AZAR Y LA PALABRA
Gingival,
de Francisco Ferrer Lerín
Lejos de
Pamema. Los comentarios que se han realizado acerca de la obra de
Francisco Ferrer Lerín recurren a menudo a su leyenda para intentar explicar
algunas de las características de su escritura. Esta superposición de visiones
resulta casi inevitable, y hasta parece lógica, ya que pocos poetas se parecen
tanto a sus poemas como Ferrer Lerín. Mi descubrimiento de su poesía fue
relativamente temprano a través de la lectura de su segundo libro publicado, La hora oval (1971), en el que se
reunieron poemas escritos desde 1960 a 1970. Aquella lectura me resultó
fascinante porque encontraba por fin una voz y un mundo que andaba buscando en
el renovado panorama de la poesía española de aquellos años. Una voz y un mundo
cuya poética ilustra el poema “Tzara” (pág. 131), y que los emparentaba con el
dadaísmo y el surrealismo en sus vertientes más transgresoras y subversivas.
Cuando en 1980 elaboré, junto a Fanny Rubio, la antología Poesía española contemporánea (1939-1980)
(1981), uno de mis empeños fue el de dar cabida a Ferrer Lerín que, según todos
los indicios, se encontraba entonces desaparecido. La leyenda “Lerín” hacía
tiempo que había comenzado. Pero si se observa con detenimiento el transcurrir
de la poesía en estos últimos cincuenta años, tal vez nuestro autor tuvo suerte
de mantenerse al margen de lo que Félix de Azúa ha dado en llamar la “pamema”
de la tribu literaria y desarrollar su obra con la misma libertad, el mismo
espíritu iconoclasta y el mismo desenfado con los que la comenzó alrededor de
1960, fecha de algunos de sus inéditos posteriormente recogidos en Ciudad propia. Poesía autorizada (2006).
De
géneros y genología(s). Pese a los años transcurridos y los cambios
acontecidos en el discurso leriniano, la reciente lectura de su último libro, Gingival (2012), me retrotrae a aquel
primer encuentro con La hora oval.
Lerín ha tenido suerte con Fernando Valls, autor del “Epílogo”, que constituye una magnífica guía de lectura de
estas prosas que da en llamar “microrrelatos”. Es verdad que al propio Lerín le
ha gustado tal denominación, pero conviene tener en cuenta que los
microrrelatos ya están presentes desde sus comienzos como escritor, al menos
desde La hora hoval, y atraviesan con
diversas variantes toda su obra. Como se ha afirmado en repetidas ocasiones, la
adscripción genológica de no pocos de sus escritos resulta al menos
problemática, de forma que Lerín ha sido considerado un “posmoderno” avant la lettre de la misma manera que
fue considerado “pionero y fundador” del “ala extrema de la escritura
novísima”. Y es que su escritura no puede ser adscrita, sin más, a ninguno de
estos marbetes. Su propuesta literaria, en relación a las clasificaciones
convencionales de modos, géneros y subgéneros narrativos, tampoco parece
adecuarse plenamente. En otras palabras: su discurso pone de relieve las
carencias y la condición histórica de cualquier clasificación literaria al
mismo tiempo que subraya la ficcionalidad inscrita en todo discurso. Algunos de
estos microrrelatos, como “Situación” (pág. 14) o “Nexus” (p. 21), pueden ser
considerados poemas narrativos en prosa y los poemas narrativos en prosa
microrrelatos que, sólo en algunas ocasiones, se diferenciarían de los primeros
por su mayor apego al ritmo endecasilábico que históricamente ha dominado el
panorama de la poesía española del siglo pasado y comienzos de éste provocando
una monotonía y un cansancio inconcebibles en otras tradiciones literarias. En
definitiva: la escritura de Lerín se desliza entre fronteras y territorios poco
transitados, y tan pronto se encuentra en un lugar como en otro. Lerín es de
los pocos autores que mantiene aquel espíritu provocador y epatante de los
sesenta y comienzos de los setenta –del que el “culturalismo” fue, por cierto,
una de sus claves, casi siempre mal interpretada- con la naturalidad del
escritor marcado por su singularidad; singularidad tangible en su literatura a
través de un distanciamiento del que surge su mejor humor, ése que en ocasiones
encubre otra mirada de mayor gravedad presente en no pocos de sus textos. Una
ciudad propia: la escritura. Sabemos que Gingival es “un volumen heterodoxo cuyas entradas proceden de un
blog”. Sin embargo da la impresión de que Ferrer Lerín se ha sentido libre
también en estas circunstancias. La superposición de lo real y lo ficticio, de
lo autobiográfico y lo imaginario, de la bibliofilia y la anécdota, etc., ha
ocupado también un lugar importante en su obra. En realidad de lo que nos habla
Lerín en múltiples ocasiones es de la escritura, o al menos de su escritura, aunque también de sus
vivencias y de su inagotable curiosidad en relación al mundo que le rodea.
