domingo, 28 de diciembre de 2008
Predador
Uno de los hápax más inquietantes es la voz francesa ‘carable’ que aparece en el “Voyage à Jérusalem du Seigneur d’Anglure”, de 1395, donde se aplica a un animal menor que un zorro y que acosa, sin descanso, perdices y liebres.
sábado, 27 de diciembre de 2008
La carretera

Nevó el viernes en la A-1205. Justo en el tramo en que se mueven los “autómatas, erguidas estructuras de expresión facial de gran nitidez, mirada fija en lo que ha de venir (...), legionarios, metal de la ciudad.” No se vieron. Quizá el intenso frío evitó que, en esa jornada, salieran de sus madrigueras.
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Fotografía: Fran Ferrer
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Entrecomillados: Fámulo, pág. 79
lunes, 22 de diciembre de 2008
Hotel en Barbastro (Huesca)

Han terminado las obras de restauración del Hotel San Ramón
de Barbastro que desde el siglo XVIII fue referente en la hostelería
provincial. (En los medios)
"Sería a finales de curso del 70 ó del 71. Rinola Cornejo estaba esperándome sentada en un banco del claustro de la Universidad para darme la noticia. '¡Paco, Paco, me han diagnosticado un cáncer de cuello de matriz!' Aquel mismo día, sin relación aparente con su lesión, le pidió permiso a su marido, un alemán conocido por El solitario de Engadina, para irse conmigo a pasar el fin de semana en Jaca. Parece que le vea, en el rellano de su bloque del barrio obrero, preocupado por si Rinola se olvidaba algo, ayudándonos a bajar el equipaje. Y luego, la avería; nos quedamos sin luz en los faros y tuvimos que hacer noche en Barbastro. El hotel estaba en ruinas, como la dueña, que resultó ser parienta lejana de mi abuela materna, y nuestra cama carecía de una pata, pero fuera por los ladrillos que la sustituían -lo que al moverse producía una extraña sensación acústica y dinámica- o por la peculiar especialidad amatoria de Rinola -el péndulo, ella encima en cuclillas, mi miembro circuncidado barriendo células malignas- lo cierto es que sanó a los pocos días. La criatura, agradecida, propagó por la facultad mis poderes curativos y tuve que soportar, a partir de aquel momento, un desfile de madres de condiscípulas prestas a embarcarse hacia el Somontano Oscense."
Jornada laboral de un poeta barcelonés. (En prensa)
viernes, 19 de diciembre de 2008
martes, 9 de diciembre de 2008
Plan 9
miércoles, 3 de diciembre de 2008
Lacértido
Fue en mayo de 1960, en el barcelonés mercado de libros viejos de San Antonio, cuando, en el interior de un fatigado ejemplar de Madame Bovary editado en París en 1930 por Arthème Fayard, hallé, haciendo las veces de punto de lectura, un excepcional e ilustrativo documento, una cartulina, una ficha con el membrete de la Universidad de Granada, que parecía formar parte de un estudio de campo realizado en las provincias de Málaga y Almería en 1951 o 1957 (cuarta cifra borrosa) para conocer la distribución de algunos vertebrados y que incorporaba un apartado, “Observaciones”, en el que se leía lo siguiente: ‘Matías Prolongo Prolongo, vecino de Carratraca, de 75 años, hombre leído, de profesión huronero, sabe muy bien qué es el lagarto, que es abundante en estos parajes, y afirma que es verdad que dicho animal sea goloso del vulvar, que se tira a él cuando la mujer está acuclillada, desprevenida por el acto de mayores o menores, aunque no esté en despoblado, y que es preferente de las jóvenes morenas velludas almizcleñas y aún más si están reglando’.
El Bestiario de Ferrer Lerín, Galaxia Gutenberg, 2007.
viernes, 28 de noviembre de 2008
Lérida
Don Tomás de Vargas, sobre Flavio Dexto, Carillo, Florián de Ocampo y otros, dizen que estuvo en esta ciudad Herodes Antipas, que degolló a San Juan Baptista, retirado con la manceba Herodías y su hija, baylarina, desterrados a Francia, muriendo de mancomún conforme obraron, pues baylando sobre los yelos del Segre, año 34, se hundieron y ahogaron, verificando el adagio: Muere cada uno con su oficio.
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Adición de Benito Remigio Noydens (1674) a la entrada LÉRIDA del Tesoro de la Lengua Castellana o Española de Sebastián de Covarrubias (1611). Edición preparada por Martín de Riquer. Barcelona. 1943.
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Adición de Benito Remigio Noydens (1674) a la entrada LÉRIDA del Tesoro de la Lengua Castellana o Española de Sebastián de Covarrubias (1611). Edición preparada por Martín de Riquer. Barcelona. 1943.
jueves, 27 de noviembre de 2008
lunes, 24 de noviembre de 2008
Sinónimos
Sorpresa
Tres veces han tropezado en ese punto del supermercado tirando la compra al suelo. Por esa necesidad de dar conversación a quien se siente ya desplazado comento a mi padre la obviedad de que la gente tropieza debido al estrechamiento del pasillo y él asiente con la cabeza. Continuamos. Veo a mi madre en el fondo del local y, a su derecha, a Ángel Manivela, un veterano jugador de póquer fallecido hará una década con el que tuve buena relación profesional y que está claro que se alegra al verme. Le pregunto, o le preguntan, a distancia, casi gritando, el nombre de su nieta, y él, satisfecho por el interés demostrado, contesta ufano, tras una pequeña pausa, como esforzándose en recordar, que su nieta se llama Exquisitez. Luego, ya a mi lado, junto a mi madre, a quien se lo he presentado, me cuenta que su nuera es polaca.
