Al morir el padre decidieron derribar la vieja casa y construir una nueva en el solar resultante. Para los tres hijos. Con una distribución vertical para que todos tuvieran que subir el mismo número de escalones. Sobre la puerta de entrada se instaló el primogénito, en el centro el mediano, y el tercer cuerpo lo ocupó el menor, que era ciego.
lunes, 31 de mayo de 2010
El jinete polaco (1656)

Nadie sabe con exactitud quién está representado en el cuadro o qué representaba éste para el pintor. La levita del jinete es típicamente polaca, al igual que el tocado. Cuando lo vi por primera vez en la Frick Collection de Nueva York pensé que podría ser un retrato de Titus, el amado hijo de Rembrandt. Me pareció, y me sigue pareciendo, que era una pintura sobre el adiós al hogar, sobre la entrada en el mundo.
Una teoría más erudita sugiere que la pintura podría haber sido inspirada por un polaco, Jonaz Szlichtyng, quien fue algo parecido a un héroe rebelde en los círculos disidentes del Amsterdam de la época de Rembrandt. Szlichtyng pertenecía a una secta de seguidores del teólogo sienés Lebo Sozznisi, que en el siglo XVI negó la divinidad de Cristo como hijo de Dios, pues si lo fuera, la religión dejaría de ser monoteísta. Si el cuadro está inspirado por Jonaz Szlichtyng, la imagen que ofrece es la figura de un Cristo que sería un hombre, sólo un hombre que, montado a caballo, se dispone a enfrentarse a su destino.
El cuadro me gusta por las razones por las que podría gustarle a un niño: porque es el comienzo de una historia contada por un anciano que ha visto muchas cosas y nunca encuentra el momento de irse a dormir.
Y también por las razones por las que podría gustarle a una mujer: por su coraje, su insolencia, su vulnerabilidad, sus fuertes muslos.
Los hábitos ecuestres permanecen todavía visibles en los cuerpos y en la forma de moverse de los polacos. El gesto característico de poner el pie derecho en el estribo levantando en un golpe simultáneo la otra pierna se me viene a la cabeza en una pizzería de Varsovia, al observar a unos hombres y mujeres que posiblemente nunca se han aproximado y mucho menos subido a un caballo y que están bebiendo Pepsi-Cola.
Una teoría más erudita sugiere que la pintura podría haber sido inspirada por un polaco, Jonaz Szlichtyng, quien fue algo parecido a un héroe rebelde en los círculos disidentes del Amsterdam de la época de Rembrandt. Szlichtyng pertenecía a una secta de seguidores del teólogo sienés Lebo Sozznisi, que en el siglo XVI negó la divinidad de Cristo como hijo de Dios, pues si lo fuera, la religión dejaría de ser monoteísta. Si el cuadro está inspirado por Jonaz Szlichtyng, la imagen que ofrece es la figura de un Cristo que sería un hombre, sólo un hombre que, montado a caballo, se dispone a enfrentarse a su destino.
El cuadro me gusta por las razones por las que podría gustarle a un niño: porque es el comienzo de una historia contada por un anciano que ha visto muchas cosas y nunca encuentra el momento de irse a dormir.
Y también por las razones por las que podría gustarle a una mujer: por su coraje, su insolencia, su vulnerabilidad, sus fuertes muslos.
Los hábitos ecuestres permanecen todavía visibles en los cuerpos y en la forma de moverse de los polacos. El gesto característico de poner el pie derecho en el estribo levantando en un golpe simultáneo la otra pierna se me viene a la cabeza en una pizzería de Varsovia, al observar a unos hombres y mujeres que posiblemente nunca se han aproximado y mucho menos subido a un caballo y que están bebiendo Pepsi-Cola.
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Fragmentos del libro Aquí nos vemos, de John Berger.
viernes, 28 de mayo de 2010
Liso
Justificación:
Se busca nombre para el juego y alguien propone “Liso”. En un ambiente lejano cuatro seres anodinos situados en las esquinas aguardan la señal para ocupar la tumba vacía excavada en el centro. Es un patio cuadrado al que no llegan los rayos del sol y al que no azotan los vientos: estamos definiendo un espacio para su uso en un cortometraje.