Nuestro autor ha sabido ir construyendo con todo ello una “ciudad propia”,
simbólica, que se sabe hecha de
palabras. Palabras que se sustentan en un ritmo y en una dinámica discursiva
que en Gingival alcanzan su expresión
más concisa mediante una vasta competencia lingüística utilizada con precisión
y eficacia, y una sintaxis de periodos cortos, generalmente sincopada. Asociación
de historias. De los espacios y motivos por los que transcurre Gingival ya se ha ocupado Fernado Valls
en su epílogo. Sin embargo, como acabo de señalar, otro de los motivos de no
menor importancia en Gingival es el
de la escritura, el de la actitud del narrador hacia lo narrado, actitud que
revela las huellas de su autor y su concepción de lo literario. Si la vida ha
ido ganando terreno a la literatura en la obra leriniana, la creación literaria
se ha mantenido como motivo recurrente en cada una de una de sus fases. No
podía ser de otra manera en un escritor tan consciente de su oficio y de las
máscaras que el lenguaje le ha ido proporcionando. Lerín no duda a la hora de
revelar su manera de proceder durante el desarrollo de su escritura. Así en “El
ruiseñor” (págs.17-19) o en “Nexus” (pág. 21), donde la misma dispositio subraya la asociación de
historias, con un motivo en común, que se yuxtaponen conformando la totalidad
del relato. El azar, la casualidad, la coincidencia se postulan en ocasiones
como origen y justificación de la peculiar disposición de fragmentos de diversa
e insospechada procedencia que constituyen el discurso como totalidad. Pero el
azar y la casualidad funcionan también en Gingival
como una especie de simulacro irónico, si bien solo hasta cierto punto y en
cierta medida. Sin embargo se mantienen los asertos fundamentales de aquel
poema, “Tzara” de La hora oval: Luchar contra el anquilosamiento de las
palabras (…) sacudir la estructura
del poema/ despertarlo/(…)/ darle
libertad para que se manifieste (…)/ cambiar
la decoración de los muebles del salón todos los días/ (…)/ madurar la idea sobre la posibilidad
lingüística/ conocer el léxico tanto
que huelga la estrechez de la gramática/ las frases nacen limpias… (págs. 131-132). Aquella propuesta
permanece en su discurso. Un discurso que en cada uno de los momentos de su
trayectoria literaria ha removido y alterado los paradigmas literarios por los
que ha transcurrido la mayor parte de la literatura española de los últimos
cincuenta años. Y este es el sentido de la clave y el regreso al poema “Tzara”.
Casualidad,
azar, sincronicidad. Lejos ya de la escritura automática como
plasmación de aquel “ruido en la cabeza” que Ferrer Lerín afirma haber
amortiguado con la escritura de sus primeros libros, el autor, como se ha
dicho, se reencuentra con la asociación de historias como cifra de algunos de
sus relatos posteriores. Pero algo se mantiene como condición de su escritura:
una puerta abierta al azar y una especie de “sincronicidad” en el sentido
jungiano (“Parábola del fumador empedernido y el ornitólogo de campo”, págs.
