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jueves, 30 de septiembre de 2021

Salutaciones

 “No hay mal que por bien no venga” es un certero refrán español de aplicación frecuente en tiempos de pandemia. Me explico con un ejemplo. Nunca me gustó estrechar las manos; por un lado manos sudorosas, por otro manos blandas deshuesadas, por otro manos de macho ibérico prestas a mostrar su hombría y, además de todo ello, un problema poco estudiado, el tiempo de estrechamiento, en qué momento hay que aflojar los músculos para separar la mano de la del contrario. Hará un par de años a un presbítero alcoyano se le olvidó el afloje y llevó arrastrando como un pelele a una enteca y gritadora feligresa durante bastante rato, el suficiente para que el episodio pudiera ser captado por la televisión local, creo que del Grupo PRISA.

3 comentarios:

  1. Patrimonio entrópico
    el de nuestro personaje.
    Le vimos en un viraje
    enquistado en su tópico,
    lacónico y metafísico,
    enaciado pillaje.

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  2. No hay que quejarse
    opinar o malversar

    hay lo que hay
    acudió diciendo
    y ajustando la sotana

    más vale consolarse y no
    aguar la fiesta sin
    lamparones

    quemadoras llagas
    u óculos por donde mirar
    enhebrando esa aterida

    proporción sudorosa
    oro inevitable y nervioso
    rarísimos

    bramantes
    impresiones
    en la inexplicable
    nadería

    neblí radiante en la recta
    oclusión final

    venta final para una infame cetrería
    emprendan lo que quieran pero
    niéguense
    guturales y al fin
    atribulados

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