Reparto:
1: Canadiense.
2: Negra ociosa en la hamaca con un perro encima.
3: Terrón como nombre de persona.
4: Fugacidad del jardín.
Desarrollo:
Tremendo error. No se trata de una persona natural de Canadá sino de la prenda de abrigo habitual en los cincuenta conocida como “canadiense”. Harapo, andrajo, piltrafa echada en el rincón, dispone de no sabemos qué resorte para lanzarse a la fosa. Sin duda la imagen proviene de Viejo circus, del párrafo “mi sorpresa envalentonó a la cría y prodigiosamente comprobé que su tamaño real no era el que aparentaba. Debía de haber estado doblada toda la velada y de sus brazos surgieron hierros que abrieron mi carne chamuscando mi largo pelo y quebrando mi lomo.”
El pensamiento de la negra gira en torno a la idea de que Dios ama a los reyes moribundos y castiga al perro que magulla la forma inerme, así que lo sostiene con ambas manos con leves movimientos de disidencia; ella, que fuera reina de las llanuras del oeste y sabe que desde ese punto acudirán los sepultureros.
Terrón como nombre de persona pertenece a la dinastía suculenta aunque sólo sea una palabra. Llega pronto al lugar de salida, avizora el objetivo, busca la fórmula, afirma que no debe pronunciarse en vano cualquier réplica de origen tan oscuro y se adentra taciturno en una mitología privada. Repleto de dolor mortal toma el aspecto de la edad indefensa y tortura la noche con sus gritos de rocalla.
La fugacidad del jardín reside en su sombra. Una sombra que carece de piezas dentales, de hegemonía, de aire oculto, pero que maniobra entre los residuos del bien con la madre y el bufón lanzador de cáusticas inconveniencias. Cabe la confusión con la fugacidad de la tormenta, de condición ahorradora, y muchos aseguran que es el fruto adverso de quien no halla lápidas adecuadas, cubiertos de vigilia o excelentes consejos.
Se busca nombre para el juego y alguien propone “Liso”. En un ambiente lejano cuatro seres anodinos situados en las esquinas aguardan la señal para ocupar la tumba vacía excavada en el centro. Es un patio cuadrado al que no llegan los rayos del sol y al que no azotan los vientos: estamos definiendo un espacio para su uso en un cortometraje.
Reparto:
1: Canadiense.
2: Negra ociosa en la hamaca con un perro encima.
3: Terrón como nombre de persona.
4: Fugacidad del jardín.
Desarrollo:
Tremendo error. No se trata de una persona natural de Canadá sino de la prenda de abrigo habitual en los cincuenta conocida como “canadiense”. Harapo, andrajo, piltrafa echada en el rincón, dispone de no sabemos qué resorte para lanzarse a la fosa. Sin duda la imagen proviene de Viejo circus, del párrafo “mi sorpresa envalentonó a la cría y prodigiosamente comprobé que su tamaño real no era el que aparentaba. Debía de haber estado doblada toda la velada y de sus brazos surgieron hierros que abrieron mi carne chamuscando mi largo pelo y quebrando mi lomo.”
El pensamiento de la negra gira en torno a la idea de que Dios ama a los reyes moribundos y castiga al perro que magulla la forma inerme, así que lo sostiene con ambas manos con leves movimientos de disidencia; ella, que fuera reina de las llanuras del oeste y sabe que desde ese punto acudirán los sepultureros.
Terrón como nombre de persona pertenece a la dinastía suculenta aunque sólo sea una palabra. Llega pronto al lugar de salida, avizora el objetivo, busca la fórmula, afirma que no debe pronunciarse en vano cualquier réplica de origen tan oscuro y se adentra taciturno en una mitología privada. Repleto de dolor mortal toma el aspecto de la edad indefensa y tortura la noche con sus gritos de rocalla.
La fugacidad del jardín reside en su sombra. Una sombra que carece de piezas dentales, de hegemonía, de aire oculto, pero que maniobra entre los residuos del bien con la madre y el bufón lanzador de cáusticas inconveniencias. Cabe la confusión con la fugacidad de la tormenta, de condición ahorradora, y muchos aseguran que es el fruto adverso de quien no halla lápidas adecuadas, cubiertos de vigilia o excelentes consejos.