74-75). En cualquier caso, los presentimientos, los sueños y la memoria
desempeñan un papel tan relevante que sin ellos el hallazgo lingüístico (“conocer el léxico tanto que huelga la
estrechez de la gramática”) adquiriría una dimensión totalmente distinta.
El autor da la impresión de que ha mantenido la importancia del ritmo como otro
de los motores de su escritura. La minuciosa estructura rítmica de Gingival así lo confirma. Y su precisión
léxica encuentra el lugar idóneo en ese ritmo de periodos cortos donde las “frases nacen limpias”. Se trata de
un minucioso trabajo fraseológico que
permite descomponer las frases en unidades menores, las mínimas, las más
económicas pero también las más eficaces en la situación expresiva y
comunicativa de la que provienen estos microrrelatos. Y sin embargo también
esta característica estaba ya en su obra. Muestra de ello puede encontrarse en El Bestiario de Ferrer Lerín (2007) y en
Fámulo (2009), aunque reconozcamos el
mundo de Gingival más cercano quizás
al de Papur (2008), con sus
“Bibliofilias” y “Series”, sin olvidar “Die Rabe y dos breves guiones”, esa
última parte de no menor relevancia –también en relación con Gingival- que cierra el libro. La
otra mirada: la muerte. El humor y la ironía también están presentes en
Gingival. Humor e ironía
perfectamente engarzados en su escritura a lo que más arriba adelanté: esa otra
mirada grave que subyace en no pocos de sus textos. Lo que ocurre es que esa
mirada se nos presenta a menudo amortiguada bajo otros registros que le sirven
también de contrapunto. En el magnífico microrrelato o poema en prosa o
simplemente -es decir, complejamente- texto que cierra el libro, “La vida”
(pág. 228), encontramos uno de esos motivos: la muerte. Aunque esta vez se
presenta sin concesiones, despojada de todo ocultamiento. Se trata de la
escenificación, mediante una prolepsis, de un presentimiento o una ensoñación,
o tal vez ambas cosas al mismo tiempo: la agonía del personaje Ferrer
Lerín. El valor simbólico de los hápax.
Se diría que la búsqueda de los “hápax”, a los que Lerín dedica sus relatos “Predador” (pág. 40) y “Otro
hápax” (pág. 185) , constituye también la metáfora de otras pesquisas
frecuentes en su obra: la de los hechos singulares. Igual que el narrador deja
notarialmente constancia de sus hallazgos de los hápax a modo de legado,
registra también la singularidad de ciertos acontecimientos reales o
imaginarios, como ocurre en “Los sin hombros”(pág. 76) y “Raro fenómeno”(pág.
156). Se podría afirmar que los hápax representan también un ideal poético: el
del texto original y único, irrepetible, pese a que Lerín sea consciente del
tal imposibilidad. Esa imposibilidad que irónicamente se plasma en su escritura
plagada de referencias y citas. Y es que
la literatura constituye un desafío en la tradición de la modernidad de
la que partió el primer Lerín: el desafío de la originalidad motivado por una
permanente transgresión literaria. Sin embargo, y ya a estas alturas, da la
impresión de que las transgresiones le importan mucho menos a Lerín que el ir
ampliando su “ciudad propia”, su mundo simbólico, al tiempo que consigna las
diversas dimensiones y aspectos de su existencia. En su conjunto, su obra
constituye también una autobiografía y una crónica. En este sentido, no resulta
casual su faceta relativamente reciente de novelista: Níquel (2005) y Familias como
la mía (2011). En ambas Lerín recrea su propia leyenda. Lo
que en esa leyenda pueda haber de real o ficticio importa poco a la hora de
juzgar su obra. Su bibliofilia, su pasión por las palabras, su rapacidad
literaria… se transmutan en territorio literario. Y de nuevo… la casualidad, sin duda la casualidad, hace que se encadenen de modo
endiablado determinadas circunstancias… (“Casualidades”, págs. 216-217).
