
Han terminado las obras de restauración del Hotel San Ramón
de Barbastro que desde el siglo XVIII fue referente en la hostelería
provincial. (En los medios)
"Sería a finales de curso del 70 ó del 71. Rinola Cornejo estaba esperándome sentada en un banco del claustro de la Universidad para darme la noticia. '¡Paco, Paco, me han diagnosticado un cáncer de cuello de matriz!' Aquel mismo día, sin relación aparente con su lesión, le pidió permiso a su marido, un alemán conocido por El solitario de Engadina, para irse conmigo a pasar el fin de semana en Jaca. Parece que le vea, en el rellano de su bloque del barrio obrero, preocupado por si Rinola se olvidaba algo, ayudándonos a bajar el equipaje. Y luego, la avería; nos quedamos sin luz en los faros y tuvimos que hacer noche en Barbastro. El hotel estaba en ruinas, como la dueña, que resultó ser parienta lejana de mi abuela materna, y nuestra cama carecía de una pata, pero fuera por los ladrillos que la sustituían -lo que al moverse producía una extraña sensación acústica y dinámica- o por la peculiar especialidad amatoria de Rinola -el péndulo, ella encima en cuclillas, mi miembro circuncidado barriendo células malignas- lo cierto es que sanó a los pocos días. La criatura, agradecida, propagó por la facultad mis poderes curativos y tuve que soportar, a partir de aquel momento, un desfile de madres de condiscípulas prestas a embarcarse hacia el Somontano Oscense."
Jornada laboral de un poeta barcelonés. (En prensa)