Agüilla
Los encuentros en los estancos deparan a menudo grandes satisfacciones. Hoy he ido a franquear una carta para mi hijo que vive en Cercedilla y allí estaba ella haciendo cola para comprar dos paquetes de Marlboro con un body negro resaltando ese busto que adoran los futbolistas y una sonrisa exultante que he rubricado con dos besos en las comisuras. Alguien ha entrado y al socaire del tumulto he rozado mis enfundados genitales con su muslo izquierdo caliente como piedra foguera a lo que ha respondido que me vio en no sé qué periódico y que se me veían aún buenas piernas (parece ser que esa parte la vuelve loca). Tenía yo prisa por llegar a casa. En efecto había manchado los bráslipes; un licor no sé si prostático o de Cowper. Primavera.
martes, 25 de mayo de 2010
Seguimiento fatal


Dos hombres caminan rápidos. Maletín rojo en mano cambiada, debido al peso. Cuello de la americana clara algo levantado, por alguna maniobra violenta reciente. El de la cazadora azul varía a menudo la distancia entre él y su compañero, sin duda vigila. ¿Alguien puede identificarlos? ¿Y las calles? ¿De qué ciudad?
viernes, 14 de mayo de 2010
Qué queda
Isabel Montero Grebas, pastelera, tres horas y veintiséis minutos.
Elvira Morcas, auxiliar administrativo, tres semanas y seis minutos.
Berto, masajista, cinco días, siete horas y catorce minutos.
José Luis López Barragán, médico de familia, tres días y tres minutos.
Aurora López Pac, mi esposa, un año, un mes, una semana y once minutos.
Miralles, ceramista, cuatro minutos.
Elvira Ferrer López, mi primogénita, dos días y cincuenta minutos.
Sandra Ferrer López, mi hija menor, un mes, veinte días y siete minutos.
“Cantinflas”, peluquero, cuatro horas y diez minutos.
Magdita Pérez Sadurní, artista, un año, un mes, una semana y un minuto.
Manuel Villa, quiosquero, tres horas y seis minutos.
“Grasbo”, conserje, dos horas y catorce minutos.
Pedro, conserje, dos horas y tres minutos.
Javier Lorbés, chófer, veinte horas.
Ramón Fuentes García, bancario, seis horas y un minuto.
Tilde Cebollero, bibliotecaria, un mes y cuarenta minutos.
Sí, son los tiempos totales que pasaré con cada una de estas personas, de aquí a mi fallecimiento, obtenidos por la suma de los tiempos parciales correspondientes a los encuentros que se producirán con cada una de ellas. Calculo los años que me quedan de vida acogiéndome a la media de mis antepasados y calculo la duración de los encuentros acogiéndome a la media de los del último trimestre. El término "encuentro" no supone siquiera intercambio verbal, vale la coincidencia a una distancia reducida con reconocimiento visual por ambas partes.
Elvira Morcas, auxiliar administrativo, tres semanas y seis minutos.
Berto, masajista, cinco días, siete horas y catorce minutos.
José Luis López Barragán, médico de familia, tres días y tres minutos.
Aurora López Pac, mi esposa, un año, un mes, una semana y once minutos.
Miralles, ceramista, cuatro minutos.
Elvira Ferrer López, mi primogénita, dos días y cincuenta minutos.
Sandra Ferrer López, mi hija menor, un mes, veinte días y siete minutos.
“Cantinflas”, peluquero, cuatro horas y diez minutos.
Magdita Pérez Sadurní, artista, un año, un mes, una semana y un minuto.
Manuel Villa, quiosquero, tres horas y seis minutos.
“Grasbo”, conserje, dos horas y catorce minutos.
Pedro, conserje, dos horas y tres minutos.
Javier Lorbés, chófer, veinte horas.
Ramón Fuentes García, bancario, seis horas y un minuto.
Tilde Cebollero, bibliotecaria, un mes y cuarenta minutos.