domingo, 23 de noviembre de 2008
sábado, 22 de noviembre de 2008
Espantoso ensueño
Avanzábamos a gran velocidad en un potente automóvil por una pista de tierra. Al principio iba de pasajero, luego, a instancias de Ana Mari (o de mi madre, se confunden ambas personalidades), yo conducía. Llegamos a un pueblo. Un pueblo grande, destartalado, del que sorprendía saber que su único acceso era aquella peligrosa carretera. Gente endomingada deambulaba arriba y abajo, indiferente, y en perfecta compostura. Salimos, andando, por un camino, estrecho, polvoriento, que quizá iba a otra localidad perdida y, el grupo, numeroso al principio, en el que había personas que no conocía, se redujo de golpe al dejar las últimas casuchas; diría que hasta ese punto fuimos acompañados pero que esos habitantes pertenecían a las calles y no a las sendas. Fue Charo Azpeitia Lomba, al completar la primera curva, quien dio un alarido al descubrir, en el fondo del barranco, tres enormes aves inmóviles, echadas sobre un promontorio rocoso, tres quebrantahuesos de aspecto harapiento que parecían muertos. Mas el pavor vino del lado contrario. La ruta transcurría cortando una prolongada ladera, a veces en trinchera, y al salir de una de ellas, vimos, en el talud que nos flanqueaba por la izquierda, colocados en hornacinas naturales, en unas cavidades a modo de nichos que la erosión producía en la deleznable marga, vimos, horrorizados, los restos de un gran mamífero, quizá un lobo, y varios ejemplares de rapaces diurnas en estado de momia, sólo pluma protegiendo un cuerpo ya inexistente que no se deshacía al no haber mano dispuesta a acariciarlo. Y, protagonista atroz, en el centro del frío y gris paramento, un nido enorme de buitre leonado, al alcance de cualquier intruso, en el que un pollo moribundo lograba apenas mantener erguida la cabeza que, eso sí, se balanceaba como un gusano marino o un filamento de ameba. [Oí una vez, en el hospital de Huesca, a un enfermero ilustrado preguntar a los familiares de una mujer agonizante: “¿yergue aún la inteligencia?”]
miércoles, 19 de noviembre de 2008
sábado, 1 de noviembre de 2008
L'Atlas de Borges
viernes, 31 de octubre de 2008
¿Fue él?
Lorenzo Cóster, sacristán de Nuestra Señora de la Espina de Haarlem, era un efebo de vidriera emplomada, espigado, céreo, rubianco y belfo. Se cubría la coronilla intensa con un solideo y vestía una túnica parda y volantona cuya fimbria se posaba en el veludillo de sus botines. Años después, Lorenzo Cóster hubiera sido el modelo dilecto para inmortalizarse en los cuadros de El Arca de Santa Úrsula que para la ciudad de Brujas pintó el hético Hans Memling. Lorenzo Cóster parecía de mentira –simulacro de sí mismo- de tantos colorines desvanecidos como le pasaban, por el rostro y por las manos, los altos ventanales góticos del ábside y del crucero. Lorenzo Cóster amaba los retablos estofados en los que las vírgenes presumían de clorosis casi vegetal –recordemos los lirios y las azucenas y los nardos de las comparanzas ortodoxas- y los patriarcas tenían trazas y empaque de burgomaestres; amaba las notas deshinchadas y deshilachadas de los órganos y caedizas, más que caídas, con un peso francamente aprecible que resultaba acariciador; amaba los silencios tan apretados y tan espesos de los que podían cortarse rajas silenciosas y en los que cada pensamiento deshechado sonaba lo mismo que un cristal hecho añicos. De niño, Lorenzo Cóster, enamorado de una nobilísima dama que irradiaba la juventud y la belleza de sus mil quinientos años, la cantó ante sus capillas con fresca voz de seise. Y alguien, viéndole y oyéndole, le comparó con uno de los ángeles cantores que Huberto Van Eyck pintó con mano de seda en el políptico La adoración del Cordero místico que se admira en el templo de San Bavón de Gante. Lorenzo Cóster, sacristán erudito, leía a Santo Tomás y a Scoto en mamotretos manuscritos muy compulsados y a Virgilio y a Séneca en breviarios góticos con miniaturas. Muy joven, Lorenzo Cóster se enamoró de Hilda, sobrina del obispo de Haarlem, dieciocho años cereales en un alma con parsimonia de girasol. Al enamorado le placía lo que más grabar, a punta de cuchillo, en la fresca corteza de los árboles, las iniciales entrelazadas de Hilda y Lorenzo; le placía recortar el trocito de la corteza así grabado para entregárselo a su amada. Una vez, habiéndolo envuelto en una hoja de pergamino –musicada con una antífona de Isaías- y habiendo apretado en el fervoroso recuerdo su ofertorio, al desenvolverlo, contempló con estupor, que, en la hoja patinada, se pintaban con suficiencia las entrelazadas iniciales del más pequeño poema de amor que puede escribirse en el mundo. Así se lo confió Lorenzo Cóster a su amigo Juan Gensfleichs Gutenberg, quien andaba obseso buscando la movilidad vital de los alfabetos.
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Inicio del artículo de Federico Carlos Sainz de Robles "Gutenberg y la imprenta" publicado en el nº 40 (enero 1941) de la revista Vértice.
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Inicio del artículo de Federico Carlos Sainz de Robles "Gutenberg y la imprenta" publicado en el nº 40 (enero 1941) de la revista Vértice.
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