Artículo de José Luis Falcó Gens publicado en el nº 104 de la revista "Turia". Noviembre 2012.
martes, 4 de diciembre de 2012
Juan Pérez 'El Muerto'
Para evitar los insultos que se cometían en Sierra Morena, al abrigo de las espesuras de maleza, desde los tiempos de los famosos salteadores de caminos Caracotta y Materno (siglo primero de nuestra era), fueron surgiendo, a lo largo de la historia, diversas partidas de voluntarios fuertes y de arreglado comportamiento con el fin de ayudar a los soldados y carabineros que, a menudo, eran incapaces de solventar el problema. Entre los escopeteros reclutados para formar dichas partidas destacó Juan Pérez ‘El Muerto’ quien en compañía de Cristóbal Manchón ‘El Menguizo’ acosó al sanguinario forajido Lucas Ramos ‘El Ciervo’ hasta el domicilio de este en la calle Manga de Gabán de la localidad cordobesa de Palma del Río donde fue preso.
Dos testimonios del celo de Juan Pérez ‘El Muerto en el
desarrollo de la tarea confiscatoria y del buen hacer en la escritura son estos
dos documentos redactados de su puño y letra que transcribimos en parte:
“Joaquín Pulpillo, carabinero de una partida de caballería
que escoltaba una conducta desde Cádiz a Madrid, intentó robar uno de los 39
cajones cargados de monedas en la venta de El Rumblar el 8 de abril de 1797. Al
despertar sospechas por su irregular conducta el carabinero fue detenido y
desposeído de su impedimenta que se componía de capa, casaca, sombrero,
escarapela, caballo, silla, brida, botines, manta, cabezón, saco, trastes,
espada, cinturón, pistola, juego de hebillas, cartuchera, bandolera y morral.”
“El sábado 13 de diciembre de 1806, en la encomienda de
Navas de la Condesa, rindieron
armas tres malhechores dos de los cuales fueron entregados al Maestro de Postas
de Santa Elena para su escarmiento y del tercero al negarse a dar su gracia
hubo que dar, en su encarcelamiento,
descripción firmada y que decía que el ladrón era de unos 35 años, su
estatura como de dos varas, color trigueño, con patillas medianas, pañuelo
encarnado en la cabeza, montera de paño pardo con bastante alama, chaqueta y
calzones también de paño pardo, botines negros e iba sobre un caballo castaño
oscuro de la marca, con dos escopetas.”
sábado, 1 de diciembre de 2012
Juto
Una historia anémica en intriga cuyo sujeto pudiera ser:
1-
Abiego, nombre de una población oscense que quizá no se
corresponda en urbanismo y empaque con la aquí descrita.
2-
La dificultad para salir de un enclave cuyo acceso ha sido
fácil.
3-
La pasajera Juto.
1. Abiego es una ciudad lineal, construida de foma sólida a
lo largo de una amplia calle algo sinuosa. Jalonada por suntuosos edificios, la
mayoría en ruina, entre los que destaca un elevado número de grandes teatros,
no goza del favor de las gentes o al menos son muy pocas las personas humanas
que recorren la avenida. En el bar de la bolera me aborda un caballero
endomingado que pregunta, sin excesivo entusiasmo, por el motivo de mi visita a
la localidad y yo respondo, casi justificándome, que después de más de cuarenta
años viajando por la carretera general es lógico desviarse algún día para ver
qué es Abiego.