Sí, son los tiempos totales que pasaré con cada una de estas personas, de aquí a mi fallecimiento, obtenidos por la suma de los tiempos parciales correspondientes a los encuentros que se producirán con cada una de ellas. Calculo los años que me quedan de vida acogiéndome a la media de mis antepasados y calculo la duración de los encuentros acogiéndome a la media de los del último trimestre. El término "encuentro" no supone siquiera intercambio verbal, vale la coincidencia a una distancia reducida con reconocimiento visual por ambas partes.
viernes, 7 de mayo de 2010
Redes
No tuvimos suerte con nuestro último hijo. Nació convertido en número de teléfono. En concreto en el número de móvil de un pastor cigomático. Las molestias que ocasionó fueron importantes. Pero pronto cortaron la línea. Y descansó en paz.
sábado, 1 de mayo de 2010
Clima
Abonados con espuma
en los cuernos hay un cómputo anual
de transiciones
que unen al infante con la rama
que ahora observo.
Si alguna ciencia aparte
sujeta el envío -la arboladura-
diversas doctrinas aceptadas
reptan hacia mí.
He dicho que
pereza y prejuicio
informaron al cobarde.
¿Especies invasivas?
Fue en el frío.
-----
Equipo Rubor.
en los cuernos hay un cómputo anual
de transiciones
que unen al infante con la rama
que ahora observo.
Si alguna ciencia aparte
sujeta el envío -la arboladura-
diversas doctrinas aceptadas
reptan hacia mí.
He dicho que
pereza y prejuicio
informaron al cobarde.
¿Especies invasivas?
Fue en el frío.
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Equipo Rubor.
viernes, 30 de abril de 2010
Zopilotes

Zopilote
No es una injuria al reino de las aves.
Tampoco aberración o falla natural perpetuada
por mera inercia evolutiva.
Al arte por el arte del pavo real o del faisán corresponde
su equivalente utilitario. (La belleza
está en los ojos de quien la contempla
y es cuestión relativa.)
Lo ves y te conduele su asimetría,
el color apagado y más bien luctuoso
y la no menos plúmbea repugnancia
de su moco de pavo. (Todo él,
aun sin la papada, se diría
un guajalote incomestible.)
Concedamos: es feo como el diablo.
(¿Alguien conoce al diablo?)
Y suscita los odios más despiadados.
(Es común apredrearlos; he visto niños
que se adiestraban para ser verdugos.)
Pero sin esta variante regional
del buitre tan infamado por la retórica,
sin este "aura tiñosa" o "gallinazo"
-con tales nombres se le injuria-
¿qué hubiera sido
de los lugares pobres frecuentados
por la fiebre amarilla y otras plagas
de los tristes tropiques?
Los zopilotes
fueron nuestras brigadas de reciclaje.
Ahora se han acabado los zopilotes.
La basura está a punto de ahogar al mundo.
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José Emilio Pacheco
Islas a la deriva (1973-1975) en
Tarde o temprano (poemas 1958-2009)
Tusquets Editores. 2010.
viernes, 23 de abril de 2010
jueves, 22 de abril de 2010
Premio de la Crítica
sábado, 10 de abril de 2010
Aparecen
Ha sido esta noche. Un ejemplar de la mayor de las tres especies. No majestuosa. Pero llamativa. Con ese plumaje azul violáceo. Aleteo elegante y, de golpe, un picado vertiginoso que permite descubrir a otro ejemplar. ¿La pareja? Me invade una sensación extraña. ¿Existen estas aves? Ahora este sueño parece la réplica de observaciones hechas en paisajes prepirenaicos. Hace años. Muchos años. Hasta el punto de que dejaron de formar parte del ecosistema. Olvidé su nombre. ¿Cómo se llamaba esta especie? ¿Y las otras dos, rayadas de vivos colores, difíciles de diferenciar entre ellas? He perdido sus nombres vulgares y sus nombres científicos. Y también se perdieron las ilustraciones en los manuales que las recogían. Y los manuales mismos. Nada queda. Mas la fantasmal aparición de las últimas horas quizá anuncie su regreso. Sería una muy buena noticia. Ampliaríamos el número de especies de rapaces diurnas a observar esta primavera.
