domingo, 5 de abril de 2015

Noche de premios

   

Me llevó, me obligó a caminar por un pasillo oscuro de los que rodean el patio de butacas. Hablabla y hablaba y, de vez en cuando, introducía los dedos de su mano derecha entre los botones de mi camisa. Me detuve y, como se dio cuenta de que estaba a punto de dejarla allí plantada, cambió de conversación para contarme algo que suponía iba a gustarme mucho, que su marido era capaz de mantener la boca entreabierta durante más de una hora emitiendo un sonido: la letra “o”;  “oooooooooooooooooo, así, así” farfullaba imitando a su raro marido mientras intentaba desabrocharme el pantalón. Le di un golpe en la cabeza con el premio, una bonita figurilla de madera. Debió de quedar medio conmocionada. Dejé atrás el pasillo, desemboqué en el gran salón  aparentando serenidad, agarré una copa de champán de las que llevaban los camareros en las bandejas y me mezclé con la gente. Allí estaba Viqui Longares, y fui a su encuentro.

Recordamos aquel guateque, el baile de la manzana, y su maniobra, para darme celos, coqueteando con un tipo que se hacía llamar “Piñonet”. Quise precisar: “aquel tipo Piñonet realmente era un crápula y siempre se dijo que me había robado a Viqui”. “¿Cómo era posible que se dijera esto?” soltó mi exnovia. Y yo le contesté: “Porque Piñonet tenía 18 años y tenía coche". Viqui nunca fue Claudia Cardinale. Piñonet era un tipo alto, desgarbado, con la cabeza colgando hacia adelante. Con una gran nuez de Adán. Me aburría ya la charla. 

Me aburría ya la charla. Y la saqué bailar. El baile de la manzana. Como en la foto del guateque que le pasé hace un tiempo a mi actual biógrafo Óscar Gastón. La foto, dijo Gastón, es una foto del paraíso. En mi bolsillo asoma algo, puede que un antifaz. Se trataría de un guateque en el que no faltaría de nada. “Mujeres infieles... cuánto madura uno gracias a ellas... el baile de la manzana... buenos recuerdos”, apunta Gastón. Tengo ahora dudas de si ese tipo de la nuez de Adán se llamaba Piñonet o Piñochet. Pero sí, se llamaría Piñonet aunque Gastón dice ahora: “para Google... Piñonet es una variedad de melón”. La foto es de 1956. Barcelona. Resulta increíble pero en esta ciudad, en los cincuenta, vivían los mejores poetas de España.

Llegué al hotel muy tarde, cansado. Pero tenía un burofax y no quise dejarlo para mañana. Era de Eudora Pañico. Proponía un libro, 30 tórax, que ella editaría. 30 fotografías de las radiografías de tórax de 30 amigas. Acompañadas por la historia más o manos verídica de cada una de ellas. Historias que yo escribiría. Como avanzadilla incluía la foto de una placa de su caja torácica. Ya digo, estaba cansado. Caí rendido en la cama. Pero a los pocos segundos me incorporé, encendí la luz, y volví a examinar la fotografía. Antes, algo me había pasado por alto. El contorno de sus senos. Allí se veían. Y qué bien se veían. Al final, tuve que tomar un Trankimazín. A las 8:30 cogía un avión.    


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Complejo relato o mejor hubiera sido sacar dos relatos... o tres.. con estos argumentos

Anónimo dijo...

de nuevo aciertas lerín

zARAGOZA dijo...

Lo que más admiro del Gran Lerín es su facilidad para ensamblar historias en principio tan dispares.Te felicito AMIGO PACO.

Anónima dijo...

No se qué decir... mejor solo aplaudo

Istefel dijo...

Torax, vórtex, hápax.
Apex.
Y la fuga del Sol.