2. Un primer intento de salida resulta infructuoso; he
creído que la avenida iba a rodear el casco urbano para llevarme a la autopista
pero no es así; la avenida acaba de golpe, enfrentada a unos roquedos rojizos
coronados por olivos. Doy la vuelta y me dirijo a su otro extremo con el
convencimiento de que por allí había entrado, pero tampoco acierto: la avenida
se estrecha cuando deja de estar flanqueada por casas hasta convertirse en un
camino carretero de gran pendiente que se precipita en una zona oscura de
árboles enanos. Retroceder marcha atrás me agota pero al fin alcanzo la parte
civilizada de la vía y, aprovechando su gran anchura, doy de nuevo la vuelta
hasta encontrar, gracias a una breve calle perpendicular, el empalme con la
rotonda. Allí, rozo con el guardabarros delantero derecho la parte trasera de
un camión de reparto de inválidos, que no se detiene, y quedo preocupado por si
el seguro cubrirá los desperfectos de mi coche.
3. Me besa Juto en la mejilla para tranquilizarme por el
percance automovilístico, al tiempo que reparo en sus pantalones cortos muy
ceñidos que resaltan sus piernas rosadas nacidas de unos botines de goma
recauchutada negra. Amo a Juto en ese instante, aunque ignoro qué relación es
la nuestra.
jueves, 29 de noviembre de 2012
domingo, 18 de noviembre de 2012
Fauna copiloto
Me esperaba. Posada en la parte exterior del cristal
delantero izquierdo, quizá atraída por el calor que podía transmitirse desde el
interior del coche, quizá con la nostalgia del lugar confortable, pero quizá, y
eso era con lo que yo quería quedarme, con el deseo de volver a verme, de
compartir el habitáculo, nuestro hogar, que aunque en mi caso fuera temporal,
en el suyo debía de suponer el único que había conocido a lo largo de su vida.
Las moscas. Las moscas del Lada Niva. Mis moscas. Bien
alimentadas con los fluidos de la carroña transportada y, también, con los de
las sanguinolentas bolsas de plástico hasta ser tiradas en el contenedor.
Cuatro o cinco moscas. La población actual. Todas de la
misma especie, mosca doméstica, Musca domestica,
remedo, como animal de compañía, de aquel ratón que se instaló a vivir dentro
del Chrysler 180. Un querido vehículo ya en su etapa final cuando sólo servía para
el acarreo de cadáveres y permitía cambiar de marchas sin utilizar el embrague.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Nombres de algunos animales citados por el Conde de Buffon
Nombres de algunos animales citados en el Tomo XVIII de la
Historia Natural, General
y Particular, escrita en francés
por el Conde de Buffon, traducida a
nuestra lengua por
D. Joseph Clavijo y Faxardo e impresa en Madrid por la
viuda
de don Joaquín Ibarra en el año de M.DCCC.III.
Topo del Cabo de Buena Esperanza
Topo de Pensilvania
Topo dorado
Topo roxo de América
Gran topo de África
Topo de Canadá
Gran topo del Cabo
Hediondo rayado de la India
Vansiro
Pequeña fuina de Madagascar
Gran marta de la Guayana
Falangio
Rata perchal
Scherman o rata acuática de Estrasburgo
Musgaño almizclado de la India
Leroto de cola dorada
Gran ardilla de la costa de Malabar
Ardilla de Madagascar
Palmista
Gris pequeño de Siberia
Gran serotino de la Guayana
Vampiro
Gran murciélago hierro de lanza de la Guayana
Tendraco
Puerco espín de Malaca
Coendú de cola larga
Klipdas o gran marmota del Cabo
Puerco de Siam o de la China
Tolay
Zisel o ziesel
Zemni o ziemni
Puco
Peruasca
Sulik
Tayra o galera
Filandro de Surinam
Acuchi
Tuza o tucan
Aperea
Tapeti
Taguan o gran ardilla volante
Cangrejero
Niú o nú o toro ciervo
Nilgó
Puerco terrero
Bizaamo
Tuano
Gran guerlingueto
Pequeño guerlingueto
Aye-aye
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