miércoles, 7 de abril de 2010
sábado, 3 de abril de 2010
Puerco espín
El Diccionario de los símbolos, ya citado en este blog (entrada CRUENTACIÓN), depara abundantes hallazgos; veamos PUERCO ESPÍN:
“Animal adivinatorio predilecto de los ekoi (Nigeria del sur). Está en estrecha relación con los reinos de los espíritus y desempeña a menudo un papel de héroe civilizador. Especialmente por su mediación las mujeres aprendieron a cultivar los tomates. Recordemos que el tomate, según las creencias de los bambara, contiene una pequeña parte viva generatriz. Fue también el puerco espín quien ordenó el primer sacrificio a los espíritus. En el otro extremo de África, entre los kikuyo, se considera como el inventor del fuego.”
“Animal adivinatorio predilecto de los ekoi (Nigeria del sur). Está en estrecha relación con los reinos de los espíritus y desempeña a menudo un papel de héroe civilizador. Especialmente por su mediación las mujeres aprendieron a cultivar los tomates. Recordemos que el tomate, según las creencias de los bambara, contiene una pequeña parte viva generatriz. Fue también el puerco espín quien ordenó el primer sacrificio a los espíritus. En el otro extremo de África, entre los kikuyo, se considera como el inventor del fuego.”
jueves, 25 de marzo de 2010
Series
El texto menos apreciado de mi producción literaria se titula “Series” y constituye una sección del libro misceláneo Papur. Pocos han sido los comentarios y todos han atendido en exclusiva el trasfondo naturalista -la defensa de la eliminación de determinadas especies animales domésticas gravosas con el medio- dejando huérfana la intención principal que no es otra que la plasmación de un ejercicio muy grato al autor: la cita de ejemplos de progresión y finalización, de avance y acabamiento. De hecho algunos hábitos neuróticos muy extendidos, como la obsesión por la limpieza hogareña, proporcionan tanto placer al llegar a término como al recorrer el camino que permite conseguirlo.
¿Qué es lo que me atrae de los procesos de eliminación de palomas, perros y gatos? ¿La eliminación en sí? ¿El hecho de que exista un problema y se resuelva mediante la eliminación? ¿La posibilidad de procurar alimento con los cadáveres de palomas, perros y gatos a las especies necrófagas salvajes? ¿La eliminación de un competidor para la fauna salvaje? Todos son, sin duda, argumentos convincentes en un individuo imbuido de extrema ética ambientalista pero, en mi caso, hay algo más, diría que hay algo que es lo principal, la razón primera de por qué acometer o aplaudir esos procesos y que es la redacción de la crónica de una progresión hacia una meta entendida como culmen, la pormenorización de los pasos encaminados a alcanzarlo y el vacío final, la pulcritud absoluta. Las dos secuencias –todos los buitres han llegado al dormidero o han bajado a la carroña y todas las palomas domésticas, todo los perros y gatos han quedado eliminados- conforman una fuente de goce aritmético, místico, genésico (se manifiesta en el raquis) y ese goce constituye la razón de su escritura y de su inclusión en un libro aunque en el caso de la segunda secuencia exista otra razón poderosa: se elimina la plaga, esa fácil calamidad que propicia la no diferencia entre la fauna doméstica y la salvaje y aplica los criterios de peligrosidad sanitaria (parásitos, enfermedades transmisibles al hombre) y estética (deyecciones, animales poco lustrosos), propios del hacinamiento y degeneración de la fauna doméstica, a la fauna salvaje que es la única por la que los conservacionistas venimos luchando desde hace ya muchas décadas.
¿Qué es lo que me atrae de los procesos de eliminación de palomas, perros y gatos? ¿La eliminación en sí? ¿El hecho de que exista un problema y se resuelva mediante la eliminación? ¿La posibilidad de procurar alimento con los cadáveres de palomas, perros y gatos a las especies necrófagas salvajes? ¿La eliminación de un competidor para la fauna salvaje? Todos son, sin duda, argumentos convincentes en un individuo imbuido de extrema ética ambientalista pero, en mi caso, hay algo más, diría que hay algo que es lo principal, la razón primera de por qué acometer o aplaudir esos procesos y que es la redacción de la crónica de una progresión hacia una meta entendida como culmen, la pormenorización de los pasos encaminados a alcanzarlo y el vacío final, la pulcritud absoluta. Las dos secuencias –todos los buitres han llegado al dormidero o han bajado a la carroña y todas las palomas domésticas, todo los perros y gatos han quedado eliminados- conforman una fuente de goce aritmético, místico, genésico (se manifiesta en el raquis) y ese goce constituye la razón de su escritura y de su inclusión en un libro aunque en el caso de la segunda secuencia exista otra razón poderosa: se elimina la plaga, esa fácil calamidad que propicia la no diferencia entre la fauna doméstica y la salvaje y aplica los criterios de peligrosidad sanitaria (parásitos, enfermedades transmisibles al hombre) y estética (deyecciones, animales poco lustrosos), propios del hacinamiento y degeneración de la fauna doméstica, a la fauna salvaje que es la única por la que los conservacionistas venimos luchando desde hace ya muchas décadas.
martes, 23 de marzo de 2010
Moción
Conocer en qué momento descubrió el movimiento de las cajas carece de importancia. Un rincón del patio destinado a guardar viejos enseres protegido de la lluvia por un cobertizo de uralita y resguardado del viento cierzo por la orientación sureste. Y allí la madre o quizá la hermana colocaron dos cajas vacías, una que contuvo Frutas de Aragón JAYSSO y otra Fettuccine al huevo GALLO. Ya digo que carece de importancia saber cuándo fue la primera vez, pero sí que tuvo pronta constancia de que las dos cajas se movían, avanzaban hasta quedar fuera de la vertical del borde del vuelo por más que las empujara hacia dentro sobre una superficie sin pendiente, rugosa, de cemento, en un lugar sin gatos, perros u otras bestias domésticas o salvajes. ¿Una obsesión la espera de la primera luz del día para comprobar si durante la noche se habían movido? Quizá sí pero no logró despejar la incógnita, moriría sin saber qué fenómeno era ese, y no quiso nunca hacer partícipe a nadie de su desasosiego, de su curiosidad extrema. Se llevó a la tumba el misterio del movimiento de las cajas o, mejor dicho, la constatación del mismo.
viernes, 19 de marzo de 2010
RTU
Resuelven la obstrucción de mi tracto urinario inferior mediante Resección Transuretral del adenoma prostático. Veinticuatro horas después el cirujano, en breve charla, me comunica que de las dos secuelas habituales descarta una, la incontinencia, y para la otra, la impotencia, sugiere una visita al departamento de préstamos de la biblioteca del propio hospital donde he de solicitar Ingleses excéntricos de Edith Sitwell, en la edición de 1989. Sorprendido -no recordaba que la obra de esa señora contuviera pasajes de gran carga erótica- sigo a la bibliotecaria hasta un pequeño almacén y sólo entrar se desabrocha la blusa, se arrodilla, afloja mi pantalón y atestigua que RTU no dejó esa secuela. Nunca sabré qué depara la edición de 2009.
martes, 9 de marzo de 2010
Agacino
Diversos comentarios en diversos lugares de esparcimiento llevan al investigador Luis A. P. a notificarme por carta “que algunas tribus costeras de África Occidenal defienden la existencia de criaturas antropomorfas que viven en el mar, asaltan las embarcaciones por la noche y enloquecen a los tripulantes”. Casualmente me hallo en proceso de revisión de la biografía del entomólogo español Eugenio Morales Agacino (1914 – 2002) lo que me permite constatar que este sabio descubrió, en uno de sus viajes científicos, una colonia de focas monje en las costas de Mauritania. Los ejemplares de dicha colonia, aún existente, pudieron (o pueden, la cita de Luis es atemporal) ser las criaturas mencionadas por las tribus costeras. Como remate y para vergüenza general aporto una síntesis de la historia reciente de la foca monje en España:
Los topónimos "Cueva de la vaca", "Punta del lobo", "Isla de lobos", hacen referencia a la especie, también conocida como lobo, vaca marina y vedell marí.
A comienzos del siglo XX la foca monje fue exterminada del litoral llano de Cataluña, Levante y Andalucía quedando relegada a algunos puntos de la costa rocosa de la provincia de Gerona, al sector comprendido entre el cabo de San Antonio y el de Gata en la provincia de Almería, y al archipiélago balear. Pero el desarrollo turístico de los 50 acaba con las relictas poblaciones de la Costa Brava al tiempo que en Mallorca, por los mismo motivos, deja de reproducirse en 1951, siendo masacrados siete años después los dos últimos ejemplares; uno a golpes de remo al quedar atrapado en las redes de los pescadores de Cala Montdragó, en Santanyí, y el otro muerto a tiros por la Guardia Civil en Cala Tuent, en el término de Escorca, a instancias municipales.
En Canarias la extinción fue anterior. Aquí las colonias de focas eran muy numerosas, con varios millares de ejemplares, pero la caza para la obtención de cuero, grasa y carne, acabó con ellas.
En 1951 moría en Alicante la última cría peninsular conocida, víctima de un hachazo y, en el cabo de Gata, hasta mediados de los 60, sobrevivió un pequeño grupo. En general, la persecución fue tan concienzuda que en los años 70 sólo quedaban cinco ejemplares en las costas españolas y a comienzos de los 80 solo quedaba uno.
Actualmente las Islas Chafarinas son el único lugar del territorio nacional donde existe la especie, representada por uno o dos ejemplares. Allí vivió, hasta principios de los noventa, el célebre "Peluso", un macho de avanzada edad que se haría popular tras una aparatosa operación de captura para liberarle de un aro de una red de pesca que le aprisionaba el cuerpo y que murió posteriormente por causas desconocidas.
Como curiosidad decir que en un documento periodístico de principios del siglo XX se da noticia de la presencia ocasional de focas monje en el río Ebro a la altura de Zaragoza, sin precisar en qué años pero antes, claro está, de la regulación del río mediante presas.
Los topónimos "Cueva de la vaca", "Punta del lobo", "Isla de lobos", hacen referencia a la especie, también conocida como lobo, vaca marina y vedell marí.
A comienzos del siglo XX la foca monje fue exterminada del litoral llano de Cataluña, Levante y Andalucía quedando relegada a algunos puntos de la costa rocosa de la provincia de Gerona, al sector comprendido entre el cabo de San Antonio y el de Gata en la provincia de Almería, y al archipiélago balear. Pero el desarrollo turístico de los 50 acaba con las relictas poblaciones de la Costa Brava al tiempo que en Mallorca, por los mismo motivos, deja de reproducirse en 1951, siendo masacrados siete años después los dos últimos ejemplares; uno a golpes de remo al quedar atrapado en las redes de los pescadores de Cala Montdragó, en Santanyí, y el otro muerto a tiros por la Guardia Civil en Cala Tuent, en el término de Escorca, a instancias municipales.
En Canarias la extinción fue anterior. Aquí las colonias de focas eran muy numerosas, con varios millares de ejemplares, pero la caza para la obtención de cuero, grasa y carne, acabó con ellas.
En 1951 moría en Alicante la última cría peninsular conocida, víctima de un hachazo y, en el cabo de Gata, hasta mediados de los 60, sobrevivió un pequeño grupo. En general, la persecución fue tan concienzuda que en los años 70 sólo quedaban cinco ejemplares en las costas españolas y a comienzos de los 80 solo quedaba uno.
Actualmente las Islas Chafarinas son el único lugar del territorio nacional donde existe la especie, representada por uno o dos ejemplares. Allí vivió, hasta principios de los noventa, el célebre "Peluso", un macho de avanzada edad que se haría popular tras una aparatosa operación de captura para liberarle de un aro de una red de pesca que le aprisionaba el cuerpo y que murió posteriormente por causas desconocidas.
Como curiosidad decir que en un documento periodístico de principios del siglo XX se da noticia de la presencia ocasional de focas monje en el río Ebro a la altura de Zaragoza, sin precisar en qué años pero antes, claro está, de la regulación del río mediante presas.
sábado, 6 de marzo de 2010
Pioneros
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